Publicado: 26 de febrero 2024 11:09  /   IDEAS
por
 

«¡Vende, hijo de puta!», el ‘storytelling’ salvaje de Isra Bravo

Publicado: 26 de febrero 2024 11:09  /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
Isra Bravo

No es lo mismo decir «Tu obra (o tu producto) es tan buena que no hace falta que la vendas ni que manches tu aura de prestigio, ya se vende ella sola» que «No me sirve de nada que escribas un buen libro si nadie lo lee. Tienes que venderlo. Haz un favor al mundo y no te conviertas en uno de esos cursis pedantes que ven su arte demasiado elevado como para que nadie lo compre o entienda. No te compran por coñazo, tío».

Como tampoco es lo mismo aconsejar con un «Tienes que tener claro que tu misión es vender» que hacerlo con la más absoluta de las franquezas (y con llaneza extrema): «Vende, hijo de puta».

Quien así aconseja es el copywriter Isra Bravo, un tipo que afirma ganar más de tres millones de euros al año escribiendo historias y que acaba de publicar su tercer libro, Storytelling salvaje (Alienta, 2024), del que dice «No es tan sublime como parece, pero no está nada mal para el precio que tiene».

Si llamar la atención es sinónimo de ventas, está claro que él lo consigue. Su particular forma de comunicar, agresiva pero simpática, con un rollito canalla que engancha, le ha llevado, según indica, a cosechar sorprendentes resultados en sus propios proyectos y en los ajenos. «Veo la agresividad bien entendida como algo muy positivo en la vida —aclara entre risas al ver así retratada su forma de comunicar—. La ambición, las ganas de hacer cosas, el no tener miedo, el no pedir perdón a cada paso, en no buscar la aprobación de los demás y el despreciar profundamente el proteccionismo y el miedo que nos tratan de imponer. Si eso es ser canalla, lo compro».

Isra Bravo

Y eso sin tener redes sociales donde promocionarse (no las necesita, asegura), sin tener un título académico que le respalde y con consejos tan rompedores como que para ser buen vendedor hay que olvidarse por completo de todas las estrategias de marketing que se enseñan en escuelas y universidades. «Totalmente. En general, la gente de marketing es la que menos sabe de marketing».

Para vender y hacerlo a lo grande, además de quitarse complejos y tonterías, hay que cumplir tres únicos requisitos que son la base para «construir las historias que quieras»:

.Empatía: «Sal de tu cabeza y entra en la del otro». «La cosa no va de ti, va de ellos»

.Información: «Cuando vayas a escribir sobre algo, cuando vayas a contar una historia que pretendas vender, debes investigar y documentarte en profundidad. […] Debes investigar. Debes saber lo que dices».

.Perseverancia: «Nadie podrá hacer esto por ti, nadie podrá hacer que sientas el fuego dentro de ti. Te debe dar pánico la idea de no poder escribirlo. Debes hacerlo una y otra y otra y otra vez. Cada día, sin excepción»

Para hacer un buen storytelling, dice, no necesitas una gran inventiva ni ser creativo, en el sentido de producir algo nuevo, crear algo de la nada. Bravo asegura categórico que todo está ya inventado y que no somos dioses. «Nosotros solo conectamos cosas previamente creadas. […]. La persona creativa combina los elementos para que salga algo nuevo, pero no los crea».

Lo que sí hay que hacer, sin embargo, es convertir lo ordinario en extraordinario, y eso es algo que está al alcance de cualquiera. «Cualquier persona tiene una historia extraordinaria. Solo tienes que mirar la vida con ojos de querer escribirla. Cualquier persona, sin excepción, hace lo que hace por una razón verdadera; si tiramos del hilo, siempre tenemos una historia que contar. Solo hay que ponerse a ello».

Porque si algo tienen claro este particular storyteller es que «el poder de las historias es inagotable». Todas, absolutamente todas, funcionan si están bien contadas. «Lo único que no te van a perdonar es que les aburras. Pero para eso hay técnicas, cosas que puedas hacer para mantener la atención de la gente». Y eso es algo que se le da muy bien. Basta leer su currículum para entender cómo pasarse por el arco del triunfo la regla que se recomienda seguir para redactar tu vida laboral (ser breve, ser conciso, que todo quede emplazado en una hoja o dos a lo sumo…) consiga llamar la atención y que no dejes de leer a la tercer línea.

Isra Bravo

Él no esquematiza, él te cuenta su historia de principio a fin. Y te la lees, vaya que si te la lees. «Si llamas la atención, no tienes garantizada la venta. Pero si no la llamas, tienes garantizado que no vas a vender.  Por tanto, hay que fijar la atención de los demás en lo que sea que queramos ofrecerles».

Pero en esas historias que contemos, debemos alejarnos de la tentación de ser intensitos. Es más, debemos ser «profundamente superficiales». «La profunda superficialidad es un generador de historias impresionantes […] Historias que podremos convertir en relatos de marca, que podremos convertir en contactos, en dinero, en experiencias. Hazme caso. En lo cotidiano hay oro», escribe en uno de los capítulos del libro. «La gente ama la superficialidad —explica—. No lo digo negativamente. Quiero decir que, si te pones muy profundo, tienes muchas posibilidades de aburrir a la gente, muchas. Y si aburres, no vendes». Porque para él, se confunde ser profundo con ser un coñazo. «Detrás de un cursi suele haber un hijo de puta», avisa.

Y lo mejor es que todas sus técnicas y consejos pueden aplicarse a cualquier comunicación: currículums, emails comerciales, obras literarias… «Absolutamente, se puede aplicar a todo. Es más, las cosas que yo aplico se están aplicando en mi profesión desde, al menos, 1870, que hay constancia de anuncios diarios de este tipo. Cada uno con su tono y con su personalidad, pero esto se puede aplicar a todo, sin duda. Y como te decía, se lleva haciendo desde antes de que naciéramos ninguno de los que estamos aquí y se hará cuando estemos todos muertos».

La cuestión es diferenciarse, romper la regla, no tener miedo de hacer las cosas de manera diferente. Puedes hacerlo como él o puedes buscar tu propio camino, tu relato personal y de marca. En definitiva, hay que ser valiente.

«Te diré una cosa ahora que dices lo de valiente: vivimos en un mundo tan cobarde que solo con no serlo tienes muchas posibilidades de triunfar en la vida. La gente tiene miedo de todo, es una puta dictadura, es absurdo. Yo, por ejemplo, odio profundamente el infierno fiscal español y cómo están destrozando el talento con el atraco en forma de impuestos. La gente que pide que se suban los impuestos a los ricos en España o les parecen bien los impuestos actuales es profundamente ignorante. Mucha gente me insulta y me desprecia por ello o tratan de joderme, pero ¿sabes qué? Que me da igual. Es así de simple. Me da exactamente igual lo que pase ahí fuera o lo que digan de mí. Mi tarjeta de presentación es mi trabajo y tengo dinero para vivir 10 vidas sin volver a mover un dedo. Así que todo está bien».

No es lo mismo decir «Tu obra (o tu producto) es tan buena que no hace falta que la vendas ni que manches tu aura de prestigio, ya se vende ella sola» que «No me sirve de nada que escribas un buen libro si nadie lo lee. Tienes que venderlo. Haz un favor al mundo y no te conviertas en uno de esos cursis pedantes que ven su arte demasiado elevado como para que nadie lo compre o entienda. No te compran por coñazo, tío».

Como tampoco es lo mismo aconsejar con un «Tienes que tener claro que tu misión es vender» que hacerlo con la más absoluta de las franquezas (y con llaneza extrema): «Vende, hijo de puta».

Quien así aconseja es el copywriter Isra Bravo, un tipo que afirma ganar más de tres millones de euros al año escribiendo historias y que acaba de publicar su tercer libro, Storytelling salvaje (Alienta, 2024), del que dice «No es tan sublime como parece, pero no está nada mal para el precio que tiene».

Si llamar la atención es sinónimo de ventas, está claro que él lo consigue. Su particular forma de comunicar, agresiva pero simpática, con un rollito canalla que engancha, le ha llevado, según indica, a cosechar sorprendentes resultados en sus propios proyectos y en los ajenos. «Veo la agresividad bien entendida como algo muy positivo en la vida —aclara entre risas al ver así retratada su forma de comunicar—. La ambición, las ganas de hacer cosas, el no tener miedo, el no pedir perdón a cada paso, en no buscar la aprobación de los demás y el despreciar profundamente el proteccionismo y el miedo que nos tratan de imponer. Si eso es ser canalla, lo compro».

Isra Bravo

Y eso sin tener redes sociales donde promocionarse (no las necesita, asegura), sin tener un título académico que le respalde y con consejos tan rompedores como que para ser buen vendedor hay que olvidarse por completo de todas las estrategias de marketing que se enseñan en escuelas y universidades. «Totalmente. En general, la gente de marketing es la que menos sabe de marketing».

Para vender y hacerlo a lo grande, además de quitarse complejos y tonterías, hay que cumplir tres únicos requisitos que son la base para «construir las historias que quieras»:

.Empatía: «Sal de tu cabeza y entra en la del otro». «La cosa no va de ti, va de ellos»

.Información: «Cuando vayas a escribir sobre algo, cuando vayas a contar una historia que pretendas vender, debes investigar y documentarte en profundidad. […] Debes investigar. Debes saber lo que dices».

.Perseverancia: «Nadie podrá hacer esto por ti, nadie podrá hacer que sientas el fuego dentro de ti. Te debe dar pánico la idea de no poder escribirlo. Debes hacerlo una y otra y otra y otra vez. Cada día, sin excepción»

Para hacer un buen storytelling, dice, no necesitas una gran inventiva ni ser creativo, en el sentido de producir algo nuevo, crear algo de la nada. Bravo asegura categórico que todo está ya inventado y que no somos dioses. «Nosotros solo conectamos cosas previamente creadas. […]. La persona creativa combina los elementos para que salga algo nuevo, pero no los crea».

Lo que sí hay que hacer, sin embargo, es convertir lo ordinario en extraordinario, y eso es algo que está al alcance de cualquiera. «Cualquier persona tiene una historia extraordinaria. Solo tienes que mirar la vida con ojos de querer escribirla. Cualquier persona, sin excepción, hace lo que hace por una razón verdadera; si tiramos del hilo, siempre tenemos una historia que contar. Solo hay que ponerse a ello».

Porque si algo tienen claro este particular storyteller es que «el poder de las historias es inagotable». Todas, absolutamente todas, funcionan si están bien contadas. «Lo único que no te van a perdonar es que les aburras. Pero para eso hay técnicas, cosas que puedas hacer para mantener la atención de la gente». Y eso es algo que se le da muy bien. Basta leer su currículum para entender cómo pasarse por el arco del triunfo la regla que se recomienda seguir para redactar tu vida laboral (ser breve, ser conciso, que todo quede emplazado en una hoja o dos a lo sumo…) consiga llamar la atención y que no dejes de leer a la tercer línea.

Isra Bravo

Él no esquematiza, él te cuenta su historia de principio a fin. Y te la lees, vaya que si te la lees. «Si llamas la atención, no tienes garantizada la venta. Pero si no la llamas, tienes garantizado que no vas a vender.  Por tanto, hay que fijar la atención de los demás en lo que sea que queramos ofrecerles».

Pero en esas historias que contemos, debemos alejarnos de la tentación de ser intensitos. Es más, debemos ser «profundamente superficiales». «La profunda superficialidad es un generador de historias impresionantes […] Historias que podremos convertir en relatos de marca, que podremos convertir en contactos, en dinero, en experiencias. Hazme caso. En lo cotidiano hay oro», escribe en uno de los capítulos del libro. «La gente ama la superficialidad —explica—. No lo digo negativamente. Quiero decir que, si te pones muy profundo, tienes muchas posibilidades de aburrir a la gente, muchas. Y si aburres, no vendes». Porque para él, se confunde ser profundo con ser un coñazo. «Detrás de un cursi suele haber un hijo de puta», avisa.

Y lo mejor es que todas sus técnicas y consejos pueden aplicarse a cualquier comunicación: currículums, emails comerciales, obras literarias… «Absolutamente, se puede aplicar a todo. Es más, las cosas que yo aplico se están aplicando en mi profesión desde, al menos, 1870, que hay constancia de anuncios diarios de este tipo. Cada uno con su tono y con su personalidad, pero esto se puede aplicar a todo, sin duda. Y como te decía, se lleva haciendo desde antes de que naciéramos ninguno de los que estamos aquí y se hará cuando estemos todos muertos».

La cuestión es diferenciarse, romper la regla, no tener miedo de hacer las cosas de manera diferente. Puedes hacerlo como él o puedes buscar tu propio camino, tu relato personal y de marca. En definitiva, hay que ser valiente.

«Te diré una cosa ahora que dices lo de valiente: vivimos en un mundo tan cobarde que solo con no serlo tienes muchas posibilidades de triunfar en la vida. La gente tiene miedo de todo, es una puta dictadura, es absurdo. Yo, por ejemplo, odio profundamente el infierno fiscal español y cómo están destrozando el talento con el atraco en forma de impuestos. La gente que pide que se suban los impuestos a los ricos en España o les parecen bien los impuestos actuales es profundamente ignorante. Mucha gente me insulta y me desprecia por ello o tratan de joderme, pero ¿sabes qué? Que me da igual. Es así de simple. Me da exactamente igual lo que pase ahí fuera o lo que digan de mí. Mi tarjeta de presentación es mi trabajo y tengo dinero para vivir 10 vidas sin volver a mover un dedo. Así que todo está bien».

Compártelo twitter facebook whatsapp
Camisetas para difundir una actitud positiva
The Kop: arquitectura de una grada de clase obrera
Libros que sirven para algo más que para calzar mesas
FIDO quiere sacar a las diseñadoras de la sombra
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp