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11 de diciembre 2017    /   IDEAS
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A ellos también les duele la cabeza

11 de diciembre 2017    /   IDEAS     por          
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«Cariño, esta noche no, me duele la cabeza». Esta frase suele ir acompañada de una imagen en la que se dibuja a un matrimonio heterosexual, de mediana edad y, casi por definición, la frase la pronuncia la mujer.

Que las mujeres tienen menos deseo sexual que los hombres es uno de esos estereotipos que están socialmente aceptados. Exactamente igual que el de que a los hombres siempre les apetece.

Pero no es cierto. Porque a las consultas de los sexólogos cada vez llegan más mujeres jóvenes, incluso de 25 a 30 años, quejándose de que sus parejas masculinas no quieren tener relaciones sexuales con ellas, y que no saben cómo abordar el tema, porque ellos se niegan en rotundo a reconocer que haya un problema.

El tabú masculino

Quizás porque el deseo sexual esté relacionado con el concepto de virilidad. Quizás porque parece que ellos no tienen derecho a no tener ganas; a decir no; a tener menos deseo que sus parejas, sean masculinas o femeninas.

«No pasa nada, solo estoy cansado», «tampoco tenemos que hacerlo todo el rato», «ya, otro día mejor, que hoy tengo que mirar unas cosas en el ordenador». Las excusas masculinas no necesitan escudarse en el dolor de cabeza, pero sí en el estrés diario, o incluso en esconderse detrás de la pantalla del ordenador o del televisor hasta tarde.

Como apunta el sexólogo Santiago Frago, de Amaltea, si bien es cierto que  «a partir de los 45 años (en parejas heterosexuales) son más frecuentes los casos de consulta en que la mujer se queja de la falta de interés erótico de su pareja», en parejas más jóvenes la falta de deseo suele ser más igualitaria.

Sin embargo, cuesta que estos pacientes lleguen a consulta. Frago señala que «la biografía cultural y educativa del varón todavía impone al joven la necesidad de ser validado por su pareja como buen amante; el trasfondo expresa un micromachismo que habla de la no corresponsabilidad del juego erótico».

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Las posibles causas

Es difícil explicar por qué una persona deja de tener deseo sexual sin analizar su biografía, pero hay varios factores que pueden influir a la hora de que disminuyan la libido en general o las ganas de tener relaciones sexuales con la pareja en particular.

Uno de ellos es que la sexualidad ha pasado de ser una vía de escape y un momento de placer, en el que mostrarnos nosotros mismos, a convertirse casi en una obligación. Tener una vida sexual activa y satisfactoria no solo es un objetivo vital, sino una especie de check que hay que marcar en la agenda de cosas necesarias para adaptarse a la sociedad actual. Algo así como el mapa de ciudades visitadas de Facebook, pero marcando el número de posturas sexuales, juguetes eróticos o número de relaciones sexuales que se tienen.

La también sexóloga Soraya Calvo señala algunas ideas como que existen «pocas vías para el trabajo personal en torno al desarrollo de la propia erótica, una erótica normalizada muy evidente y explícita que no le funciona a todo el mundo (y si no te funciona, eres considerado como raro o rara), ritmos de vida frenéticos y poco tiempo para el contacto y el disfrute, idea utilitarista de las relaciones de pareja, etc.».

Y no solo se trata de perder el deseo por la pareja, sino de perder las ganas en general. A veces incluso también de tener sexo con uno mismo. Una inapetencia general. «La visión de la sexualidad que nos ofrecen los medios y los referentes hegemónicos es absolutamente limitada; y no obedece a las realidades experienciales de las personas. Además, genera obligaciones en términos cuantitativos: si no tienes X relaciones a la semana, tu vida sexual va mal. La obligación mata el deseo y puede provocar frustración», reflexiona Calvo.

Sin embargo, en gran parte de los casos, lo que hay detrás es un problema de la comunicación en la pareja. Como matiza Frago, «hay diversos factores que acaban hipotecando el deseo del varón joven y no joven». Algunos de ellos son «predictibilidad y guiones rutinarios; la disponibilidad absoluta de mi pareja, es decir, sentir que siempre está esperando; conflictos de pareja y desencanto amoroso; red de amistades y sus vivencias singulares, es decir, todos nuestros amigos juegan, menos nosotros; o simplemente sentir la obligación social de tener relaciones sexuales, es decir, somos jóvenes y tenemos pocas relaciones, a este paso cuando tengamos más edad, etc.».

La reflexión femenina

En el caso de parejas heterosexuales, esta falta de deseo en el hombre no siempre se comprende. El estereotipo de que él siempre tiene ganas lleva a plantearse que si no le apetece, si no responde a una cuestión física, tiene que esconder un problema en la pareja.

Santiago Frago apunta que «hay tres cuestiones en la erótica del amor que lleva mal una mujer joven en un contexto heterosexual: que su pareja no tenga deseo, que tenga dificultades de erección o que no pueda eyacular». Ante estas situaciones, «si no hay explicación tangible, en forma de enfermedad o efecto secundario de fármacos, la mujer joven se cuestiona como mujer deseable».

Intentando desmitificar estos estereotipos de género, Calvo reflexiona que «el deseo es complejo en todos los sexos, es cambiante y no siempre va de la mano del pensamiento racional».

Así, si bien se presupone que «ellos reaccionan más a estímulos evidentes y visuales, y ellas, a relatos construidos y simbólicos», la realidad es que «hay tantas identidades como personas y, por tanto, determinar en base a lo binario la complejidad o no del deseo es un error de fondo y forma».

«Cariño, esta noche no, me duele la cabeza». Esta frase suele ir acompañada de una imagen en la que se dibuja a un matrimonio heterosexual, de mediana edad y, casi por definición, la frase la pronuncia la mujer.

Que las mujeres tienen menos deseo sexual que los hombres es uno de esos estereotipos que están socialmente aceptados. Exactamente igual que el de que a los hombres siempre les apetece.

Pero no es cierto. Porque a las consultas de los sexólogos cada vez llegan más mujeres jóvenes, incluso de 25 a 30 años, quejándose de que sus parejas masculinas no quieren tener relaciones sexuales con ellas, y que no saben cómo abordar el tema, porque ellos se niegan en rotundo a reconocer que haya un problema.

El tabú masculino

Quizás porque el deseo sexual esté relacionado con el concepto de virilidad. Quizás porque parece que ellos no tienen derecho a no tener ganas; a decir no; a tener menos deseo que sus parejas, sean masculinas o femeninas.

«No pasa nada, solo estoy cansado», «tampoco tenemos que hacerlo todo el rato», «ya, otro día mejor, que hoy tengo que mirar unas cosas en el ordenador». Las excusas masculinas no necesitan escudarse en el dolor de cabeza, pero sí en el estrés diario, o incluso en esconderse detrás de la pantalla del ordenador o del televisor hasta tarde.

Como apunta el sexólogo Santiago Frago, de Amaltea, si bien es cierto que  «a partir de los 45 años (en parejas heterosexuales) son más frecuentes los casos de consulta en que la mujer se queja de la falta de interés erótico de su pareja», en parejas más jóvenes la falta de deseo suele ser más igualitaria.

Sin embargo, cuesta que estos pacientes lleguen a consulta. Frago señala que «la biografía cultural y educativa del varón todavía impone al joven la necesidad de ser validado por su pareja como buen amante; el trasfondo expresa un micromachismo que habla de la no corresponsabilidad del juego erótico».

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Las posibles causas

Es difícil explicar por qué una persona deja de tener deseo sexual sin analizar su biografía, pero hay varios factores que pueden influir a la hora de que disminuyan la libido en general o las ganas de tener relaciones sexuales con la pareja en particular.

Uno de ellos es que la sexualidad ha pasado de ser una vía de escape y un momento de placer, en el que mostrarnos nosotros mismos, a convertirse casi en una obligación. Tener una vida sexual activa y satisfactoria no solo es un objetivo vital, sino una especie de check que hay que marcar en la agenda de cosas necesarias para adaptarse a la sociedad actual. Algo así como el mapa de ciudades visitadas de Facebook, pero marcando el número de posturas sexuales, juguetes eróticos o número de relaciones sexuales que se tienen.

La también sexóloga Soraya Calvo señala algunas ideas como que existen «pocas vías para el trabajo personal en torno al desarrollo de la propia erótica, una erótica normalizada muy evidente y explícita que no le funciona a todo el mundo (y si no te funciona, eres considerado como raro o rara), ritmos de vida frenéticos y poco tiempo para el contacto y el disfrute, idea utilitarista de las relaciones de pareja, etc.».

Y no solo se trata de perder el deseo por la pareja, sino de perder las ganas en general. A veces incluso también de tener sexo con uno mismo. Una inapetencia general. «La visión de la sexualidad que nos ofrecen los medios y los referentes hegemónicos es absolutamente limitada; y no obedece a las realidades experienciales de las personas. Además, genera obligaciones en términos cuantitativos: si no tienes X relaciones a la semana, tu vida sexual va mal. La obligación mata el deseo y puede provocar frustración», reflexiona Calvo.

Sin embargo, en gran parte de los casos, lo que hay detrás es un problema de la comunicación en la pareja. Como matiza Frago, «hay diversos factores que acaban hipotecando el deseo del varón joven y no joven». Algunos de ellos son «predictibilidad y guiones rutinarios; la disponibilidad absoluta de mi pareja, es decir, sentir que siempre está esperando; conflictos de pareja y desencanto amoroso; red de amistades y sus vivencias singulares, es decir, todos nuestros amigos juegan, menos nosotros; o simplemente sentir la obligación social de tener relaciones sexuales, es decir, somos jóvenes y tenemos pocas relaciones, a este paso cuando tengamos más edad, etc.».

La reflexión femenina

En el caso de parejas heterosexuales, esta falta de deseo en el hombre no siempre se comprende. El estereotipo de que él siempre tiene ganas lleva a plantearse que si no le apetece, si no responde a una cuestión física, tiene que esconder un problema en la pareja.

Santiago Frago apunta que «hay tres cuestiones en la erótica del amor que lleva mal una mujer joven en un contexto heterosexual: que su pareja no tenga deseo, que tenga dificultades de erección o que no pueda eyacular». Ante estas situaciones, «si no hay explicación tangible, en forma de enfermedad o efecto secundario de fármacos, la mujer joven se cuestiona como mujer deseable».

Intentando desmitificar estos estereotipos de género, Calvo reflexiona que «el deseo es complejo en todos los sexos, es cambiante y no siempre va de la mano del pensamiento racional».

Así, si bien se presupone que «ellos reaccionan más a estímulos evidentes y visuales, y ellas, a relatos construidos y simbólicos», la realidad es que «hay tantas identidades como personas y, por tanto, determinar en base a lo binario la complejidad o no del deseo es un error de fondo y forma».

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Opiniones 2
  • Esto es serio. Llevo más de seis años en este plan, con dos parejas distintas, y es frustrante. Tengo 24 años.

    Recuerdo cuando mi madre me decía «ten cuidado con los chicos, que sólo quieren una cosa». Y yo toda contenta fui a darme de frente contra un muro, después otro.

    Todos los estereotipos son mierda. Están basados en un adoctrinamiento obsoleto y rancio. Tanto hombres como mujeres quieren lo que no pueden tener y se aburren de lo que tienen. Quieren ver lo que no se puede ver y se normaliza una vez que lo ven. Quizás sea hora de redefinir todos estos conceptos y empezar a relacionarnos de individuo a individuo. O yo qué sé. Que alguien nos ayude con esto porque ya no sé qué más hacer. Tanta energía echada a perder.

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