19 de abril 2022    /   ENTRETENIMIENTO
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‘In the city’, de The Jam: soñar Londres desde el extrarradio

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In the city fue el primer single de The Jam. También su primer éxito. Aterrizó en el Top 40 y fue el que inauguró una serie de dieciocho hits consecutivos en los puestos preferentes de las listas británicas. Además, fue la canción que dio nombre al primer LP del trío, un disco en el que aparecía su versión menos pulida. Un álbum compuesto íntegramente por temas de su repertorio de directo de los últimos años.

Aún no eran el icono del revival mod en el que se convertirían pronto. Pero los Jam, a diferencia de muchos otros grupos que surgieron en esos años de efervescencia del punk británico, no acababan de formarse ni cogían un instrumento por primera vez.

Tocaban muy bien, irradiaban energía y tenían un aspecto distinto. Llevaban desde 1973 trabajando duro y actuando donde les dejaban para conseguir ser una banda solvente. Solo en 1974 dieron más de setenta conciertos. Así que, para cuando llegó su primer larga duración en el 77, estaban bien curtidos sobre el escenario.

Sobrellevaban desde pequeños la sensación de que la vida estaba ya elegida para los de clase trabajadora como ellos. Y se rebelaron contra ese determinismo armados con su música. Paul Weller contaba que, cuando fue a hablar con el orientador escolar y le dijo que su intención era vivir de una banda, este se rió de él. Pero Weller sabía que lo iba a conseguir. Básicamente porque no tenía ninguna otra opción profesional. Era eso o nada.

Algo parecido debía pensar John, su padre. Porque igual que le había regalado una guitarra a su hijo cuando vio su inclinación por la música, se convirtió en el manager de los Jam en cuanto vislumbró un atisbo de calidad en el grupo.

La discográfica Polydor se lo intentó quitar de en medio cuando fichó al trío, pero ellos se negaron a firmar si él no seguía siendo su representante. Y como el propio John admitió más tarde, era consciente de que no podía dar a su hijo dinero ni pagarle una educación. Lo único que podía hacer era inspirarlo y apoyarlo. Y echó los restos.

La banda se había conocido en la sala de música de la Escuela Secundaria de Sheerwater. Allí pasaban la hora de la comida los alumnos con inquietudes musicales. Tras algunos cambios de formación y de instrumentos, se establecieron como trío con Bruce Foxton al bajo, Rick Buckler a la batería y Weller a la voz y guitarra. Y concierto a concierto, se fueron ganando una reputación.

Varios tanteos de diferentes sellos acabaron cristalizando en un preacuerdo con Polydor. Era el comienzo de 1977, que se convirtió en un año vertiginoso para el grupo. Después de un intento de grabar sus primeras demos financiadas por la discográfica, frustrado por culpa de una bomba del IRA, The Jam se metieron finalmente en el estudio en febrero.

Ellos veían que todo lo que les interesaba estaba en Londres. Anhelaban ser parte de la metrópoli. Y la canción, directa, llena de energía y actitud, refleja precisamente eso

Registraron cuatro canciones, entre ellas In the city, que tomaba el nombre prestado de una canción poco conocida de los Who. Gustó. En marzo la regrabaron, para lanzarla a finales de abril como su primer single. Menos de un mes después, y tras otros once días en el estudio, el álbum del mismo título entraba en las tiendas. Aunque no exactamente como fue diseñado.

Porque cuando llegó el momento de fabricar los LP, la discográfica se encontró con que parte de los trabajadores de la planta de prensado se negaban a imprimir las hojas interiores: contenían palabras malsonantes.

A los de Polydor se les ocurrió que el trío pasara un día en la fábrica con los empleados. Así, estos verían que no eran unos inadaptados que iban escupiendo a la gente, como los Sex Pistols. Verían que eran unos jóvenes bien vestidos y no habría problema. Pero el plan no funcionó: al final la mayoría de los discos salieron sin hoja interior.

En realidad, el hábitat de los Jam no era la ciudad de la que habla In the city. Su habitat era Woking, una localidad satélite al sudoeste de la capital. Pero ellos veían que todo lo que les interesaba estaba en Londres. Anhelaban ser parte de la metrópoli. Y la canción, directa, llena de energía y actitud, refleja precisamente eso.

Weller, que, aparte de estar inmerso en su fase The Who, compuso el tema después de ver a los Clash y a los Pistols, explicó a la revista Q que el corte resumía su esfuerzo por intentar liberarse del extrarradio.

«Para nosotros, en la ciudad era donde estaba pasando todo. Es la canción de un chico joven de los suburbios soñando con las delicias de Londres y el entusiasmo de la ciudad. La canción capturó esa inocencia, esos ojos como platos que tienes al salir de una comunidad muy pequeña y entrar en un mundo mucho más amplio: ver a todos los grupos, conocer gente, ir a los clubs. Y la libertad que todo eso implicaba».

Aunque por entonces la política no estaba tan presente en las canciones de los Jam como en trabajos posteriores, la letra de In the city también hace referencia a un caso de brutalidad policial. El año anterior, Liddle Towers había muerto poco después de ser detenido en un bar. ¿La causa? Las palizas que le dieron los policías en la calle y en la celda, por las que nadie fue expedientado.

In the city fue el trampolín que los Jam necesitaban para mostrar su grandeza. A finales del verano ya estaban grabando su segundo LP, que vio la luz en noviembre. Terminaron 1977 con más de 125 conciertos y dos álbumes a sus espaldas. Y los años posteriores tampoco fueron mucho más tranquilos.

Todo corría mucho y los Jam aprovechaban las oportunidades sin vaguear. Así que no es de extrañar que, para 1982, a Weller le pareciera que su etapa con ellos estaba más que quemada. El trío británico se separó ese año, estando en lo más alto. Fue poco después de conseguir, por fin, que uno de sus álbumes llegara al número uno: el sexto, The Gift.

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In the city fue el primer single de The Jam. También su primer éxito. Aterrizó en el Top 40 y fue el que inauguró una serie de dieciocho hits consecutivos en los puestos preferentes de las listas británicas. Además, fue la canción que dio nombre al primer LP del trío, un disco en el que aparecía su versión menos pulida. Un álbum compuesto íntegramente por temas de su repertorio de directo de los últimos años.

Aún no eran el icono del revival mod en el que se convertirían pronto. Pero los Jam, a diferencia de muchos otros grupos que surgieron en esos años de efervescencia del punk británico, no acababan de formarse ni cogían un instrumento por primera vez.

Tocaban muy bien, irradiaban energía y tenían un aspecto distinto. Llevaban desde 1973 trabajando duro y actuando donde les dejaban para conseguir ser una banda solvente. Solo en 1974 dieron más de setenta conciertos. Así que, para cuando llegó su primer larga duración en el 77, estaban bien curtidos sobre el escenario.

Sobrellevaban desde pequeños la sensación de que la vida estaba ya elegida para los de clase trabajadora como ellos. Y se rebelaron contra ese determinismo armados con su música. Paul Weller contaba que, cuando fue a hablar con el orientador escolar y le dijo que su intención era vivir de una banda, este se rió de él. Pero Weller sabía que lo iba a conseguir. Básicamente porque no tenía ninguna otra opción profesional. Era eso o nada.

Algo parecido debía pensar John, su padre. Porque igual que le había regalado una guitarra a su hijo cuando vio su inclinación por la música, se convirtió en el manager de los Jam en cuanto vislumbró un atisbo de calidad en el grupo.

La discográfica Polydor se lo intentó quitar de en medio cuando fichó al trío, pero ellos se negaron a firmar si él no seguía siendo su representante. Y como el propio John admitió más tarde, era consciente de que no podía dar a su hijo dinero ni pagarle una educación. Lo único que podía hacer era inspirarlo y apoyarlo. Y echó los restos.

La banda se había conocido en la sala de música de la Escuela Secundaria de Sheerwater. Allí pasaban la hora de la comida los alumnos con inquietudes musicales. Tras algunos cambios de formación y de instrumentos, se establecieron como trío con Bruce Foxton al bajo, Rick Buckler a la batería y Weller a la voz y guitarra. Y concierto a concierto, se fueron ganando una reputación.

Varios tanteos de diferentes sellos acabaron cristalizando en un preacuerdo con Polydor. Era el comienzo de 1977, que se convirtió en un año vertiginoso para el grupo. Después de un intento de grabar sus primeras demos financiadas por la discográfica, frustrado por culpa de una bomba del IRA, The Jam se metieron finalmente en el estudio en febrero.

Ellos veían que todo lo que les interesaba estaba en Londres. Anhelaban ser parte de la metrópoli. Y la canción, directa, llena de energía y actitud, refleja precisamente eso

Registraron cuatro canciones, entre ellas In the city, que tomaba el nombre prestado de una canción poco conocida de los Who. Gustó. En marzo la regrabaron, para lanzarla a finales de abril como su primer single. Menos de un mes después, y tras otros once días en el estudio, el álbum del mismo título entraba en las tiendas. Aunque no exactamente como fue diseñado.

Porque cuando llegó el momento de fabricar los LP, la discográfica se encontró con que parte de los trabajadores de la planta de prensado se negaban a imprimir las hojas interiores: contenían palabras malsonantes.

A los de Polydor se les ocurrió que el trío pasara un día en la fábrica con los empleados. Así, estos verían que no eran unos inadaptados que iban escupiendo a la gente, como los Sex Pistols. Verían que eran unos jóvenes bien vestidos y no habría problema. Pero el plan no funcionó: al final la mayoría de los discos salieron sin hoja interior.

En realidad, el hábitat de los Jam no era la ciudad de la que habla In the city. Su habitat era Woking, una localidad satélite al sudoeste de la capital. Pero ellos veían que todo lo que les interesaba estaba en Londres. Anhelaban ser parte de la metrópoli. Y la canción, directa, llena de energía y actitud, refleja precisamente eso.

Weller, que, aparte de estar inmerso en su fase The Who, compuso el tema después de ver a los Clash y a los Pistols, explicó a la revista Q que el corte resumía su esfuerzo por intentar liberarse del extrarradio.

«Para nosotros, en la ciudad era donde estaba pasando todo. Es la canción de un chico joven de los suburbios soñando con las delicias de Londres y el entusiasmo de la ciudad. La canción capturó esa inocencia, esos ojos como platos que tienes al salir de una comunidad muy pequeña y entrar en un mundo mucho más amplio: ver a todos los grupos, conocer gente, ir a los clubs. Y la libertad que todo eso implicaba».

Aunque por entonces la política no estaba tan presente en las canciones de los Jam como en trabajos posteriores, la letra de In the city también hace referencia a un caso de brutalidad policial. El año anterior, Liddle Towers había muerto poco después de ser detenido en un bar. ¿La causa? Las palizas que le dieron los policías en la calle y en la celda, por las que nadie fue expedientado.

In the city fue el trampolín que los Jam necesitaban para mostrar su grandeza. A finales del verano ya estaban grabando su segundo LP, que vio la luz en noviembre. Terminaron 1977 con más de 125 conciertos y dos álbumes a sus espaldas. Y los años posteriores tampoco fueron mucho más tranquilos.

Todo corría mucho y los Jam aprovechaban las oportunidades sin vaguear. Así que no es de extrañar que, para 1982, a Weller le pareciera que su etapa con ellos estaba más que quemada. El trío británico se separó ese año, estando en lo más alto. Fue poco después de conseguir, por fin, que uno de sus álbumes llegara al número uno: el sexto, The Gift.

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