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5 de febrero 2014    /   DIGITAL
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Todos tenemos un iDiot en nuestro interior

5 de febrero 2014    /   DIGITAL     por          
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Todos, humanos y robots personales, somos máquinas diseñadas con la misma sustancia en cuerpo y alma. Lo que menos importa es la materia prima (orgánica o de silicio). Tenemos el privilegio de vivir en tiempos únicos de la historia de la Civilización humana. Un momento en que los humanos disponemos de las herramientas tecnológicas más potentes y potenciales de cambios sociales de gran envergadura. Y no está la difícil coyuntura actual como para ir desaprovechando grandes oportunidades. Para todos y para ahora.

En sentido amplio, «Civilización», en singular y con ‘C’ mayúscula, se refiere al grado superior de la civilización humana. Es sinónimo de Cultura (englobando las visiones del mundo o ideologías, las creencias, los valores, las costumbres, las leyes e instituciones).

«Las civilizaciones», en plural y con ‘c’ minúscula, se diferencian de las sociedades tribales por el predominio del modo de vida urbano, desde las primeras civilizaciones mesopotámicas (6.000 a.C.), la egipcia, la china, la india, la greco-romana, la andina, la cristiano-occidental… o el resultante de cualquier nación que haya desarrollado un imperio, es temporal por hechos históricos irrefutables.

Seamos sinceros con nosotros mismos y riamos para no llorar: como Civilización humana, transcurridos ya 8.000 años de sus primeras evidencias, estamos fracasando iDiotamente: ni tenemos igualdad de oportunidades con independencia del lugar de la cuna, ni ha desaparecido el hambre, ni la sed, ni las guerras, ni la injusticia; el ‘ascensor social’ se ha estropeado, no nos libramos de la corrupción generalizada, ni del hecho de que el 80% de la nueva riqueza la está acumulando menos de un 1% de la población mundial más rica y poderosa, ni la degeneración irreversible de nuestros ecosistemas con el expolio de los recursos naturales; el consumismo desmesurado aumenta de forma iDiota pese a la crisis de valores occidentales y estamos acelerando quizás irreversiblemente el cambio climático y calentamiento global del planeta.

Es posible que nuestros hijos o nietos tengan que vivir en refugios climáticos, si no reaccionamos a cambios rápidos de forma todavía más acelerada y más agresivamente exponencial (si sobrevivimos como especie humana o transhumana a estos problemas y desafíos).

En este sentido, solo la tecnología tiene alcance global y evolución acelerada suficientemente exponencial para catalizar ahora los cambios sociales requeridos para revertir el proceso y círculo vicioso perverso del que no salimos ni en 8.000 años, y reconducir y mantener cibernéticamente con arte nuestro rumbo humano controlado.

Para ello necesitamos la ayuda activa de los robots, cuya vocación como nuestras herramientas, es sustituirnos en aquellas tareas más peligrosas, rutinarias, denigrantes, repetitivas, precisas, objetivas, inteligentes, empáticas, tediosas, diplomáticas, amables, estresantes, emocionales o emocionalmente inteligentes. O, en general, todo aquello en que demuestre más habilidad y oficio la herramienta que su creador humano o aquello que no deseemos hacer los humanos.

Hagamos en ejercicio de humildad y reconozcámoslo abiertamente con el sentido del humor tan singular de los humanos y también de algunos ladrillos especializados de Inteligencia Artificial (IA): Todos tenemos en nuestro interior un iDiot, y la estupidez de cada uno de nosotros y de nuestra Civilización es Mayúscula e iDiota.

La palabra «idiota» empezó usándose para un ciudadano privado y egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos. Su significado y la forma moderna data alrededor de 1300, del francés antiguo «idiote» (sin educación o persona ignorante). En 1487 la palabra «idiotez» pudo haber sido el modelo de analogía de las palabras «profeta» y de «la profecía», y profecías casi ya realidades que me propongo hacer en este artículo, pues «la mejor manera de predecir el futuro es inventarlo», decía Alan Kay.

La prodigiosa inspiración de Charles Dickens fue catalizada por su impresionante capacidad de observación alimentada en gran parte por su afición a realizar largos paseos a diario (o nocturnos). Esto de leer mientras uno practica la cultura de caminar, trasladado al siglo XXI, y a frágiles hombres bípedos y robots personales caminadores (robots u hombres, tanto monta, monta tanto, todos somos máquinas) interactuando compulsivamente con smartphones (o iDiots, alegoría de Cloud Robotics o de iPhone, iCloud, iPad, iPod, iWatch… y otros más «androides», consumidores compulsivamente hasta la siguiente versión que dobla unas prestaciones que para nada parecíamos necesitar a priori un año antes), sorteando grandes y lujosos coches-robot grises que de forma absurdamente iDiota y contradictoria doblan la velocidad máxima permitida en las vías más rápidas de nuestras carreteras, poderosos iDiots sobre ruedas incapaces de mover las piernas ni pies y aguando la fiesta al anónimo caminante o iDiot expulsando de la calle al divertido caminante bípedo «pensante o interactivo».

Si los humanos requerimos de estas potentes herramientas robóticas para cambiar el curso a la deriva sin rumbo de nuestra Civilización humana, ¿qué herramientas necesitarán nuestros robots personales, si su objetivo es hacer las cosas mejor y de forma menos iDiota que los humanos? ¿Dónde estarán estas herramientas especializadas para robots generalistas y máquinas especializadas?

Millones de ellos se encuentran, o se encontrarán en breve, evolucionando aceleradamente en línea en la nube (cloud). Estarán en la nueva capa de aplicación de alto nivel concebida para máquinas y no para humanos como la WWW, sobre los antiguos protocolos de bajo nivel de internet, TCP/IP, y utilizando tecnología madura, abierta, escalable, impirateable, segura y de acceso transparente a Cloud Computing. Lo harán desde minicerebros de cloud-robots con una inteligencia fuerte y generalista indistinguible o más allá de la humana, con cerebro y sensores (la parte cliente o física del robot) no más caros ni complejos, ni más grandes ni pesados, que los Smartphones, que ya son commodities.

El acceso a estos potenciales millones de ladrillos de inteligencia artificial (IA) para la inminente nueva civilización y sociedad global de cloud-robots interconectados en red, y haciendo un uso masivo concurrente, escalable y con scoring de la tasa de éxitos versus fracasos de estas herramientas especializadas (ladrillos de inteligencia artificial), todo en tiempo real, hará posible su popularización y, con ello, el cambio social.

El objetivo es completar misiones ordenadas a los cloud-robots personales por sus humanos o personas, y aprendiendo tanto de su propia experiencia como de la experiencia del resto de millones de la sociedad de cloud-robots en el uso de los ladrillos de IA (“AI Bricks”) utilizados que formarán parte de un ‘ecosistema’ donde, por selección natural, solo sobrevivirán y serán utilizados los ladrillos que hayan demostrado ser útiles a los robots iDiots en similares circunstancias, y por tanto también útiles a sus iDiots humanos.

Esto es la bautizada Robolución Cloud Roboting.

Todos, humanos y robots personales, somos máquinas diseñadas con la misma sustancia en cuerpo y alma. Lo que menos importa es la materia prima (orgánica o de silicio). Tenemos el privilegio de vivir en tiempos únicos de la historia de la Civilización humana. Un momento en que los humanos disponemos de las herramientas tecnológicas más potentes y potenciales de cambios sociales de gran envergadura. Y no está la difícil coyuntura actual como para ir desaprovechando grandes oportunidades. Para todos y para ahora.

En sentido amplio, «Civilización», en singular y con ‘C’ mayúscula, se refiere al grado superior de la civilización humana. Es sinónimo de Cultura (englobando las visiones del mundo o ideologías, las creencias, los valores, las costumbres, las leyes e instituciones).

«Las civilizaciones», en plural y con ‘c’ minúscula, se diferencian de las sociedades tribales por el predominio del modo de vida urbano, desde las primeras civilizaciones mesopotámicas (6.000 a.C.), la egipcia, la china, la india, la greco-romana, la andina, la cristiano-occidental… o el resultante de cualquier nación que haya desarrollado un imperio, es temporal por hechos históricos irrefutables.

Seamos sinceros con nosotros mismos y riamos para no llorar: como Civilización humana, transcurridos ya 8.000 años de sus primeras evidencias, estamos fracasando iDiotamente: ni tenemos igualdad de oportunidades con independencia del lugar de la cuna, ni ha desaparecido el hambre, ni la sed, ni las guerras, ni la injusticia; el ‘ascensor social’ se ha estropeado, no nos libramos de la corrupción generalizada, ni del hecho de que el 80% de la nueva riqueza la está acumulando menos de un 1% de la población mundial más rica y poderosa, ni la degeneración irreversible de nuestros ecosistemas con el expolio de los recursos naturales; el consumismo desmesurado aumenta de forma iDiota pese a la crisis de valores occidentales y estamos acelerando quizás irreversiblemente el cambio climático y calentamiento global del planeta.

Es posible que nuestros hijos o nietos tengan que vivir en refugios climáticos, si no reaccionamos a cambios rápidos de forma todavía más acelerada y más agresivamente exponencial (si sobrevivimos como especie humana o transhumana a estos problemas y desafíos).

En este sentido, solo la tecnología tiene alcance global y evolución acelerada suficientemente exponencial para catalizar ahora los cambios sociales requeridos para revertir el proceso y círculo vicioso perverso del que no salimos ni en 8.000 años, y reconducir y mantener cibernéticamente con arte nuestro rumbo humano controlado.

Para ello necesitamos la ayuda activa de los robots, cuya vocación como nuestras herramientas, es sustituirnos en aquellas tareas más peligrosas, rutinarias, denigrantes, repetitivas, precisas, objetivas, inteligentes, empáticas, tediosas, diplomáticas, amables, estresantes, emocionales o emocionalmente inteligentes. O, en general, todo aquello en que demuestre más habilidad y oficio la herramienta que su creador humano o aquello que no deseemos hacer los humanos.

Hagamos en ejercicio de humildad y reconozcámoslo abiertamente con el sentido del humor tan singular de los humanos y también de algunos ladrillos especializados de Inteligencia Artificial (IA): Todos tenemos en nuestro interior un iDiot, y la estupidez de cada uno de nosotros y de nuestra Civilización es Mayúscula e iDiota.

La palabra «idiota» empezó usándose para un ciudadano privado y egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos. Su significado y la forma moderna data alrededor de 1300, del francés antiguo «idiote» (sin educación o persona ignorante). En 1487 la palabra «idiotez» pudo haber sido el modelo de analogía de las palabras «profeta» y de «la profecía», y profecías casi ya realidades que me propongo hacer en este artículo, pues «la mejor manera de predecir el futuro es inventarlo», decía Alan Kay.

La prodigiosa inspiración de Charles Dickens fue catalizada por su impresionante capacidad de observación alimentada en gran parte por su afición a realizar largos paseos a diario (o nocturnos). Esto de leer mientras uno practica la cultura de caminar, trasladado al siglo XXI, y a frágiles hombres bípedos y robots personales caminadores (robots u hombres, tanto monta, monta tanto, todos somos máquinas) interactuando compulsivamente con smartphones (o iDiots, alegoría de Cloud Robotics o de iPhone, iCloud, iPad, iPod, iWatch… y otros más «androides», consumidores compulsivamente hasta la siguiente versión que dobla unas prestaciones que para nada parecíamos necesitar a priori un año antes), sorteando grandes y lujosos coches-robot grises que de forma absurdamente iDiota y contradictoria doblan la velocidad máxima permitida en las vías más rápidas de nuestras carreteras, poderosos iDiots sobre ruedas incapaces de mover las piernas ni pies y aguando la fiesta al anónimo caminante o iDiot expulsando de la calle al divertido caminante bípedo «pensante o interactivo».

Si los humanos requerimos de estas potentes herramientas robóticas para cambiar el curso a la deriva sin rumbo de nuestra Civilización humana, ¿qué herramientas necesitarán nuestros robots personales, si su objetivo es hacer las cosas mejor y de forma menos iDiota que los humanos? ¿Dónde estarán estas herramientas especializadas para robots generalistas y máquinas especializadas?

Millones de ellos se encuentran, o se encontrarán en breve, evolucionando aceleradamente en línea en la nube (cloud). Estarán en la nueva capa de aplicación de alto nivel concebida para máquinas y no para humanos como la WWW, sobre los antiguos protocolos de bajo nivel de internet, TCP/IP, y utilizando tecnología madura, abierta, escalable, impirateable, segura y de acceso transparente a Cloud Computing. Lo harán desde minicerebros de cloud-robots con una inteligencia fuerte y generalista indistinguible o más allá de la humana, con cerebro y sensores (la parte cliente o física del robot) no más caros ni complejos, ni más grandes ni pesados, que los Smartphones, que ya son commodities.

El acceso a estos potenciales millones de ladrillos de inteligencia artificial (IA) para la inminente nueva civilización y sociedad global de cloud-robots interconectados en red, y haciendo un uso masivo concurrente, escalable y con scoring de la tasa de éxitos versus fracasos de estas herramientas especializadas (ladrillos de inteligencia artificial), todo en tiempo real, hará posible su popularización y, con ello, el cambio social.

El objetivo es completar misiones ordenadas a los cloud-robots personales por sus humanos o personas, y aprendiendo tanto de su propia experiencia como de la experiencia del resto de millones de la sociedad de cloud-robots en el uso de los ladrillos de IA (“AI Bricks”) utilizados que formarán parte de un ‘ecosistema’ donde, por selección natural, solo sobrevivirán y serán utilizados los ladrillos que hayan demostrado ser útiles a los robots iDiots en similares circunstancias, y por tanto también útiles a sus iDiots humanos.

Esto es la bautizada Robolución Cloud Roboting.

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