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25 de enero 2016    /   CIENCIA
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Google Calico y otras iniciativas que persiguen la inmortalidad del ser humano

25 de enero 2016    /   CIENCIA     por          
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H. G. Wells era un influyente escritor de ciencia ficción porque procuraba mantenerse informado acerca de los últimos hallazgos de la ciencia y los desarrollos tecnológicos más punteros. Por ello, además de sentar las bases de la ciencia ficción entre 1895 y 1901 con obras como La máquina del tiempo o El hombre invisible, en 1901 publicó Anticipations: An Experiment in Prophecy, una serie de predicciones tecnológicas que dieron en el clavo en muchos aspectos, por ejemplo, en lo tocante a las guerras con máquinas voladoras.

Estas capacidades predictivas también se le han adjudicado a Julio Verne por motivos similares. Y, más recientemente, a Ray Kurzweil, un experto en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial que actualmente trabaja para Google. Wells no supo predecir las armas nucleares o los microchips. Y Kurzweil, si bien ha demostrado grandes habilidades para la futurología, tampoco ha acertado en todas sus profecías. Pero hay una predicción en particular en la que Kurzweil pone mucho énfasis, y no está solo en ella: antes de que termine el siglo XXI, probablemente habremos alcanzamos la inmortalidad.

Obviamente, el plural es más mayestático que real, porque quizá la inmortalidad solo será prerrogativa de los que dispongan de los suficientes recursos para acceder a ella, tal y como ya afirmaba el autor cyberpunk William Gibson: «el futuro ya está aquí, pero no está repartido equitativamente».

Inversión millonaria

Cambiar solo 150 genes determina con un 77% de certeza que se puede vivir más allá de los 100 años. Solo un gen, con el nombre anodino de SNP rs1455311, multiplica por dos la probabilidad de una vida longeva. Gracias a los avances en la edición del ADN, como el reciente descubrimiento del CRISPR (repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas), la posibilidad de todos nazcamos con estas modificaciones de serie podría ser realidad en pocos años.

No solo podremos nacer genéticamente predispuestos para la longevidad, sino que alcanzaremos cotas de longevidad matusalénica gracias a unos inminentes desarrollos médicos que recuerdan a la película Viaje alucinante, de Richard Fleischer. Como los que propone Robert Freitas, uno de los cuatro investigadores del Instituto para la Fabricación Molecular, en Palo Alto, California, que aspira a introducir nanorobots en nuestros cuerpos para que siempre nos mantengan sanos. Sus leucocitos artificiales, junto a los respirocitos, nos tunearán en tiempo real, permitiéndonos superar los 150 años con relativa facilidad. Eso solo si prevenimos la mitad de los trastornos médicos. Si prevenimos el 90% podremos vivir unos buenos 500 años. Con el 99% podremos superar los mil años de edad.

Parecen cifras exageradas, pero para ponerlas en perspectiva hemos de tener en cuenta que la esperanza de vida se ha multiplicado por dos en el último siglo. Ahora, en un país desarrollado cualquiera, el 80% de la gente vive más de 70 años. Hace un siglo y medio, solo el 20% alcanzaba esa edad. Un individuo nacido antes del siglo XX que fuera capaz de superar los 20 años de edad tenía una esperanza de vida comparable con la actual de similar nivel económico-social.

Compañías como Google, Microsoft, IBM o Apple coinciden en que el sueño de la inmortalidad está más cerca que nunca. El británico Aubrey de Grey, autor de El fin del envejecimiento, también está convencido de que las personas que nacen ahora vivirán más de mil años.

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California Life Company (CALICO)

Creada en el año 2013 por Google, se acabará financiando a través de la venta de medicamentos terapéuticos para enfermedades propias de la tercera edad. Actualmente, la empresa cuenta con varios equipos de investigación que están experimentando con diferentes líneas de investigación, como la biología sintética y la optogenética.

Google también ha invertido en Foundation Medicine, dedicada en la investigación del cáncer, y en Flatiron Health, un laboratorio especializado en oncología que está construyendo una plataforma en la nube para analizar datos sobre el cáncer a través del Big Data.

Sin abandonar Silicon Valley, Joon Yun, gestor de fondos de alto riesgo, ha creado el Palo Alto Longevity Prize, o Premio de la Longevidad de Palo Alto, que será otorgado a quien consiga desentrañar el código de la vida y curar el envejecimiento. En marzo de 2014, el biólogo estadounidense Craig Venter (el primero en el mundo en secuenciar el genoma humano), junto con el emprendedor tecnológico Peter Diamandis (uno de los fundadores de la Universidad de la Singularidad, cuyo objetivo es formar a equipos para proyectos que mejoren la vida de como mínimo mil millones de personas), fundó Human Longevity Inc. Su propósito es crear una base de datos genética global para detectar las características que propician la longevidad.

Más allá de la vida biológica

Todos los avances del siglo XX equivalen a veinte años al ritmo del año 2000, según Ray Kurzweil. Este fenómeno tiene lugar debido al crecimiento exponencial de la tecnología. Para entenderlo con una simple imagen, si damos treinta paso lineales, recorreremos treinta metros. No obstante, si damos treinta pasos exponenciales (1 metro, el primero, 2 metros, el segundo, 4 metros, el tercero, 8 metros, el cuarto…), entonces podremos dar la vuelta al mundo varias veces. El crecimiento exponencial no es nada intuitivo, por eso es tan difícil imaginar que con solo treinta paso podamos recorrer miles de kilómetros, y también que la inmortalidad podría llegar antes del siglo XXI.

Es decir, en el siglo XXI no experimentaremos cien años de progreso tecnológico, sino veinte mil años. Todo lo que puede ocurrir a esa velocidad es inimaginable, incluso para Kurzweil. Pero no se arredrado a la hora de proponer que antes de que termine este siglo tal vez ya habremos conseguido trascender la biología: volcaremos todo el contenido de nuestro cerebro al interior de un ordenador y sustituiremos los átomos que nos constituyen por bits.

El físico británico Stephen Hawking cree que es teóricamente posible ‘copiar’ el cerebro humano por vía informática y almacenarlo en un ordenador. Por ello no se nos debería antojar tan excéntrico el plan de Dimitri Itskov, un multimillonario ruso que ha fundado la organización 2045 Initiative que, con el Avatar Project, persigue también la inmortalidad. El Avatar Project tiene cuatro fases:

  • Avatar A: crear un robot que pueda ser controlado por nuestra mente.
  • Avatar B: trasplantar un cerebro humano en otro cuerpo.
  • Avatar C: decarga del cerebro humano en un cerebro artificial.
  • Avatar D: crear un cuerpo virtual, al estilo Matrix.

Por el momento, hay dos grandes proyectos en marcha para que Avatar C y Avatar D no sean un completo disparate: BRAIN Initiative, financiado por la Administración Obama, y Human Brain Project. Estos proyectos quieren averiguar cómo funciona exactamente el cerebro, paso previo para poder transformarlo una ristra de ceros y unos. Y así todo podría ser semejante a como se describe en el cuento Un secuestro, de la alucinante antología de ciencia ficción Axiomático, de Greg Egan:

No desprecies las imitaciones… la vida está compuesta de imitaciones. Cada órgano de tu cuerpo es reconstruido constantemente a su propia imagen. Toda célula que se divide muere y se reemplaza a sí misma con impostoras. Tu cuerpo no contiene ni uno solo de los átomos con los que naciste… entonces, ¿qué te dota de identidad? Es un patrón de información, no un algo físico. Y si un ordenador empezase a imitar tu cuerpo, en lugar del cuerpo imitándose a sí mismo, la única diferencia real sería que el ordenador cometería menos errores.

Dado este escenario de ciencia ficción, a la inmortalidad se sumará otra ventaja nada desdeñable: la eternidad. En otras palabras, podemos vivir todos los años que queramos (inmortalidad), pero el universo tiene fecha de caducidad (primero se hinchará nuestro sol, luego se apagarán otros soles, finalmente alcanzaremos el Big Crunch), ante lo cual se impone crear un universo virtual dentro de un ordenador que transcurra a una velocidad muy lenta respecto a la realidad. Por ejemplo, cada segundo de la realidad podrían ser mil millones de millones de millones de millones de siglos en el mundo digital (lograr eso supone que el programa que nos ejecuta debe correr a una gran velocidad). De este modo, no alcanzaremos la eternidad, pero nos acercaremos milimétricamente a ella.

O no.

O ya no importará porque ni siquiera la definición de ‘vida’ o ‘consciencia’ tendrá sentido más allá de una abstracción filosófica.

Fotos: Pixabay

H. G. Wells era un influyente escritor de ciencia ficción porque procuraba mantenerse informado acerca de los últimos hallazgos de la ciencia y los desarrollos tecnológicos más punteros. Por ello, además de sentar las bases de la ciencia ficción entre 1895 y 1901 con obras como La máquina del tiempo o El hombre invisible, en 1901 publicó Anticipations: An Experiment in Prophecy, una serie de predicciones tecnológicas que dieron en el clavo en muchos aspectos, por ejemplo, en lo tocante a las guerras con máquinas voladoras.

Estas capacidades predictivas también se le han adjudicado a Julio Verne por motivos similares. Y, más recientemente, a Ray Kurzweil, un experto en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial que actualmente trabaja para Google. Wells no supo predecir las armas nucleares o los microchips. Y Kurzweil, si bien ha demostrado grandes habilidades para la futurología, tampoco ha acertado en todas sus profecías. Pero hay una predicción en particular en la que Kurzweil pone mucho énfasis, y no está solo en ella: antes de que termine el siglo XXI, probablemente habremos alcanzamos la inmortalidad.

Obviamente, el plural es más mayestático que real, porque quizá la inmortalidad solo será prerrogativa de los que dispongan de los suficientes recursos para acceder a ella, tal y como ya afirmaba el autor cyberpunk William Gibson: «el futuro ya está aquí, pero no está repartido equitativamente».

Inversión millonaria

Cambiar solo 150 genes determina con un 77% de certeza que se puede vivir más allá de los 100 años. Solo un gen, con el nombre anodino de SNP rs1455311, multiplica por dos la probabilidad de una vida longeva. Gracias a los avances en la edición del ADN, como el reciente descubrimiento del CRISPR (repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas), la posibilidad de todos nazcamos con estas modificaciones de serie podría ser realidad en pocos años.

No solo podremos nacer genéticamente predispuestos para la longevidad, sino que alcanzaremos cotas de longevidad matusalénica gracias a unos inminentes desarrollos médicos que recuerdan a la película Viaje alucinante, de Richard Fleischer. Como los que propone Robert Freitas, uno de los cuatro investigadores del Instituto para la Fabricación Molecular, en Palo Alto, California, que aspira a introducir nanorobots en nuestros cuerpos para que siempre nos mantengan sanos. Sus leucocitos artificiales, junto a los respirocitos, nos tunearán en tiempo real, permitiéndonos superar los 150 años con relativa facilidad. Eso solo si prevenimos la mitad de los trastornos médicos. Si prevenimos el 90% podremos vivir unos buenos 500 años. Con el 99% podremos superar los mil años de edad.

Parecen cifras exageradas, pero para ponerlas en perspectiva hemos de tener en cuenta que la esperanza de vida se ha multiplicado por dos en el último siglo. Ahora, en un país desarrollado cualquiera, el 80% de la gente vive más de 70 años. Hace un siglo y medio, solo el 20% alcanzaba esa edad. Un individuo nacido antes del siglo XX que fuera capaz de superar los 20 años de edad tenía una esperanza de vida comparable con la actual de similar nivel económico-social.

Compañías como Google, Microsoft, IBM o Apple coinciden en que el sueño de la inmortalidad está más cerca que nunca. El británico Aubrey de Grey, autor de El fin del envejecimiento, también está convencido de que las personas que nacen ahora vivirán más de mil años.

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California Life Company (CALICO)

Creada en el año 2013 por Google, se acabará financiando a través de la venta de medicamentos terapéuticos para enfermedades propias de la tercera edad. Actualmente, la empresa cuenta con varios equipos de investigación que están experimentando con diferentes líneas de investigación, como la biología sintética y la optogenética.

Google también ha invertido en Foundation Medicine, dedicada en la investigación del cáncer, y en Flatiron Health, un laboratorio especializado en oncología que está construyendo una plataforma en la nube para analizar datos sobre el cáncer a través del Big Data.

Sin abandonar Silicon Valley, Joon Yun, gestor de fondos de alto riesgo, ha creado el Palo Alto Longevity Prize, o Premio de la Longevidad de Palo Alto, que será otorgado a quien consiga desentrañar el código de la vida y curar el envejecimiento. En marzo de 2014, el biólogo estadounidense Craig Venter (el primero en el mundo en secuenciar el genoma humano), junto con el emprendedor tecnológico Peter Diamandis (uno de los fundadores de la Universidad de la Singularidad, cuyo objetivo es formar a equipos para proyectos que mejoren la vida de como mínimo mil millones de personas), fundó Human Longevity Inc. Su propósito es crear una base de datos genética global para detectar las características que propician la longevidad.

Más allá de la vida biológica

Todos los avances del siglo XX equivalen a veinte años al ritmo del año 2000, según Ray Kurzweil. Este fenómeno tiene lugar debido al crecimiento exponencial de la tecnología. Para entenderlo con una simple imagen, si damos treinta paso lineales, recorreremos treinta metros. No obstante, si damos treinta pasos exponenciales (1 metro, el primero, 2 metros, el segundo, 4 metros, el tercero, 8 metros, el cuarto…), entonces podremos dar la vuelta al mundo varias veces. El crecimiento exponencial no es nada intuitivo, por eso es tan difícil imaginar que con solo treinta paso podamos recorrer miles de kilómetros, y también que la inmortalidad podría llegar antes del siglo XXI.

Es decir, en el siglo XXI no experimentaremos cien años de progreso tecnológico, sino veinte mil años. Todo lo que puede ocurrir a esa velocidad es inimaginable, incluso para Kurzweil. Pero no se arredrado a la hora de proponer que antes de que termine este siglo tal vez ya habremos conseguido trascender la biología: volcaremos todo el contenido de nuestro cerebro al interior de un ordenador y sustituiremos los átomos que nos constituyen por bits.

El físico británico Stephen Hawking cree que es teóricamente posible ‘copiar’ el cerebro humano por vía informática y almacenarlo en un ordenador. Por ello no se nos debería antojar tan excéntrico el plan de Dimitri Itskov, un multimillonario ruso que ha fundado la organización 2045 Initiative que, con el Avatar Project, persigue también la inmortalidad. El Avatar Project tiene cuatro fases:

  • Avatar A: crear un robot que pueda ser controlado por nuestra mente.
  • Avatar B: trasplantar un cerebro humano en otro cuerpo.
  • Avatar C: decarga del cerebro humano en un cerebro artificial.
  • Avatar D: crear un cuerpo virtual, al estilo Matrix.

Por el momento, hay dos grandes proyectos en marcha para que Avatar C y Avatar D no sean un completo disparate: BRAIN Initiative, financiado por la Administración Obama, y Human Brain Project. Estos proyectos quieren averiguar cómo funciona exactamente el cerebro, paso previo para poder transformarlo una ristra de ceros y unos. Y así todo podría ser semejante a como se describe en el cuento Un secuestro, de la alucinante antología de ciencia ficción Axiomático, de Greg Egan:

No desprecies las imitaciones… la vida está compuesta de imitaciones. Cada órgano de tu cuerpo es reconstruido constantemente a su propia imagen. Toda célula que se divide muere y se reemplaza a sí misma con impostoras. Tu cuerpo no contiene ni uno solo de los átomos con los que naciste… entonces, ¿qué te dota de identidad? Es un patrón de información, no un algo físico. Y si un ordenador empezase a imitar tu cuerpo, en lugar del cuerpo imitándose a sí mismo, la única diferencia real sería que el ordenador cometería menos errores.

Dado este escenario de ciencia ficción, a la inmortalidad se sumará otra ventaja nada desdeñable: la eternidad. En otras palabras, podemos vivir todos los años que queramos (inmortalidad), pero el universo tiene fecha de caducidad (primero se hinchará nuestro sol, luego se apagarán otros soles, finalmente alcanzaremos el Big Crunch), ante lo cual se impone crear un universo virtual dentro de un ordenador que transcurra a una velocidad muy lenta respecto a la realidad. Por ejemplo, cada segundo de la realidad podrían ser mil millones de millones de millones de millones de siglos en el mundo digital (lograr eso supone que el programa que nos ejecuta debe correr a una gran velocidad). De este modo, no alcanzaremos la eternidad, pero nos acercaremos milimétricamente a ella.

O no.

O ya no importará porque ni siquiera la definición de ‘vida’ o ‘consciencia’ tendrá sentido más allá de una abstracción filosófica.

Fotos: Pixabay

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Opiniones 6
  • Todo eso parece teóricamente posible, como dice Hawking, pero yo me pregunto: en ese trasvase de datos del cerebro a la máquina, no perderíamos nuestro ser? nuestra verdadera identidad? Pienso que como mucho se podría llegar a copiar las ideas de nuestro cerebro, pero una vez copiadas, nuestras ideas originales, nuestro ser, desaparecerán. Esas ideas ya no seremos nosotros y quedarán plasmadas en la máquina de la misma manera que se puedan plasmar en un libro. Ahora bien, pienso que si se consiguiera mantener el cerebro funcionando, aunque sea enchufado a una máquina, sí que podríamos mantener ese «ser».
    Interesante el tema, buen artículo.

  • La inmortalidad fisica seria algo maravilloso de alcanzar ya que es el sueño de tiempos ancestrales
    pero con una juventud eterna y salud perfecta siempre que hubiera amor y paz en el mundo, el mundo es algo maravilloso y una sola vida es muy corta para alcanzar a conocer y amar cada rincón de este maravillosos mundo y conocer y ayudar a tanta gente hermosa y vivir vivir vivir.

  • Quien o Quienes serán los que se atribuyan la potestad y garanticen que una vez alcanzados los medios para convertirnos en semidioses o cyborgs, esto último sea únicamente alcanzable por una elite que pueda costear los gastos de esa terapia, técnica o fármacos y no ofrecido de manera universal para el resto de la humanidad. Quien decidirá si es apto para vivir mas o menos tiempo cuales serán los criterios, mano de obra, eficiencia tecnológica, dinero, soldados….

    Planck decia que la ciencia avanza funeral tras funeral

  • Nomas La Verdad Que En Google De EE.UU. o USA En El Estado De California Hay Personas Impostoras Las Cuales Ami Me Robaron Identidad Y Después Me Dan Por Muerto Ante Una Aseguradora En Chino California Pero Yo Soy Verdadero Propietario de Un Software ante Microsoft.

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