22 de mayo 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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Bulimia, veganismo y cazadores recolectores: el coro de góspel que canta al dios de la comida

22 de mayo 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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El góspel es un estilo musical arraigado en la cultura religiosa estadounidense, concretamente en el culto al Dios cristiano de la minoría afroamericana. Hay quien data sus orígenes en el siglo XVII, bastante antes de que se terminara popularizando bajo el término gospel song. Esos términos decimonónicos están asociados a esa característica música religiosa cantada por coros. Pero el tiempo no pasa para nada ni nadie en vano. En pleno siglo XXI, el góspel podría estar dando un inesperado giro en tierras germanas. En Berlín, el compositor y baterista de jazz alemán Max Andrzejewski se sirve de ese estilo musical para cuestionar qué hacen las sociedades avanzadas cuando llega la hora comer.

«Comes lo que eres/pollos amputados/cerdos castrados», se escucha cantar al coro de trece personas que ha dirigido Max Andrzejewski, líder del cuarteto de jazz berlinés Hütte, en su último álbum. «El disco es una manifestación de las dudas y de los problemas que tiene nuestra sociedad actual con la comida», cuenta a Yorokobu Andrzejewski. «La industrialización de la comida y especialmente de la carne es algo muy problemático, es algo enfermizo», abunda este compositor, aludiendo a unos de los temas del disco, donde también se canta al veganismo, a la dieta de los cazadores-recolectores del Paleolítico, a la sal, el azúcar, la mantequilla y también a trastornos alimenticios como la bulimia.

«El disco no solo tenía que ofrecer alabanzas de la comida, porque si en el góspel hay sobre todo alabanzas a Dios, yo quería que la cara más oscura de la alimentación también estuviera presente», afirma Andrzejewski. A sus espaldas, este joven artista recién entrado en la treintena ya tiene dos buenas docenas de discos. Solo tres de ellos los defiende como obras suyas, pues resulta habitual entre jazzeros grabar y colaborar con otros artistas. Su proyecto más reciente, y también el más complejo, es el que su Hütte ha grabado con The Homegrown Organic Gospel Choir, o «el coro de góspel orgánico de cosecha propia». Este coro cantan letras que Andrzejewski encargó al poeta y dramaturgo Thomaspeter Goergen y a la performer y escritora Sylvana Sedding, estrechos colaboradores del compositor y baterista en este álbum.

En sus once temas, el góspel aparece en su dimensión más experimental. No es música de estribillos especialmente pegadizos, aunque los hay. Lo que sí se observa a todas luces son las pasiones compartidas entre el góspel típico de iglesia y el de supermercado que se supone ocupa a Andrzejewski. «Oh, amigos, aprecien la mantequilla/pura y radiante gruesa y rica/más rica que el oro, color de su hermana/porque es suave como tu piel y dulce como tu alma», se escucha cantar al coro en la canción Mantequilla. Esta es la materia grasa con la que suele cocinarse en el norte de Europa, tan presente en la comidas de la Mitteleuropa como lo está el aceite de oliva en la dieta mediterránea.

La religión es la dieta

«Lo que a mí me interesaba del góspel no es la alabanza, sino la energía que se transporta cuando uno escucha un coro de góspel, esa pasión que transmiten quienes lo cantan», explica el joven artista, que no es creyente aunque sí se define como alguien «espiritual». «Tenía que hacerme la pregunta, si hago un álbum con un coro góspel para transmitir pasión y energía, ¿qué tema voy a utilizar?», añade. La respuesta la encontró en la comida, una «religión de sustitución para muchos en las sociedades avanzadas», según sus términos.

«Cuando uno piensa la relación que muchas personas tienen con la religión, uno se da cuenta de que existe, para muchos, esa idea de lo que se puede y no se puede hacer. La dieta también funciona como religión de sustitución porque se pueden comer determinadas cosas y otras no», aclara. «Hay mucha gente que vive bajo esa convicción de que tienen que seguir unas reglas», añade.

2016-06-07_huette-und-chor_foto_dovile-sermokas_73

Si Andrzejewski fuera creyente, tendría algunos problemas de conciencia. Ya los tiene, en realidad, en vista de su comportamiento al sentarse a comer. Durante 13 años fue vegetariano. Ahora come muy a menudo platos vegetarianos cuando cocina en casa, incluso se dice cerca del veganismo en su día a día. Sin embargo, cuando llega la época de las giras con su grupo, disfruta comiendo carne especialmente en el sur de Alemania. De esa parte de la geografía teutona son típicos los platos a base de carne de cerdo. «Soy un cazador-recolector, soy un cazador recolector/quiero más que frutas en postres brillantes/echo de menos el olor de la sangre, el olor de la sangre», se escucha al coro en la canción dedicada a la dieta humana del Paleolítico.

Frustración con la cesta de la compra

El disco con The Homegrown Organic Gospel Choir es, según explica Andrzejewski, «una reflexión» y «abundantes dudas» sobre el comer, verbo frustrante si uno quiere saber todo sobre aquello que uno se lleva a la boca. «En nuestra sociedad tenemos el privilegio de elegir productos orgánicos o veganos, pero claro, al mismo tiempo que estamos permanentemente buscando los mejores productos para consumir nosotros y para el medio ambiente, también nos damos cuenta permanentemente de que los productos que son buenos en teoría luego no lo son tanto. Esto es muy frustrante», señala Andrzejewski. Alude así el compositor y baterista a un reciente artículo que ha leído en la prensa sobre la producción de aguacates, cuya producción es comparable a algunos sectores de la industria de carne animal en términos de impacto medioambiental.

«Ahora está muy de moda lo orgánico, que está bien. Yo busco comprar verduras así, pero, claro, me preocupa que esto solo sea un modo de vender más porque no se puede saber de verdad cuando la comida es industrial, de dónde vienen los productos. Y esto lleva a plantarse, ¿lo estoy haciendo bien o mal cuando consumo mi comida?», se interroga. «Uno no puede saber, al final, cómo hacer las cosas bien a la hora de hacer de comer. Yo creo que esto es un problema», agrega.

La alimentación no es para Andrzejewski una cuestión banal. Lo es tan existencial como que en su disco se habla de trastornos alimenticios como la bulimia o la anorexia, enfermedades que afectan a millones de personas en todo el mundo y que están asociadas a otras obsesiones de las sociedades posmodernas, como, por ejemplo, irreales estándares de belleza en hombres y, sobre todo, mujeres. A ellos, el The Homegrown Organic Gospel Choir les invita a «liberarse». «Los textos están hechos de modo que no suenen», precisa Andrzejewski.

«Suplico perdón por mis pecados de no comer/ten fe en mí/y límpiate/y libérate», termina cantando el coro en uno de los temas del disco sobre la anorexia. Con líneas como esas, seriedad, ironía y no pocos elementos tragicómicos de sociedades tal vez demasiado pudientes, Andrzejewski y compañía ofrecen una manifestación de lo que somos. Nos guste o no escucharlo.

El góspel es un estilo musical arraigado en la cultura religiosa estadounidense, concretamente en el culto al Dios cristiano de la minoría afroamericana. Hay quien data sus orígenes en el siglo XVII, bastante antes de que se terminara popularizando bajo el término gospel song. Esos términos decimonónicos están asociados a esa característica música religiosa cantada por coros. Pero el tiempo no pasa para nada ni nadie en vano. En pleno siglo XXI, el góspel podría estar dando un inesperado giro en tierras germanas. En Berlín, el compositor y baterista de jazz alemán Max Andrzejewski se sirve de ese estilo musical para cuestionar qué hacen las sociedades avanzadas cuando llega la hora comer.

«Comes lo que eres/pollos amputados/cerdos castrados», se escucha cantar al coro de trece personas que ha dirigido Max Andrzejewski, líder del cuarteto de jazz berlinés Hütte, en su último álbum. «El disco es una manifestación de las dudas y de los problemas que tiene nuestra sociedad actual con la comida», cuenta a Yorokobu Andrzejewski. «La industrialización de la comida y especialmente de la carne es algo muy problemático, es algo enfermizo», abunda este compositor, aludiendo a unos de los temas del disco, donde también se canta al veganismo, a la dieta de los cazadores-recolectores del Paleolítico, a la sal, el azúcar, la mantequilla y también a trastornos alimenticios como la bulimia.

«El disco no solo tenía que ofrecer alabanzas de la comida, porque si en el góspel hay sobre todo alabanzas a Dios, yo quería que la cara más oscura de la alimentación también estuviera presente», afirma Andrzejewski. A sus espaldas, este joven artista recién entrado en la treintena ya tiene dos buenas docenas de discos. Solo tres de ellos los defiende como obras suyas, pues resulta habitual entre jazzeros grabar y colaborar con otros artistas. Su proyecto más reciente, y también el más complejo, es el que su Hütte ha grabado con The Homegrown Organic Gospel Choir, o «el coro de góspel orgánico de cosecha propia». Este coro cantan letras que Andrzejewski encargó al poeta y dramaturgo Thomaspeter Goergen y a la performer y escritora Sylvana Sedding, estrechos colaboradores del compositor y baterista en este álbum.

En sus once temas, el góspel aparece en su dimensión más experimental. No es música de estribillos especialmente pegadizos, aunque los hay. Lo que sí se observa a todas luces son las pasiones compartidas entre el góspel típico de iglesia y el de supermercado que se supone ocupa a Andrzejewski. «Oh, amigos, aprecien la mantequilla/pura y radiante gruesa y rica/más rica que el oro, color de su hermana/porque es suave como tu piel y dulce como tu alma», se escucha cantar al coro en la canción Mantequilla. Esta es la materia grasa con la que suele cocinarse en el norte de Europa, tan presente en la comidas de la Mitteleuropa como lo está el aceite de oliva en la dieta mediterránea.

La religión es la dieta

«Lo que a mí me interesaba del góspel no es la alabanza, sino la energía que se transporta cuando uno escucha un coro de góspel, esa pasión que transmiten quienes lo cantan», explica el joven artista, que no es creyente aunque sí se define como alguien «espiritual». «Tenía que hacerme la pregunta, si hago un álbum con un coro góspel para transmitir pasión y energía, ¿qué tema voy a utilizar?», añade. La respuesta la encontró en la comida, una «religión de sustitución para muchos en las sociedades avanzadas», según sus términos.

«Cuando uno piensa la relación que muchas personas tienen con la religión, uno se da cuenta de que existe, para muchos, esa idea de lo que se puede y no se puede hacer. La dieta también funciona como religión de sustitución porque se pueden comer determinadas cosas y otras no», aclara. «Hay mucha gente que vive bajo esa convicción de que tienen que seguir unas reglas», añade.

2016-06-07_huette-und-chor_foto_dovile-sermokas_73

Si Andrzejewski fuera creyente, tendría algunos problemas de conciencia. Ya los tiene, en realidad, en vista de su comportamiento al sentarse a comer. Durante 13 años fue vegetariano. Ahora come muy a menudo platos vegetarianos cuando cocina en casa, incluso se dice cerca del veganismo en su día a día. Sin embargo, cuando llega la época de las giras con su grupo, disfruta comiendo carne especialmente en el sur de Alemania. De esa parte de la geografía teutona son típicos los platos a base de carne de cerdo. «Soy un cazador-recolector, soy un cazador recolector/quiero más que frutas en postres brillantes/echo de menos el olor de la sangre, el olor de la sangre», se escucha al coro en la canción dedicada a la dieta humana del Paleolítico.

Frustración con la cesta de la compra

El disco con The Homegrown Organic Gospel Choir es, según explica Andrzejewski, «una reflexión» y «abundantes dudas» sobre el comer, verbo frustrante si uno quiere saber todo sobre aquello que uno se lleva a la boca. «En nuestra sociedad tenemos el privilegio de elegir productos orgánicos o veganos, pero claro, al mismo tiempo que estamos permanentemente buscando los mejores productos para consumir nosotros y para el medio ambiente, también nos damos cuenta permanentemente de que los productos que son buenos en teoría luego no lo son tanto. Esto es muy frustrante», señala Andrzejewski. Alude así el compositor y baterista a un reciente artículo que ha leído en la prensa sobre la producción de aguacates, cuya producción es comparable a algunos sectores de la industria de carne animal en términos de impacto medioambiental.

«Ahora está muy de moda lo orgánico, que está bien. Yo busco comprar verduras así, pero, claro, me preocupa que esto solo sea un modo de vender más porque no se puede saber de verdad cuando la comida es industrial, de dónde vienen los productos. Y esto lleva a plantarse, ¿lo estoy haciendo bien o mal cuando consumo mi comida?», se interroga. «Uno no puede saber, al final, cómo hacer las cosas bien a la hora de hacer de comer. Yo creo que esto es un problema», agrega.

La alimentación no es para Andrzejewski una cuestión banal. Lo es tan existencial como que en su disco se habla de trastornos alimenticios como la bulimia o la anorexia, enfermedades que afectan a millones de personas en todo el mundo y que están asociadas a otras obsesiones de las sociedades posmodernas, como, por ejemplo, irreales estándares de belleza en hombres y, sobre todo, mujeres. A ellos, el The Homegrown Organic Gospel Choir les invita a «liberarse». «Los textos están hechos de modo que no suenen», precisa Andrzejewski.

«Suplico perdón por mis pecados de no comer/ten fe en mí/y límpiate/y libérate», termina cantando el coro en uno de los temas del disco sobre la anorexia. Con líneas como esas, seriedad, ironía y no pocos elementos tragicómicos de sociedades tal vez demasiado pudientes, Andrzejewski y compañía ofrecen una manifestación de lo que somos. Nos guste o no escucharlo.

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