10 de noviembre 2021    /   ENTRETENIMIENTO
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Humor «montyphytónico» y rigor histórico para aprender sobre Roma a carcajadas

10 de noviembre 2021    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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En pleno confinamiento, el escritor y profesor de Filosofía e Historia Miguel Sandín hizo de tripas corazón para escribir una novela desternillante «pero con rigor de Posteguillo en datos, fechas y nombres».

«Tuve que encajar mi disparatada historia de extraterrestres en Roma con una precisión documental histórica rigurosísima para compensar, y eso me hizo cambiar el argumento varias veces. Un follón», recuerda el autor, que en esa línea había publicado antes La tripulación del Utopía, también en la colección “La risa floja” de Editorial Pez de Plata.

Ambos volúmenes dejan claro que el autor sabe cómo despertar el interés de cierta generación. Lo ha hecho miles de veces en sus clases y lo reproduce ahora en estos volúmenes con los que trata de convencer a adolescentes y adultos de que, en cuanto a emoción y diversión, donde esté la historia antigua que se quiten los TikTok.

Roma y viceversa de Miguel Sandín

Al que lee Roma y viceversa quizá le vengan a la cabeza Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza; La vida de Brian (largometraje de los Monthy Python mencionado en el propio libro) o incluso la serie española El ministerio del tiempo. Hay semejanzas con todas ellas en este relato a medias entre lo inocente y lo pícaro, bien documentado y definitivamente entretenido.

«La colección reclama un espacio para la literatura humorística, a la que hemos dejado abandonada durante demasiado tiempo»

Es la segunda vez que el editor Jorge Salvador Galindo (que también es autor de libros de humor como Las croquetas del señor Keller) apuesta por una novela de Sandín para su colección “La risa floja”. La primera, que trataba sobre filósofos en lugar de sobre emperadores romanos, fue según él «un juego macarra y tierno al mismo tiempo». El editor admira del autor su capacidad para «dar con la clave que despierte el interés de lectores muy diversos».

Roma y viceversa no es una novela juvenil. Tampoco de adultos. «Es una novela de aventuras, un thriller histórico-humorístico, una buena oportunidad para viajar a la Antigua Roma», define Salvador, que con su colección pretende «reclamar un espacio para la literatura humorística, a la que hemos dejado abandonada durante demasiado tiempo. ​​Tanto en librerías, como en prensa, como en los catálogos de muchas editoriales». Es un apasionado del género, y asegura que otro de sus objetivos es «arrancarle a los lectores la risa que llevan dentro» porque «no hay nada más cercano a la felicidad que una sonrisa en la cara».

«La literatura de humor siempre será la más fea del baile. Es rarísimo, porque venimos de una tradición literaria muy aferrada al humorismo durante muchos años, pero que en las últimas décadas ha ido perdiendo terreno en favor de tendencias cada vez más incomprensibles», abunda Jorge Salvador Galindo.

Conversamos con Miguel Sandín, que más allá del humor ha sido finalista del Premio Nadal de literatura con su novela para adultos Por si acaso te escribí, entre otras condecoraciones de novela juvenil.

El protagonista de Roma y viceversa es un profesor de Historia. Es inevitable preguntarte en qué se parece a ti Marcelo Mayoral.

Los escritores solemos responder a esto diciendo que todos los personajes de nuestros libros tienen algo de nosotros o de la gente que hemos conocido, pero en este caso las similitudes son notables. Aunque estudié Filosofía, para completar jornada me dieron clases de Historia y llevo impartiéndola ya más de tres décadas, así que he terminado por tomarle cariño, salvo que yo no soy profesor universitario, sino de secundaria, que tiene más riesgo.

Más allá de lo profesional, creo que tengo bastantes cosas en común con Marcelo: no tengo alma aventurera (por eso invento otras vidas) y tiendo a ser sistemático y rutinario en mis actividades; no obstante, llegado el caso, me he sorprendido a veces con episodios inesperados de coraje y creo que eso también se ve en el personaje, capaz de buscar soluciones ingeniosas a los problemas, de arriesgar su vida por salvar a una mujer o de cuidar una amistad verdadera como la que  establece con el extraterrestre Ulises.

«Roma nos afecta más porque ninguna otra civilización occidental duró tanto tiempo y muchas de sus obras, formas de vida y maneras de hacer aún perduran»

¿Por qué crees que los emperadores romanos despiertan tanto interés y han inspirado obras de muy diversa índole? ¿Qué tenía el imperio romano que no tienen otras civilizaciones históricas?

Es cierto que Roma ejerce y ha ejercido siempre una atracción inmensa en tiempos posteriores, y no es de extrañar porque es la cuna de lo que luego ha sido la civilización occidental en cuanto a leyes, costumbres, organización…

Y los emperadores romanos ejercen sobre nosotros una fascinación aún superior por razones obvias, no olvidemos que muchos de ellos gozaban de una posición que hoy es inimaginable: Augusto fue nombrado dios en vida, Nerón construyó la domus aurea, un palacio del que Versalles sería la casa de los esclavos.

Roma nos afecta más porque ninguna otra civilización occidental duró tanto tiempo y muchas de sus obras, formas de vida y maneras de hacer aún perduran.

¿Tienes un emperador romano preferido? De ser así ¿lo has incluido en la novela? Y en ese caso ¿te has permitido alguna licencia de grupie?

Siempre me atrajo Cayo Calígula, supongo que por la sublime recreación que John Hurt hizo de su locura en la célebre serie inglesa Yo, Claudio o por la obra de teatro de Albert Camus. Eso aun tratándose de una de las figuras menos edificantes que la historia nos ha dejado, aunque es sabido que las memorias de esas vidas las dejaban quienes los derrocaban.

La manera ilimitada y soberbia en que ejerció su poder me parece muy reveladora sobre la condición humana. Por supuesto, aparece en la novela enamorado de su caballo Incitatus, siempre en su mundo interior y obsesionado por el sexo.

Las licencias, en cambio, me las he tomado con Nerón, porque mi personaje es, en efecto, un groupie del hijo adoptivo de Claudio y sus excesos.

¿Qué otro momento o asunto de la historia crees que puede ser contado de forma divulgativa y con humor para que llegue a un público más amplio? 

Para mí el humor no es un género, sino una mirada que puede realizarse sobre cualquiera de ellos. De hecho, en las grandes obras de la literatura española, desde el Lazarillo hasta el Quijote, en los grandes autores desde Quevedo hasta Mendoza, el humor es parte esencial de nuestra forma de entender el mundo. En ese sentido, estoy convencido de que cualquier momento histórico puede ser visto desde esa perspectiva, incluso la ciencia ficción, donde abundan los ejemplos (como la Guía del autoestopista galáctico). 

¿Para qué nos sirve a nosotros, los habitantes del siglo XXI, conocer los tejemanejes de los grandes personajes históricos?

Responder que conocer la historia es la mejor forma de no repetir los errores sería tan manido como falso, pues si de algo hubiera servido, ya habríamos aprendido algo y, sin embargo, se repiten los genocidios, las guerras civiles, el populismo… Los hechos me han vuelto tan pesimista respecto a la condición humana que temo que la lección sea más filosófica que histórica: no tenemos remedio y me permito citar a Sócrates cuando crítica a la juventud de su época por no respetar a sus mayores.

Quien lo lea sin conocer su procedencia podría atribuirlo a su abuelo perfectamente. En suma, creo que conocer el pasado sirve para conocernos mejor, pero no confío en que saquemos mucha enseñanza.

¿Puedes contarnos alguna estrategia que utilices para mantener la atención y el interés de tus alumnos cuando les hablas de historia antigua?

Trato de establecer siempre relaciones entre el pasado y el presente, busco nexos que les permitan interpretar lo que explico desde una óptica próxima a sus vidas, tanto en Historia como en Filosofía, y siempre trato de hacerlo desde el humor, para que destierren ese prejuicio que asocia el aprendizaje y el aburrimiento. Lo opuesto a divertido es aburrido, no serio.

Dicho esto, admito que no siempre lo consigo, las nuevas generaciones, educadas en la imagen y la mente multitarea, a veces tienen dificultades para abstraer.

En el libro mencionas el misterio que envuelve al gran incendio de Roma. También describes con pelos y señales, por ejemplo, los alimentos que comen los personajes o la forma en que visten. ¿Hay alguna información con la que te gustaría haber contado para esta historia pero que no has encontrado porque no existe documentación al respecto?

El incendio de Roma es un hecho que está todavía rodeado de misterio. Durante mucho tiempo se asoció con Nerón, que presuntamente lo provocó para inspirarse mientras tocaba la lira. Hoy parece asumido que Nerón no se encontraba en Roma cuando se produjo y todo parece indicar que fue un accidente.

«Tengo una espinita: descubrí después de terminarla que la mayor parte de las dolencias de los emperadores se debían al abuso del plomo para endulzar el vino y es un dato que me hubiese venido muy bien»

En cuanto al rigor en las comidas o las ropas, me parece lo mínimo exigible a una novela histórica y más en esta. El planteamiento de un extraterrestre y un profesor del siglo XXI moviéndose por la historia de Roma es tan absurdo que necesitaba ser contrarrestado con una documentación muy rigurosa.

Pero ya que lo mencionas, sí tengo una espinita: descubrí después de terminarla que la mayor parte de las dolencias de los emperadores se debían al abuso del plomo para endulzar el vino y es un dato que me hubiese venido muy bien.

Internet está repleto de manifestaciones de humor. Desde TikTok hasta Twitter, gran parte del contenido se basa en la ironía y la parodia. ¿Qué pueden aportar ahí los libros de humor? ¿Crees que el mercado editorial debería apostar más por ellos?

Sin menospreciar el uso de las redes en general y el TikTok en particular, creo que leer un libro lleva implícito un esfuerzo de imaginación y comprensión muy superior, tal vez porque pertenezco a esa generación que recuerda mucho mejor lo que lee que lo que ve.

«El humor es una forma de ver el mundo que requiere perspicacia e ingenio en quien escribe y en quien lo lee»

Sobre la literatura de humor, me parece muy triste esa condición de hermana menor y fea de la familia literaria. No solo porque es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar, sino porque, me repito, lo contrario de divertido es aburrido, no serio.

El humor es una forma de ver el mundo que requiere perspicacia e ingenio en quien escribe y en quien lo lee. No entiendo el desprecio editorial hacia los libros humorísticos, creo que no se corresponde con el interés de los lectores y estoy convencido de que si se publicara más, se leería más. Solo hay que fijarse en Gran Bretaña, donde el género lleva años gozando de muy buena salud.

Has escrito novelas de adultos, novelas juveniles, novelas de humor… ¿Cómo te sientes con cada uno de los géneros, qué te aportan? ¿Tienes intención de seguir alternándolos?

Más que el género, lo que me hace sentir de uno u otro modo es la historia, los personajes, el modo en el que la novela y yo vamos interactuando. Me di a conocer con la publicación de El gusano del mezcal, una historia melancólica y dura con no demasiado humor. Luego vinieron otras en esa misma línea y de pronto me entraron muchas ganas de escribir una novela juvenil, ya que llevaba años trabajando con adolescentes. La experiencia me gustó y he repetido dos veces más.

En cuanto al humor, creo que me ha buscado a mí. En mi vida cotidiana suelo abusar de la paciencia de mis allegados con mi sentido del humor y por tanto no me resulta ajeno escribir desde una perspectiva cómica. En general, me gusta intentar cosas nuevas, incluso con el género negro me he atrevido y, salvo el terror, creo que podría intentar cualquier tipo de narrativa. Supongo que esto se debe al hecho de que desde joven fui un lector insaciable y sin filtro.

En cuanto a seguir haciéndolo, voy libro a libro, sin más planes que disfrutar y tratar de hacerlo un poco mejor cada página.

Esperamos que estas declaraciones del editor sean premonitorias: «Tengo que animarle a terminar la trilogía. No sé, creo que con los escritores del Siglo de Oro podría hacer una verdadera maravilla».

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En pleno confinamiento, el escritor y profesor de Filosofía e Historia Miguel Sandín hizo de tripas corazón para escribir una novela desternillante «pero con rigor de Posteguillo en datos, fechas y nombres».

«Tuve que encajar mi disparatada historia de extraterrestres en Roma con una precisión documental histórica rigurosísima para compensar, y eso me hizo cambiar el argumento varias veces. Un follón», recuerda el autor, que en esa línea había publicado antes La tripulación del Utopía, también en la colección “La risa floja” de Editorial Pez de Plata.

Ambos volúmenes dejan claro que el autor sabe cómo despertar el interés de cierta generación. Lo ha hecho miles de veces en sus clases y lo reproduce ahora en estos volúmenes con los que trata de convencer a adolescentes y adultos de que, en cuanto a emoción y diversión, donde esté la historia antigua que se quiten los TikTok.

Roma y viceversa de Miguel Sandín

Al que lee Roma y viceversa quizá le vengan a la cabeza Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza; La vida de Brian (largometraje de los Monthy Python mencionado en el propio libro) o incluso la serie española El ministerio del tiempo. Hay semejanzas con todas ellas en este relato a medias entre lo inocente y lo pícaro, bien documentado y definitivamente entretenido.

«La colección reclama un espacio para la literatura humorística, a la que hemos dejado abandonada durante demasiado tiempo»

Es la segunda vez que el editor Jorge Salvador Galindo (que también es autor de libros de humor como Las croquetas del señor Keller) apuesta por una novela de Sandín para su colección “La risa floja”. La primera, que trataba sobre filósofos en lugar de sobre emperadores romanos, fue según él «un juego macarra y tierno al mismo tiempo». El editor admira del autor su capacidad para «dar con la clave que despierte el interés de lectores muy diversos».

Roma y viceversa no es una novela juvenil. Tampoco de adultos. «Es una novela de aventuras, un thriller histórico-humorístico, una buena oportunidad para viajar a la Antigua Roma», define Salvador, que con su colección pretende «reclamar un espacio para la literatura humorística, a la que hemos dejado abandonada durante demasiado tiempo. ​​Tanto en librerías, como en prensa, como en los catálogos de muchas editoriales». Es un apasionado del género, y asegura que otro de sus objetivos es «arrancarle a los lectores la risa que llevan dentro» porque «no hay nada más cercano a la felicidad que una sonrisa en la cara».

«La literatura de humor siempre será la más fea del baile. Es rarísimo, porque venimos de una tradición literaria muy aferrada al humorismo durante muchos años, pero que en las últimas décadas ha ido perdiendo terreno en favor de tendencias cada vez más incomprensibles», abunda Jorge Salvador Galindo.

Conversamos con Miguel Sandín, que más allá del humor ha sido finalista del Premio Nadal de literatura con su novela para adultos Por si acaso te escribí, entre otras condecoraciones de novela juvenil.

El protagonista de Roma y viceversa es un profesor de Historia. Es inevitable preguntarte en qué se parece a ti Marcelo Mayoral.

Los escritores solemos responder a esto diciendo que todos los personajes de nuestros libros tienen algo de nosotros o de la gente que hemos conocido, pero en este caso las similitudes son notables. Aunque estudié Filosofía, para completar jornada me dieron clases de Historia y llevo impartiéndola ya más de tres décadas, así que he terminado por tomarle cariño, salvo que yo no soy profesor universitario, sino de secundaria, que tiene más riesgo.

Más allá de lo profesional, creo que tengo bastantes cosas en común con Marcelo: no tengo alma aventurera (por eso invento otras vidas) y tiendo a ser sistemático y rutinario en mis actividades; no obstante, llegado el caso, me he sorprendido a veces con episodios inesperados de coraje y creo que eso también se ve en el personaje, capaz de buscar soluciones ingeniosas a los problemas, de arriesgar su vida por salvar a una mujer o de cuidar una amistad verdadera como la que  establece con el extraterrestre Ulises.

«Roma nos afecta más porque ninguna otra civilización occidental duró tanto tiempo y muchas de sus obras, formas de vida y maneras de hacer aún perduran»

¿Por qué crees que los emperadores romanos despiertan tanto interés y han inspirado obras de muy diversa índole? ¿Qué tenía el imperio romano que no tienen otras civilizaciones históricas?

Es cierto que Roma ejerce y ha ejercido siempre una atracción inmensa en tiempos posteriores, y no es de extrañar porque es la cuna de lo que luego ha sido la civilización occidental en cuanto a leyes, costumbres, organización…

Y los emperadores romanos ejercen sobre nosotros una fascinación aún superior por razones obvias, no olvidemos que muchos de ellos gozaban de una posición que hoy es inimaginable: Augusto fue nombrado dios en vida, Nerón construyó la domus aurea, un palacio del que Versalles sería la casa de los esclavos.

Roma nos afecta más porque ninguna otra civilización occidental duró tanto tiempo y muchas de sus obras, formas de vida y maneras de hacer aún perduran.

¿Tienes un emperador romano preferido? De ser así ¿lo has incluido en la novela? Y en ese caso ¿te has permitido alguna licencia de grupie?

Siempre me atrajo Cayo Calígula, supongo que por la sublime recreación que John Hurt hizo de su locura en la célebre serie inglesa Yo, Claudio o por la obra de teatro de Albert Camus. Eso aun tratándose de una de las figuras menos edificantes que la historia nos ha dejado, aunque es sabido que las memorias de esas vidas las dejaban quienes los derrocaban.

La manera ilimitada y soberbia en que ejerció su poder me parece muy reveladora sobre la condición humana. Por supuesto, aparece en la novela enamorado de su caballo Incitatus, siempre en su mundo interior y obsesionado por el sexo.

Las licencias, en cambio, me las he tomado con Nerón, porque mi personaje es, en efecto, un groupie del hijo adoptivo de Claudio y sus excesos.

¿Qué otro momento o asunto de la historia crees que puede ser contado de forma divulgativa y con humor para que llegue a un público más amplio? 

Para mí el humor no es un género, sino una mirada que puede realizarse sobre cualquiera de ellos. De hecho, en las grandes obras de la literatura española, desde el Lazarillo hasta el Quijote, en los grandes autores desde Quevedo hasta Mendoza, el humor es parte esencial de nuestra forma de entender el mundo. En ese sentido, estoy convencido de que cualquier momento histórico puede ser visto desde esa perspectiva, incluso la ciencia ficción, donde abundan los ejemplos (como la Guía del autoestopista galáctico). 

¿Para qué nos sirve a nosotros, los habitantes del siglo XXI, conocer los tejemanejes de los grandes personajes históricos?

Responder que conocer la historia es la mejor forma de no repetir los errores sería tan manido como falso, pues si de algo hubiera servido, ya habríamos aprendido algo y, sin embargo, se repiten los genocidios, las guerras civiles, el populismo… Los hechos me han vuelto tan pesimista respecto a la condición humana que temo que la lección sea más filosófica que histórica: no tenemos remedio y me permito citar a Sócrates cuando crítica a la juventud de su época por no respetar a sus mayores.

Quien lo lea sin conocer su procedencia podría atribuirlo a su abuelo perfectamente. En suma, creo que conocer el pasado sirve para conocernos mejor, pero no confío en que saquemos mucha enseñanza.

¿Puedes contarnos alguna estrategia que utilices para mantener la atención y el interés de tus alumnos cuando les hablas de historia antigua?

Trato de establecer siempre relaciones entre el pasado y el presente, busco nexos que les permitan interpretar lo que explico desde una óptica próxima a sus vidas, tanto en Historia como en Filosofía, y siempre trato de hacerlo desde el humor, para que destierren ese prejuicio que asocia el aprendizaje y el aburrimiento. Lo opuesto a divertido es aburrido, no serio.

Dicho esto, admito que no siempre lo consigo, las nuevas generaciones, educadas en la imagen y la mente multitarea, a veces tienen dificultades para abstraer.

En el libro mencionas el misterio que envuelve al gran incendio de Roma. También describes con pelos y señales, por ejemplo, los alimentos que comen los personajes o la forma en que visten. ¿Hay alguna información con la que te gustaría haber contado para esta historia pero que no has encontrado porque no existe documentación al respecto?

El incendio de Roma es un hecho que está todavía rodeado de misterio. Durante mucho tiempo se asoció con Nerón, que presuntamente lo provocó para inspirarse mientras tocaba la lira. Hoy parece asumido que Nerón no se encontraba en Roma cuando se produjo y todo parece indicar que fue un accidente.

«Tengo una espinita: descubrí después de terminarla que la mayor parte de las dolencias de los emperadores se debían al abuso del plomo para endulzar el vino y es un dato que me hubiese venido muy bien»

En cuanto al rigor en las comidas o las ropas, me parece lo mínimo exigible a una novela histórica y más en esta. El planteamiento de un extraterrestre y un profesor del siglo XXI moviéndose por la historia de Roma es tan absurdo que necesitaba ser contrarrestado con una documentación muy rigurosa.

Pero ya que lo mencionas, sí tengo una espinita: descubrí después de terminarla que la mayor parte de las dolencias de los emperadores se debían al abuso del plomo para endulzar el vino y es un dato que me hubiese venido muy bien.

Internet está repleto de manifestaciones de humor. Desde TikTok hasta Twitter, gran parte del contenido se basa en la ironía y la parodia. ¿Qué pueden aportar ahí los libros de humor? ¿Crees que el mercado editorial debería apostar más por ellos?

Sin menospreciar el uso de las redes en general y el TikTok en particular, creo que leer un libro lleva implícito un esfuerzo de imaginación y comprensión muy superior, tal vez porque pertenezco a esa generación que recuerda mucho mejor lo que lee que lo que ve.

«El humor es una forma de ver el mundo que requiere perspicacia e ingenio en quien escribe y en quien lo lee»

Sobre la literatura de humor, me parece muy triste esa condición de hermana menor y fea de la familia literaria. No solo porque es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar, sino porque, me repito, lo contrario de divertido es aburrido, no serio.

El humor es una forma de ver el mundo que requiere perspicacia e ingenio en quien escribe y en quien lo lee. No entiendo el desprecio editorial hacia los libros humorísticos, creo que no se corresponde con el interés de los lectores y estoy convencido de que si se publicara más, se leería más. Solo hay que fijarse en Gran Bretaña, donde el género lleva años gozando de muy buena salud.

Has escrito novelas de adultos, novelas juveniles, novelas de humor… ¿Cómo te sientes con cada uno de los géneros, qué te aportan? ¿Tienes intención de seguir alternándolos?

Más que el género, lo que me hace sentir de uno u otro modo es la historia, los personajes, el modo en el que la novela y yo vamos interactuando. Me di a conocer con la publicación de El gusano del mezcal, una historia melancólica y dura con no demasiado humor. Luego vinieron otras en esa misma línea y de pronto me entraron muchas ganas de escribir una novela juvenil, ya que llevaba años trabajando con adolescentes. La experiencia me gustó y he repetido dos veces más.

En cuanto al humor, creo que me ha buscado a mí. En mi vida cotidiana suelo abusar de la paciencia de mis allegados con mi sentido del humor y por tanto no me resulta ajeno escribir desde una perspectiva cómica. En general, me gusta intentar cosas nuevas, incluso con el género negro me he atrevido y, salvo el terror, creo que podría intentar cualquier tipo de narrativa. Supongo que esto se debe al hecho de que desde joven fui un lector insaciable y sin filtro.

En cuanto a seguir haciéndolo, voy libro a libro, sin más planes que disfrutar y tratar de hacerlo un poco mejor cada página.

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