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31 de marzo 2015    /   BUSINESS
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Infección viral en los medios

31 de marzo 2015    /   BUSINESS     por          
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Seguro que la has visto estos días mil veces en tu muro de Facebook o tu timeline de Twitter. En la imagen, una niña con los brazos en alto y gesto asustado. El pie que acompaña a la fotografía, demoledor: se trata de una niña de un campamento de refugiados que al ver la cámara del fotógrafo levanta las manos en señal de rendición pensando que se trataba de un arma. El problema es que la niña del momento ni es niña ni es del momento.
En realidad, según cuentan en BuzzFeed, se trata de Hudea, un niño, y la imagen fue tomada hace al menos tres años. Lo que no desmienten es que se esté ‘rindiendo’ al ver la cámara, pero ¿cómo comprobar eso?
Es el último viral, uno más de esos mensajes que corre como la pólvora por las redes y que, de tanto en tanto, llega a dar su salto a los medios.
Actualización: En la BBC han hablado con el fotógrafo y desmiente gran parte del desmentido: sí es una niña, sí se aterrorizó (porque hizo la foto con teleobjetivo y pensó que el autor era un francotirador) y es del año pasado y no de 2012.
En redes sociales la distancia entre leer algo y republicarlo es un clic, un botón, un disparo de un gatillo que muchas veces tenemos demasiado flojo. Incluso cuidando mucho la lista de gente a la que sigues es inevitable que de vez en cuando se cuelen estas historias: si todo el mundo la difunde no puede ser falsa, cien mil moscas no pueden estar equivocadas.
Hay otro ejemplo reciente: el de un chaval que hackeó los carteles del metro cambiando su mensaje, de lo que decían a lo que muchos usuarios pensaban. Con un rato de Photoshop y las redes sociales llegó la explosión: los falsos carteles saltaron de muro en muro y se dieron por buenos. Él mismo cuenta cómo fue el día en que creó un fake sin querer.

Carteles ‘fake’ del Metro (Fernando Córdoba)

El problema se agrava cuando esas historias salen de la Red y se cuelan en los medios. El motivo es obvio: son temas llamativos e interesantes, carne de audiencia. En realidad es un pensamiento simplista, porque si un tema está funcionando fuera de tu medio, ¿qué te hace pensar que no llegas tarde a sumarte a la ola?
Sin embargo, el hambre de clics puede más que la razón: desde hace tiempo los usuarios no hablan de sus cosas en los comentarios y foros de los medios, sino que se llevaron sus conversaciones a las ágoras de las redes sociales, y los medios intentan a la desesperada ‘cazar’ tendencias allí para reproducir esas historias en sus dominios con la esperanza de traerles de vuelta.
Sucedió, por ejemplo, con la inauguración del Mundial: se dijo que el realizador televisivo de la ceremonia fue despedido por no mostrar el saque de honor a cargo de un parapléjico usando un exoesqueleto. Sin embargo, sí aparecía en la retransmisión… y luego se desmintió el despido.

Muchas veces los medios tropiezan, caen al suelo y se levantan de un salto, sacudiéndose la ropa, disimulando como si nada hubiera pasado. Es lo que hacen cuando publican un viral dándolo por bueno y, cuando se descubre que es un fake, editan la misma pieza contando lo que ha pasado sin decir que ellos mismos se lo tragaron. Este ejemplo con aquel vídeo en el que un águila intentaba llevarse a un bebé en un parque es de libro, porque el artículo original en el que lo daban por bueno quedó registrado.

Hay muchos más ejemplos. Hace unos meses se dio por buena la historia de un niño de cuatro años que había llegado a la frontera de Siria supuestamente solo. Luego se supo que no era así, que iba con un gran grupo de gente, pero que estaba separado a unos metros de ellos. Muchos medios contaron luego la historia completa (aunque la diferente fecha de creación y edición del artículo es sospechosa), otros se quedaron por el camino (y no sólo en España).


En general la guerra siria está siendo una de las principales fuentes de fakes, quizá por la poca atención mediática real que despierta desde que empezó a alargarse en el tiempo. Otro caso del conflicto fue el niño que supuestamente salvaba a su hermana de los francotiradores.

Pero todo era otro fake: era una escena cinematográfica artifical, rodada por un director noruego. Sin embargo, ahí siguen artículos varios (como este o este), inasequibles al desaliento. Hasta la CNN en Chile mordió el anzuelo.

Volviendo a España, se dio por bueno en muchos medios un post satírico según el cual el futbolista Sergio Ramos habría aprobado la ESO a los 27 años. Pero no, tampoco se sabe nada de eso. En fin, la lista es larguísima, con otras construcciones más burdas, que no llegan a viral y se quedan en fakes. Alpiste para pájaros de trinchera. Es el caso de una fotografía burdamente editada en la que el expresidente Zapatero salía sonriente ante un cartel junto al monarca marroquí enseñando un mapa en el que la frontera estaba casi en Ciudad Real. La foto auténtica, sin embargo, era mucho menos interesante.
La pulsión entre espectacularidad y realidad es una constante en los medios, y más con las redes sociales. Sin embargo, uno de los casos más conocidos de la profesión ya mostraba esa dicotomía hace mucho. La imagen de Kevin Carter en la que un niño africano parecía agonizar ante un buitre causó un gran impacto y le valió el Pullitzer. Pero la historia no terminó ahí: muchos criticaron que hiciera la foto y no espantara al animal, y el propio fotógrafo acabó cayendo en una depresión y suicidándose. Sin embargo, nada de eso fue así: ni el niño agonizaba, ni Carter se suicidó por la fotografía o las críticas.
Las historias no son siempre como se cuentan. Pero que un buen tuit o una buena foto no te estropeen miles de lecturas.

Seguro que la has visto estos días mil veces en tu muro de Facebook o tu timeline de Twitter. En la imagen, una niña con los brazos en alto y gesto asustado. El pie que acompaña a la fotografía, demoledor: se trata de una niña de un campamento de refugiados que al ver la cámara del fotógrafo levanta las manos en señal de rendición pensando que se trataba de un arma. El problema es que la niña del momento ni es niña ni es del momento.
En realidad, según cuentan en BuzzFeed, se trata de Hudea, un niño, y la imagen fue tomada hace al menos tres años. Lo que no desmienten es que se esté ‘rindiendo’ al ver la cámara, pero ¿cómo comprobar eso?
Es el último viral, uno más de esos mensajes que corre como la pólvora por las redes y que, de tanto en tanto, llega a dar su salto a los medios.
Actualización: En la BBC han hablado con el fotógrafo y desmiente gran parte del desmentido: sí es una niña, sí se aterrorizó (porque hizo la foto con teleobjetivo y pensó que el autor era un francotirador) y es del año pasado y no de 2012.
En redes sociales la distancia entre leer algo y republicarlo es un clic, un botón, un disparo de un gatillo que muchas veces tenemos demasiado flojo. Incluso cuidando mucho la lista de gente a la que sigues es inevitable que de vez en cuando se cuelen estas historias: si todo el mundo la difunde no puede ser falsa, cien mil moscas no pueden estar equivocadas.
Hay otro ejemplo reciente: el de un chaval que hackeó los carteles del metro cambiando su mensaje, de lo que decían a lo que muchos usuarios pensaban. Con un rato de Photoshop y las redes sociales llegó la explosión: los falsos carteles saltaron de muro en muro y se dieron por buenos. Él mismo cuenta cómo fue el día en que creó un fake sin querer.

Carteles ‘fake’ del Metro (Fernando Córdoba)

El problema se agrava cuando esas historias salen de la Red y se cuelan en los medios. El motivo es obvio: son temas llamativos e interesantes, carne de audiencia. En realidad es un pensamiento simplista, porque si un tema está funcionando fuera de tu medio, ¿qué te hace pensar que no llegas tarde a sumarte a la ola?
Sin embargo, el hambre de clics puede más que la razón: desde hace tiempo los usuarios no hablan de sus cosas en los comentarios y foros de los medios, sino que se llevaron sus conversaciones a las ágoras de las redes sociales, y los medios intentan a la desesperada ‘cazar’ tendencias allí para reproducir esas historias en sus dominios con la esperanza de traerles de vuelta.
Sucedió, por ejemplo, con la inauguración del Mundial: se dijo que el realizador televisivo de la ceremonia fue despedido por no mostrar el saque de honor a cargo de un parapléjico usando un exoesqueleto. Sin embargo, sí aparecía en la retransmisión… y luego se desmintió el despido.

Muchas veces los medios tropiezan, caen al suelo y se levantan de un salto, sacudiéndose la ropa, disimulando como si nada hubiera pasado. Es lo que hacen cuando publican un viral dándolo por bueno y, cuando se descubre que es un fake, editan la misma pieza contando lo que ha pasado sin decir que ellos mismos se lo tragaron. Este ejemplo con aquel vídeo en el que un águila intentaba llevarse a un bebé en un parque es de libro, porque el artículo original en el que lo daban por bueno quedó registrado.

Hay muchos más ejemplos. Hace unos meses se dio por buena la historia de un niño de cuatro años que había llegado a la frontera de Siria supuestamente solo. Luego se supo que no era así, que iba con un gran grupo de gente, pero que estaba separado a unos metros de ellos. Muchos medios contaron luego la historia completa (aunque la diferente fecha de creación y edición del artículo es sospechosa), otros se quedaron por el camino (y no sólo en España).


En general la guerra siria está siendo una de las principales fuentes de fakes, quizá por la poca atención mediática real que despierta desde que empezó a alargarse en el tiempo. Otro caso del conflicto fue el niño que supuestamente salvaba a su hermana de los francotiradores.

Pero todo era otro fake: era una escena cinematográfica artifical, rodada por un director noruego. Sin embargo, ahí siguen artículos varios (como este o este), inasequibles al desaliento. Hasta la CNN en Chile mordió el anzuelo.

Volviendo a España, se dio por bueno en muchos medios un post satírico según el cual el futbolista Sergio Ramos habría aprobado la ESO a los 27 años. Pero no, tampoco se sabe nada de eso. En fin, la lista es larguísima, con otras construcciones más burdas, que no llegan a viral y se quedan en fakes. Alpiste para pájaros de trinchera. Es el caso de una fotografía burdamente editada en la que el expresidente Zapatero salía sonriente ante un cartel junto al monarca marroquí enseñando un mapa en el que la frontera estaba casi en Ciudad Real. La foto auténtica, sin embargo, era mucho menos interesante.
La pulsión entre espectacularidad y realidad es una constante en los medios, y más con las redes sociales. Sin embargo, uno de los casos más conocidos de la profesión ya mostraba esa dicotomía hace mucho. La imagen de Kevin Carter en la que un niño africano parecía agonizar ante un buitre causó un gran impacto y le valió el Pullitzer. Pero la historia no terminó ahí: muchos criticaron que hiciera la foto y no espantara al animal, y el propio fotógrafo acabó cayendo en una depresión y suicidándose. Sin embargo, nada de eso fue así: ni el niño agonizaba, ni Carter se suicidó por la fotografía o las críticas.
Las historias no son siempre como se cuentan. Pero que un buen tuit o una buena foto no te estropeen miles de lecturas.

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Opiniones 4
  • Pingback: Blog de Notas
  • Yo te subrayo todo Borja, como siempre, y le daría una extensión al artículo contigo del arrodillamiento al click de las empresas informativas online (por otro lado estaría el ansia en la fugacidad de dar noticias y el morbo de la TV) nubladas en sus fuentes de ingresos y esclavizadas a ese movimiento de dedo.
    Pero te abro un nuevo ángulo a todo esto. Antes también pasaba, y era aún más complicado no solo corroborar una historia sino arreglar el desaguisado. Cierto, ahora hay más poder y posibilidad de inventar, pero también de descubrirlo.
    Idea para artículo por cierto, lo mismo que has hecho pero en otra época o casos llamativos antes de la era Internet/TV/Radio. Sino lo hago yo, jaja.

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