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18 de junio 2015    /   CREATIVIDAD
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La primera generación del Iberomanga

18 de junio 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Era mediados de la década de los 90. Ediciones B había pegado el petardazo con el cómic Akira. Planeta llevaba ya unos años publicando Dragon Ball y otras editoriales se apuntaban al carro de editar tebeos japoneses. Las cadenas autonómicas y privadas emitían dibujos como Caballeros del Zodiaco, Dr. Slump, Doraemon, Chico Terremoto, Sailor Moon, Ranma ½. Lo japonés estaba de moda y una pequeña casa catalana, Camaleón Ediciones, decidió apostar por un mercado interno con producciones realizadas por autores españoles influidos por la estética manga: Víctor Rivas, Carlos J. Olivares, David Ramírez, José María Reyes, Van Durán, Mateo Guerrero, Nùria Peris, Nacho Fernández…, una serie de autores nacidos en los 70 y criados en los 80 que comenzaron su andadura profesional en las primeras revistas de historias cortas de manga como Neko, Kame u Otaku antes de lanzarse a la creación de series propias. La primera generación del Iberomanga.
Guerrero, uno de los más jóvenes, cuenta cómo logró comenzar a publicar con solo 18 años. «Lo que hice fue preparar muchas páginas de muestra, unas 50, y con eso fui al Salón del Cómic del 94», rememora. «Aunque la historia era muy amateur, el editor por lo menos pudo ver que era constante y, además, coincidió que justo estaban buscando gente con la estética que yo llevaba». En el mundo del cómic, como en todos, sin una pizca de suerte es complicado llegar a ningún lado.
Guerrero aclara que su estilo no fue un intento de apuntarse a una tendencia. «Esa moda simplemente no existía». «Entonces se había publicado muy poco manga en España y pasó muy poco tiempo entre los primeros ejemplos publicados y la primera generación de dibujantes en tener esas influencias». Él tiene claro el motivo. No es el manga de donde estos autores cogieron sus códigos estéticos, sino del anime japonés que llevaba emitiéndose desde principios de los 80, por eso ninguno de los que pertenece a esta hornada tiene un estilo tan puro como puede encontrarse en algunos de los autores posteriores. «La principal diferencia entre nosotros y los que lo han seguido es que nuestro trazo es más americano, con otras influencias».
Si hay un momento que confirma el fenómeno es octubre de 1995, cuando se celebra el primer Salón del Manga de Barcelona. La prensa especializada de la época destaca, pese a que las exposiciones eran bastante malas y no parecía muy bien organizado, la gran afluencia de público. Hubo además un concurso de manga hecho por españoles en el que ganaron ex aequo Van Durán y David Ramírez. Al otro lado de la línea, Ramírez describe un periplo similar al de Guerrero. Llevar muestras a las jornadas de manga que se hicieron como test de prueba para el salón en abril de ese año y recibir el consejo de que le hacía falta rodaje. Dibujar como un loco durante todo el verano y finalmente hacer un cómic para el concurso. Obtener el galardón y comenzar a publicar, por supuesto, con Camaleón.
Si el estilo de Guerrero, un dibujante de corte fantástico, está influenciado a partes iguales por el anime japonés y el cómic americano, en el de Ramírez, mucho más humorístico, se adivina la mano de la editorial Bruguera y Jan con los códigos y estética de Dr. Slump y Dragon Ball que veía en la televisión. «Al final, tengo como un poti poti de todo lo que he ido leyendo», reflexiona. «Si me preguntas si es manga, no te diré que sí, pero tampoco es que sea algo plenamente europeo». Es como una mezcla extraña.
Barcelona era, desde luego, el epicentro. «Yo estaba bastante aislado, ya que vivía en Tortosa, pero de vez en cuando iba por allá y veía el local que Camaleón tenía, donde había varias mesas de dibujo y muchas veces los dibujantes iban a trabajar allí». Reconoce que, cuando iba a entregar páginas y observaba el ambiente creativo, le daba bastante envidia. Tanto él como Guerrero entraban más en contacto con sus pares en salones, convenciones… «Los desperdigados éramos más solitarios».
La que vivía esos años en la Ciudad Condal es Nùria Peris. Licenciada en Bellas Artes, ya durante la carrera comenzó a trabajar para el Estudio Fénix, una empresa de servicios editoriales y cómics por encargo hermanada con Camaleón. Por supuesto, su primera obra, Akuma, la publicó con esta editorial. Como el resto, cita como influencias los dibujos japoneses que daban por la televisión y se considera una artista ‘amerimanga’, una versión ajaponesada de un estilo.
«Nos conocíamos todos. Estaba Camaleón, Planeta, Forum… Si buscabas un medio donde publicar, tenías que venir a Barcelona, ya que era donde había más editoriales, más posibilidades», recuerda, «yo incluso llegué a convivir durante cuatro meses en un piso con dibujantes como Germán García, Nacho Fernández y Juan Carlos Gómez». Todos trabajaban para Camaleón, «que era como un agujero negro», en ese piso, dibujando, cada uno su propio proyecto, horas y horas, hasta muy tarde, escuchando la radio. «Estuvo muy bien».
José Andrés Santiago, autor de una tesis sobre cómic japonés y actual investigador posdoctoral en la Universidad de Kyoto Seika, explica que, tanto en investigación como en redes sociales, el tema, de si algo es manga o no lo es, siempre es polémico. «Hay dos premisas, una que dice que el manga es cómic japonés hecho en Japón para un público japonés y con métodos editoriales japoneses, como su sistema de revistas, y el editor controlando muy de cerca lo que hace el autor», enumera, «o la versión más globalizadora, que podrían abrazar los autores de Iberomanga, de que el manga es un arte secuencial que se define por unas características de estilo y que este es independiente de donde se haya hecho o del público al que se dirige». Para explicarlo, usa una analogía que describe como torpe. Si el manga solo se puede hacer en Japón, la pizza tampoco se puede hacer fuera de Italia.
«Si un autor español hace manga, se ve obligado a replicar formas ya existentes, como el estilo o el tropos, del manga japonés, mimetizando de la mejor manera posible lo que le llega o lo que puede tener acceso de allí», reflexiona, «esto tiene una consecuencia lógica: no puede innovar debido a que, si se aleja demasiado de lo que se considera forma o estilo manga, acaba perdiendo la etiqueta». Un problema que no tiene un autor japonés que, haga lo que haga, siempre será manga ya que vive y trabaja en Japón.
El periplo vital de los tres autores los ha ido alejando un poco de ese estilo inicial. Tras triunfar en España con la serie de fantasía heroica Crónicas de Mesene, Mateo Guerrero publicó en EE UU durante unos años para luego acabar llegando al mercado francés donde hace un álbum al año. En su último trabajo, Gloria Victis, una historia de romanos, ha buscado un enfoque más realista; además, al trabajar para Francia, ha tenido que adaptarse al formato y modelo de narración europeo: 42 páginas con entre ocho y diez viñetas cada una. David Ramírez ha desarrollado una forma de dibujo muy deudora de Matt Groening, que usa para sus colaboraciones más humorísticas. Uno de sus últimos proyectos es Con Dos Cojones, un cómic interactivo del que publica unas tres viñetas al día en Instagram y deja que los lectores decidan el rumbo de la historieta. Peris sigue vinculada al Estudio Fénix y está inmersa en la adaptación al cómic de Memorias de Idhún, la saga de literatura fantástica de Laura Gallego.
Al estudioso Santiago le gusta la etiqueta de Iberomanga. «Puede que algunos la interpreten como algo peyorativo, como que es menos auténtico, pero ¿no podría ser algo que permite desligarte del hecho de que siempre tienes que ser una copia y te posibilita convertirte en algo original por ti mismo?». Cuando se observa a los dibujantes posteriores a esta primera hornada, queda bastante claro. Su dibujo, narrativa, es mucho más fiel con el manga japonés. Los pioneros demuestran un estilo menos ligado a Japón. Quizá de esa forma, no tan genuinamente japonesa, logran resultar más innegablemente originales, más auténticamente propios.
02Página de Crónicas del Mesene (1998), de Mateo Guerrero.
03Página de Gloria Victis (2014), de Mateo Guerrero
04Página de B3 (1996), de David Ramírez.
05Los personajes de B3 dibujados por Ramírez en 2005.
06Página de Nùria Peris de 2005.

Era mediados de la década de los 90. Ediciones B había pegado el petardazo con el cómic Akira. Planeta llevaba ya unos años publicando Dragon Ball y otras editoriales se apuntaban al carro de editar tebeos japoneses. Las cadenas autonómicas y privadas emitían dibujos como Caballeros del Zodiaco, Dr. Slump, Doraemon, Chico Terremoto, Sailor Moon, Ranma ½. Lo japonés estaba de moda y una pequeña casa catalana, Camaleón Ediciones, decidió apostar por un mercado interno con producciones realizadas por autores españoles influidos por la estética manga: Víctor Rivas, Carlos J. Olivares, David Ramírez, José María Reyes, Van Durán, Mateo Guerrero, Nùria Peris, Nacho Fernández…, una serie de autores nacidos en los 70 y criados en los 80 que comenzaron su andadura profesional en las primeras revistas de historias cortas de manga como Neko, Kame u Otaku antes de lanzarse a la creación de series propias. La primera generación del Iberomanga.
Guerrero, uno de los más jóvenes, cuenta cómo logró comenzar a publicar con solo 18 años. «Lo que hice fue preparar muchas páginas de muestra, unas 50, y con eso fui al Salón del Cómic del 94», rememora. «Aunque la historia era muy amateur, el editor por lo menos pudo ver que era constante y, además, coincidió que justo estaban buscando gente con la estética que yo llevaba». En el mundo del cómic, como en todos, sin una pizca de suerte es complicado llegar a ningún lado.
Guerrero aclara que su estilo no fue un intento de apuntarse a una tendencia. «Esa moda simplemente no existía». «Entonces se había publicado muy poco manga en España y pasó muy poco tiempo entre los primeros ejemplos publicados y la primera generación de dibujantes en tener esas influencias». Él tiene claro el motivo. No es el manga de donde estos autores cogieron sus códigos estéticos, sino del anime japonés que llevaba emitiéndose desde principios de los 80, por eso ninguno de los que pertenece a esta hornada tiene un estilo tan puro como puede encontrarse en algunos de los autores posteriores. «La principal diferencia entre nosotros y los que lo han seguido es que nuestro trazo es más americano, con otras influencias».
Si hay un momento que confirma el fenómeno es octubre de 1995, cuando se celebra el primer Salón del Manga de Barcelona. La prensa especializada de la época destaca, pese a que las exposiciones eran bastante malas y no parecía muy bien organizado, la gran afluencia de público. Hubo además un concurso de manga hecho por españoles en el que ganaron ex aequo Van Durán y David Ramírez. Al otro lado de la línea, Ramírez describe un periplo similar al de Guerrero. Llevar muestras a las jornadas de manga que se hicieron como test de prueba para el salón en abril de ese año y recibir el consejo de que le hacía falta rodaje. Dibujar como un loco durante todo el verano y finalmente hacer un cómic para el concurso. Obtener el galardón y comenzar a publicar, por supuesto, con Camaleón.
Si el estilo de Guerrero, un dibujante de corte fantástico, está influenciado a partes iguales por el anime japonés y el cómic americano, en el de Ramírez, mucho más humorístico, se adivina la mano de la editorial Bruguera y Jan con los códigos y estética de Dr. Slump y Dragon Ball que veía en la televisión. «Al final, tengo como un poti poti de todo lo que he ido leyendo», reflexiona. «Si me preguntas si es manga, no te diré que sí, pero tampoco es que sea algo plenamente europeo». Es como una mezcla extraña.
Barcelona era, desde luego, el epicentro. «Yo estaba bastante aislado, ya que vivía en Tortosa, pero de vez en cuando iba por allá y veía el local que Camaleón tenía, donde había varias mesas de dibujo y muchas veces los dibujantes iban a trabajar allí». Reconoce que, cuando iba a entregar páginas y observaba el ambiente creativo, le daba bastante envidia. Tanto él como Guerrero entraban más en contacto con sus pares en salones, convenciones… «Los desperdigados éramos más solitarios».
La que vivía esos años en la Ciudad Condal es Nùria Peris. Licenciada en Bellas Artes, ya durante la carrera comenzó a trabajar para el Estudio Fénix, una empresa de servicios editoriales y cómics por encargo hermanada con Camaleón. Por supuesto, su primera obra, Akuma, la publicó con esta editorial. Como el resto, cita como influencias los dibujos japoneses que daban por la televisión y se considera una artista ‘amerimanga’, una versión ajaponesada de un estilo.
«Nos conocíamos todos. Estaba Camaleón, Planeta, Forum… Si buscabas un medio donde publicar, tenías que venir a Barcelona, ya que era donde había más editoriales, más posibilidades», recuerda, «yo incluso llegué a convivir durante cuatro meses en un piso con dibujantes como Germán García, Nacho Fernández y Juan Carlos Gómez». Todos trabajaban para Camaleón, «que era como un agujero negro», en ese piso, dibujando, cada uno su propio proyecto, horas y horas, hasta muy tarde, escuchando la radio. «Estuvo muy bien».
José Andrés Santiago, autor de una tesis sobre cómic japonés y actual investigador posdoctoral en la Universidad de Kyoto Seika, explica que, tanto en investigación como en redes sociales, el tema, de si algo es manga o no lo es, siempre es polémico. «Hay dos premisas, una que dice que el manga es cómic japonés hecho en Japón para un público japonés y con métodos editoriales japoneses, como su sistema de revistas, y el editor controlando muy de cerca lo que hace el autor», enumera, «o la versión más globalizadora, que podrían abrazar los autores de Iberomanga, de que el manga es un arte secuencial que se define por unas características de estilo y que este es independiente de donde se haya hecho o del público al que se dirige». Para explicarlo, usa una analogía que describe como torpe. Si el manga solo se puede hacer en Japón, la pizza tampoco se puede hacer fuera de Italia.
«Si un autor español hace manga, se ve obligado a replicar formas ya existentes, como el estilo o el tropos, del manga japonés, mimetizando de la mejor manera posible lo que le llega o lo que puede tener acceso de allí», reflexiona, «esto tiene una consecuencia lógica: no puede innovar debido a que, si se aleja demasiado de lo que se considera forma o estilo manga, acaba perdiendo la etiqueta». Un problema que no tiene un autor japonés que, haga lo que haga, siempre será manga ya que vive y trabaja en Japón.
El periplo vital de los tres autores los ha ido alejando un poco de ese estilo inicial. Tras triunfar en España con la serie de fantasía heroica Crónicas de Mesene, Mateo Guerrero publicó en EE UU durante unos años para luego acabar llegando al mercado francés donde hace un álbum al año. En su último trabajo, Gloria Victis, una historia de romanos, ha buscado un enfoque más realista; además, al trabajar para Francia, ha tenido que adaptarse al formato y modelo de narración europeo: 42 páginas con entre ocho y diez viñetas cada una. David Ramírez ha desarrollado una forma de dibujo muy deudora de Matt Groening, que usa para sus colaboraciones más humorísticas. Uno de sus últimos proyectos es Con Dos Cojones, un cómic interactivo del que publica unas tres viñetas al día en Instagram y deja que los lectores decidan el rumbo de la historieta. Peris sigue vinculada al Estudio Fénix y está inmersa en la adaptación al cómic de Memorias de Idhún, la saga de literatura fantástica de Laura Gallego.
Al estudioso Santiago le gusta la etiqueta de Iberomanga. «Puede que algunos la interpreten como algo peyorativo, como que es menos auténtico, pero ¿no podría ser algo que permite desligarte del hecho de que siempre tienes que ser una copia y te posibilita convertirte en algo original por ti mismo?». Cuando se observa a los dibujantes posteriores a esta primera hornada, queda bastante claro. Su dibujo, narrativa, es mucho más fiel con el manga japonés. Los pioneros demuestran un estilo menos ligado a Japón. Quizá de esa forma, no tan genuinamente japonesa, logran resultar más innegablemente originales, más auténticamente propios.
02Página de Crónicas del Mesene (1998), de Mateo Guerrero.
03Página de Gloria Victis (2014), de Mateo Guerrero
04Página de B3 (1996), de David Ramírez.
05Los personajes de B3 dibujados por Ramírez en 2005.
06Página de Nùria Peris de 2005.

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