5 de octubre 2010    /   IDEAS
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Innovación rural

5 de octubre 2010    /   IDEAS     por          
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La vida en los pueblos es tranquila, lo sé porque me crié en uno. Para mí, demasiado tranquila. Lo recuerdo cada verano y en muchos de los puentes en los que regreso al lugar en el que nací.

Cuento muchas veces que en uno de los dos cruces con semáforos que tenemos, pongo a prueba a mis paisanos y procuro no arrancar cuando la luz cambia al verde. Es difícil que te den un bocinazo, como mucho te gritan si es para hoy… Te recomiendo que no intentes esta prueba en Madrid a no ser que lleves los guantes de boxeo contigo.

La gente camina despacio, habla despacio y saborea los días con calma. Gastar una vida en un pueblo debe ser como tener una vida extra. Como si las montañas, las vacas y las casas bajas de piedra te regalasen otra partida al comecocos.

Aquí un router que no funcione, no puede amargarte el día. Ni una gestión pública hacerte perder una mañana. Las mañanas no se pierden, se echan hablando con unos y con otros. En mi gestoría me dicen que fulanito tardará unos quince minutos porque ha tenido una inspección (imagino que de Hacienda) en el pueblo de al lado. ¡Quince minutos!

Cada vez que vengo me hago la pregunta de si sería posible vivir de las nuevas tecnologías en un pueblo como el mío. Sigo sin tener la respuesta clara. Imagino que aquellos negocios altamente dependientes de Facebook o de Google no se resentirían mucho por cambiar su domicilio social a un pueblo sin ecosistema tecnológico ni nada por el estilo.

Respecto a la posible necesidad de viajar, las videoconferencias me han ahorrado varios miles de euros en el último año y creo que no debe haber en España ningún pueblo a más de hora y media de coche al aeropuerto más cercano.

Creo que los pueblos a una hora de las grandes ciudades serán los más favorecidos demográficamente y en materia fiscal. Pocos seguirán queriendo vivir en el centro si a pocos kilómetros y por la mitad de precio puedes tener una bucólica casa rodeada de árboles, en vez de humos y de ruidos.

Programadores, emprendedores, diseñadores gráficos, especialistas en SEO, en redes sociales o en modelos de empresa basados en aplicaciones móviles, vivirán en pueblos tan bien como el cura, el alcalde y el médico de mi época.

Si tu excusa es la educación de tus hijos, pues tampoco te preocupes, la calle de los pueblos educa tanto o más que la calle de la ciudad. Cuando llegue la universidad no querrán vivir contigo haya o no universidad en el pueblo.

La no presencia impuesta en la oficina ya aplicada en empresas como Microsoft o Telefónica será la tónica habitual y el trabajador podrá decidir dónde emplea la mayor parte de sus horas, mientras la productividad no lo note.

Imagino que las empresas innovadoras altamente dependientes del talento de sus equipos tendrían más problemas para reclutar y formar a sus empleados. Pero estoy seguro de que muchos de esos talentosos profesionales no tendrían muchos reparos en pagar una quinta parte por una casa que haría enmudecer de envidia a muchos pisos de la Castellana aunque solo fuese por sus vistas. A comer como los ángeles, por la mitad de precio, y a tener una vida extra por lo despacio que pasan las vidas en los pueblos.

Sixto Arias es director general de Mobext

Fotos de Jeffrey Jones reproducida bajo licencia Creative Commons

La vida en los pueblos es tranquila, lo sé porque me crié en uno. Para mí, demasiado tranquila. Lo recuerdo cada verano y en muchos de los puentes en los que regreso al lugar en el que nací.

Cuento muchas veces que en uno de los dos cruces con semáforos que tenemos, pongo a prueba a mis paisanos y procuro no arrancar cuando la luz cambia al verde. Es difícil que te den un bocinazo, como mucho te gritan si es para hoy… Te recomiendo que no intentes esta prueba en Madrid a no ser que lleves los guantes de boxeo contigo.

La gente camina despacio, habla despacio y saborea los días con calma. Gastar una vida en un pueblo debe ser como tener una vida extra. Como si las montañas, las vacas y las casas bajas de piedra te regalasen otra partida al comecocos.

Aquí un router que no funcione, no puede amargarte el día. Ni una gestión pública hacerte perder una mañana. Las mañanas no se pierden, se echan hablando con unos y con otros. En mi gestoría me dicen que fulanito tardará unos quince minutos porque ha tenido una inspección (imagino que de Hacienda) en el pueblo de al lado. ¡Quince minutos!

Cada vez que vengo me hago la pregunta de si sería posible vivir de las nuevas tecnologías en un pueblo como el mío. Sigo sin tener la respuesta clara. Imagino que aquellos negocios altamente dependientes de Facebook o de Google no se resentirían mucho por cambiar su domicilio social a un pueblo sin ecosistema tecnológico ni nada por el estilo.

Respecto a la posible necesidad de viajar, las videoconferencias me han ahorrado varios miles de euros en el último año y creo que no debe haber en España ningún pueblo a más de hora y media de coche al aeropuerto más cercano.

Creo que los pueblos a una hora de las grandes ciudades serán los más favorecidos demográficamente y en materia fiscal. Pocos seguirán queriendo vivir en el centro si a pocos kilómetros y por la mitad de precio puedes tener una bucólica casa rodeada de árboles, en vez de humos y de ruidos.

Programadores, emprendedores, diseñadores gráficos, especialistas en SEO, en redes sociales o en modelos de empresa basados en aplicaciones móviles, vivirán en pueblos tan bien como el cura, el alcalde y el médico de mi época.

Si tu excusa es la educación de tus hijos, pues tampoco te preocupes, la calle de los pueblos educa tanto o más que la calle de la ciudad. Cuando llegue la universidad no querrán vivir contigo haya o no universidad en el pueblo.

La no presencia impuesta en la oficina ya aplicada en empresas como Microsoft o Telefónica será la tónica habitual y el trabajador podrá decidir dónde emplea la mayor parte de sus horas, mientras la productividad no lo note.

Imagino que las empresas innovadoras altamente dependientes del talento de sus equipos tendrían más problemas para reclutar y formar a sus empleados. Pero estoy seguro de que muchos de esos talentosos profesionales no tendrían muchos reparos en pagar una quinta parte por una casa que haría enmudecer de envidia a muchos pisos de la Castellana aunque solo fuese por sus vistas. A comer como los ángeles, por la mitad de precio, y a tener una vida extra por lo despacio que pasan las vidas en los pueblos.

Sixto Arias es director general de Mobext

Fotos de Jeffrey Jones reproducida bajo licencia Creative Commons

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Opiniones 4
  • Esperemos que eso ocurra algún día a nivel general, no sólo en unas pocas empresas. Ganaríamos todos. Lamentablemente, en España creo que aún tardará en llegar. Tenemos la mala costumbre de tener un horario tardío y trabajar por horarios, no por objetivos y nuestros «jefes» tienen la mala costumbre de querer tenernos en la oficina cuantas más horas mejor, aunque estemos todo el santo día en la máquina de café.
    El que España sea el reino de la picaresca tampoco ayuda.
    Saludos

  • Me ha sabido a gloria este post. Estoy experimentando desde hace poco la huída al campo. Todo son ventajas, aunque temo el día en que a mi prole no se lo parezcan. Lamentablemente, falta demasiado recorrido aún para que la «no presencia» se imponga de verdad en alguna empresa. Hasta en Telefónica (ahora Movistar) ya han dado marcha atrás a esta innovación. Quizás es una idea demasiado precoz para España. Las grandes ideas, suelen aterrizar así aquí, primero fracasan por puro escepticismo, y cuando ya no haya ninguna duda de que funcionan hasta en los paises más reconditos, entonces, es cuando nos subimos al carro…

  • Sixto,
    A tu pregunta si es posible vivir de las nuevas tecnologías en un pueblo como el tuyo, yo te digo que sí es posible (me imagino por lo que dices, que es un pueblo grande, ¡tiene semáforos!).
    Yo llevo 1 año y medio en un pueblecito de 9 habitantes y de semáforos ni hablar 🙂 y trabajo como copy de contenidos web, con empresas de Madrid o Barcelona.
    Como bien dices, tengo el aeropuerto de Burgos y Santander a una hora, así que no hay nada imposible.
    Y si no te funciona el router sí que puede amargarte el día, ya que tu trabajo depende de ello. Es como si estuvieras en la oficina mientras trabajas, cuando terminas, estás en el pueblo que te vio crecer, saboreando la vida extra que te ofrece.

  • Nosotros estamos seguros de que este éxodo de profesionales asociados a un modelo de trabajo en donde internet, nos permita trabajar en cualquier parte, se producirá antes o después, por ese motivo estamos desarrollando un proyecto piloto en medio rural donde la arquitectura sostenible gracias a la tecnología y la energía permita ofrecer un «valor añadido» a los que estamos en «esas» de tomar la decisión de saltar a la Naturaleza.

    Todo es dar el primer paso.

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