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30 de julio 2014    /   DIGITAL
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Gaza atacada por tierra, aire y redes sociales

30 de julio 2014    /   DIGITAL     por          
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Que Israel está atacando Gaza es algo que todos sabemos. De hecho, da igual cuándo leas este post, porque posiblemente dentro de unos meses, o unos años, siga valiendo la afirmación. De hecho, esa ‘guerra’ lleva años, décadas, en marcha. Pero con el paso del tiempo las armas y los escenarios de combate cambian: además de cohetes y misiles, webs y perfiles sociales; además de Gaza o Cisjordania, Twitter o Facebook. Es la nueva guerra.
Que los políticos usen las redes sociales y los blogs para ganar votantes no es algo nuevo. Que, acabada la campaña, los olviden, tampoco. Ni siquiera que los Gobiernos y líderes usen las redes sociales como oficina de prensa y muestra de diplomacia. El Flickr de la Casa Blanca, el Facebook de Cristina Fernández o el Twitter de Hassan Rouhani, presidente iraní, son tres ejemplos entre miles de los que merecen ser estudiados como formas paradigmáticas de comunicación política. Hasta los terroristas se han apuntado a las redes sociales para amenazar, hacer propaganda o presumir de atrocidades (aunque normalmente sus cuentas duran abiertas menos que un personaje de Juego de Tronos).
Lo que no había pasado hasta hace poco es que la guerra también se disputara online. No me refiero a los ataques ciberterroristas, sino a la guerra en sí misma y la propaganda bélica de ambos bandos.
Las redes sociales fueron testigos y vehículos de lo que pasó durante los meses que duró el heterogéneo proceso de la primavera árabe: los gobiernos amenazados han ido censurando redes a medida que el levantamiento popular era más intenso y muchas veces Twitter o Facebook suponían los únicos vehículos para que los manifestantes se comunicaran o los ciudadanos de fuera del país supieran qué pasaba. En España también han sucedido cosas similares, desde la versión 1.0 con aquellos SMS con el ‘Pásalo’ tras los atentados del 11M a toda la estrategia de coordinación online de los movimientos alrededor del 15M.
En Siria los rebeldes (o terroristas, según las versiones) llevan meses mostrando lo que hace el Gobierno de Al Assad a través de las redes sociales, aunque sin respuesta ‘digital’ del otro bando. También allí, el autodenominado califato islámico (ISIS) ha ido comunicando sus ‘hazañas’ a través de las redes, pero también sin respuesta.
Ahora ya no es propaganda electoral, o movilizaciones sociales. Ahora es la guerra. Más o menos declarada, pero guerra. La diplomacia del cable ha dado un paso más. Igual que en las guerras mundiales la radio o la televisión fueron vehículos de propaganda, ahora el campo de batalla es la Red.
El caso de Rusia y Ucrania es un buen ejemplo. El seguimiento internacional de lo que pasó durante las manifestaciones que derrocaron al gobierno prorruso del país fueron algo así como lo que se hizo en España con el 15M, o los ejemplos ya citados de la primavera árabe. Pero cuando las protestas se convirtieron en una especie de guerra civil con partes de Ucrania anexionándose a Rusia, ciudades declarándose en rebeldía y demás, empezó la propaganda. El momento de máximo apogeo fue el derribo de un avión comercial hace unos días, cuando la televisión oficial de Putin entró en juego.
Se trata de Russia Today, que tiene canales en varios idiomas y que, como otras televisiones internacionales en el mundo, sirve para proyectar la imagen de un determinado país en el mundo. Las redes sociales han supuesto una generalización de su alcance con estrategias propias de marketing: los mejores vídeos de YouTube y la mejor cobertura de algunos fenómenos livianos ha hecho que multiplique su presencia en redes. Porque, ¿quién ve en la tele Russia Today en español? Pocos. Pero en Twitter su cuenta en nuestro idioma tiene la friolera de 342.000 seguidores expuestos a cosas como estas

Como hacen muchos medios afines a un determinado partido político, pensarás, y seguramente no te falte razón. Aunque aquí la cosa va más allá. Russia Today es el reflejo de cómo el Kremlin suele ganar influencia en su entorno: apoya grupos políticos, grupos militares o corrientes sociales afines que desestabilizan o influyen en áreas que van desde Georgia a Ucrania y desde los Urales a Siberia. Una red de ‘infiltrados’ propagandísticos que explican mucho de lo que pasa actualmente en Ucrania y que tiene en vilo a Europa. En este caso no es sólo propaganda: es la guerra. Es contar un ataque a todas luces hecho por tu país como si fuera obra del enemigo. Y en la guerra, se gana y se pierde, hay ataques, respuestas… y disidentes


El caso de Israel y Palestina es, sin embargo, el más evidente. Años atrás, cuando Twitter no era tan rápido censurando cuentas de organizaciones terroristas, las Brigadas de Al Qassam (brazo armado de Hamás) troleaban de lo lindo al Ministerio de Defensa israelí



En esa época la guerra se tomaba hasta como un juego. El Ministerio de Defensa lanzó una app para gamificar su labor: los IDF ranks, que consternaron a muchos y fueron aplaudidos por otros como brillante estrategia. Era una especie de juego donde ganabas puntos por participar de una u otra forma en las labores de propaganda del Ejército israelí. Sus tuits, ya por entonces, eran propaganda de guerra pura.
Dos años después de eso de nuevo Gaza vuelve a estar bajo el fuego israelí. Ahora no hay gamificación, sino directamente estrategia de marketing. Israel ha comprado tuits patrocinados en Twitter para explicar qué hace y por qué lo hace en una campaña de lavado de imagen digital sin precedentes que hasta el presidente del país, a través de su cuenta en la red social, promociona.

Mientras, el blog oficial del Ministerio de Defensa es ahora el que trolea con posts hablando de las «reglas de social media de Hamás: describir a los terroristas como civiles inocentes» o, en un paso más, la creación de un widget para que calcules qué alcance tendrían los misiles de los terroristas palestinos si la franja de Gaza estuviera a la misma distancia que está de las ciudades israelíes.

Por si todo esto fuera poco, Israel ha invertido también en una flota de ‘portavoces digitales’ en varios idiomas que se dedican a denunciar los actos de Hamás y a justificar las acciones israelíes. En el caso español se trata de Roni Kaplan, en cuya bio dice «Soy Portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel para la prensa internacional hispano parlante y la prensa asiatica». Tiene casi 14.000 seguidores en Twitter y casi 12.000 en Facebook. Sus métodos son estos:

Pero de comunicación sabe poco. Alguien abrió una cuenta fake cambiando una ‘l’ por una ‘i’ mayúscula… y picó el anzuelo de darle publicidad gratuita


El troleo ahora está servido

Mismo truco para trolear, pero ahora con la cuenta del Ministerio de Defensa


Al otro lado, Farah Baker, una joven de 16 años que tuitea desde Gaza y que ha alcanzado casi 100.000 seguidores en pocos días contando la guerra desde su lado



Con suerte algún día su cuenta de Twitter vuelva a ser la de una adolescente que tuitea cosas como estas

Que Israel está atacando Gaza es algo que todos sabemos. De hecho, da igual cuándo leas este post, porque posiblemente dentro de unos meses, o unos años, siga valiendo la afirmación. De hecho, esa ‘guerra’ lleva años, décadas, en marcha. Pero con el paso del tiempo las armas y los escenarios de combate cambian: además de cohetes y misiles, webs y perfiles sociales; además de Gaza o Cisjordania, Twitter o Facebook. Es la nueva guerra.
Que los políticos usen las redes sociales y los blogs para ganar votantes no es algo nuevo. Que, acabada la campaña, los olviden, tampoco. Ni siquiera que los Gobiernos y líderes usen las redes sociales como oficina de prensa y muestra de diplomacia. El Flickr de la Casa Blanca, el Facebook de Cristina Fernández o el Twitter de Hassan Rouhani, presidente iraní, son tres ejemplos entre miles de los que merecen ser estudiados como formas paradigmáticas de comunicación política. Hasta los terroristas se han apuntado a las redes sociales para amenazar, hacer propaganda o presumir de atrocidades (aunque normalmente sus cuentas duran abiertas menos que un personaje de Juego de Tronos).
Lo que no había pasado hasta hace poco es que la guerra también se disputara online. No me refiero a los ataques ciberterroristas, sino a la guerra en sí misma y la propaganda bélica de ambos bandos.
Las redes sociales fueron testigos y vehículos de lo que pasó durante los meses que duró el heterogéneo proceso de la primavera árabe: los gobiernos amenazados han ido censurando redes a medida que el levantamiento popular era más intenso y muchas veces Twitter o Facebook suponían los únicos vehículos para que los manifestantes se comunicaran o los ciudadanos de fuera del país supieran qué pasaba. En España también han sucedido cosas similares, desde la versión 1.0 con aquellos SMS con el ‘Pásalo’ tras los atentados del 11M a toda la estrategia de coordinación online de los movimientos alrededor del 15M.
En Siria los rebeldes (o terroristas, según las versiones) llevan meses mostrando lo que hace el Gobierno de Al Assad a través de las redes sociales, aunque sin respuesta ‘digital’ del otro bando. También allí, el autodenominado califato islámico (ISIS) ha ido comunicando sus ‘hazañas’ a través de las redes, pero también sin respuesta.
Ahora ya no es propaganda electoral, o movilizaciones sociales. Ahora es la guerra. Más o menos declarada, pero guerra. La diplomacia del cable ha dado un paso más. Igual que en las guerras mundiales la radio o la televisión fueron vehículos de propaganda, ahora el campo de batalla es la Red.
El caso de Rusia y Ucrania es un buen ejemplo. El seguimiento internacional de lo que pasó durante las manifestaciones que derrocaron al gobierno prorruso del país fueron algo así como lo que se hizo en España con el 15M, o los ejemplos ya citados de la primavera árabe. Pero cuando las protestas se convirtieron en una especie de guerra civil con partes de Ucrania anexionándose a Rusia, ciudades declarándose en rebeldía y demás, empezó la propaganda. El momento de máximo apogeo fue el derribo de un avión comercial hace unos días, cuando la televisión oficial de Putin entró en juego.
Se trata de Russia Today, que tiene canales en varios idiomas y que, como otras televisiones internacionales en el mundo, sirve para proyectar la imagen de un determinado país en el mundo. Las redes sociales han supuesto una generalización de su alcance con estrategias propias de marketing: los mejores vídeos de YouTube y la mejor cobertura de algunos fenómenos livianos ha hecho que multiplique su presencia en redes. Porque, ¿quién ve en la tele Russia Today en español? Pocos. Pero en Twitter su cuenta en nuestro idioma tiene la friolera de 342.000 seguidores expuestos a cosas como estas

Como hacen muchos medios afines a un determinado partido político, pensarás, y seguramente no te falte razón. Aunque aquí la cosa va más allá. Russia Today es el reflejo de cómo el Kremlin suele ganar influencia en su entorno: apoya grupos políticos, grupos militares o corrientes sociales afines que desestabilizan o influyen en áreas que van desde Georgia a Ucrania y desde los Urales a Siberia. Una red de ‘infiltrados’ propagandísticos que explican mucho de lo que pasa actualmente en Ucrania y que tiene en vilo a Europa. En este caso no es sólo propaganda: es la guerra. Es contar un ataque a todas luces hecho por tu país como si fuera obra del enemigo. Y en la guerra, se gana y se pierde, hay ataques, respuestas… y disidentes


El caso de Israel y Palestina es, sin embargo, el más evidente. Años atrás, cuando Twitter no era tan rápido censurando cuentas de organizaciones terroristas, las Brigadas de Al Qassam (brazo armado de Hamás) troleaban de lo lindo al Ministerio de Defensa israelí



En esa época la guerra se tomaba hasta como un juego. El Ministerio de Defensa lanzó una app para gamificar su labor: los IDF ranks, que consternaron a muchos y fueron aplaudidos por otros como brillante estrategia. Era una especie de juego donde ganabas puntos por participar de una u otra forma en las labores de propaganda del Ejército israelí. Sus tuits, ya por entonces, eran propaganda de guerra pura.
Dos años después de eso de nuevo Gaza vuelve a estar bajo el fuego israelí. Ahora no hay gamificación, sino directamente estrategia de marketing. Israel ha comprado tuits patrocinados en Twitter para explicar qué hace y por qué lo hace en una campaña de lavado de imagen digital sin precedentes que hasta el presidente del país, a través de su cuenta en la red social, promociona.

Mientras, el blog oficial del Ministerio de Defensa es ahora el que trolea con posts hablando de las «reglas de social media de Hamás: describir a los terroristas como civiles inocentes» o, en un paso más, la creación de un widget para que calcules qué alcance tendrían los misiles de los terroristas palestinos si la franja de Gaza estuviera a la misma distancia que está de las ciudades israelíes.

Por si todo esto fuera poco, Israel ha invertido también en una flota de ‘portavoces digitales’ en varios idiomas que se dedican a denunciar los actos de Hamás y a justificar las acciones israelíes. En el caso español se trata de Roni Kaplan, en cuya bio dice «Soy Portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel para la prensa internacional hispano parlante y la prensa asiatica». Tiene casi 14.000 seguidores en Twitter y casi 12.000 en Facebook. Sus métodos son estos:

Pero de comunicación sabe poco. Alguien abrió una cuenta fake cambiando una ‘l’ por una ‘i’ mayúscula… y picó el anzuelo de darle publicidad gratuita


El troleo ahora está servido

Mismo truco para trolear, pero ahora con la cuenta del Ministerio de Defensa


Al otro lado, Farah Baker, una joven de 16 años que tuitea desde Gaza y que ha alcanzado casi 100.000 seguidores en pocos días contando la guerra desde su lado



Con suerte algún día su cuenta de Twitter vuelva a ser la de una adolescente que tuitea cosas como estas

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Opiniones 7
  • Pingback: Blog de Notas
  • Lo de tachar de propaganda la información de un lado como han hecho con el caso del avión malasio y culpar directamente a Rusia sin investigación alguna demuestra que la propaganda del lado occidental a veces funciona perfectamente. Menos mal que en la noticia por lo menos no se creen la versión occidental del conflicto palestino….

  • Me pregunto qué haría HAMAS si dispusiera de un ejército como el israelí. Bueno, no tengo que preguntármelo: ya se vió hace casi 60 años, cuando la ONU decidió respaldar la existencia del estado de Israel, y sus vecinos decidieron que no era justo.

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