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4 de octubre 2017    /   BUSINESS
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‘Inteligencia sexual’: cómo gestionamos el sexo, el amor y el deseo

4 de octubre 2017    /   BUSINESS     por          
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En los tiempos del poliamor y de los swingers, alrededor de 170.000 personas se casan al año en España. No solo eso, en 2016 un 22% de las parejas que se casaron lo hicieron por el rito de la iglesia católica. Incluso, en provincias como Jaén, lo hicieron un 53%.

La pregunta es: ¿realmente se comprometieron a estar juntos, tal y como dicta la tradición, hasta que la muerte los separe? Parece que muchos no. Ya que según estadísticas europeas, la tasa de divorcio en España se ha duplicado en los últimos diez años. Porque aunque la vida siga, parece que lo que sí muere de forma más temprana es el amor.

Hace ya unos años, el escritor paquistaní Hanif Kureishi escribía en su novela Intimidad (Anagrama) la historia de un hombre que ha decidido abandonar a su mujer y a sus hijos porque el amor simplemente se le ha acabado y ha empezado a dejar paso al odio. Una reflexión que invitaba a pensar si realmente eso es lo que pasa en todos los casos o si el amor, como todo, es relativo.

Enamoramiento y amor no es lo mismo

Cuando se habla del final del amor, hay quién habla del final de las mariposas en el estómago. O incluso del final del deseo sexual. Aunque según los expertos, todos esos conceptos no significan exactamente lo mismo.

Así lo aclara la sexóloga Ana García, que insiste en que el fin del enamoramiento no es el fin de los sentimientos de la pareja. «El enamoramiento es solo una de las fases en una relación de pareja; en cambio, el amor es la base», determina la experta.

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De esta forma, acuña que «las mariposas forman parte de la fase del enamoramiento, pero son pura química provocada por los estrógenos, testosterona y el aumento de la adrenalina que segrega el cerebro». Sin embargo, en toda relación sana, esos desniveles químicos vuelven a su estado normal para que podamos sobrevivir, para empezar.

Lo que ocurre es que «si a lo largo de esta fase de enamoramiento se ha producido cariño, un fuerte lazo afectivo y apego, la relación de pareja continúa y se pasa a la siguiente fase, en la que el amor pasa a ser lo más importante en esta relación».

¿Por qué se muere el amor?

Rutina, estrés, familia política, hijos, diferentes formas de evolucionar, falta de comunicación, distancia, infidelidad. Está claro que la lista de motivos por los que una relación se deteriora puede ser larga y que depende, sobre todo, de la perspectiva de quien la redacte.

Pero pese a todo ello, la sexóloga insiste en que no se trata de que los sentimientos se mueran, sino que tal y como hacen las personas, cambian y evolucionan. «En cada fase sientes emociones distintas; cada una va aportando más a la pareja para que continúe, y el amor es lo que debe estar siempre presente».

Si bien está claro que las emociones cambian, parte del problema radica en que no nos han educado para gestionar ese cambio. Quizás porque se sigue idealizando la idea de amor romántico, que todo lo puede, y que todo debe ser felicidad sin conflicto. Quizás porque se idealice a las personas o porque en un mundo de comida rápida, de objetos de usar y tirar, se piensa que la pareja también tiene recambio.

La cuestión, según Ana García, la falta de habilidades para gestionar ese cambio emocional, es en muchas ocasiones «uno de los motivos por lo que se terminan las relaciones», precisamente porque se tiende a pensar que el amor ha muerto. Así, sin avisar y sin remedio.

Su consejo como experta es que «para que puedan gestionarse bien, es importante que el cambio venga en el mismo momento a ambos miembros de la pareja, ya que de esta forma pueden ser empáticos y entenderse. Una buena comunicación a tiempo, capacidad de sacrificio, de compromiso, de trabajo, entre otros, son imprescindibles para poder gestionar el cambio».

Desde otra perspectiva, la también sexóloga María Esclapez insiste en que las emociones no mueren, solo cambian, pero lejos de desaparecer se quedan en nuestra memoria.

«Las emociones van asociadas a unas vivencias que se terminan convirtiendo en recuerdos con el paso del tiempo. El pasado y los recuerdos no mueren ni desaparecen, se guardan en la memoria a largo plazo y van modificando, con los años, la intensidad de las emociones que los acompañan», apunta Esclapez.

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Inteligencia sexual

En ese «se nos acabó el amor de tanto usarlo», lo que va implícito es que a veces el sexo es un factor clave para hablar de deterioro de una relación de pareja.

Sobre esta idea, Ana García añade que «la atracción sexual forma parte de la primera fase del enamoramiento. Pero como en el caso de las mariposas, puede volver a surgir, quizás no como en la primera etapa», aunque hay casos en los que sí. Como todo en la vida, la clave está en entender que nada es gratis ni regalado y que hay que trabajarlo. «Querer es poder. Es cuestión de ganas, paciencia, trabajo y esperanza».

Además, María Esclapez recupera el término de inteligencia sexual, que es además el nombre de su primer libro, para explicar que parte de la pérdida del deseo y del desinterés sexual radican en la gestión que hacemos de nuestra idea de la sexualidad.

De esta forma propone «poner sintonía entre mente, emociones y conducta», es decir «poner armonía entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces». Lo que pasa por derribar falsos mitos, trabajar la autoestima, perder el miedo a fallar e intentar dejarse llevar «en pareja, pero también a solas». Todas estas propuesta son solo aplicables a la sexualidad, sino también a la forma de vivenciar la vida en pareja.

La experta reflexiona que a la hora de pensar si ese sentimiento morirá o no, quizás lo mejor sea simplemente no pensarlo demasiado. «¿Por qué tengo que evitar sentir algo por el miedo a sentirlo? Tenemos miedo a los finales que no son como los de Hollywood, lo que no sabemos es que el miedo es el principio del fin. No hay nada peor que anticipar o prever emociones».

En los tiempos del poliamor y de los swingers, alrededor de 170.000 personas se casan al año en España. No solo eso, en 2016 un 22% de las parejas que se casaron lo hicieron por el rito de la iglesia católica. Incluso, en provincias como Jaén, lo hicieron un 53%.

La pregunta es: ¿realmente se comprometieron a estar juntos, tal y como dicta la tradición, hasta que la muerte los separe? Parece que muchos no. Ya que según estadísticas europeas, la tasa de divorcio en España se ha duplicado en los últimos diez años. Porque aunque la vida siga, parece que lo que sí muere de forma más temprana es el amor.

Hace ya unos años, el escritor paquistaní Hanif Kureishi escribía en su novela Intimidad (Anagrama) la historia de un hombre que ha decidido abandonar a su mujer y a sus hijos porque el amor simplemente se le ha acabado y ha empezado a dejar paso al odio. Una reflexión que invitaba a pensar si realmente eso es lo que pasa en todos los casos o si el amor, como todo, es relativo.

Enamoramiento y amor no es lo mismo

Cuando se habla del final del amor, hay quién habla del final de las mariposas en el estómago. O incluso del final del deseo sexual. Aunque según los expertos, todos esos conceptos no significan exactamente lo mismo.

Así lo aclara la sexóloga Ana García, que insiste en que el fin del enamoramiento no es el fin de los sentimientos de la pareja. «El enamoramiento es solo una de las fases en una relación de pareja; en cambio, el amor es la base», determina la experta.

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De esta forma, acuña que «las mariposas forman parte de la fase del enamoramiento, pero son pura química provocada por los estrógenos, testosterona y el aumento de la adrenalina que segrega el cerebro». Sin embargo, en toda relación sana, esos desniveles químicos vuelven a su estado normal para que podamos sobrevivir, para empezar.

Lo que ocurre es que «si a lo largo de esta fase de enamoramiento se ha producido cariño, un fuerte lazo afectivo y apego, la relación de pareja continúa y se pasa a la siguiente fase, en la que el amor pasa a ser lo más importante en esta relación».

¿Por qué se muere el amor?

Rutina, estrés, familia política, hijos, diferentes formas de evolucionar, falta de comunicación, distancia, infidelidad. Está claro que la lista de motivos por los que una relación se deteriora puede ser larga y que depende, sobre todo, de la perspectiva de quien la redacte.

Pero pese a todo ello, la sexóloga insiste en que no se trata de que los sentimientos se mueran, sino que tal y como hacen las personas, cambian y evolucionan. «En cada fase sientes emociones distintas; cada una va aportando más a la pareja para que continúe, y el amor es lo que debe estar siempre presente».

Si bien está claro que las emociones cambian, parte del problema radica en que no nos han educado para gestionar ese cambio. Quizás porque se sigue idealizando la idea de amor romántico, que todo lo puede, y que todo debe ser felicidad sin conflicto. Quizás porque se idealice a las personas o porque en un mundo de comida rápida, de objetos de usar y tirar, se piensa que la pareja también tiene recambio.

La cuestión, según Ana García, la falta de habilidades para gestionar ese cambio emocional, es en muchas ocasiones «uno de los motivos por lo que se terminan las relaciones», precisamente porque se tiende a pensar que el amor ha muerto. Así, sin avisar y sin remedio.

Su consejo como experta es que «para que puedan gestionarse bien, es importante que el cambio venga en el mismo momento a ambos miembros de la pareja, ya que de esta forma pueden ser empáticos y entenderse. Una buena comunicación a tiempo, capacidad de sacrificio, de compromiso, de trabajo, entre otros, son imprescindibles para poder gestionar el cambio».

Desde otra perspectiva, la también sexóloga María Esclapez insiste en que las emociones no mueren, solo cambian, pero lejos de desaparecer se quedan en nuestra memoria.

«Las emociones van asociadas a unas vivencias que se terminan convirtiendo en recuerdos con el paso del tiempo. El pasado y los recuerdos no mueren ni desaparecen, se guardan en la memoria a largo plazo y van modificando, con los años, la intensidad de las emociones que los acompañan», apunta Esclapez.

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Inteligencia sexual

En ese «se nos acabó el amor de tanto usarlo», lo que va implícito es que a veces el sexo es un factor clave para hablar de deterioro de una relación de pareja.

Sobre esta idea, Ana García añade que «la atracción sexual forma parte de la primera fase del enamoramiento. Pero como en el caso de las mariposas, puede volver a surgir, quizás no como en la primera etapa», aunque hay casos en los que sí. Como todo en la vida, la clave está en entender que nada es gratis ni regalado y que hay que trabajarlo. «Querer es poder. Es cuestión de ganas, paciencia, trabajo y esperanza».

Además, María Esclapez recupera el término de inteligencia sexual, que es además el nombre de su primer libro, para explicar que parte de la pérdida del deseo y del desinterés sexual radican en la gestión que hacemos de nuestra idea de la sexualidad.

De esta forma propone «poner sintonía entre mente, emociones y conducta», es decir «poner armonía entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces». Lo que pasa por derribar falsos mitos, trabajar la autoestima, perder el miedo a fallar e intentar dejarse llevar «en pareja, pero también a solas». Todas estas propuesta son solo aplicables a la sexualidad, sino también a la forma de vivenciar la vida en pareja.

La experta reflexiona que a la hora de pensar si ese sentimiento morirá o no, quizás lo mejor sea simplemente no pensarlo demasiado. «¿Por qué tengo que evitar sentir algo por el miedo a sentirlo? Tenemos miedo a los finales que no son como los de Hollywood, lo que no sabemos es que el miedo es el principio del fin. No hay nada peor que anticipar o prever emociones».

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Opiniones 3
  • interesante, pero el concepto de «inteligencia sexual» al igual que inteligencia emocional no existe a nivel cientifico, ya que la inteligencia es la capacidad de asociar ideas y no hay diferentes tipos, los demas son habilidades.

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