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11 de febrero 2016    /   DIGITAL
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Uno de cada tres niños en EEUU tiene presencia en internet incluso antes de nacer

11 de febrero 2016    /   DIGITAL     por          
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Ya en el año 2012, un niño nacía a efectos digitales a los seis meses de edad. Esa media se ha ido reduciendo, y accedemos a la red a edades cada vez más tempranas. Según BabyCenter, uno de cada tres niños nacidos en Estados Unidos ya está en internet incluso antes de haber nacido. Es común ver ecografías de nasciturus de nuestros contactos en Facebook u otras redes sociales.

En España, otras fuentes arrojan datos igualmente inquietantes, como que el 12% de los niños pequeños tiene correo electrónico.

Los llamados nativos digitales son, literalmente, nativos: se gestan entre ceros tanto o más que biológicamente, en el interior del claustro materno. E incluso fuera de él. Ya hay empresas, como la japonesa Fasotec Company Ltd., que elabora un feto en 3D del no nacido para imprimirlo y enviarlo a casa del solicitante.

Por algo más de mil euros, todos los padres pueden tener ya a su hijo de pocos meses esculpido en resina gracias a la transformación en bits de las impresoras 3D. Preparados para sesiones de fotos familiares, junto al perro, de vacaciones, en Navidad. Todos posando, sonrientes, con el feto en 3D etiquetado convenientemente en Instagram.

Internet infantil

Facebook rebajó la edad mínima de acceso a mayores de trece años, porque considera que este grupo demográfico situado en la preadolescencia posee un enorme poder en el consumo de sus padres, e incluso, en algunos casos, disponen sus propias tarjetas de crédito. Pero el propio Facebook admite que no puede evitar que niños menores de trece años también se abran un perfil: falsean su edad incluso con el consentimiento de sus padres.

El negocio freemium de las apps, sobre todo videojuegos, es cada vez más pujante en franjas de edades más tempranas. En algunos casos, la situación se puede ir de las manos, como un niño de cinco años que gastó 1.700 libras descargando un juego llamado Zombies v Ninja para iPad.

El LinkedIn para niños

Incluso redes sociales orientadas al mundo adulto, como la red de contactos laborales LinkedIn, anunció en agosto de 2013 que también los menores de edad (a partir de 13 años) podían abrirse un perfil:

Los alumnos listos y ambiciosos ya están pensando en su porvenir cuando ponen los pies por primera vez en los institutos de secundaria: a qué universidad querrán ir, qué carrera les gustaría estudiar, dónde quieren vivir y trabajar. Queremos animar a estos alumnos a aprovechar las ideas y los contactos de millones de profesionales de éxito que se dan cita en LinkedIn, para que puedan tomar sus decisiones considerando todos los factores y empezar así sus carreras profesionales con buen pie.

La iniciativa fue recibida por un aluvión de críticas, como la firmada en The Telegraph por Jack Rivlin, que literalmente opinaba que se habían cargado la infancia. La infancia y pubertad debería ser una época turbulenta de juegos y descubrimientos, de aprendizaje y sueños sin límites, y no un porvenir orientado hacia un mundo laboral adulto. Tyler Durden no dudaría en volar por los aires la sede de LinkedIn.

LinkedIn se arredró unos pasos, e incorporó la opción de añadir aptitudes como saltar a la comba o colorear dibujos, habilidades intrínsecamente más infantiles. También ha tomado medidas extraordinarias para proteger la intimidad de los menores de edad. Pero nos olvidamos de los padres. Esos padres que, si tienen la oportunidad, no dudarán en someter a espartanos entrenamientos a sus vástagos para que se conviertan en estrellas del fútbol, y que, también, no dudarán en alentarles para que en sus perfiles empiecen a forjar una “marca personal” o cualquier otro rasgo que pudiera empujarles al acceso de una universidad de la Ivy League, como Harvard.

En el ensayo Tecnosiniestro, de Thomas P. Keenan, se entrevista al experto en seguridad informática neoyorquino Raj Goel a propósito del aspecto que considera más siniestro en el ámbito de la tecnología.

«Lo que le estamos haciendo a los niños». Goel no sólo tenía en mente la pornografía infantil y los abusos sexuales en la red, sino también la amplísima gama de imágenes de niños que colgamos en internet. Hay toda una economía construida en torno a las fotografías y los datos personales y está trasladándose del mundo empresarial estadounidense a los institutos de secundaria.

Dado el estado actual de las cosas, en el que poner vallas y cancelas resulta un tanto utópico, quizás deberíamos aprovechar esta inclinación de los niños por la red: en un mundo cada vez más conectado y digital, cuanto antes aprendan a navegar por él, mejor, como refleja este estudio de la MacArthur Foundation. ¿Acaso no nos parecería positivo que un niño aprendiera, en el mundo real, a relacionarse con los demás, gestionar su identidad pública y acudir a bibliotecas o centros de recreo?

Ya en el año 2012, un niño nacía a efectos digitales a los seis meses de edad. Esa media se ha ido reduciendo, y accedemos a la red a edades cada vez más tempranas. Según BabyCenter, uno de cada tres niños nacidos en Estados Unidos ya está en internet incluso antes de haber nacido. Es común ver ecografías de nasciturus de nuestros contactos en Facebook u otras redes sociales.

En España, otras fuentes arrojan datos igualmente inquietantes, como que el 12% de los niños pequeños tiene correo electrónico.

Los llamados nativos digitales son, literalmente, nativos: se gestan entre ceros tanto o más que biológicamente, en el interior del claustro materno. E incluso fuera de él. Ya hay empresas, como la japonesa Fasotec Company Ltd., que elabora un feto en 3D del no nacido para imprimirlo y enviarlo a casa del solicitante.

Por algo más de mil euros, todos los padres pueden tener ya a su hijo de pocos meses esculpido en resina gracias a la transformación en bits de las impresoras 3D. Preparados para sesiones de fotos familiares, junto al perro, de vacaciones, en Navidad. Todos posando, sonrientes, con el feto en 3D etiquetado convenientemente en Instagram.

Internet infantil

Facebook rebajó la edad mínima de acceso a mayores de trece años, porque considera que este grupo demográfico situado en la preadolescencia posee un enorme poder en el consumo de sus padres, e incluso, en algunos casos, disponen sus propias tarjetas de crédito. Pero el propio Facebook admite que no puede evitar que niños menores de trece años también se abran un perfil: falsean su edad incluso con el consentimiento de sus padres.

El negocio freemium de las apps, sobre todo videojuegos, es cada vez más pujante en franjas de edades más tempranas. En algunos casos, la situación se puede ir de las manos, como un niño de cinco años que gastó 1.700 libras descargando un juego llamado Zombies v Ninja para iPad.

El LinkedIn para niños

Incluso redes sociales orientadas al mundo adulto, como la red de contactos laborales LinkedIn, anunció en agosto de 2013 que también los menores de edad (a partir de 13 años) podían abrirse un perfil:

Los alumnos listos y ambiciosos ya están pensando en su porvenir cuando ponen los pies por primera vez en los institutos de secundaria: a qué universidad querrán ir, qué carrera les gustaría estudiar, dónde quieren vivir y trabajar. Queremos animar a estos alumnos a aprovechar las ideas y los contactos de millones de profesionales de éxito que se dan cita en LinkedIn, para que puedan tomar sus decisiones considerando todos los factores y empezar así sus carreras profesionales con buen pie.

La iniciativa fue recibida por un aluvión de críticas, como la firmada en The Telegraph por Jack Rivlin, que literalmente opinaba que se habían cargado la infancia. La infancia y pubertad debería ser una época turbulenta de juegos y descubrimientos, de aprendizaje y sueños sin límites, y no un porvenir orientado hacia un mundo laboral adulto. Tyler Durden no dudaría en volar por los aires la sede de LinkedIn.

LinkedIn se arredró unos pasos, e incorporó la opción de añadir aptitudes como saltar a la comba o colorear dibujos, habilidades intrínsecamente más infantiles. También ha tomado medidas extraordinarias para proteger la intimidad de los menores de edad. Pero nos olvidamos de los padres. Esos padres que, si tienen la oportunidad, no dudarán en someter a espartanos entrenamientos a sus vástagos para que se conviertan en estrellas del fútbol, y que, también, no dudarán en alentarles para que en sus perfiles empiecen a forjar una “marca personal” o cualquier otro rasgo que pudiera empujarles al acceso de una universidad de la Ivy League, como Harvard.

En el ensayo Tecnosiniestro, de Thomas P. Keenan, se entrevista al experto en seguridad informática neoyorquino Raj Goel a propósito del aspecto que considera más siniestro en el ámbito de la tecnología.

«Lo que le estamos haciendo a los niños». Goel no sólo tenía en mente la pornografía infantil y los abusos sexuales en la red, sino también la amplísima gama de imágenes de niños que colgamos en internet. Hay toda una economía construida en torno a las fotografías y los datos personales y está trasladándose del mundo empresarial estadounidense a los institutos de secundaria.

Dado el estado actual de las cosas, en el que poner vallas y cancelas resulta un tanto utópico, quizás deberíamos aprovechar esta inclinación de los niños por la red: en un mundo cada vez más conectado y digital, cuanto antes aprendan a navegar por él, mejor, como refleja este estudio de la MacArthur Foundation. ¿Acaso no nos parecería positivo que un niño aprendiera, en el mundo real, a relacionarse con los demás, gestionar su identidad pública y acudir a bibliotecas o centros de recreo?

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