27 de noviembre 2013    /   CREATIVIDAD
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Insert Coin Movie, el épico documental acerca de la creación de videojuegos en España

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Como todos sabrán a estas alturas, los videojuegos atrofian el cerebro, son nefastos para la estimulación de muchas de sus partes, aceleran el envejecimiento mental o son un obstáculo para los niños disléxicos. De hecho, recientemente se ha sabido que gente como Hitler o la mala de Los Goonies eran ávidos jugadores de Grand Theft Auto (y de rol, pero eso ya lo dejamos para otro post acerca de los grandes peligros de la civilización occidental). Si usted, sabiendo, todo esto, decide lanzarse a la perdición, al menos sepa de dónde salen estas cosas del diablo. Insert Coin: The Movie es un documental de factura española que muestra la escena nacional de desarrolladores de videojuegos.

Quizá no conozcan a nadie que se dedique a ello. En realidad, tampoco lo hace tanta gente. Pero para que un videojuego llegue a un móvil, a una videoconsola o a un ordenador se tienen que dar miles de horas de trabajo que, en la mayor parte de casos, ni siquiera tienen el atractivo visual que luego sí tiene su disfrute.

Es posible que hayan leído que la industria del videojuego genera pasta a un nivel similar a la del cine o la música, otras mucho más tradicionales y establecidas. Para que eso ocurra, al igual que en el resto de ‘hermanitas audiovisuales’, hace falta un tejido de base que sirva de soporte a las grandes producciones que llenarán las aseadas cuentas de las multinacionales.

Insert Coin habla del esforzado grupo de jornaleros del bit que dedican su vida a hacer historias jugables

De eso habla de Insert Coin: The Movie, del esforzado grupo de jornaleros del bit que dedican más sudor del recomendado por sus médicos a hacer algo que les apasiona: crear historias en formato jugable. «20 desarrolladores y una escuela muestran todo el entramado», explica Víctor Frías, coautor del documental junto a Juan M. Pérez. «Queríamos mostrar cómo se hace un videojuego y reflejar cómo está la industria en la actualidad, así como el valor de dedicarte en tu vida a algo que te gusta por muchas complicaciones que te encuentres».

La chispa que disparó el proyecto fue un documental similar, Indie Game: The Movie, que hizo a Frías y a Pérez darse cuenta de que detrás de todo este tinglado había una historia que merecía ser contada y que podría ser interesante para un público no necesariamente marginal.

La moneda para comenzar la partida la obtuvieron a través de una campaña de crowdfunding en Verkami. «Conseguimos unos 8000€ que han ido a parar a desplazamientos, dietas, alojamientos y un equipo de 4 personas a lo largo ya de casi un año y medio. Es cierto que no todo el año hemos estado trabajando, hemos tenido que priorizar otros proyectos para poder sobrevivir porque no tenemos sueldo en esta película. Todos trabajamos porque creemos en lo que hacemos», declaran los directores.

Ambos creen ciegamente que hay una enorme cantidad de talento en escena. Tras la edad de oro que se vivió en los años 80, «es verdad que la creación ha permanecido dormida durante un tiempo. Gracias a las facilidades que existen hoy en día a la hora de crear un videojuego todo ese talento y esfuerzo¡han vuelto!», señala Frías.

«Si hablamos del tema burocrático y de inversiones, sí estamos jodidos»

Lamentan, eso sí, las dificultades que, como en muchas profesiones, existen en tiempos como los que vivimos. «Si hablamos del tema burocrático y de inversiones, sí estamos jodidos». Eso provocaba la huida del talento porque, además de lo precario de los salarios, los grandes productores de juegos tienen sus sedes fuera de España. Advierten, sin embargo, de un cambio de tendencia. «Parece que estamos recuperando a estos genios exiliados y construyendo un lugar, que no industria, donde puedan trabajar muchísimas personas que quieren dedicarse al mundo ‘videojueguil’. Lo único que falta es que quien tiene el dinero se dé cuenta y diga: ‘¡Sí! Crear videojuegos es un gran negocio’. Si no es así, la ayuda nunca llega».

Mientras, los creadores seguirán apelando a la épica y a la colaboración mutua. «Pese a las adversidades, han decidido ayudarse mutuamente. Es muy gratificante e inspirador ver la buenisima relación que hay entre desarrolladores. Todos están unidos y reman en una dirección, se ayudan y se respetan. Todos deberíamos estar orgullosos de lo que está creciendo en nuestro país», cuenta Víctor Frías.

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Quizá no conozcan a nadie que se dedique a ello. En realidad, tampoco lo hace tanta gente. Pero para que un videojuego llegue a un móvil, a una videoconsola o a un ordenador se tienen que dar miles de horas de trabajo que, en la mayor parte de casos, ni siquiera tienen el atractivo visual que luego sí tiene su disfrute.

Es posible que hayan leído que la industria del videojuego genera pasta a un nivel similar a la del cine o la música, otras mucho más tradicionales y establecidas. Para que eso ocurra, al igual que en el resto de ‘hermanitas audiovisuales’, hace falta un tejido de base que sirva de soporte a las grandes producciones que llenarán las aseadas cuentas de las multinacionales.

Insert Coin habla del esforzado grupo de jornaleros del bit que dedican su vida a hacer historias jugables

De eso habla de Insert Coin: The Movie, del esforzado grupo de jornaleros del bit que dedican más sudor del recomendado por sus médicos a hacer algo que les apasiona: crear historias en formato jugable. «20 desarrolladores y una escuela muestran todo el entramado», explica Víctor Frías, coautor del documental junto a Juan M. Pérez. «Queríamos mostrar cómo se hace un videojuego y reflejar cómo está la industria en la actualidad, así como el valor de dedicarte en tu vida a algo que te gusta por muchas complicaciones que te encuentres».

La chispa que disparó el proyecto fue un documental similar, Indie Game: The Movie, que hizo a Frías y a Pérez darse cuenta de que detrás de todo este tinglado había una historia que merecía ser contada y que podría ser interesante para un público no necesariamente marginal.

La moneda para comenzar la partida la obtuvieron a través de una campaña de crowdfunding en Verkami. «Conseguimos unos 8000€ que han ido a parar a desplazamientos, dietas, alojamientos y un equipo de 4 personas a lo largo ya de casi un año y medio. Es cierto que no todo el año hemos estado trabajando, hemos tenido que priorizar otros proyectos para poder sobrevivir porque no tenemos sueldo en esta película. Todos trabajamos porque creemos en lo que hacemos», declaran los directores.

Ambos creen ciegamente que hay una enorme cantidad de talento en escena. Tras la edad de oro que se vivió en los años 80, «es verdad que la creación ha permanecido dormida durante un tiempo. Gracias a las facilidades que existen hoy en día a la hora de crear un videojuego todo ese talento y esfuerzo¡han vuelto!», señala Frías.

«Si hablamos del tema burocrático y de inversiones, sí estamos jodidos»

Lamentan, eso sí, las dificultades que, como en muchas profesiones, existen en tiempos como los que vivimos. «Si hablamos del tema burocrático y de inversiones, sí estamos jodidos». Eso provocaba la huida del talento porque, además de lo precario de los salarios, los grandes productores de juegos tienen sus sedes fuera de España. Advierten, sin embargo, de un cambio de tendencia. «Parece que estamos recuperando a estos genios exiliados y construyendo un lugar, que no industria, donde puedan trabajar muchísimas personas que quieren dedicarse al mundo ‘videojueguil’. Lo único que falta es que quien tiene el dinero se dé cuenta y diga: ‘¡Sí! Crear videojuegos es un gran negocio’. Si no es así, la ayuda nunca llega».

Mientras, los creadores seguirán apelando a la épica y a la colaboración mutua. «Pese a las adversidades, han decidido ayudarse mutuamente. Es muy gratificante e inspirador ver la buenisima relación que hay entre desarrolladores. Todos están unidos y reman en una dirección, se ayudan y se respetan. Todos deberíamos estar orgullosos de lo que está creciendo en nuestro país», cuenta Víctor Frías.

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