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5 de septiembre 2017    /   IDEAS
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Hemos dejado el futuro en manos de estos millonarios

5 de septiembre 2017    /   IDEAS     por          
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Es una sensación familiar. El vuelo sin ataduras tras el éxito. O lo que se entiende por éxito en los tiempos que corren. El triunfo llega. Con él, una hemorragia de dinero y la confianza del que puede conseguirlo todo. En ese momento, dejas de ser un emprendedor o un empresario para convertirte en un líder social para toda una generación. Empiezas a hacer lo que mejor se te da: pensar para transformar el mundo. Y aquí es donde empiezan los problemas.

El desarrollo tecnológico ha creado su propia mitología, la de los emprendedores capaces de todo. La de los triunfadores que liderarán el futuro. Y si no triunfan, si fracasan, ese fracaso será el primer impulso para el siguiente éxito. Ya sabes: «En EEUU, los fracasos se incluyen en el currículum».

Silicon Valley es el centro neurálgico de la transformación tecnológica y social y estamos tan encantados con ello que cualquier cosa vale. Si no entiendes una propuesta es que no estás preparado para el futuro.

El dinero de los milmillonarios es de todo salvo perezoso. Por eso, siempre busca salidas que aporten rédito y ¿hay mayor beneficio que la vida propia? El ecosistema empresarial del valle, tan necesitado de productos innovadores, también ha inventado en el gris escenario en el que se mueven los agentes de seguros. Se han creado seguros antiapocalipsis para garantizar la supervivencia en caso de pandemias, terrorismo, terremotos –algo que en California es una amenaza constante–, un Trump fuera de sus cabales y pulsando el botón rojo (otra amenaza constante) o revueltas de la plebe.

Los suscriptores de este tipo de seguros son partidarios de tener un plan B que consista en aislarse en una burbuja, lejos de los pobres y los parias. Así piensa, por ejemplo, Yishan Wong, ex-CEO de Reddit. El futuro que proponen los milmillonarios emprendedores se dibuja con robots que sustituyan a la mano de obra menos cualificada y eso deja una revuelta de trabajadores como una posibilidad futura más que plausible.

La última ocurrencia se engloba dentro de la categoría del biohacking. Así la han bautizado los nuevos apóstoles del ayuno como Phil Libin, ex-CEO de Evernote. Libin lleva a cabo ayunos de entre dos y ocho días en los que se alimenta casi exclusivamente de café en dosis poco recomendables.

El emprendedor, que ahora es CEO de All Turtles, asegura a The Guardian que desde que practica estos ayunos extremos, «estoy de mucho mejor humor, mi concentración es mejor y hay un aporte constante de energía. Me siento mucho más sano. Me está ayudando a ser un mejor CEO».

Crédito: Shutterstock.
Crédito: Shutterstock.

Lo que subyace bajo estas propuestas radicales de estilo de vida es aún más siniestro que el hambre. ¿Para qué se hace algo así? Phil Libin afirma que «en Silicon Valley y otros mercados globales competitivos, cada vez más personas buscan alguna técnica para incrementar la productividad». Es decir, uno se somete a un ayuno extremo para poder rendir más en el trabajo.

Sin embargo, lo más grave viene a través del poder de prescripción de estas rock stars empresariales. La clase más poderosa de Silicon Valley da ejemplo a todos los que se quieren acercar al modelo de éxito que se vende en el valle. ¿Cuántas personas tendrán problemas por llevar a cabo estos métodos de ayuno sin supervisión médica?

Tengo dinero para enterrar a ese periódico

Algunos millonarios, como el fundador de Paypal Max Lechin, piensa que una de sus responsabilidades es reducir la desigualdad social en lugar de buscarse islas desiertas para ricos que quieran sobrevivir. Levchin demuestra, como poco, algo de sensibilidad con los valores cercanos a los derechos humanos.

No es el caso de otro fundador de Paypal, Peter Thiel, que ha usado parte de su fortuna para cerrar bocas incómodas en la prensa estadounidense. Ocurrió, como muestra Nobody Speak: Trials of the Free Press, con Gawker.

A Thiel no le hizo ninguna gracia que el medio sensacionalista le sacara del armario casi a patadas. En lugar de irse a los juzgados, aprovechó una coyuntura judicial adyacente.

50-am

Gawker publicó un vídeo sexual explícito en el que se veía a Hulk Hogan, luchador de wrestling y héroe nacional norteamericano, retozando con la esposa de un amigo. El amigo, por cierto, estaba mirando la escena.

Hogan llevó a Gawker a juicio y la justicia estadounidense determinó que Gawker debía indemnizar a Hulk Hogan con 140 millones de dólares, lo suficiente como para llevarles a la quiebra. Posteriormente se supo que fue Peter Thiel el que financió a la acusación, es decir, a Hulk Hogan y todo su equipo. Muerto el perro, se acabó la rabia. Victoria para Thiel, derrota para la libertad de expresión, por mucho que esa expresión fuera de dudosa calidad.

Viviendo del éxito

El caso de Elon Musk es diferente. Musk ha creado los automóviles eléctricos deseados por todo el mundo, los Tesla, y ha hecho despegar y aterrizar una nave espacial en vertical, la SpaceX. A ver quién es el guapo que no se deslumbra con un cohete que aterriza y despega así. Sin embargo, sus anuncios del Hyperloop ofrecen muchas dudas. El proyecto de cápsula de viaje supersónica tiene la credibilidad y el aval de los éxitos precedentes de Musk. Por otro lado, cuenta con el obstáculo de lo poco flexible que es la física.

El visionario de moda anunció que el Hyperloop se probará en una pista de ocho kilómetros en menos de año y medio. Sin embargo, como contó Manuel Ángel Méndez en este artículo de El Confidencial, hay muchas dudas puestas en los plazos del proyecto.

La más importante viene desde el MIT. John Hansman, profesor de aeronáutica, afirma que «mantener las bajas presiones [necesarias en el tubo] exigirá cantidades sustanciales de energía. Saber exactamente cuánta dependerá de cosas como el sellado del sistema». No queda nada claro cómo se obtendrá esa cantidad de energía tan elevada.

Además, existe escasa documentación técnica que dé más explicaciones que el propio anhelo por llevar a cabo el proyecto. «El informe [original de Elon Musk, en el que se basa el trabajo posterior de las start-ups] pasa por encima de los retos técnicos de transitar de un sistema de baja presión a otro de presión atmosférica normal como habría en las estaciones. ¿Cómo sería el sellado?», se pregunta el físico Stephen Granade en Jalopnik.

El hecho de entronar como líderes del futuro a personas cuyos intereses son meramente empresariales encierra un riesgo elevado. El anhelo por transformar el planeta viene dado por el hecho de que sea rentable. Tanto los medios como los ciudadanos harían bien en cargarse de escepticismo y mantener un espíritu crítico ante los cantos de gurú que anuncian un futuro idílico.

Es una sensación familiar. El vuelo sin ataduras tras el éxito. O lo que se entiende por éxito en los tiempos que corren. El triunfo llega. Con él, una hemorragia de dinero y la confianza del que puede conseguirlo todo. En ese momento, dejas de ser un emprendedor o un empresario para convertirte en un líder social para toda una generación. Empiezas a hacer lo que mejor se te da: pensar para transformar el mundo. Y aquí es donde empiezan los problemas.

El desarrollo tecnológico ha creado su propia mitología, la de los emprendedores capaces de todo. La de los triunfadores que liderarán el futuro. Y si no triunfan, si fracasan, ese fracaso será el primer impulso para el siguiente éxito. Ya sabes: «En EEUU, los fracasos se incluyen en el currículum».

Silicon Valley es el centro neurálgico de la transformación tecnológica y social y estamos tan encantados con ello que cualquier cosa vale. Si no entiendes una propuesta es que no estás preparado para el futuro.

El dinero de los milmillonarios es de todo salvo perezoso. Por eso, siempre busca salidas que aporten rédito y ¿hay mayor beneficio que la vida propia? El ecosistema empresarial del valle, tan necesitado de productos innovadores, también ha inventado en el gris escenario en el que se mueven los agentes de seguros. Se han creado seguros antiapocalipsis para garantizar la supervivencia en caso de pandemias, terrorismo, terremotos –algo que en California es una amenaza constante–, un Trump fuera de sus cabales y pulsando el botón rojo (otra amenaza constante) o revueltas de la plebe.

Los suscriptores de este tipo de seguros son partidarios de tener un plan B que consista en aislarse en una burbuja, lejos de los pobres y los parias. Así piensa, por ejemplo, Yishan Wong, ex-CEO de Reddit. El futuro que proponen los milmillonarios emprendedores se dibuja con robots que sustituyan a la mano de obra menos cualificada y eso deja una revuelta de trabajadores como una posibilidad futura más que plausible.

La última ocurrencia se engloba dentro de la categoría del biohacking. Así la han bautizado los nuevos apóstoles del ayuno como Phil Libin, ex-CEO de Evernote. Libin lleva a cabo ayunos de entre dos y ocho días en los que se alimenta casi exclusivamente de café en dosis poco recomendables.

El emprendedor, que ahora es CEO de All Turtles, asegura a The Guardian que desde que practica estos ayunos extremos, «estoy de mucho mejor humor, mi concentración es mejor y hay un aporte constante de energía. Me siento mucho más sano. Me está ayudando a ser un mejor CEO».

Crédito: Shutterstock.
Crédito: Shutterstock.

Lo que subyace bajo estas propuestas radicales de estilo de vida es aún más siniestro que el hambre. ¿Para qué se hace algo así? Phil Libin afirma que «en Silicon Valley y otros mercados globales competitivos, cada vez más personas buscan alguna técnica para incrementar la productividad». Es decir, uno se somete a un ayuno extremo para poder rendir más en el trabajo.

Sin embargo, lo más grave viene a través del poder de prescripción de estas rock stars empresariales. La clase más poderosa de Silicon Valley da ejemplo a todos los que se quieren acercar al modelo de éxito que se vende en el valle. ¿Cuántas personas tendrán problemas por llevar a cabo estos métodos de ayuno sin supervisión médica?

Tengo dinero para enterrar a ese periódico

Algunos millonarios, como el fundador de Paypal Max Lechin, piensa que una de sus responsabilidades es reducir la desigualdad social en lugar de buscarse islas desiertas para ricos que quieran sobrevivir. Levchin demuestra, como poco, algo de sensibilidad con los valores cercanos a los derechos humanos.

No es el caso de otro fundador de Paypal, Peter Thiel, que ha usado parte de su fortuna para cerrar bocas incómodas en la prensa estadounidense. Ocurrió, como muestra Nobody Speak: Trials of the Free Press, con Gawker.

A Thiel no le hizo ninguna gracia que el medio sensacionalista le sacara del armario casi a patadas. En lugar de irse a los juzgados, aprovechó una coyuntura judicial adyacente.

50-am

Gawker publicó un vídeo sexual explícito en el que se veía a Hulk Hogan, luchador de wrestling y héroe nacional norteamericano, retozando con la esposa de un amigo. El amigo, por cierto, estaba mirando la escena.

Hogan llevó a Gawker a juicio y la justicia estadounidense determinó que Gawker debía indemnizar a Hulk Hogan con 140 millones de dólares, lo suficiente como para llevarles a la quiebra. Posteriormente se supo que fue Peter Thiel el que financió a la acusación, es decir, a Hulk Hogan y todo su equipo. Muerto el perro, se acabó la rabia. Victoria para Thiel, derrota para la libertad de expresión, por mucho que esa expresión fuera de dudosa calidad.

Viviendo del éxito

El caso de Elon Musk es diferente. Musk ha creado los automóviles eléctricos deseados por todo el mundo, los Tesla, y ha hecho despegar y aterrizar una nave espacial en vertical, la SpaceX. A ver quién es el guapo que no se deslumbra con un cohete que aterriza y despega así. Sin embargo, sus anuncios del Hyperloop ofrecen muchas dudas. El proyecto de cápsula de viaje supersónica tiene la credibilidad y el aval de los éxitos precedentes de Musk. Por otro lado, cuenta con el obstáculo de lo poco flexible que es la física.

El visionario de moda anunció que el Hyperloop se probará en una pista de ocho kilómetros en menos de año y medio. Sin embargo, como contó Manuel Ángel Méndez en este artículo de El Confidencial, hay muchas dudas puestas en los plazos del proyecto.

La más importante viene desde el MIT. John Hansman, profesor de aeronáutica, afirma que «mantener las bajas presiones [necesarias en el tubo] exigirá cantidades sustanciales de energía. Saber exactamente cuánta dependerá de cosas como el sellado del sistema». No queda nada claro cómo se obtendrá esa cantidad de energía tan elevada.

Además, existe escasa documentación técnica que dé más explicaciones que el propio anhelo por llevar a cabo el proyecto. «El informe [original de Elon Musk, en el que se basa el trabajo posterior de las start-ups] pasa por encima de los retos técnicos de transitar de un sistema de baja presión a otro de presión atmosférica normal como habría en las estaciones. ¿Cómo sería el sellado?», se pregunta el físico Stephen Granade en Jalopnik.

El hecho de entronar como líderes del futuro a personas cuyos intereses son meramente empresariales encierra un riesgo elevado. El anhelo por transformar el planeta viene dado por el hecho de que sea rentable. Tanto los medios como los ciudadanos harían bien en cargarse de escepticismo y mantener un espíritu crítico ante los cantos de gurú que anuncian un futuro idílico.

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Opiniones 1
  • Hombre, defender la publicación de un vídeo sexual explícito de una persona (sea pública o no) en un medio como libertad de expresión me parece un poco atrevido. ¿Qué debería haber hecho Hogan? ¿Quedarse callado? ¿Qué pensó Gawker, que Hogan no podría costearse los costes del juicio? ¿Que saldría gratis? Sin conocer los detalles, no me parece el mejor ejemplo de cómo el dinero puede anular la libertad de expresión (y ejemplos los hay a puñados).

    Y en fin, llamar boca incómoda a un medio que se mete en la orientación sexual de alguien en contra de la opinión de esa persona, pues qué quieres que te diga. Si vas a dedicarte a ese tipo de «periodismo», tendrás que estar preparado para que a alguien se le hinchen las narices y te meta una querella.

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