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20 de junio 2017    /   BUSINESS
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La vida de ciencia ficción que tenía el creador del género de la ciencia ficción

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El tópico de que la realidad siempre supera a la ficción podría aplicarse con toda justicia a la historia del hombre que concibió la ciencia ficción como género, pues su vida era tan o más de ciencia ficción que las obras que publicó o editó.

Porque Hugo Gernsback fue un inventor hecho a sí mismo, un emprendedor, un escritor mediocre que, sin embargo, inspiró el futuro. Por si fuera poco, fue un gran vendedor de humo y de anuncios fraudulentos ciertamente descacharrantes, así como fundador de la revista más influyente de la historia de la ciencia ficción y otro buen puñado de revistas pioneras en su época. Gernsback vivía en el futuro, por eso pocos fueron los que le entendían.

Llegada

Con 19 años de edad, Hugo desembarcaría en Nueva York venido desde la lejana Luxemburgo. Era 1904 y, solo un año después, impelido por su entusiasmo innovador y su ya clásica picaresca, fundó la Electro Importing Company, un negocio de venta por correo de piezas de radio para aficionados. Como no tenía suficiente, tres años después fundó su propia revista, Modern Electrics, la primera revista estadounidense sobre electrónica.

De hecho, le cogió el gusto a fundar revistas, una detrás de otra, siendo todas singulares para la época. Es el caso de Sexology, que abordaba la sexualidad desde la vertiente científica, o Radio News, sobre noticias del mundo de la radio. No todas sus revistas eran un éxito, pero eso no le importaba: si una quebraba, fundaba otras dos.

Porque Hugo Gernsback era todo un personaje cuya máxima era vivir la vida tal y como la soñabas, aunque ello implicara grandes dosis de teatralidad e impostura, tal y como explica James Gleick en su libro Viajar en el tiempo:

Se paseaba por la ciudad vestido con trajes caros confeccionados a medida, utilizaba un monóculo para examinar las cartas de lujosos restaurantes y se zafaba hábilmente de los acreedores.

Uno, hasta aquí, se sorprende de que no exista aún un biopic de Gernsback. Pero esto fue solo el principio.

gernsback_television_1928

‘Amazing Stories’

Las publicaciones pulp, en Estados Unidos, se referían a las que estaba impresas en papel barato de pulpa de madera. Eran publicaciones populares que se vendían a un bajo precio. La revista más importante que fundaría Gernsback pertenecía a este tipo de publicaciones, pues solo se vendía a 25 centavos el ejemplar cuando apareció en 1913. Su nombre era Amazing Stories.

Era la primera revista dedicada exclusivamente a este género (que en su momento no se llamó science fiction, sino scientifiction), y su éxito fue tal que se editaría casi ininterrumpidamente durante 80 años. Allí se experimentarían toda clase de subgéneros de la ciencia ficción, se labrarían una reputación muchos autores actualmente consagrados e incluso el propio Hugo Gernsback publicaría unas horrendas historias que acabarían por inspirar el futuro desarrollo tecnológico.

Como era un género nuevo el que allí se exponía, en el primer número Gernsback quiso ofrecer unas pistas sobre lo que significa la scientifiction: historias del estilo de las que escribía Julio Verne, H.G. Wells y Edgar Allan Poe. Historias que hablaran del futuro o del presente, pero en los que la ciencia fuera rigurosa y plausible. No en vano, en los primeros números de la revista se reeditaron historias de estos tres literatos. Al parecer, pagaba muy bien a los autores, aunque solo si había suerte, pues Gernsback acostumbraba a tener problemas financieros. Con todo, el esfuerzo de este editor por publicar ciencia ficción hizo que esta abandonara el nicho de mediocridad y chifladura al que pertenecía, adquiriendo cierto estatus intelectual y hasta académico.

Gernsback también introdujo una sección de cartas al editor y animó a sus lectores a entablar discusiones animadas en ella. En opinión de Mike Ashley, un historiador de la ciencia ficción, este fue «el verdadero secreto del éxito de Amazing Stories y la causa de la popularidad de la ciencia ficción».

Sin embargo, lo más chocante de Amazing Stories eran sus páginas de anuncios, propios de una Teletienda desbocada de las tres de la madrugada. Aquí algunos ejemplos:

Corrije su nariz, da forma a la carne y el cartílago mientras duerme, oferta de prueba de treinta días, folleto gratuito […] Nuevo prodigio científico: curioso aparato de rayos X, niños, gran diversión, al parecer se ve a través de la ropa, madera, piedra, cualquier objeto. Vea los huesos al desnudo, precio 10 centavos.

Así era Gernsback, capaz de mezclar ciencia y tecnología con pseudociencia y baratijas de mercachifle. Por ello no es extraño que también él organizara la primera prueba de hipnosis a distancia realizada en directo a través de una emisora de radio: concretamente entre el hipnotizador (Joseph Dunninger) y la hipnotizada (Leslie B. Duncan) mediaban 16 kilómetros.

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Futurista

Como gran aficionado a la electrónica, la radio y las nuevas tecnologías en general, Hugo Gernsback también fue un singular inventor. En toda su vida, llegó a registrar 80 patentes a su nombre. Entre otras cosas, diseñó dos nuevos instrumentos electrónicos: el pianorad y el staccatone. Y en 1911 predijo el radar, y hasta lo detalló con un diagrama muy preciso. Aunque no era nueva en la ficción (ya había sido imaginado en fecha tan temprana como 1895), Gernsback también fue uno de los principales responsables de popularizar tanto el concepto como la palabra ‘televisión’.

Sorprendente es la siguiente imagen, donde aparece trabajando en una de sus historias de ciencia ficción equipado con un extravagante equipo que le aislaba de las interrupciones y toda clase de perturbaciones visuales o acústicas: el Isolator. Su original invento nunca se fabricó y cayó en el olvido.

the-isolator

La imaginación de Gernsback no carecía de fundamento. Al igual que Julio Verne, no solo estaba al corriente de los últimos avances tecnológicos y futuras investigaciones, sino que impartía a menudo conferencias sobre cómo sería al futuro y retransmitía en directo sus charlas por la WRNY, una emisora de la radio de la cual era director.

También fundó la Asociación de la Ciencia Ficción, probablemente el primer club del género del mundo que acabó teniendo filiales en tres países. Al estilo del actual Ray Kurzweil, cofundador de la Singularity University, Gernsback mezclaba en su futurismo buenas dosis de conocimientos técnicos salpimentados con atrevidas especulaciones. No en vano el lema de Amazing Stories era: «»Ficción extravagante hoy, hecho innegable mañana».

Llegó a hablar de patines eléctricos, al estilo de los actuales Hoverboards. Buena prueba de su capacidad fabuladora no exenta de cierto rigor. También pronosticó el futuro de los medios de comunicación a 50 años vista con estas palabras:

Dentro de 50 años podrá ver lo que está sucediendo en su emisora predilecta y encontrarse cara a cara con su cantante favorito. Podrá ver al Dempsey de dentro de 50 años boxear con su Tunney, tanto si se encuentra a bordo de un dirigible como lejos, en las selvas de África, o ver dichas selvas tal y como son.

La obra de ficción de Hugo Gernsback, como se ha dicho, tenía una nula calidad literaria, pero presentó ideas futuristas que fueron inspiraciones de inventores e ingenieros. La más conocida es la novela por entregas de Ralph 124C 41+: A Romance of the Year 2660. El protagonista es una suerte de Edison hiperbólico, una de las 10 mentes más brillantes de la Tierra, que dedica su vida a mejorar la utópica sociedad globalizada en la que vive con una lista interminable de inventos. Aquí es donde, por ejemplo, Gernsback describiría con gran detalle el radar, antes de que nadie lo hubiese inventado, bautizándolo como Onda Etérea Pulsante Polarizada. Incluso atisbó el omninpresente ‘Like’ de Facebook.

teledoctor_1954-x640
Teledoctor

También fue la primera persona en escribir sobre una especie de televisión en color tridimensional y abordó las máquinas automáticas de empaquetado, una especie de posicionador geográfico por radio, las juke-box, los fertilizantes líquidos, el cultivo hidropónico, las grabadoras en cinta magnetofónica, el microfilm, ciudades vacacionales flotantes, descontaminadores bacterianos por irradiación, gases para incrementar el apetito, aparatos que transcriben los pensamientos, tejidos de vidrio, entre muchos otros ingenios.

La obra de Hugo, pues, se adelantó varias décadas a la concepción de la tecnología como solucionador de problemas más eficiente que el propio ser humano, una tesis más tarde desarrollada en obras como Tecnópolis (1993), de Neil Postman, que se basa en estos seis supuestos:

Que el principal, si no el único, objetivo del trabajo y el pensamiento humanos es la eficiencia; que el cálculo técnico es en todos los aspectos superior al juicio humano; que en realidad el juicio humano no es digno de confianza, ya que está lastrado por la laxitud, la ambigüedad y la complejidad innecesaria; que la subjetividad es un obstáculo para el pensamiento claro; que lo que no se puede medir no existe o no tiene valor; y que los expertos son los mejores gestores de los asuntos de los ciudadanos.

En honor a Hugo Gernsback, desde 1953 la Convención Mundial de Ciencia Ficción (WorldCon) entrega los Premios Hugo o Science Fiction Achievement Awards a las mejores obras de ciencia ficción y fantasía. ¿Quién mejor para ceder su nombre a unos premios de ciencia ficción tan prestigiosos que alguien que mantuvo una vida de ciencia ficción hasta su sepultura en 1967?

El tópico de que la realidad siempre supera a la ficción podría aplicarse con toda justicia a la historia del hombre que concibió la ciencia ficción como género, pues su vida era tan o más de ciencia ficción que las obras que publicó o editó.

Porque Hugo Gernsback fue un inventor hecho a sí mismo, un emprendedor, un escritor mediocre que, sin embargo, inspiró el futuro. Por si fuera poco, fue un gran vendedor de humo y de anuncios fraudulentos ciertamente descacharrantes, así como fundador de la revista más influyente de la historia de la ciencia ficción y otro buen puñado de revistas pioneras en su época. Gernsback vivía en el futuro, por eso pocos fueron los que le entendían.

Llegada

Con 19 años de edad, Hugo desembarcaría en Nueva York venido desde la lejana Luxemburgo. Era 1904 y, solo un año después, impelido por su entusiasmo innovador y su ya clásica picaresca, fundó la Electro Importing Company, un negocio de venta por correo de piezas de radio para aficionados. Como no tenía suficiente, tres años después fundó su propia revista, Modern Electrics, la primera revista estadounidense sobre electrónica.

De hecho, le cogió el gusto a fundar revistas, una detrás de otra, siendo todas singulares para la época. Es el caso de Sexology, que abordaba la sexualidad desde la vertiente científica, o Radio News, sobre noticias del mundo de la radio. No todas sus revistas eran un éxito, pero eso no le importaba: si una quebraba, fundaba otras dos.

Porque Hugo Gernsback era todo un personaje cuya máxima era vivir la vida tal y como la soñabas, aunque ello implicara grandes dosis de teatralidad e impostura, tal y como explica James Gleick en su libro Viajar en el tiempo:

Se paseaba por la ciudad vestido con trajes caros confeccionados a medida, utilizaba un monóculo para examinar las cartas de lujosos restaurantes y se zafaba hábilmente de los acreedores.

Uno, hasta aquí, se sorprende de que no exista aún un biopic de Gernsback. Pero esto fue solo el principio.

gernsback_television_1928

‘Amazing Stories’

Las publicaciones pulp, en Estados Unidos, se referían a las que estaba impresas en papel barato de pulpa de madera. Eran publicaciones populares que se vendían a un bajo precio. La revista más importante que fundaría Gernsback pertenecía a este tipo de publicaciones, pues solo se vendía a 25 centavos el ejemplar cuando apareció en 1913. Su nombre era Amazing Stories.

Era la primera revista dedicada exclusivamente a este género (que en su momento no se llamó science fiction, sino scientifiction), y su éxito fue tal que se editaría casi ininterrumpidamente durante 80 años. Allí se experimentarían toda clase de subgéneros de la ciencia ficción, se labrarían una reputación muchos autores actualmente consagrados e incluso el propio Hugo Gernsback publicaría unas horrendas historias que acabarían por inspirar el futuro desarrollo tecnológico.

Como era un género nuevo el que allí se exponía, en el primer número Gernsback quiso ofrecer unas pistas sobre lo que significa la scientifiction: historias del estilo de las que escribía Julio Verne, H.G. Wells y Edgar Allan Poe. Historias que hablaran del futuro o del presente, pero en los que la ciencia fuera rigurosa y plausible. No en vano, en los primeros números de la revista se reeditaron historias de estos tres literatos. Al parecer, pagaba muy bien a los autores, aunque solo si había suerte, pues Gernsback acostumbraba a tener problemas financieros. Con todo, el esfuerzo de este editor por publicar ciencia ficción hizo que esta abandonara el nicho de mediocridad y chifladura al que pertenecía, adquiriendo cierto estatus intelectual y hasta académico.

Gernsback también introdujo una sección de cartas al editor y animó a sus lectores a entablar discusiones animadas en ella. En opinión de Mike Ashley, un historiador de la ciencia ficción, este fue «el verdadero secreto del éxito de Amazing Stories y la causa de la popularidad de la ciencia ficción».

Sin embargo, lo más chocante de Amazing Stories eran sus páginas de anuncios, propios de una Teletienda desbocada de las tres de la madrugada. Aquí algunos ejemplos:

Corrije su nariz, da forma a la carne y el cartílago mientras duerme, oferta de prueba de treinta días, folleto gratuito […] Nuevo prodigio científico: curioso aparato de rayos X, niños, gran diversión, al parecer se ve a través de la ropa, madera, piedra, cualquier objeto. Vea los huesos al desnudo, precio 10 centavos.

Así era Gernsback, capaz de mezclar ciencia y tecnología con pseudociencia y baratijas de mercachifle. Por ello no es extraño que también él organizara la primera prueba de hipnosis a distancia realizada en directo a través de una emisora de radio: concretamente entre el hipnotizador (Joseph Dunninger) y la hipnotizada (Leslie B. Duncan) mediaban 16 kilómetros.

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Futurista

Como gran aficionado a la electrónica, la radio y las nuevas tecnologías en general, Hugo Gernsback también fue un singular inventor. En toda su vida, llegó a registrar 80 patentes a su nombre. Entre otras cosas, diseñó dos nuevos instrumentos electrónicos: el pianorad y el staccatone. Y en 1911 predijo el radar, y hasta lo detalló con un diagrama muy preciso. Aunque no era nueva en la ficción (ya había sido imaginado en fecha tan temprana como 1895), Gernsback también fue uno de los principales responsables de popularizar tanto el concepto como la palabra ‘televisión’.

Sorprendente es la siguiente imagen, donde aparece trabajando en una de sus historias de ciencia ficción equipado con un extravagante equipo que le aislaba de las interrupciones y toda clase de perturbaciones visuales o acústicas: el Isolator. Su original invento nunca se fabricó y cayó en el olvido.

the-isolator

La imaginación de Gernsback no carecía de fundamento. Al igual que Julio Verne, no solo estaba al corriente de los últimos avances tecnológicos y futuras investigaciones, sino que impartía a menudo conferencias sobre cómo sería al futuro y retransmitía en directo sus charlas por la WRNY, una emisora de la radio de la cual era director.

También fundó la Asociación de la Ciencia Ficción, probablemente el primer club del género del mundo que acabó teniendo filiales en tres países. Al estilo del actual Ray Kurzweil, cofundador de la Singularity University, Gernsback mezclaba en su futurismo buenas dosis de conocimientos técnicos salpimentados con atrevidas especulaciones. No en vano el lema de Amazing Stories era: «»Ficción extravagante hoy, hecho innegable mañana».

Llegó a hablar de patines eléctricos, al estilo de los actuales Hoverboards. Buena prueba de su capacidad fabuladora no exenta de cierto rigor. También pronosticó el futuro de los medios de comunicación a 50 años vista con estas palabras:

Dentro de 50 años podrá ver lo que está sucediendo en su emisora predilecta y encontrarse cara a cara con su cantante favorito. Podrá ver al Dempsey de dentro de 50 años boxear con su Tunney, tanto si se encuentra a bordo de un dirigible como lejos, en las selvas de África, o ver dichas selvas tal y como son.

La obra de ficción de Hugo Gernsback, como se ha dicho, tenía una nula calidad literaria, pero presentó ideas futuristas que fueron inspiraciones de inventores e ingenieros. La más conocida es la novela por entregas de Ralph 124C 41+: A Romance of the Year 2660. El protagonista es una suerte de Edison hiperbólico, una de las 10 mentes más brillantes de la Tierra, que dedica su vida a mejorar la utópica sociedad globalizada en la que vive con una lista interminable de inventos. Aquí es donde, por ejemplo, Gernsback describiría con gran detalle el radar, antes de que nadie lo hubiese inventado, bautizándolo como Onda Etérea Pulsante Polarizada. Incluso atisbó el omninpresente ‘Like’ de Facebook.

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Teledoctor

También fue la primera persona en escribir sobre una especie de televisión en color tridimensional y abordó las máquinas automáticas de empaquetado, una especie de posicionador geográfico por radio, las juke-box, los fertilizantes líquidos, el cultivo hidropónico, las grabadoras en cinta magnetofónica, el microfilm, ciudades vacacionales flotantes, descontaminadores bacterianos por irradiación, gases para incrementar el apetito, aparatos que transcriben los pensamientos, tejidos de vidrio, entre muchos otros ingenios.

La obra de Hugo, pues, se adelantó varias décadas a la concepción de la tecnología como solucionador de problemas más eficiente que el propio ser humano, una tesis más tarde desarrollada en obras como Tecnópolis (1993), de Neil Postman, que se basa en estos seis supuestos:

Que el principal, si no el único, objetivo del trabajo y el pensamiento humanos es la eficiencia; que el cálculo técnico es en todos los aspectos superior al juicio humano; que en realidad el juicio humano no es digno de confianza, ya que está lastrado por la laxitud, la ambigüedad y la complejidad innecesaria; que la subjetividad es un obstáculo para el pensamiento claro; que lo que no se puede medir no existe o no tiene valor; y que los expertos son los mejores gestores de los asuntos de los ciudadanos.

En honor a Hugo Gernsback, desde 1953 la Convención Mundial de Ciencia Ficción (WorldCon) entrega los Premios Hugo o Science Fiction Achievement Awards a las mejores obras de ciencia ficción y fantasía. ¿Quién mejor para ceder su nombre a unos premios de ciencia ficción tan prestigiosos que alguien que mantuvo una vida de ciencia ficción hasta su sepultura en 1967?

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