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28 de enero 2016    /   CINE/TV
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Refugiados vs. turistas en Lesbos

28 de enero 2016    /   CINE/TV     por          
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El día en el que la empatía fue asesinada, en la escena del crimen se hallaba alguien más. Ese oscuro personaje se encargó de hacer olvidar a todo el mundo que, en muchas ocasiones, la solución a los problemas no se encuentra en lo más profundo del laberinto. La mayor parte de veces, basta con visualizar algo con otros ojos, con ponerse en el lugar de quién sufre ese problema.

Eso pensaron los holandeses Marieke Van der Velden y Philip Brink, que lo más sencillo era poner a la gente a hablar para conocer directamente qué ocurre al otro y hacer un pequeño documental con ello.

En cualquier caso, el detonante de The Island Of All Together fue personal. «Faisal y Mohamed, dos amigos nuestros sirios, hicieron la travesía a Grecia», explican. Se unían así a los miles de ciudadanos de Siria que huían del apocalipsis desatado en el país de Oriente Próximo.

Escuchamos cifras de 4.3 millones de personas que habían pasado años viviendo en tiendas y en un limbo legal que les impedía trabajar. No era difícil de imaginar que, en verano [por el pasado], cuando el mar estuviera tranquilo, un gran número de estos refugiados trataría de alcanzar Europa

La realidad, que es caprichosa como un jeque de veraneo en Marbella, quiso que uno de los mayores puntos de llegada de ciudadanos huidos fuera la isla de Lesbos, un importante destino turístico del Mar Egeo. Esa particularidad dio la idea a Van der Velden y Brink de enfrentar a los ocupantes de la isla: los políticos y los lúdicos.

Los holandeses pasaron los dos primeros días tratando de comprender qué estaba ocurriendo en la isla, a dónde llegaban los refugiados, hacia dónde se dirigían, cuánto tiempo estarían en Lesbos o dónde estaban los turistas. «Nos dimos cuenta de que lo difícil no era encontrar personas que quisieran participar sino reunirlos en el momento preciso y en el lugar adecuado», señalan los autores del documental.

«Los sirios se quedaban durante muy poco tiempo y se movían tan rápido como podían. Teníamos que encontrar previamente a los turistas y a los refugiados los captábamos sobre la marcha. Rodábamos y los devolvíamos a la parada del autobús para que no lo perdiesen y se separaran momentáneamente de sus familias».

Mediante este proceso construyeron la historia con parejas como Selma, una estudiante de medicina alemana, y Husam, un abogado de Damasco; o Seet, una pedagoga holandesa, y Mayada, una peluquera que sueña con que todo el mundo pueda vivir en «lugares seguros como Europa». O la de los niños Alaa y Finn, la de Rashad y Otis o la de Safi y Kea.

[URIS id=169217]

Van der Velden y Brink han tratado de mostrar una herramienta de transformación y entendimiento. Dicen que este trabajo les ha cambiado a partir de algo muy sencillo: «tú podías haber sido yo y yo podría haber sido tú. Sencillamente somos afortunados de vivir en un lugar seguro como Amsterdam. Esa es la única diferencia».

A partir de ahí, afirman que toda la historia actual de Siria, llena de aristas, enfoques, actores y rivales, es algo que no se puede reducir a categorizaciones rotundas, a blancos y negros. «Cuanto más experimentamos esto, más nos damos cuenta de que, a veces, es mejor escuchar una historia personal que intentar encontrar respuestas y soluciones políticas todo el tiempo», dicen.

Nos hemos convertido en personas más calladas y apreciamos los matices

La aventura les ha enseñado también la naturaleza de muchas personas y los problemas que existen en cada lado de una misma situación. Se muestran sorprendidos de lo tranquilos y educados que son los sirios a pesar de encontrarse en un situación sin una salida determinada o de haber atravesado mares arriesgándose a una deriva mortal.

«Al mismo tiempo, vimos a lo griegos enfrentándose a la situación, sobrepasados por la cantidad de refugiados que llegaban cada día a la isla. No parecían saber cómo tratar con esa situación y estaban preocupados de que el turismo se viese afectado».

Para los holandeses, la causa primera de este escenario no es la falta de empatía sino, sencillamente, la ignorancia. «Muchas personas en Holanda no han visto o hablado nunca con un refugiado sirio y aún así tienen duras opiniones acerca de ellos. Existe mucha deshumanización, especialmente en lo partidos de derechas».

La solución no es sencilla.Pero Marieke Van der Velden y Philip Brink han apostado claramente por una vía. «Queríamos mostrar qué ocurre cuando hablamos con otros en lugar de ver lo que pasa cuando hablamos de otros».

 

El día en el que la empatía fue asesinada, en la escena del crimen se hallaba alguien más. Ese oscuro personaje se encargó de hacer olvidar a todo el mundo que, en muchas ocasiones, la solución a los problemas no se encuentra en lo más profundo del laberinto. La mayor parte de veces, basta con visualizar algo con otros ojos, con ponerse en el lugar de quién sufre ese problema.

Eso pensaron los holandeses Marieke Van der Velden y Philip Brink, que lo más sencillo era poner a la gente a hablar para conocer directamente qué ocurre al otro y hacer un pequeño documental con ello.

En cualquier caso, el detonante de The Island Of All Together fue personal. «Faisal y Mohamed, dos amigos nuestros sirios, hicieron la travesía a Grecia», explican. Se unían así a los miles de ciudadanos de Siria que huían del apocalipsis desatado en el país de Oriente Próximo.

Escuchamos cifras de 4.3 millones de personas que habían pasado años viviendo en tiendas y en un limbo legal que les impedía trabajar. No era difícil de imaginar que, en verano [por el pasado], cuando el mar estuviera tranquilo, un gran número de estos refugiados trataría de alcanzar Europa

La realidad, que es caprichosa como un jeque de veraneo en Marbella, quiso que uno de los mayores puntos de llegada de ciudadanos huidos fuera la isla de Lesbos, un importante destino turístico del Mar Egeo. Esa particularidad dio la idea a Van der Velden y Brink de enfrentar a los ocupantes de la isla: los políticos y los lúdicos.

Los holandeses pasaron los dos primeros días tratando de comprender qué estaba ocurriendo en la isla, a dónde llegaban los refugiados, hacia dónde se dirigían, cuánto tiempo estarían en Lesbos o dónde estaban los turistas. «Nos dimos cuenta de que lo difícil no era encontrar personas que quisieran participar sino reunirlos en el momento preciso y en el lugar adecuado», señalan los autores del documental.

«Los sirios se quedaban durante muy poco tiempo y se movían tan rápido como podían. Teníamos que encontrar previamente a los turistas y a los refugiados los captábamos sobre la marcha. Rodábamos y los devolvíamos a la parada del autobús para que no lo perdiesen y se separaran momentáneamente de sus familias».

Mediante este proceso construyeron la historia con parejas como Selma, una estudiante de medicina alemana, y Husam, un abogado de Damasco; o Seet, una pedagoga holandesa, y Mayada, una peluquera que sueña con que todo el mundo pueda vivir en «lugares seguros como Europa». O la de los niños Alaa y Finn, la de Rashad y Otis o la de Safi y Kea.

[URIS id=169217]

Van der Velden y Brink han tratado de mostrar una herramienta de transformación y entendimiento. Dicen que este trabajo les ha cambiado a partir de algo muy sencillo: «tú podías haber sido yo y yo podría haber sido tú. Sencillamente somos afortunados de vivir en un lugar seguro como Amsterdam. Esa es la única diferencia».

A partir de ahí, afirman que toda la historia actual de Siria, llena de aristas, enfoques, actores y rivales, es algo que no se puede reducir a categorizaciones rotundas, a blancos y negros. «Cuanto más experimentamos esto, más nos damos cuenta de que, a veces, es mejor escuchar una historia personal que intentar encontrar respuestas y soluciones políticas todo el tiempo», dicen.

Nos hemos convertido en personas más calladas y apreciamos los matices

La aventura les ha enseñado también la naturaleza de muchas personas y los problemas que existen en cada lado de una misma situación. Se muestran sorprendidos de lo tranquilos y educados que son los sirios a pesar de encontrarse en un situación sin una salida determinada o de haber atravesado mares arriesgándose a una deriva mortal.

«Al mismo tiempo, vimos a lo griegos enfrentándose a la situación, sobrepasados por la cantidad de refugiados que llegaban cada día a la isla. No parecían saber cómo tratar con esa situación y estaban preocupados de que el turismo se viese afectado».

Para los holandeses, la causa primera de este escenario no es la falta de empatía sino, sencillamente, la ignorancia. «Muchas personas en Holanda no han visto o hablado nunca con un refugiado sirio y aún así tienen duras opiniones acerca de ellos. Existe mucha deshumanización, especialmente en lo partidos de derechas».

La solución no es sencilla.Pero Marieke Van der Velden y Philip Brink han apostado claramente por una vía. «Queríamos mostrar qué ocurre cuando hablamos con otros en lugar de ver lo que pasa cuando hablamos de otros».

 

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