30 de octubre 2014    /   CINE/TV
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La gula por la información

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Muy pocos adictos reconocen que están enganchados. Cuando, además, la adicción se asume como normal a causa de la frecuencia con la que se produce, el problema es aún más difícil de detectar. ¿Somos adictos a la información? La diseñadora Myra Wippler ha querido mostrar nuestra insaciable necesidad de información de esta manera.

La sensación es familiar aunque no sea uno mismo el protagonista. Es normal despedirnos del teléfono móvil ya bajo el edredón y recuperarlo aún con los ojos pegados, por la mañana. No pasa nada. Lo hace todo el mundo. Tiene que ser hasta positivo.
Lo cierto es que, aunque las cifras bailen según quién haga la encuesta, el porcentaje de personas que no podrían vivir sin internet aumenta cada año.
El bombardeo de información y el constante enlace con los contactos que se manejan en la agenda del teléfono se proyectaban en forma de tormenta en la cabeza de la diseñadora holandesa Myra Wippler. Ella cuenta que durante el final de su carrera en la Design Academy Eindhoven, su cabeza era «una coctelera que mezclaba ideas, diferentes temas, soluciones y declaraciones que se dirigían a un inevitable desastre».
Su violín fue el que ordenó todo en su mente. «Llevaba varios años sin tocar. Comencé a hacerlo y recordé casi cada nota de las piezas que conocía. Tras una hora y media tocando, noté cómo el tornado de mi cabeza se reducía y encontraba la paz».
Wippler admite que ese momento casi milagroso le hizo darse cuenta de que en su vida cotidiana, el hecho de estar pendiente de sus redes sociales, de su correo electrónico o de su Whatsapp hacía que su cerebro se entrenase para centrarse en estímulos cortos y rápidos. «Una y otra vez», dice.
Así fue cómo tuvo la idea de crear Information Gluttony, una pequeña película que le ha servido como proyecto de fin de carrera y que reflexiona acerca de la inevitabilidad de permanecer conectados. «Sería genial que pudiésemos procesar todo. sin embargo, sencillamente no estamos preparados para ser tan extremadamente multitarea», opina
Captura de pantalla 2014-10-30 11.41.50
Wippler llama la atención acerca de fuentes de información que no dejan de requerir la mirada de las personas. «Los medios de comunicación, Facebook, Instagram o la publicidad tratan de captar nuestra atención a cada momento. El problema reside en la manera de filtrar. Consumimos información como nunca antes y creo que debemos preocuparnos y ser críticos con las consecuencias de este estresante estilo de vida».
A pesar del desolador retrato social que Wippler propone como objeto de reflexión, la diseñadora se muestra optimista. «Creo que el problema se revolverá solo», declara. «La tecnología se desarrolla rápidamente y espero que la comunicación digital se vuelva más física».
Insiste en que no quiere que se le entienda mal. Es feliz utilizando internet, pero insiste en la necesidad de «no tener la urgencia de comprobar los mensajes y responderlos inmediatamente. Hay que priorizar».
Captura de pantalla 2014-10-30 11.42.42

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La sensación es familiar aunque no sea uno mismo el protagonista. Es normal despedirnos del teléfono móvil ya bajo el edredón y recuperarlo aún con los ojos pegados, por la mañana. No pasa nada. Lo hace todo el mundo. Tiene que ser hasta positivo.
Lo cierto es que, aunque las cifras bailen según quién haga la encuesta, el porcentaje de personas que no podrían vivir sin internet aumenta cada año.
El bombardeo de información y el constante enlace con los contactos que se manejan en la agenda del teléfono se proyectaban en forma de tormenta en la cabeza de la diseñadora holandesa Myra Wippler. Ella cuenta que durante el final de su carrera en la Design Academy Eindhoven, su cabeza era «una coctelera que mezclaba ideas, diferentes temas, soluciones y declaraciones que se dirigían a un inevitable desastre».
Su violín fue el que ordenó todo en su mente. «Llevaba varios años sin tocar. Comencé a hacerlo y recordé casi cada nota de las piezas que conocía. Tras una hora y media tocando, noté cómo el tornado de mi cabeza se reducía y encontraba la paz».
Wippler admite que ese momento casi milagroso le hizo darse cuenta de que en su vida cotidiana, el hecho de estar pendiente de sus redes sociales, de su correo electrónico o de su Whatsapp hacía que su cerebro se entrenase para centrarse en estímulos cortos y rápidos. «Una y otra vez», dice.
Así fue cómo tuvo la idea de crear Information Gluttony, una pequeña película que le ha servido como proyecto de fin de carrera y que reflexiona acerca de la inevitabilidad de permanecer conectados. «Sería genial que pudiésemos procesar todo. sin embargo, sencillamente no estamos preparados para ser tan extremadamente multitarea», opina
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Wippler llama la atención acerca de fuentes de información que no dejan de requerir la mirada de las personas. «Los medios de comunicación, Facebook, Instagram o la publicidad tratan de captar nuestra atención a cada momento. El problema reside en la manera de filtrar. Consumimos información como nunca antes y creo que debemos preocuparnos y ser críticos con las consecuencias de este estresante estilo de vida».
A pesar del desolador retrato social que Wippler propone como objeto de reflexión, la diseñadora se muestra optimista. «Creo que el problema se revolverá solo», declara. «La tecnología se desarrolla rápidamente y espero que la comunicación digital se vuelva más física».
Insiste en que no quiere que se le entienda mal. Es feliz utilizando internet, pero insiste en la necesidad de «no tener la urgencia de comprobar los mensajes y responderlos inmediatamente. Hay que priorizar».
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