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30 de enero 2015    /   CINE/TV
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Iron Sky 2: los fans como productores de cine

30 de enero 2015    /   CINE/TV     por          
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Estamos en el 2018. Gracias a los avances científicos nazis un grupo de ellos lleva desde el final de la Segunda Guerra Mundial exiliado en el lado oculto de la Luna. Han estado esperando su momento para regresar a la Tierra y ahora sus descendientes están en condiciones de hacerlo. La presidenta de los Estados Unidos, una «brillante» mujer con un enorme parecido a Sarah Palin, está dispuesta a usar todas sus armas para impedirlo. De entrada la sinopsis de la cinta Iron Sky suena a broma idiota. Así lo admite su director, el finlandés Timo Vuorensola. Por mucha pinta de serie B que tenga, el proyecto terminó presentándose en festivales de cine internacionales. También reivindicó un género cinematográfico poco tratado, la ciencia ficción humorística, e incluso logró ser rentable. Sus cualidades artísticas han dado para mucho debate, pero en lo que seguro creó escuela esta coproducción europea es en su forma de financiación. El éxito del filme dio lugar al nuevo «cine participativo».
Vuorensola ya había financiado parcialmente una de sus películas con aportaciones individuales recogidas por internet. Fue en el año 2005, cuando aún quedaban unas cuantas primaveras para que empezáramos a hablar del término crowdfunding. Logró fichar a una leyenda del cine como Udo Kier y tras el interés de la audiencia también consiguió que varias productoras completaran sus restantes necesidades económicas. Mientras la cinta se convertía en un título de culto para millones de internautas, ya habían surgido iniciativas similares como la británica A Swarm of Angels

Pronto se dio cuenta del potencial que existía en esa masa invisible tras la Red y comenzó a usar a los fans para algo más que hacerse cargo de los costes. Les permitió ser parte de la producción sin tener que mover el culo del asiento de su escritorio. «Ahora todos sabemos que la plataforma de fans es una evidente fuerza financiera para muchas propuestas. Son un recurso muy valioso, porque adoran colaborar en una historia que les apasiona. No hay intereses económicos detrás ni exigencias profesionales», cuenta el finlandés durante su charla ‘Fans Power the Screen’ en el Festival de Cine de Dubái.
Han cambiado tanto los hábitos de consumo que el espectador pasivo ha dado lugar a un espectador proactivo. Tras su intervención nos cuenta que la razón por la que la película llegó a ser algo más que una broma estúpida es porque todo el que participó en ella, fans incluidos, se la tomaron muy en serio. «Desarrollamos el proyecto siendo conscientes de nuestras raíces pero sin tratarlo como algo ridículo», defiende Vuorensola.
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Para el cineasta trabajar en la parte creativa del cine es una profesión solitaria, así que siempre viene bien una opinión ajena a la del equipo que está inmerso en el proyecto: «Es una enorme ventaja poder acudir a una red social para poner a prueba los primeros resultados de lo que has rodado y someterlo al escrutinio de un público que está interesado de verdad en ello». Con independencia del presupuesto, hasta ahora las películas se han creado entre ejecutivos sin alma cinéfila. Que el público esté de tu lado en el proceso, antes del clásico momento del estreno, es para el pionero del fenómeno del cine participativo un destello de esperanza para la industria.
Para él son todo ventajas. «Lo bueno de los fans es que te siguen a ti en vez de a un producto. No te exigen cómo ha de ser el producto, solo quieren ver lo que tú haces. Y eso te da mucho margen de maniobra en una industria muy controladora», apunta. Y eso que la polémica naturaleza del argumento de Iron Sky le granjeó incluso amenazas de muerte antes de que llegara a proyectarse en salas.
Según su experiencia, el tipo de proyecto que encaja en este nuevo modelo  cinematográfico tiene que contar con un guion con elementos que se presten al trabajo común. «Un drama intimista es complicado que funcione rodándolo de esta forma, pero una historia que cree un universo propio, que esté abierto a posibilidades y que dé lugar a nuevas propuestas e ideas, sí que lo hace. La ciencia-ficción cumple estos requisitos», explica el director mientras prepara la secuela (bajo el subtítulo The Coming Race).
De momento ya ha logrado más de medio millón de euros a golpe de crowdfunding y un intenso apoyo de la producción de cine en Finlandia y Alemania. Más de seis millones de personas han visto ya el avance de la cinta en internet. Después quizá llegue una precuela para finiquitar la trilogía. A lo James Cameron o Peter Jackson.

 
 

Estamos en el 2018. Gracias a los avances científicos nazis un grupo de ellos lleva desde el final de la Segunda Guerra Mundial exiliado en el lado oculto de la Luna. Han estado esperando su momento para regresar a la Tierra y ahora sus descendientes están en condiciones de hacerlo. La presidenta de los Estados Unidos, una «brillante» mujer con un enorme parecido a Sarah Palin, está dispuesta a usar todas sus armas para impedirlo. De entrada la sinopsis de la cinta Iron Sky suena a broma idiota. Así lo admite su director, el finlandés Timo Vuorensola. Por mucha pinta de serie B que tenga, el proyecto terminó presentándose en festivales de cine internacionales. También reivindicó un género cinematográfico poco tratado, la ciencia ficción humorística, e incluso logró ser rentable. Sus cualidades artísticas han dado para mucho debate, pero en lo que seguro creó escuela esta coproducción europea es en su forma de financiación. El éxito del filme dio lugar al nuevo «cine participativo».
Vuorensola ya había financiado parcialmente una de sus películas con aportaciones individuales recogidas por internet. Fue en el año 2005, cuando aún quedaban unas cuantas primaveras para que empezáramos a hablar del término crowdfunding. Logró fichar a una leyenda del cine como Udo Kier y tras el interés de la audiencia también consiguió que varias productoras completaran sus restantes necesidades económicas. Mientras la cinta se convertía en un título de culto para millones de internautas, ya habían surgido iniciativas similares como la británica A Swarm of Angels

Pronto se dio cuenta del potencial que existía en esa masa invisible tras la Red y comenzó a usar a los fans para algo más que hacerse cargo de los costes. Les permitió ser parte de la producción sin tener que mover el culo del asiento de su escritorio. «Ahora todos sabemos que la plataforma de fans es una evidente fuerza financiera para muchas propuestas. Son un recurso muy valioso, porque adoran colaborar en una historia que les apasiona. No hay intereses económicos detrás ni exigencias profesionales», cuenta el finlandés durante su charla ‘Fans Power the Screen’ en el Festival de Cine de Dubái.
Han cambiado tanto los hábitos de consumo que el espectador pasivo ha dado lugar a un espectador proactivo. Tras su intervención nos cuenta que la razón por la que la película llegó a ser algo más que una broma estúpida es porque todo el que participó en ella, fans incluidos, se la tomaron muy en serio. «Desarrollamos el proyecto siendo conscientes de nuestras raíces pero sin tratarlo como algo ridículo», defiende Vuorensola.
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Para el cineasta trabajar en la parte creativa del cine es una profesión solitaria, así que siempre viene bien una opinión ajena a la del equipo que está inmerso en el proyecto: «Es una enorme ventaja poder acudir a una red social para poner a prueba los primeros resultados de lo que has rodado y someterlo al escrutinio de un público que está interesado de verdad en ello». Con independencia del presupuesto, hasta ahora las películas se han creado entre ejecutivos sin alma cinéfila. Que el público esté de tu lado en el proceso, antes del clásico momento del estreno, es para el pionero del fenómeno del cine participativo un destello de esperanza para la industria.
Para él son todo ventajas. «Lo bueno de los fans es que te siguen a ti en vez de a un producto. No te exigen cómo ha de ser el producto, solo quieren ver lo que tú haces. Y eso te da mucho margen de maniobra en una industria muy controladora», apunta. Y eso que la polémica naturaleza del argumento de Iron Sky le granjeó incluso amenazas de muerte antes de que llegara a proyectarse en salas.
Según su experiencia, el tipo de proyecto que encaja en este nuevo modelo  cinematográfico tiene que contar con un guion con elementos que se presten al trabajo común. «Un drama intimista es complicado que funcione rodándolo de esta forma, pero una historia que cree un universo propio, que esté abierto a posibilidades y que dé lugar a nuevas propuestas e ideas, sí que lo hace. La ciencia-ficción cumple estos requisitos», explica el director mientras prepara la secuela (bajo el subtítulo The Coming Race).
De momento ya ha logrado más de medio millón de euros a golpe de crowdfunding y un intenso apoyo de la producción de cine en Finlandia y Alemania. Más de seis millones de personas han visto ya el avance de la cinta en internet. Después quizá llegue una precuela para finiquitar la trilogía. A lo James Cameron o Peter Jackson.

 
 

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