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20 de diciembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO
por
ilustracion  Carlos Llorente

Cómo cazar fantasmas en el siglo XXI

20 de diciembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por        ilustracion  Carlos Llorente
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La tecnología llegó al mundo de lo paranormal de golpe en los años 80, al menos en el imaginario colectivo. Se pasó de la güija, los péndulos y las mesas camilla que de pronto empezaban a temblar a equipos de protones, medidores PKE y monos de trabajo con un logo en la espalda que se hizo omnipresente en disfraces de todo el mundo. Los cazafantasmas actualizaron de golpe las imágenes asociadas con el mundo del contacto con los espíritus, pero era una obra de ficción.

¿Qué pasaba, y pasa, mientras en el campo de la investigación paranormal real?

«Decidimos colocar en esta posición el dispositivo de red láser, que detectará perturbaciones que se puedan producir al irrumpir algo externo dentro de los puntos verdes», dice una voz en off en uno de los vídeos de presentación de Grupo Zero Investigación. En pantalla, un asilo abandonado, de noche, y los miembros del equipo colocando una cámara con trípode al pie de unas escaleras.

A continuación, tras dejar una cámara de infrarrojos en una estancia con restos de camas, suben al ático. «Cómo no, abrimos la investigación con una sesión de P-SB7». Con un pequeño dispositivo que parece una radio portátil en la mano, uno de los investigadores pregunta «¿hay alguien aquí?». Se escucha un ruido blanco con alguna interferencia. «Dinos, por favor, tu nombre». Ruido blanco de nuevo. Nos subtitulan la interferencia: «no entender». No es una interferencia; es un espíritu.

El vídeo dura casi una hora y no es una excepción ni en YouTube ni en España, donde según la última encuesta del CIS sobre el tema, en 2008 el 20,2% de los españoles creían en fantasmas: hay muchísimos grupos de aficionados a la investigación paranormal que suben sus misiones a la red de vídeos y logran varias decenas de miles de reproducciones. El primer paso suele ser el mismo: inspeccionar el lugar, siempre de noche, y desplegar el equipo tecnológico.

Desde Grupo Zero explican que para ellos el gadget básico es el P-SB7 que se ve en el vídeo, una radio modificada que «escanea frecuencias a distintas velocidades sin detenerse en ninguna». El dispositivo produce un ruido blanco por el cual «se generan voces, popularmente atribuidas a personas fallecidas, que responden y con las que se puede intentar tener una comunicación en directo».

Tecnología paranormal: detección, registro y comunicación

Además de la P-SB7, que pertenece a la categoría de las llamadas spirit o ghost boxes (cajas de espíritus o fantasmas), los investigadores paranormales –prefieren ese nombre al de cazafantasmas, ya que cazar nunca es el objetivo y además, apuntan siempre, es peligroso– suelen apoyarse en medidores de campos electromagnéticos, termómetros digitales, cámaras térmicas, grabadoras digitales o detectores de infrarrojos.

Todos estos aparatos ayudan de tres formas. En primer lugar, detectan perturbaciones (en campos magnéticos, bajadas súbitas de temperaturas, etc.) que se leen normalmente y sobre todo si se producen cuando se le ha pedido al espíritu que haga algo como prueba de que hay alguna presencia paranormal en el espacio. Las cajas de espíritus y esos detectores ayudan a la comunicación.

Las cámaras y grabadoras registran, por un lado, la experiencia; por otro, sonidos o movimientos que se no se percibieron in situ, pero que se escuchan o ven después al reproducir lo grabado.

«Lo que medimos –explican desde la Asociación Cultural Grupo de Investigaciones Paranormales Andaluza (Grupo IPA)– es que dichos dispositivos se activen mediante pregunta/respuesta». Es decir, que si por ejemplo se está usando un detector de infrarrojos, este «active el volumétrico» cuando se le haga una pregunta al espíritu, que se produzca un pico.

Detectar actividad paranormal no es la función primaria de la mayoría de los dispositivos utilizados, pero una búsqueda en Amazon de medidores de campos electromagnéticos, especialmente algunos modelos específicos, deja claro que una parte importante de los compradores no los van a utilizar para ver cuántas ondas electromagnéticas emite su nevera.

«Detecta algo más que campos electromagnéticos», opina uno de los compradores del K-II EMF Meter, uno de los productos estrella, que sí se publicita como herramienta para lo paranormal. Es un dispositivo básico para principiantes en el mundo del misterio.

«Ghost hunting for dummies», asegura una opinión en inglés. Las malas críticas se quejan un poco de todo: desde que es publicidad falsa porque los fantasmas no existen hasta que no funciona porque el usuario tenía un fantasma justo delante y lo estaba viendo con la cámara, pero el EMF no se movió.

El error como base

Colin Dickey, escritor especializado en el mundo de los fantasmas y lo paranormal, cuenta en un artículo en The Atlantic que lo que tienen en común los gadgets que se utilizan para estas actividades es que, por lo general, no funcionan muy bien. Medidores de campos electromagnéticos que se disparan donde no hay nada, cámaras de visión nocturna que dan imágenes borrosas, ruidos blancos con sonidos extraños… Interpretar el error y la falta de nitidez como presencia paranormal es fácil.

Un ejemplo reciente de nuevas tecnologías aplicadas a la búsqueda de fantasmas es el Kinect de Microsoft. El periférico de la consola Xbox 360 detecta a las personas que se colocan delante, permitiéndoles jugar de pie (de hecho, sentados no funciona bien) y sin necesidad de usar un mando. Pero resulta que a veces la cámara detecta personas de más.

YouTube está lleno de vídeos en los que se muestran estos fantasmitas extra captados por Kinect, que los muestra (y a las personas) con palotes que forman como un esqueleto. Los fantasmas suelen ser pequeños y mover sus bracitos y piernecitas todo el rato, como diciendo «mírame, mírame». También suelen estar delante de algún objeto, como el brazo de un sillón, un cojín o las patas de una mesa.

¿Ha desarrollado Microsoft sin querer –o queriendo, no se puede descartar nada– un detector avanzado de fantasmas? ¿O es todo, como defenderán los más escépticos y usuarios habituales de tecnología, el clásico error de un software y hardware que confunde objetos y sombras con personas?

Kenny Biddle, periodista dedicado a analizar científicamente (y desmontar) mitos y costumbres de la comunidad paranormal, apunta en un informe en CSI (Committee for Skeptical Inquiry) tres razones para los fantasmas del Kinect: el fallo tecnológico, el fallo de usuario y la facilidad de los investigadores del misterio para aceptar cualquier cosa extraña que no comprenden como prueba de presencia paranormal.

Si leyeran las instrucciones de Kinect, dice, sabrían que Microsoft explica que hay que usarlo en espacios libres de objetos. Si no hay nada, ni objetos ni sombras extrañas, no hay fantasmas.

El atractivo del misterio

En la nueva versión de Cazafantasmas lanzada en 2016, el equipo interpretado por Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones no ha actualizado demasiado la tecnología clásica de la película de 1984. Fuera de la ficción, los avances tecnológicos más recientes también parecen esquivar lo paranormal.

Los investigadores paranormales victorianos (espiritistas, entonces) no tenían grabadoras ni cámaras, pero sí los de los años 80 y 90. En los últimos veinte años no se ha avanzado demasiado. Tanto desde Grupo Zero como desde IPA apuntan que la tecnología sigue siendo insuficiente. Los últimos, de hecho, admiten que lo único infalible para ellos es lo que registra una grabadora. El resto de variaciones y cosas extrañas detectadas pueden tener cualquier otra explicación.

«Gracias al avance de la tecnología se dispone de un material diferente al usado años atrás, pero no por ello hay más facilidad para registrar algún fenómeno», explican, añadiendo que en muchos casos son incluso más fiables y objetivos los métodos clásicos: «péndulos, cascabeles, polvos de talco y grabadoras analógicas».

Escépticos, creyentes, investigadores y gente que juega. El mundo paranormal gira en torno a esos polos, con personas que se lo toman en serio frente a una comunidad científica que no cree ni que sea necesario aclarar que todo eso son patrañas. Y después está el resto de la gente, que se ríe pero no puede evitar sentir un poco de mal rollo si le hablan de espíritus en un lugar abandonado y de noche, cuando todas las sombras cobran vida y todos los ruidos son extraños.

Por si acaso, hay muchísimas apps de detección de fantasmas. Pero no te enfades si, como le pasó a una persona que dejó una valoración en una, todos los espíritus hablan en inglés aunque tú estés en España. Quizá en el más allá seamos mejores en idiomas.

La tecnología llegó al mundo de lo paranormal de golpe en los años 80, al menos en el imaginario colectivo. Se pasó de la güija, los péndulos y las mesas camilla que de pronto empezaban a temblar a equipos de protones, medidores PKE y monos de trabajo con un logo en la espalda que se hizo omnipresente en disfraces de todo el mundo. Los cazafantasmas actualizaron de golpe las imágenes asociadas con el mundo del contacto con los espíritus, pero era una obra de ficción.

¿Qué pasaba, y pasa, mientras en el campo de la investigación paranormal real?

«Decidimos colocar en esta posición el dispositivo de red láser, que detectará perturbaciones que se puedan producir al irrumpir algo externo dentro de los puntos verdes», dice una voz en off en uno de los vídeos de presentación de Grupo Zero Investigación. En pantalla, un asilo abandonado, de noche, y los miembros del equipo colocando una cámara con trípode al pie de unas escaleras.

A continuación, tras dejar una cámara de infrarrojos en una estancia con restos de camas, suben al ático. «Cómo no, abrimos la investigación con una sesión de P-SB7». Con un pequeño dispositivo que parece una radio portátil en la mano, uno de los investigadores pregunta «¿hay alguien aquí?». Se escucha un ruido blanco con alguna interferencia. «Dinos, por favor, tu nombre». Ruido blanco de nuevo. Nos subtitulan la interferencia: «no entender». No es una interferencia; es un espíritu.

El vídeo dura casi una hora y no es una excepción ni en YouTube ni en España, donde según la última encuesta del CIS sobre el tema, en 2008 el 20,2% de los españoles creían en fantasmas: hay muchísimos grupos de aficionados a la investigación paranormal que suben sus misiones a la red de vídeos y logran varias decenas de miles de reproducciones. El primer paso suele ser el mismo: inspeccionar el lugar, siempre de noche, y desplegar el equipo tecnológico.

Desde Grupo Zero explican que para ellos el gadget básico es el P-SB7 que se ve en el vídeo, una radio modificada que «escanea frecuencias a distintas velocidades sin detenerse en ninguna». El dispositivo produce un ruido blanco por el cual «se generan voces, popularmente atribuidas a personas fallecidas, que responden y con las que se puede intentar tener una comunicación en directo».

Tecnología paranormal: detección, registro y comunicación

Además de la P-SB7, que pertenece a la categoría de las llamadas spirit o ghost boxes (cajas de espíritus o fantasmas), los investigadores paranormales –prefieren ese nombre al de cazafantasmas, ya que cazar nunca es el objetivo y además, apuntan siempre, es peligroso– suelen apoyarse en medidores de campos electromagnéticos, termómetros digitales, cámaras térmicas, grabadoras digitales o detectores de infrarrojos.

Todos estos aparatos ayudan de tres formas. En primer lugar, detectan perturbaciones (en campos magnéticos, bajadas súbitas de temperaturas, etc.) que se leen normalmente y sobre todo si se producen cuando se le ha pedido al espíritu que haga algo como prueba de que hay alguna presencia paranormal en el espacio. Las cajas de espíritus y esos detectores ayudan a la comunicación.

Las cámaras y grabadoras registran, por un lado, la experiencia; por otro, sonidos o movimientos que se no se percibieron in situ, pero que se escuchan o ven después al reproducir lo grabado.

«Lo que medimos –explican desde la Asociación Cultural Grupo de Investigaciones Paranormales Andaluza (Grupo IPA)– es que dichos dispositivos se activen mediante pregunta/respuesta». Es decir, que si por ejemplo se está usando un detector de infrarrojos, este «active el volumétrico» cuando se le haga una pregunta al espíritu, que se produzca un pico.

Detectar actividad paranormal no es la función primaria de la mayoría de los dispositivos utilizados, pero una búsqueda en Amazon de medidores de campos electromagnéticos, especialmente algunos modelos específicos, deja claro que una parte importante de los compradores no los van a utilizar para ver cuántas ondas electromagnéticas emite su nevera.

«Detecta algo más que campos electromagnéticos», opina uno de los compradores del K-II EMF Meter, uno de los productos estrella, que sí se publicita como herramienta para lo paranormal. Es un dispositivo básico para principiantes en el mundo del misterio.

«Ghost hunting for dummies», asegura una opinión en inglés. Las malas críticas se quejan un poco de todo: desde que es publicidad falsa porque los fantasmas no existen hasta que no funciona porque el usuario tenía un fantasma justo delante y lo estaba viendo con la cámara, pero el EMF no se movió.

El error como base

Colin Dickey, escritor especializado en el mundo de los fantasmas y lo paranormal, cuenta en un artículo en The Atlantic que lo que tienen en común los gadgets que se utilizan para estas actividades es que, por lo general, no funcionan muy bien. Medidores de campos electromagnéticos que se disparan donde no hay nada, cámaras de visión nocturna que dan imágenes borrosas, ruidos blancos con sonidos extraños… Interpretar el error y la falta de nitidez como presencia paranormal es fácil.

Un ejemplo reciente de nuevas tecnologías aplicadas a la búsqueda de fantasmas es el Kinect de Microsoft. El periférico de la consola Xbox 360 detecta a las personas que se colocan delante, permitiéndoles jugar de pie (de hecho, sentados no funciona bien) y sin necesidad de usar un mando. Pero resulta que a veces la cámara detecta personas de más.

YouTube está lleno de vídeos en los que se muestran estos fantasmitas extra captados por Kinect, que los muestra (y a las personas) con palotes que forman como un esqueleto. Los fantasmas suelen ser pequeños y mover sus bracitos y piernecitas todo el rato, como diciendo «mírame, mírame». También suelen estar delante de algún objeto, como el brazo de un sillón, un cojín o las patas de una mesa.

¿Ha desarrollado Microsoft sin querer –o queriendo, no se puede descartar nada– un detector avanzado de fantasmas? ¿O es todo, como defenderán los más escépticos y usuarios habituales de tecnología, el clásico error de un software y hardware que confunde objetos y sombras con personas?

Kenny Biddle, periodista dedicado a analizar científicamente (y desmontar) mitos y costumbres de la comunidad paranormal, apunta en un informe en CSI (Committee for Skeptical Inquiry) tres razones para los fantasmas del Kinect: el fallo tecnológico, el fallo de usuario y la facilidad de los investigadores del misterio para aceptar cualquier cosa extraña que no comprenden como prueba de presencia paranormal.

Si leyeran las instrucciones de Kinect, dice, sabrían que Microsoft explica que hay que usarlo en espacios libres de objetos. Si no hay nada, ni objetos ni sombras extrañas, no hay fantasmas.

El atractivo del misterio

En la nueva versión de Cazafantasmas lanzada en 2016, el equipo interpretado por Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones no ha actualizado demasiado la tecnología clásica de la película de 1984. Fuera de la ficción, los avances tecnológicos más recientes también parecen esquivar lo paranormal.

Los investigadores paranormales victorianos (espiritistas, entonces) no tenían grabadoras ni cámaras, pero sí los de los años 80 y 90. En los últimos veinte años no se ha avanzado demasiado. Tanto desde Grupo Zero como desde IPA apuntan que la tecnología sigue siendo insuficiente. Los últimos, de hecho, admiten que lo único infalible para ellos es lo que registra una grabadora. El resto de variaciones y cosas extrañas detectadas pueden tener cualquier otra explicación.

«Gracias al avance de la tecnología se dispone de un material diferente al usado años atrás, pero no por ello hay más facilidad para registrar algún fenómeno», explican, añadiendo que en muchos casos son incluso más fiables y objetivos los métodos clásicos: «péndulos, cascabeles, polvos de talco y grabadoras analógicas».

Escépticos, creyentes, investigadores y gente que juega. El mundo paranormal gira en torno a esos polos, con personas que se lo toman en serio frente a una comunidad científica que no cree ni que sea necesario aclarar que todo eso son patrañas. Y después está el resto de la gente, que se ríe pero no puede evitar sentir un poco de mal rollo si le hablan de espíritus en un lugar abandonado y de noche, cuando todas las sombras cobran vida y todos los ruidos son extraños.

Por si acaso, hay muchísimas apps de detección de fantasmas. Pero no te enfades si, como le pasó a una persona que dejó una valoración en una, todos los espíritus hablan en inglés aunque tú estés en España. Quizá en el más allá seamos mejores en idiomas.

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