Publicado: 02 de noviembre 2023 09:43  /   Logo School
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Relatos ortográficos: ¿Las interrupciones sonoras del discurso te hacen mejor orador?

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interrupciones sonoras del discurso

No había evento del que decía ser su país natal que se preciara que no contara en su panel de conferenciantes con Míster Jones. A su más que agradable presencia, con ese porte y elegancia que solo los dandis son capaces de tener y de exhibir, se le unían una exquisita educación y un físico que apabullaba.

La voz también acompañaba a tan buena presencia. La de Míster Jones tenía una templanza serena, con ciertos tonos graves, que transmitía calma y confianza. Lo cierto es que era un comunicador nato. Razón de más para que acabara siendo invitado a una mesa redonda sobre nuevas corrientes en la cría de renacuajos en una ciudad española.

Llegado el día, tras las presentaciones de rigor, Míster Jones tomó la palabra. Pero aquel verbo fluido, aquel discurso seguro que tanta fama le había dado, empezó a ser titubeante, cargado de «mmmm» a troche y moche y de pesadísimos «estoooo» y «eeehhh».

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Ante el estupor de cierto sector del público, un atrevido asistente visiblemente incomodado por el estilo oratorio de Míster Jones alzó la voz para espetar al ponente: «¡Por Dios, Paco!, ¿quieres arrancar de una vez? ¡Que eres de Albacete y lo de míster te lo pusieron en las becerradas de tu pueblo porque pa cojones los tuyos!».

Entre las cosas placenteras que uno puede encontrarse cuando acude a una conferencia está el buen hacer del orador. Y es muy probable que escuchar a un ponente titubear y recurrir a esas interrupciones sonoras del discurso que emplea Míster Jones no se considere una virtud en según qué culturas.

Así, mientras que en el mundo anglosajón el estilo del protagonista se considera algo positivo porque implica una actitud reflexiva ante lo que se va a decir y cómo se va a decir, en la cultura hispana se ve como propio de un registro informal, y esas interrupciones dan la impresión de que quien habla lo hace con inseguridad y falta de planificación.

Pero no siempre es negativo recurrir a esas interrupciones sonoras del discurso. En su justa medida, pueden ayudar al orador a controlar y formular mejor su mensaje, le permiten evitar el uso de las molestas muletillas y expresiones de relleno y mantiene la atención del receptor, creando cierta intriga al pensar que lo que va a decir a continuación es relevante.

Cuestión de gustos, y sobre eso, ya lo sabes, no hay nada escrito.

No había evento del que decía ser su país natal que se preciara que no contara en su panel de conferenciantes con Míster Jones. A su más que agradable presencia, con ese porte y elegancia que solo los dandis son capaces de tener y de exhibir, se le unían una exquisita educación y un físico que apabullaba.

La voz también acompañaba a tan buena presencia. La de Míster Jones tenía una templanza serena, con ciertos tonos graves, que transmitía calma y confianza. Lo cierto es que era un comunicador nato. Razón de más para que acabara siendo invitado a una mesa redonda sobre nuevas corrientes en la cría de renacuajos en una ciudad española.

Llegado el día, tras las presentaciones de rigor, Míster Jones tomó la palabra. Pero aquel verbo fluido, aquel discurso seguro que tanta fama le había dado, empezó a ser titubeante, cargado de «mmmm» a troche y moche y de pesadísimos «estoooo» y «eeehhh».

Ante el estupor de cierto sector del público, un atrevido asistente visiblemente incomodado por el estilo oratorio de Míster Jones alzó la voz para espetar al ponente: «¡Por Dios, Paco!, ¿quieres arrancar de una vez? ¡Que eres de Albacete y lo de míster te lo pusieron en las becerradas de tu pueblo porque pa cojones los tuyos!».

Entre las cosas placenteras que uno puede encontrarse cuando acude a una conferencia está el buen hacer del orador. Y es muy probable que escuchar a un ponente titubear y recurrir a esas interrupciones sonoras del discurso que emplea Míster Jones no se considere una virtud en según qué culturas.

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Así, mientras que en el mundo anglosajón el estilo del protagonista se considera algo positivo porque implica una actitud reflexiva ante lo que se va a decir y cómo se va a decir, en la cultura hispana se ve como propio de un registro informal, y esas interrupciones dan la impresión de que quien habla lo hace con inseguridad y falta de planificación.

Pero no siempre es negativo recurrir a esas interrupciones sonoras del discurso. En su justa medida, pueden ayudar al orador a controlar y formular mejor su mensaje, le permiten evitar el uso de las molestas muletillas y expresiones de relleno y mantiene la atención del receptor, creando cierta intriga al pensar que lo que va a decir a continuación es relevante.

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