30 de marzo 2017    /   CREATIVIDAD
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¿Y tú de qué te ríes? Cuéntaselo al señor juez, para que se ría también

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A finales de 2016, Bertín Osborne se lamentaba de que en la España actual ya no se pudieran «contar chistes de enanos, gangosos y mariquitas». Tenía toda la razón porque Bertín es un tío que sabe un montón de cosas que dan risa.

Este país siempre ha sido muy de descojonarse del débil, del enfermo, de las minorías… Un humor cobarde y acomplejado, cuya razón tal vez resida en la definición que el psicoanálisis da de la proyección: los humillados harían mofa de otros en su misma situación para intentar sobrellevar su propia realidad.

Todo ello, claro, sin olvidar el uso de la broma como herramienta de defensa para conjurar miedos y terrores, como demostraría el humor negro, violento o truculento.


En una próxima entrevista, Bertín tal vez lamente que en la España actual tampoco se puedan hacer chistes de políticos, de torturadores o de cómplices de una dictadura. La sentencia de la Audiencia Nacional por la cual se condena a un año de prisión a la estudiante Cassandra Vera por unos tuits sobre Carrero Blanco lo deja más que claro.

Sin embargo hay diferencias evidentes entre unos y otros límites. Los chistes sobre «mariquitas», gangosos, tartamudos, discapacitados, mujeres, gordos, «subnormales» se han dejado de hacer por el rechazo social que causa reírse de esas personas.

Para que la ciudadanía deje de hacer chistes contra torturadores y dictadores, ha sido necesario recurrir a un aparato coercitivo. Nada menos que la Audiencia Nacional. Una diferencia que da que pensar.

Según el profesor Francisco Bobillo de la Peña, el humor es un «modo de denunciar atropellos o injusticias desde la ironía sutil o la irreverencia ácrata». Para Peridis, toda una institución en este ramo, «los poderosos encerrados en un recuadro o una tira cómica pierden su solemnidad al ser convertidos en personajes de historieta».

En resumen: el humor, además de una forma de proyección o una herramienta para combatir el miedo, es una forma de resistencia. En ese sentido, no es algo que acostumbre a agradar a los poderosos. No hay más que atender a la siguiente batalla que planea poner en marcha el gobierno de Mariano Rajoy: prohibir los memes.

Cualquier cosa para evitar las bromas sobre dictadores, políticos o torturadores. Hasta Melitón Manzanas, comisario asesinado por ETA en 1968 y acusado por numerosas personas de torturador, recibió «la inmunidad contra el humor» al ser declarado víctima del terrorismo por José María Aznar en 1999. Con Melitón, pocas bromas. Estáis avisados.

Pero esto no siempre ha sido así. En 1995, José María Aznar fue objeto de un atentado con coche bomba por parte de ETA. Poco tiempo después se ponía a la venta el disco Bombazo Mix. Algo que nadie consideró ofensivo, sino un chiste pegado a la actualidad. De hecho, Aznar se lo tomó bien porque, como demostraría en diferentes ocasiones, es un cachondo.


Incluso en el extranjero se hicieron chistes sobre políticos españoles. El famoso programa Saturday Night Live tenía un gag recurrente que cada semana afirmaba que «el dictador español Francisco Franco continúa muerto».

Esa broma sería algo impensable a día de hoy. No sólo en España, también en Estados Unidos, salvo que Trump quiera que el Fiscal General del Estado acuda a los tribunales internacionales para pedir respeto para la memoria del dictador fascista.

Pero como en todo, en esto de la relación entre humor y justicia también depende mucho de quién haga el chiste. Mientras que España entera hacía chanzas sobre Marichalar, su marichalazo y el disparo en el pie de Froilán sin más trascendencia, la Fiscalía imputó a la revista El Jueves por una portada. En ella salían el por entonces príncipe y su prometida realizando el acto. El de procrear.

La revista fue multada con seis mil euros. Sin embargo, Iñaki Urdangarin no sufrió ningún tipo de molestia cuando se descubrieron sus mails en los que hacía mofa de varios miembros de la Familia Real como el que se reproduce a continuación.

Definitivamente, en esto del humor no todos los españoles son iguales. A pesar de todo, se ha avanzado mucho en las formas de resolver estos asuntos. En los años 70, por ejemplo, la ultraderecha respondió a una portada de El Papus colocando una bomba que causó la muerte de una persona.

Hoy en día esos mismos señores de ultraderecha, sus hijos o sus nietos, prefieren llevarlo por la Audiencia Nacional, esa institución que muchos consideran heredera del Tribunal de Orden Público franquista. Todo un avance, no digan que no.

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Este país siempre ha sido muy de descojonarse del débil, del enfermo, de las minorías… Un humor cobarde y acomplejado, cuya razón tal vez resida en la definición que el psicoanálisis da de la proyección: los humillados harían mofa de otros en su misma situación para intentar sobrellevar su propia realidad.

Todo ello, claro, sin olvidar el uso de la broma como herramienta de defensa para conjurar miedos y terrores, como demostraría el humor negro, violento o truculento.


En una próxima entrevista, Bertín tal vez lamente que en la España actual tampoco se puedan hacer chistes de políticos, de torturadores o de cómplices de una dictadura. La sentencia de la Audiencia Nacional por la cual se condena a un año de prisión a la estudiante Cassandra Vera por unos tuits sobre Carrero Blanco lo deja más que claro.

Sin embargo hay diferencias evidentes entre unos y otros límites. Los chistes sobre «mariquitas», gangosos, tartamudos, discapacitados, mujeres, gordos, «subnormales» se han dejado de hacer por el rechazo social que causa reírse de esas personas.

Para que la ciudadanía deje de hacer chistes contra torturadores y dictadores, ha sido necesario recurrir a un aparato coercitivo. Nada menos que la Audiencia Nacional. Una diferencia que da que pensar.

Según el profesor Francisco Bobillo de la Peña, el humor es un «modo de denunciar atropellos o injusticias desde la ironía sutil o la irreverencia ácrata». Para Peridis, toda una institución en este ramo, «los poderosos encerrados en un recuadro o una tira cómica pierden su solemnidad al ser convertidos en personajes de historieta».

En resumen: el humor, además de una forma de proyección o una herramienta para combatir el miedo, es una forma de resistencia. En ese sentido, no es algo que acostumbre a agradar a los poderosos. No hay más que atender a la siguiente batalla que planea poner en marcha el gobierno de Mariano Rajoy: prohibir los memes.

Cualquier cosa para evitar las bromas sobre dictadores, políticos o torturadores. Hasta Melitón Manzanas, comisario asesinado por ETA en 1968 y acusado por numerosas personas de torturador, recibió «la inmunidad contra el humor» al ser declarado víctima del terrorismo por José María Aznar en 1999. Con Melitón, pocas bromas. Estáis avisados.

Pero esto no siempre ha sido así. En 1995, José María Aznar fue objeto de un atentado con coche bomba por parte de ETA. Poco tiempo después se ponía a la venta el disco Bombazo Mix. Algo que nadie consideró ofensivo, sino un chiste pegado a la actualidad. De hecho, Aznar se lo tomó bien porque, como demostraría en diferentes ocasiones, es un cachondo.


Incluso en el extranjero se hicieron chistes sobre políticos españoles. El famoso programa Saturday Night Live tenía un gag recurrente que cada semana afirmaba que «el dictador español Francisco Franco continúa muerto».

Esa broma sería algo impensable a día de hoy. No sólo en España, también en Estados Unidos, salvo que Trump quiera que el Fiscal General del Estado acuda a los tribunales internacionales para pedir respeto para la memoria del dictador fascista.

Pero como en todo, en esto de la relación entre humor y justicia también depende mucho de quién haga el chiste. Mientras que España entera hacía chanzas sobre Marichalar, su marichalazo y el disparo en el pie de Froilán sin más trascendencia, la Fiscalía imputó a la revista El Jueves por una portada. En ella salían el por entonces príncipe y su prometida realizando el acto. El de procrear.

La revista fue multada con seis mil euros. Sin embargo, Iñaki Urdangarin no sufrió ningún tipo de molestia cuando se descubrieron sus mails en los que hacía mofa de varios miembros de la Familia Real como el que se reproduce a continuación.

Definitivamente, en esto del humor no todos los españoles son iguales. A pesar de todo, se ha avanzado mucho en las formas de resolver estos asuntos. En los años 70, por ejemplo, la ultraderecha respondió a una portada de El Papus colocando una bomba que causó la muerte de una persona.

Hoy en día esos mismos señores de ultraderecha, sus hijos o sus nietos, prefieren llevarlo por la Audiencia Nacional, esa institución que muchos consideran heredera del Tribunal de Orden Público franquista. Todo un avance, no digan que no.

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Opiniones 3
  • El documental me recuerda muchísimo a lo que sucedió con Charlie Hebdo. Aunque hay miles de diferencias que discutir, la intolerancia es el eje central. A veces el humor es tan prejuicioso e intolerante como la censura. ¿De qué nos reímos? ¿Qué censurados? Buen artículo, para quedarse reflexionando.

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