30 de mayo 2013    /   CREATIVIDAD
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La venganza del dios Mercado

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Los dioses también caducan. Pueden durar siglos, milenios incluso, pero, al final, la Historia los acaba convirtiendo en objetos de usar y tirar. Hace 2.500 años en el cielo de la antigua Grecia estaba Zeus y toda su corte (Hera se ocupaba de los matrimonios, Afrodita cuidaba del amor y la belleza, Poseidón custodiaba el mar, Artemisa regía la caza y la recolección…). Pero las deidades se disuelven a la vez que cae el imperio de sus fieles.
En la sucesión histórica de la jefatura celestial entró hace muy poco el dios más alejado a una figura humana que recuerda la historia de la humanidad. Esa divinidad se llama ‘Los mercados‘ y rige los designios del mundo desde varios despachos del mundo.
En la Grecia clásica los dioses ocuparon frisos, frontones y relieves de muchos edificios. Los hacían laboriosamente, tallando el mármol, con unas técnicas que hoy prácticamente han desaparecido. Pero queda algún lugar en la orilla mediterránea donde mantienen las artes y oficios de los hombres que construyeron esos frisos. En Carrara, por ejemplo. Italia.
Santiago Morilla buscaba “traslaciones iconográficas (sin rostro)” para los nuevos “templos de poder”. Y, así, decidió partir en un viaje en la técnica y la estética hasta llegar a la Grecia clásica.
El peso de la historia en el material empleado, el mármol, no deja espacio a otra evocación. Lo único que cambia es el dios. Ya no es una banda elegante de todopoderosos. Ahora es un ente invisible y perverso que está arrojando al vacío el destino de sus súbditos.
Eso es lo que representa Index Falls. Estos seis frontones y dos bajorrelieves en mármol están construidos en función del “ritmo y la composición de las líneas de cotización en bolsa de los principales monopolios industriales y bancarios, que ejercen de hecho el dominio económico, político y estético sobre las ramas más importantes de la vida económica en los países imperialistas. Con sus operaciones efectúan, por mediación de los bancos, coreografías de adaptación piramidal de las voluntades humanas y sus sometimientos posturales al mercado”.
Lo explica así el artista en la presentación de estas obras, expuestas en el Museo Cívico del Mármol de Carrara, hasta el próximo mes de diciembre. El proyecto forma parte de Data Base (sobre las ascensiones y las caídas cíclicas de los beneficios económicos de las oligarquías financieras).
“Index Falls transfiere al mármol los cuerpos integrados en el esquema del beneficio privado gracias a la elasticidad pública y su resistencia a la deformación ajena”, escribe Morilla en la presentación del proyecto. “No hay sentido coreográfico en este dolor, no existe jefe o responsable aparente en este baile, ni siquiera una deidad reconocible en la cima de esta montaña”.
El proyecto consta de estas piezas, diseñadas para interior, y una performance, llevada a cabo a finales del pasado abril, en la que varias figuras caían, en la oscuridad de la noche, sobre las históricas canteras de Colonnata y los Alpes Apuanos. “Estas imágenes, proyectadas en los momentos exactos de la acción que precede a la caída (a la inevitable herida, al daño potencial, encerrado y proyectado en piedra), eran visibles a gran distancia, desde las carreteras de acceso, desde la autopista, desde los pueblos cercanos. Eran el recuerdo del impacto que precede a nuestra inevitable caída: disolvieron definitivamente el paisaje, para volar la montaña por los aires si hace falta, para usarla no como género de representación, sino para cuestionarla como medio para conseguir un fin personal”.
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Los dioses también caducan. Pueden durar siglos, milenios incluso, pero, al final, la Historia los acaba convirtiendo en objetos de usar y tirar. Hace 2.500 años en el cielo de la antigua Grecia estaba Zeus y toda su corte (Hera se ocupaba de los matrimonios, Afrodita cuidaba del amor y la belleza, Poseidón custodiaba el mar, Artemisa regía la caza y la recolección…). Pero las deidades se disuelven a la vez que cae el imperio de sus fieles.
En la sucesión histórica de la jefatura celestial entró hace muy poco el dios más alejado a una figura humana que recuerda la historia de la humanidad. Esa divinidad se llama ‘Los mercados‘ y rige los designios del mundo desde varios despachos del mundo.
En la Grecia clásica los dioses ocuparon frisos, frontones y relieves de muchos edificios. Los hacían laboriosamente, tallando el mármol, con unas técnicas que hoy prácticamente han desaparecido. Pero queda algún lugar en la orilla mediterránea donde mantienen las artes y oficios de los hombres que construyeron esos frisos. En Carrara, por ejemplo. Italia.
Santiago Morilla buscaba “traslaciones iconográficas (sin rostro)” para los nuevos “templos de poder”. Y, así, decidió partir en un viaje en la técnica y la estética hasta llegar a la Grecia clásica.
El peso de la historia en el material empleado, el mármol, no deja espacio a otra evocación. Lo único que cambia es el dios. Ya no es una banda elegante de todopoderosos. Ahora es un ente invisible y perverso que está arrojando al vacío el destino de sus súbditos.
Eso es lo que representa Index Falls. Estos seis frontones y dos bajorrelieves en mármol están construidos en función del “ritmo y la composición de las líneas de cotización en bolsa de los principales monopolios industriales y bancarios, que ejercen de hecho el dominio económico, político y estético sobre las ramas más importantes de la vida económica en los países imperialistas. Con sus operaciones efectúan, por mediación de los bancos, coreografías de adaptación piramidal de las voluntades humanas y sus sometimientos posturales al mercado”.
Lo explica así el artista en la presentación de estas obras, expuestas en el Museo Cívico del Mármol de Carrara, hasta el próximo mes de diciembre. El proyecto forma parte de Data Base (sobre las ascensiones y las caídas cíclicas de los beneficios económicos de las oligarquías financieras).
“Index Falls transfiere al mármol los cuerpos integrados en el esquema del beneficio privado gracias a la elasticidad pública y su resistencia a la deformación ajena”, escribe Morilla en la presentación del proyecto. “No hay sentido coreográfico en este dolor, no existe jefe o responsable aparente en este baile, ni siquiera una deidad reconocible en la cima de esta montaña”.
El proyecto consta de estas piezas, diseñadas para interior, y una performance, llevada a cabo a finales del pasado abril, en la que varias figuras caían, en la oscuridad de la noche, sobre las históricas canteras de Colonnata y los Alpes Apuanos. “Estas imágenes, proyectadas en los momentos exactos de la acción que precede a la caída (a la inevitable herida, al daño potencial, encerrado y proyectado en piedra), eran visibles a gran distancia, desde las carreteras de acceso, desde la autopista, desde los pueblos cercanos. Eran el recuerdo del impacto que precede a nuestra inevitable caída: disolvieron definitivamente el paisaje, para volar la montaña por los aires si hace falta, para usarla no como género de representación, sino para cuestionarla como medio para conseguir un fin personal”.
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