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15 de marzo 2016    /   ENTRETENIMIENTO
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«(I can´t get no) satisfaction»

15 de marzo 2016    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Fue una noche después de un concierto. Esa tarde los Rolling Stones habían actuado ante 3.000 personas en Clearwater, Florida, una de las paradas de su primera gira por EEUU. Por lo visto se lió una buena entre una multitud de chavales y la policía. El caos era constante y los ingleses decidieron acabar a la cuarta canción, escapando hacia el hotel. Esa madrugada Keith Richards se despertó en su habitación tarareando un riff de guitarra y con la frase del título metida en la cabeza. Lo registró en una grabadora y volvió a dormirse. Uno días después llevó la cinta al estudio. Ahí estaba el riff, seguido por los ronquidos de Keith. Esta es la versión oficial, pero los detalles son lo de menos; hay quien afirma que en aquel concierto los Stones no llegaron a tocar ni un solo tema; llegaron, vieron el follón y se largaron. La cuestión es que el embrión de una de las canciones más emblemáticas en la historia del Rock‘n’Roll se fecundó entre ronquidos y babas en la almohada.

Pero no fue todo inspiración divina. Hay una canción de Chuck Berry, Thirty days, con el verso «I can’t get no satisfaction», y Berry era uno de los ídolos de Keith. Por otro lado, Martha and the Vandellas habían editado tres meses antes el single Nowhere to run, con una línea de vientos casi idéntica al pegadizo riff de guitarra. Tanto se parecían que Keith se preocupó por el asunto. Él no veía potencial a la canción y no quería que se editase como single. Fue su compi Brian Jones quien le convenció de que ahí había algo bueno. Mick Jagger también lo vio. El cantante escribió el resto de la letra. Se propuso mostrar los dos lados del sueño americano, el real y el hipócrita. Mick nos habla de un tipo que busca la autenticidad y es incapaz de encontrarla donde se la prometen. En unas pocas frases plasmó cómo funciona el poder del dinero y de la publicidad. Resulta curioso que nos hablase de consumismo una de las bandas que mejor sabría explotar su imagen y comercializar su alma.

Satisfaction llegó al número 1 y aguantaría tres meses y medio en listas, pero su impacto histórico no tuvo final. Esta canción cambió muchas cosas en el verano de 1965. En primer lugar a los propios Stones, ya que fue el trampolín que los convirtió en el monstruo «llenaestadios» que ha conocido cualquiera que llegase a la banda en el último medio siglo. También golpeó a toda una generación; llegó en el momento preciso, cuando el Rock’n’Roll perdió su inocencia y se extendía la contracultura, hablando sobre los efectos de la alienación a una juventud que buscaba íconos rebeldes en los que reflejarse. Y por último, cambió el desarrollo del sonido imperante. Puede parecer un tema sencillo y acomodado. Pero ese riff de tres notas escondía algo detrás. Keith estrenó en esta canción un nuevo pedal que le había enviado la marca Gibson, el Fuzztone Box, que añadía un extra de distorsión. Al guitarrista no le gustó demasiado e insinuó que mejor sería poner una sección de vientos. De nuevo le convencieron, ese efecto nuevo podía darle un toque diferente. Hay quien dice que esta es la primera grabación con fuzz en una guitarra. Falso. Billy Strange, por poner un ejemplo, empleó ese efecto en varias sesiones de estudio —escucha el I just don’t understand de Ann-Margret de 1961—. Lo que sí es cierto es que nunca antes ese sonido había tenido un impacto musical. A partir de este clásico se desató una reacción en cadena y miles de guitarristas quisieron sonar igual.

¿Versiones? Un millón. La de Otis Redding es buena, pero la mejor es la de Devo. Y con la de Mariscal Romero… «No nos dan satisfacción…», ¡pelos de punta! Hace 14 años una élite de jueces musicales la eligió como la segunda canción más importante de la historia. ¿Que cuál fue la primera? Te lo contaremos en una próxima entrega.

Fue una noche después de un concierto. Esa tarde los Rolling Stones habían actuado ante 3.000 personas en Clearwater, Florida, una de las paradas de su primera gira por EEUU. Por lo visto se lió una buena entre una multitud de chavales y la policía. El caos era constante y los ingleses decidieron acabar a la cuarta canción, escapando hacia el hotel. Esa madrugada Keith Richards se despertó en su habitación tarareando un riff de guitarra y con la frase del título metida en la cabeza. Lo registró en una grabadora y volvió a dormirse. Uno días después llevó la cinta al estudio. Ahí estaba el riff, seguido por los ronquidos de Keith. Esta es la versión oficial, pero los detalles son lo de menos; hay quien afirma que en aquel concierto los Stones no llegaron a tocar ni un solo tema; llegaron, vieron el follón y se largaron. La cuestión es que el embrión de una de las canciones más emblemáticas en la historia del Rock‘n’Roll se fecundó entre ronquidos y babas en la almohada.

Pero no fue todo inspiración divina. Hay una canción de Chuck Berry, Thirty days, con el verso «I can’t get no satisfaction», y Berry era uno de los ídolos de Keith. Por otro lado, Martha and the Vandellas habían editado tres meses antes el single Nowhere to run, con una línea de vientos casi idéntica al pegadizo riff de guitarra. Tanto se parecían que Keith se preocupó por el asunto. Él no veía potencial a la canción y no quería que se editase como single. Fue su compi Brian Jones quien le convenció de que ahí había algo bueno. Mick Jagger también lo vio. El cantante escribió el resto de la letra. Se propuso mostrar los dos lados del sueño americano, el real y el hipócrita. Mick nos habla de un tipo que busca la autenticidad y es incapaz de encontrarla donde se la prometen. En unas pocas frases plasmó cómo funciona el poder del dinero y de la publicidad. Resulta curioso que nos hablase de consumismo una de las bandas que mejor sabría explotar su imagen y comercializar su alma.

Satisfaction llegó al número 1 y aguantaría tres meses y medio en listas, pero su impacto histórico no tuvo final. Esta canción cambió muchas cosas en el verano de 1965. En primer lugar a los propios Stones, ya que fue el trampolín que los convirtió en el monstruo «llenaestadios» que ha conocido cualquiera que llegase a la banda en el último medio siglo. También golpeó a toda una generación; llegó en el momento preciso, cuando el Rock’n’Roll perdió su inocencia y se extendía la contracultura, hablando sobre los efectos de la alienación a una juventud que buscaba íconos rebeldes en los que reflejarse. Y por último, cambió el desarrollo del sonido imperante. Puede parecer un tema sencillo y acomodado. Pero ese riff de tres notas escondía algo detrás. Keith estrenó en esta canción un nuevo pedal que le había enviado la marca Gibson, el Fuzztone Box, que añadía un extra de distorsión. Al guitarrista no le gustó demasiado e insinuó que mejor sería poner una sección de vientos. De nuevo le convencieron, ese efecto nuevo podía darle un toque diferente. Hay quien dice que esta es la primera grabación con fuzz en una guitarra. Falso. Billy Strange, por poner un ejemplo, empleó ese efecto en varias sesiones de estudio —escucha el I just don’t understand de Ann-Margret de 1961—. Lo que sí es cierto es que nunca antes ese sonido había tenido un impacto musical. A partir de este clásico se desató una reacción en cadena y miles de guitarristas quisieron sonar igual.

¿Versiones? Un millón. La de Otis Redding es buena, pero la mejor es la de Devo. Y con la de Mariscal Romero… «No nos dan satisfacción…», ¡pelos de punta! Hace 14 años una élite de jueces musicales la eligió como la segunda canción más importante de la historia. ¿Que cuál fue la primera? Te lo contaremos en una próxima entrega.

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Opiniones 1
  • Curioso lo de la sección de vientos de Martha and the Vandellas, no lo sabia… buen arituculo sobre una de las canciones más importantes del rock´n roll!!

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