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17 de mayo 2013    /   DIGITAL
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Internet del procomún

17 de mayo 2013    /   DIGITAL     por          
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En el origen fue el aire, el agua y todos los recursos naturales del planeta Tierra. Eso era el procomún (o commons, en el mundo anglosajón). Lo que es de todos y no es de nadie. Lo que se comparte y lo que llega, como dice el periodista y empresario Peter Barnes, como “un regalo”. En este concepto incluyeron después la cultura. El lenguaje, la literatura, el arte, la música, el software, la información… y, también, internet.
Pero esa teoría no se corresponde con la realidad. La infraestructura de internet es hoy privada casi en su totalidad. Está en manos de unas pocas compañías, en todo el mundo, y eso supone que la mayor parte de los ciudadanos, empresas y administraciones pagan a un operador por el uso de sus instalaciones. En internet dominan los usos privativos. En el acceso, en el hardware, en el software…
Pero no todos se conforman. Existen comunidades que piensan, como Ramón Roca, que “las líneas deberían ser nuestras, del commons”. Este tecnólogo pensó, hace más de diez años, que había que construir una “red del procomún porque internet no es propiedad de los operadores”.
Roca y una docena de personas se juntaron en 2003 para crear la infraestructura necesaria que llevaría internet a su localidad, Gurb (Barcelona). Utilizaron tecnología de radio (sin hilos) y, después, incorporaron la fibra óptica para construir una red de telecomunicaciones “abierta, libre y neutral”.
Es “abierta”, según guifi.net, porque los datos de configuración de la red son públicos. Cualquier persona puede consultar la información en esta web y puede mejorarla, ayudar a mantenerla o ampliarla.
Es “libre” porque nadie puede imponer restricciones. Una operadora puede limitar la velocidad y las prestaciones en función del precio que pague el usuario, pero en esta red no se limita el ancho de banda ni ninguna capacidad de la misma.
Es “neutral”, de acuerdo con la fundación, porque por esta red “puede circular cualquier contenido” y, además, es legal. guifi.net está registrada en la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) como operador de redes de telecomunicación disponibles al público general. “Este derecho es igual de legítimo para un particular que para Telefónica. Basta con registrar el nodo como integrante de la red procomún, un trámite que se hace rellenando unos simples formularios en una web”, apunta Roca.
En un principio se habló de Guifinet como un internet ‘alternativo’ y ‘gratuito’. Pero no es ni lo uno ni lo otro, según el barcelonés. No es alternativo porque, al final, es exactamente el mismo que va por las redes de las operadoras y no es gratuito porque tiene un coste de instalación y mantenimiento. “El uso es gratuito pero hay que pagar los aparatos para conectarse”.
Instalar internet a través de fibra óptica puede valer unos 1.000€ y, con antena, unos 200€, de acuerdo con el responsable de guifi.net. El mantenimiento se realiza de modo voluntario o profesional. Hay quienes optan por invertir en reparaciones solo en caso de incidencias y hay comunidades que establecen una cuota de unos 10€ al mes para pagar a un equipo técnico que se encarga del buen funcionamiento de las líneas.
Roca destaca que no se trata de una iniciativa pública. “Nació desde el interés ciudadano y, por tanto, es un proyecto privado, pero construimos una infraestructura que va a ser pública. Nos da igual si el titular es público o privado. Lo que nos interesa es que sea algo que después puedan disfrutar todos”, indica.
Uno más en Guifi.net

La red va creciendo mediante las obras que hace cada nuevo miembro. Las personas o comunidades que deciden unirse a guifi.net se encargan de comprar los materiales y estudiar la miniguía en la que esta fundación sin ánimo de lucro explica cómo se construye la red que llevará internet desde un PoPIX (punto de conexión con el resto de la Web) hasta su casa. “Buscamos una internet pública, como la de una biblioteca, para ubicar servidores y gestionar la red. En esos servidores instalamos software libre”.

Para que la red aumente es imprescindible que haya “una disciplina en la documentación para la creación de una nueva IP. Los nuevos miembros tienen que firmar que participarán en esta red de comunes y completar la documentación correctamente para facilitar el trabajo de otras personas cuando quieran unirse”, explica Roca.
La Guía de los tres pasos que publican en su web explica cómo unirse a guifi.net y muestra qué vecinos hay ya conectados para que el nuevo miembro forme parte de la red. “Es la filosofía Do It Yourself (Hazlo tú mismo). No hay que dar el pescado. Hay que enseñar a pescar. Eso es lo que nos permite crecer. Las personas tienen que ser emprendedoras”, indica.
Pero el arquitecto de tecnología es consciente de que hacer esto puede resultar muy complicado a una persona que no esté familiarizada con la tecnología. Por eso, uno de los objetivos de esta fundación es formar a instaladores y técnicos encargados del mantenimiento de las líneas. “Movilizamos al usuario (campesinos, abuelitas…) pero queremos activar a los electricistas, antenistas y técnicos porque están perfectamente capacitados para instalar una red”, expone Roca. “Además, ahora que las cosas están difíciles, es una buena salida profesional”.
Zonas rurales
En la actualidad hay más de 20.400 nodos (puntos de conexión) en España y más de 40.000 kilómetros de red. Unos 15.000 están en Cataluña y el resto se encuentran en Levante, el norte del país, Madrid y Andalucía. La red partió de Gurb y mediante “un trabajo de hormiguitas”, como lo denomina Roca, se ha ido extendiendo mayoritariamente por zonas rurales.
Hay miles de hogares, empresas y administraciones de localidades con menos de 5.000 habitantes que utilizan Guifi.net. En estos pueblos la receptividad es muy alta. En otras localidades no resulta tan fácil. “Ahí chocamos con intereses políticos y empresariales”, especifica Roca. La Unión Europea, en cambio, les apoya. “A Bruselas le encanta el proyecto. En España permite que internet llegue a lugares donde las redes privativas no van y, además, está creando empleo”.
Fibra óptica
La Agenda Digital Europea (DA2020) plantea como objetivo que en 2020 el 100% de la población de sus países miembros esté conectada a internet mediante fibra óptica, 5G y tecnologías equivalentes. “Nosotros nos adherimos a este reto que estableció la UE para no perder competitividad respecto a Asia. En España, hoy en día, menos del 5% tiene redes de nueva generación. Los operadores privados seguramente no tienen mucho interés en cambiar toda la infraestructura para mejorar su servicio y bajar precios, pero nosotros podemos hacerlo porque somos los que decidimos qué tecnología queremos usar y cuándo queremos cambiarla por otra más avanzada”.
Roca señala que internet a través de guifi.net resulta “muy competitivo”. El tecnólogo lo equipara con el proyecto piloto de fibra óptica que Google ha lanzado en Austin (EE UU). Los dos utilizan la misma tecnología, y ofrecen un gigabit de bajada y subida simétricas. Pero en experiencia y precio gana guifi.net. “Google ofrece un gigabit por 70 dólares (unos 54 euros) al mes. En esta red de comunes, por unos 20 euros (de mantenimiento), tienes la misma velocidad”. Y así es como, lentamente y sin hacer ruido, crece en el mundo una internet de los comunes.

En el origen fue el aire, el agua y todos los recursos naturales del planeta Tierra. Eso era el procomún (o commons, en el mundo anglosajón). Lo que es de todos y no es de nadie. Lo que se comparte y lo que llega, como dice el periodista y empresario Peter Barnes, como “un regalo”. En este concepto incluyeron después la cultura. El lenguaje, la literatura, el arte, la música, el software, la información… y, también, internet.
Pero esa teoría no se corresponde con la realidad. La infraestructura de internet es hoy privada casi en su totalidad. Está en manos de unas pocas compañías, en todo el mundo, y eso supone que la mayor parte de los ciudadanos, empresas y administraciones pagan a un operador por el uso de sus instalaciones. En internet dominan los usos privativos. En el acceso, en el hardware, en el software…
Pero no todos se conforman. Existen comunidades que piensan, como Ramón Roca, que “las líneas deberían ser nuestras, del commons”. Este tecnólogo pensó, hace más de diez años, que había que construir una “red del procomún porque internet no es propiedad de los operadores”.
Roca y una docena de personas se juntaron en 2003 para crear la infraestructura necesaria que llevaría internet a su localidad, Gurb (Barcelona). Utilizaron tecnología de radio (sin hilos) y, después, incorporaron la fibra óptica para construir una red de telecomunicaciones “abierta, libre y neutral”.
Es “abierta”, según guifi.net, porque los datos de configuración de la red son públicos. Cualquier persona puede consultar la información en esta web y puede mejorarla, ayudar a mantenerla o ampliarla.
Es “libre” porque nadie puede imponer restricciones. Una operadora puede limitar la velocidad y las prestaciones en función del precio que pague el usuario, pero en esta red no se limita el ancho de banda ni ninguna capacidad de la misma.
Es “neutral”, de acuerdo con la fundación, porque por esta red “puede circular cualquier contenido” y, además, es legal. guifi.net está registrada en la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) como operador de redes de telecomunicación disponibles al público general. “Este derecho es igual de legítimo para un particular que para Telefónica. Basta con registrar el nodo como integrante de la red procomún, un trámite que se hace rellenando unos simples formularios en una web”, apunta Roca.
En un principio se habló de Guifinet como un internet ‘alternativo’ y ‘gratuito’. Pero no es ni lo uno ni lo otro, según el barcelonés. No es alternativo porque, al final, es exactamente el mismo que va por las redes de las operadoras y no es gratuito porque tiene un coste de instalación y mantenimiento. “El uso es gratuito pero hay que pagar los aparatos para conectarse”.
Instalar internet a través de fibra óptica puede valer unos 1.000€ y, con antena, unos 200€, de acuerdo con el responsable de guifi.net. El mantenimiento se realiza de modo voluntario o profesional. Hay quienes optan por invertir en reparaciones solo en caso de incidencias y hay comunidades que establecen una cuota de unos 10€ al mes para pagar a un equipo técnico que se encarga del buen funcionamiento de las líneas.
Roca destaca que no se trata de una iniciativa pública. “Nació desde el interés ciudadano y, por tanto, es un proyecto privado, pero construimos una infraestructura que va a ser pública. Nos da igual si el titular es público o privado. Lo que nos interesa es que sea algo que después puedan disfrutar todos”, indica.
Uno más en Guifi.net

La red va creciendo mediante las obras que hace cada nuevo miembro. Las personas o comunidades que deciden unirse a guifi.net se encargan de comprar los materiales y estudiar la miniguía en la que esta fundación sin ánimo de lucro explica cómo se construye la red que llevará internet desde un PoPIX (punto de conexión con el resto de la Web) hasta su casa. “Buscamos una internet pública, como la de una biblioteca, para ubicar servidores y gestionar la red. En esos servidores instalamos software libre”.

Para que la red aumente es imprescindible que haya “una disciplina en la documentación para la creación de una nueva IP. Los nuevos miembros tienen que firmar que participarán en esta red de comunes y completar la documentación correctamente para facilitar el trabajo de otras personas cuando quieran unirse”, explica Roca.
La Guía de los tres pasos que publican en su web explica cómo unirse a guifi.net y muestra qué vecinos hay ya conectados para que el nuevo miembro forme parte de la red. “Es la filosofía Do It Yourself (Hazlo tú mismo). No hay que dar el pescado. Hay que enseñar a pescar. Eso es lo que nos permite crecer. Las personas tienen que ser emprendedoras”, indica.
Pero el arquitecto de tecnología es consciente de que hacer esto puede resultar muy complicado a una persona que no esté familiarizada con la tecnología. Por eso, uno de los objetivos de esta fundación es formar a instaladores y técnicos encargados del mantenimiento de las líneas. “Movilizamos al usuario (campesinos, abuelitas…) pero queremos activar a los electricistas, antenistas y técnicos porque están perfectamente capacitados para instalar una red”, expone Roca. “Además, ahora que las cosas están difíciles, es una buena salida profesional”.
Zonas rurales
En la actualidad hay más de 20.400 nodos (puntos de conexión) en España y más de 40.000 kilómetros de red. Unos 15.000 están en Cataluña y el resto se encuentran en Levante, el norte del país, Madrid y Andalucía. La red partió de Gurb y mediante “un trabajo de hormiguitas”, como lo denomina Roca, se ha ido extendiendo mayoritariamente por zonas rurales.
Hay miles de hogares, empresas y administraciones de localidades con menos de 5.000 habitantes que utilizan Guifi.net. En estos pueblos la receptividad es muy alta. En otras localidades no resulta tan fácil. “Ahí chocamos con intereses políticos y empresariales”, especifica Roca. La Unión Europea, en cambio, les apoya. “A Bruselas le encanta el proyecto. En España permite que internet llegue a lugares donde las redes privativas no van y, además, está creando empleo”.
Fibra óptica
La Agenda Digital Europea (DA2020) plantea como objetivo que en 2020 el 100% de la población de sus países miembros esté conectada a internet mediante fibra óptica, 5G y tecnologías equivalentes. “Nosotros nos adherimos a este reto que estableció la UE para no perder competitividad respecto a Asia. En España, hoy en día, menos del 5% tiene redes de nueva generación. Los operadores privados seguramente no tienen mucho interés en cambiar toda la infraestructura para mejorar su servicio y bajar precios, pero nosotros podemos hacerlo porque somos los que decidimos qué tecnología queremos usar y cuándo queremos cambiarla por otra más avanzada”.
Roca señala que internet a través de guifi.net resulta “muy competitivo”. El tecnólogo lo equipara con el proyecto piloto de fibra óptica que Google ha lanzado en Austin (EE UU). Los dos utilizan la misma tecnología, y ofrecen un gigabit de bajada y subida simétricas. Pero en experiencia y precio gana guifi.net. “Google ofrece un gigabit por 70 dólares (unos 54 euros) al mes. En esta red de comunes, por unos 20 euros (de mantenimiento), tienes la misma velocidad”. Y así es como, lentamente y sin hacer ruido, crece en el mundo una internet de los comunes.

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