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16 de diciembre 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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Otras perlas que podían haberse dicho Rajoy y Sánchez en el debate del lunes

16 de diciembre 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Normal que un debate de la vieja política los dos contrincantes se lanzasen insultos viejunos. Pero, ya que se tiraron al barro y se lanzaron al «y tú más», hubiéramos preferido un rotundo gilipollas, un escatológico tío mierda o un estruendoso hijoputa. Pero no. De tan educadas bocas solo salieron insultos como «ruin, mezquino y deleznable» y un eufemístico «no es decente».

¡Vive Dios, qué grandes ofensas! Porque, ¿qué se llamaron exactamente Mariano Rajoy Pedro Sánchez el pasado lunes?

Ruin, según el DRAE, proviene de ruina, lo que da una pista de lo malo que eso puede ser. Vil, bajo y despreciable, nada menos, en su primera acepción. Pero también de malas costumbres, mezquino y avariento. Hasta ahí en cuanto a carácter. Porque igualmente describe el físico de una persona: bajo, pequeño, desmedrado y humilde.

No sabemos si el señor Sánchez tiene una personalidad tan perversa, tanto no hemos intimado. Pero lo de pequeño, bajo y desmedrado va a ser que no.

Mezquino es un arabismo hispánico (miskín) que significaba originariamente «siervo de palacio». Se empleaba en la Edad Media para designar al «siervo de la gleba, de origen español, a diferencia del exarico, que era de origen moro». Como insulto, se aplica a personas faltas de nobleza de espíritu, que escatiman gastos, pequeñas, diminutas, desdichadas, desgraciadas, infelices… Unas joyas, vamos.

Deleznable, por su parte, es alguien despreciable y de poco valor. E indecente, que es a lo que remite ese «no decente», es alguien deshonesto, injusto e indecoroso.

Pero ya puestos a usar antigüedades para molestar al otro, por qué no haber elegido bellaco (malo, pícaro, ruín, pero también sagaz y astuto), mentecato (tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón), badulaque (persona necia, inconsistente e impuntual al cumplir sus compromisos), rufián (sin honor, perverso y despreciable y chuloputas),  infame (que carece de honra), malandrín (maligno, perverso, bellaco), pelele (simple e inútil), tarambana (alocado y de poco juicio), botarate (persona alboratada y de poco juicio), majadero (necio y pofiado), tarugo (hombre de mala traza, pequeño, gordo y de rudo entendimiento), zopenco (tonto y abrutado), bribón (haragán, pícaro y bellaco), estólido (falto de razón y discurso), gazmoño (que afecta devoción, escrúpulos o virtudes que no tiene), sabandija (despreciable) o gaznápiro (palurdo, simplón, torpe, que se queda embobado en cualquier cosa).

Nos hubieran sonado igual de desfasados, cierto. Pero cuánto hubiéramos aprendido, al menos en cuanto a Lengua se refiere.

Normal que un debate de la vieja política los dos contrincantes se lanzasen insultos viejunos. Pero, ya que se tiraron al barro y se lanzaron al «y tú más», hubiéramos preferido un rotundo gilipollas, un escatológico tío mierda o un estruendoso hijoputa. Pero no. De tan educadas bocas solo salieron insultos como «ruin, mezquino y deleznable» y un eufemístico «no es decente».

¡Vive Dios, qué grandes ofensas! Porque, ¿qué se llamaron exactamente Mariano Rajoy Pedro Sánchez el pasado lunes?

Ruin, según el DRAE, proviene de ruina, lo que da una pista de lo malo que eso puede ser. Vil, bajo y despreciable, nada menos, en su primera acepción. Pero también de malas costumbres, mezquino y avariento. Hasta ahí en cuanto a carácter. Porque igualmente describe el físico de una persona: bajo, pequeño, desmedrado y humilde.

No sabemos si el señor Sánchez tiene una personalidad tan perversa, tanto no hemos intimado. Pero lo de pequeño, bajo y desmedrado va a ser que no.

Mezquino es un arabismo hispánico (miskín) que significaba originariamente «siervo de palacio». Se empleaba en la Edad Media para designar al «siervo de la gleba, de origen español, a diferencia del exarico, que era de origen moro». Como insulto, se aplica a personas faltas de nobleza de espíritu, que escatiman gastos, pequeñas, diminutas, desdichadas, desgraciadas, infelices… Unas joyas, vamos.

Deleznable, por su parte, es alguien despreciable y de poco valor. E indecente, que es a lo que remite ese «no decente», es alguien deshonesto, injusto e indecoroso.

Pero ya puestos a usar antigüedades para molestar al otro, por qué no haber elegido bellaco (malo, pícaro, ruín, pero también sagaz y astuto), mentecato (tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón), badulaque (persona necia, inconsistente e impuntual al cumplir sus compromisos), rufián (sin honor, perverso y despreciable y chuloputas),  infame (que carece de honra), malandrín (maligno, perverso, bellaco), pelele (simple e inútil), tarambana (alocado y de poco juicio), botarate (persona alboratada y de poco juicio), majadero (necio y pofiado), tarugo (hombre de mala traza, pequeño, gordo y de rudo entendimiento), zopenco (tonto y abrutado), bribón (haragán, pícaro y bellaco), estólido (falto de razón y discurso), gazmoño (que afecta devoción, escrúpulos o virtudes que no tiene), sabandija (despreciable) o gaznápiro (palurdo, simplón, torpe, que se queda embobado en cualquier cosa).

Nos hubieran sonado igual de desfasados, cierto. Pero cuánto hubiéramos aprendido, al menos en cuanto a Lengua se refiere.

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Opiniones 6
  • Los insultos cuanto más ocurrentes y bien encajados más impacto tienen, pero es que esos dos son más simples que la punta de un lápiz. Recuerdo cuando a Aznar le llamaron MARMOLILLO o a Zapatero el ALUNADO…pero qué bien encajan ¡¡leches!!

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