20 de junio 2018    /   Logo School
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 Iván Castro / Larousse

Los consejos de Iván Castro para aprender a dibujar letras

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20 de junio 2018    /   Logo School     por          Iván Castro / Larousse
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Después de años compartiendo su conocimiento sobre caligrafía y rotulación en cursos y talleres, Iván Castro ha escrito Lettering a tope, un libro divulgativo en el que comparte con los lectores su pasión por la disciplina y da consejos para llegar a convertirse en un artista de la letra dibujada.

Como explica Castro al comienzo de su libro, la tipografía está en todas partes. Los habitantes de los entornos urbanos están rodeados de letras desde que se levantan hasta que se acuestan. Entre medias, muchas de las acciones que realizan están determinadas o guiadas por letras y por los mensajes que estas componen.

Sin embargo, además del mensaje literal que transmiten, las letras poseen unas cualidades formales que también aportan información sobre su carácter, su procedencia, su forma de ser. Al igual que sucede con el timbre de voz, la entonación, la inflexión o el acento de un interlocutor en una conversación oral, las letras pueden ser delicadas, agresivas, trepidantes, algunas ligeras y otras, si no muy pelmas, por lo menos, pesadas.

Por esa razón, para que los mensajes lleguen correctamente al interlocutor, además de estar bien escritos deben tener unas cualidades formales que encajen con ese conjunto de sentimientos e ideas que se pretende transmitir. El problema surge cuando los catálogos tipográficos no tienen ese tipo de letra que se precisa para ello. Cuando eso sucede, no queda más remedio que acudir a profesionales como Iván Castro.

Castro crea textos, rótulos, carteles o logotipos dibujados a mano expresamente para estudios de diseños, editoriales, grupos de música, agencias de publicidad, discográficas, barberías, tiendas de ropa y grandes empresas. Además, acostumbra a compartir sus conocimientos en talleres, escuelas de diseño, cursos online y en libros como Lettering a tope, de la editorial Larousse, donde da algunos consejos como estos:

Ante todo, mucha calma.
Dice el refrán que Zamora no se ganó en una hora. Mentalízate de que vas a tardar bastante más de una hora en tan siquiera escribir la palabra Zamora con una caligrafía que mole. Ser un buen calígrafo lleva mucho tiempo y dedicación. A pesar de la generosidad de Iván Castro al compartir su saber en Lettering a tope, este libro solo es el primer paso en un camino muy divertido, pero no corto. Ten paciencia.

El CSI de las letras.
Para abordar un proyecto tipográfico hay que investigar. Saber qué quiere el cliente, cuál es el perfil del público al que va a ir dirigido el trabajo, qué valores quiere transmitir la marca. En definitiva, antes de agarrar el lápiz, deberás investigar todos esos aspectos. En otras palabras, si tienes que hacer un recordatorio de comunión, tal vez una tipografía de dark metal satánico no sea la apropiada. O sí, quién sabe. La cosa es que lo investigues y lo averigües.

No eres McGyver.
Si no eres de esos que son capaces de construir un arma letal con un clip y un chicle usado, lo mejor es que consigas unas buenas herramientas que te faciliten tu labor. En el caso de la caligrafía y el lettering, esas herramientas no son caras ni difíciles de conseguir, pero sí que deben tener ciertas características.

Los lápices deben permitir hacer trazos precisos, por lo que se desaconsejan las minas blandas. Mejor que elijas un 2H. También debes hacerte con una goma y unos rotuladores con punta fina y punta gruesa. Por ejemplo, un 0.2 y un 0.8 milímetros. Además, necesitarás papeles blancos de 80 gramos y papel traslúcido para copiar y mejorar los diseños poco a poco. Si a esto le sumas un juego de escuadra y cartabón, ya tienes todo lo que necesitas.

La unión hace la fuerza.
Salvo que seas un genio de la caligrafía, te será complicado dibujar una letra de una sola vez. Por eso es mejor que construyas la letra a base de pequeñas líneas que pasen todas por el mismo lugar. Aunque al resultado le falte nitidez, no te preocupes, ya se la irás dando a medida que vayas desarrollando el proyecto.

A veces, el todo sí es la suma de sus partes.
Las letras están formadas por diferentes partes. Líneas verticales que hacen de tronco, horizontales que la completan y curvas que la adornan, le dan volumen o la hacen más voluptuosa. No intentes hacer toda la letra de un solo trazo. Mejor ve construyéndola poco a poco según las diferentes partes. Por ejemplo, primero las verticales más gruesas, luego las horizontales y por último las curvas, vértices y detalles que unen ambas partes.

Lleno, por favor.
Para hacerte una idea de la forma real de tu letra, no basta solo con dibujar el contorno. Es necesario que la rellenes con pequeñas líneas de lápiz. De esta manera verás la forma con más claridad y podrás valorar el peso que tiene aislada en la página y junto a las demás letras.

De dentro a fuera.
Si vas a entintar tus letras, es necesario que los límites externos que has dibujado se mantengan lo más invariables posible. Para ello es necesario aplicar la tinta con cuidado y de forma metódica. Igual que el señor Miyagi le decía a Daniel San: «dar cera, pulir cera» en círculos; en tipografía hay que dar tinta y extender tinta de fuera a dentro de la letra, utilizando para las zonas que precisan más exactitud el rotulador de punta fina. El grueso resérvalo para rellenar las partes que no precisen tanto detalle.

Como una cebolla.
El trabajo del rotulista o calígrafo se construye a base de ir repitiendo el diseño que se desea en diferentes papeles, de manera que cada paso siguiente tenga más detalles que el anterior. De esta forma, el resultado final será fruto de la superposición de capas y capas. Para ello, lo mejor es utilizar papel vegetal que, no en vano, también se llama papel cebolla.

Escribe textos, no letras sueltas.
Las letras de una palabra mantienen entre sí una relación en la que tiene mucha importancia el ritmo y el espaciado. Para interiorizar esa relación es necesario repetir muchas veces la forma de las letras, especialmente aquellas que tienen rasgos similares. Por ejemplo, la n, la u, la m, la h… Para conseguirlo, en lugar de dibujarlas aisladas unas de otras, se aconseja escribirlas formando palabras. Da igual que «jmhmmniumnh» no signifique nada para la RAE. Para tu evolución como rotulista tiene mucho más sentido del que crees.

Esto no es el final.
Además de estos consejos, Lettering a tope contiene valiosa información sobre tipografía, diseño gráfico, técnicas de dibujo, incluso sobre música, rock and roll y tatuajes. Por eso, si quieres explorar el mundo de la caligrafía y el lettering, no te conformes con este artículo.

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Después de años compartiendo su conocimiento sobre caligrafía y rotulación en cursos y talleres, Iván Castro ha escrito Lettering a tope, un libro divulgativo en el que comparte con los lectores su pasión por la disciplina y da consejos para llegar a convertirse en un artista de la letra dibujada.

Como explica Castro al comienzo de su libro, la tipografía está en todas partes. Los habitantes de los entornos urbanos están rodeados de letras desde que se levantan hasta que se acuestan. Entre medias, muchas de las acciones que realizan están determinadas o guiadas por letras y por los mensajes que estas componen.

Sin embargo, además del mensaje literal que transmiten, las letras poseen unas cualidades formales que también aportan información sobre su carácter, su procedencia, su forma de ser. Al igual que sucede con el timbre de voz, la entonación, la inflexión o el acento de un interlocutor en una conversación oral, las letras pueden ser delicadas, agresivas, trepidantes, algunas ligeras y otras, si no muy pelmas, por lo menos, pesadas.

Por esa razón, para que los mensajes lleguen correctamente al interlocutor, además de estar bien escritos deben tener unas cualidades formales que encajen con ese conjunto de sentimientos e ideas que se pretende transmitir. El problema surge cuando los catálogos tipográficos no tienen ese tipo de letra que se precisa para ello. Cuando eso sucede, no queda más remedio que acudir a profesionales como Iván Castro.

Castro crea textos, rótulos, carteles o logotipos dibujados a mano expresamente para estudios de diseños, editoriales, grupos de música, agencias de publicidad, discográficas, barberías, tiendas de ropa y grandes empresas. Además, acostumbra a compartir sus conocimientos en talleres, escuelas de diseño, cursos online y en libros como Lettering a tope, de la editorial Larousse, donde da algunos consejos como estos:

Ante todo, mucha calma.
Dice el refrán que Zamora no se ganó en una hora. Mentalízate de que vas a tardar bastante más de una hora en tan siquiera escribir la palabra Zamora con una caligrafía que mole. Ser un buen calígrafo lleva mucho tiempo y dedicación. A pesar de la generosidad de Iván Castro al compartir su saber en Lettering a tope, este libro solo es el primer paso en un camino muy divertido, pero no corto. Ten paciencia.

El CSI de las letras.
Para abordar un proyecto tipográfico hay que investigar. Saber qué quiere el cliente, cuál es el perfil del público al que va a ir dirigido el trabajo, qué valores quiere transmitir la marca. En definitiva, antes de agarrar el lápiz, deberás investigar todos esos aspectos. En otras palabras, si tienes que hacer un recordatorio de comunión, tal vez una tipografía de dark metal satánico no sea la apropiada. O sí, quién sabe. La cosa es que lo investigues y lo averigües.

No eres McGyver.
Si no eres de esos que son capaces de construir un arma letal con un clip y un chicle usado, lo mejor es que consigas unas buenas herramientas que te faciliten tu labor. En el caso de la caligrafía y el lettering, esas herramientas no son caras ni difíciles de conseguir, pero sí que deben tener ciertas características.

Los lápices deben permitir hacer trazos precisos, por lo que se desaconsejan las minas blandas. Mejor que elijas un 2H. También debes hacerte con una goma y unos rotuladores con punta fina y punta gruesa. Por ejemplo, un 0.2 y un 0.8 milímetros. Además, necesitarás papeles blancos de 80 gramos y papel traslúcido para copiar y mejorar los diseños poco a poco. Si a esto le sumas un juego de escuadra y cartabón, ya tienes todo lo que necesitas.

La unión hace la fuerza.
Salvo que seas un genio de la caligrafía, te será complicado dibujar una letra de una sola vez. Por eso es mejor que construyas la letra a base de pequeñas líneas que pasen todas por el mismo lugar. Aunque al resultado le falte nitidez, no te preocupes, ya se la irás dando a medida que vayas desarrollando el proyecto.

A veces, el todo sí es la suma de sus partes.
Las letras están formadas por diferentes partes. Líneas verticales que hacen de tronco, horizontales que la completan y curvas que la adornan, le dan volumen o la hacen más voluptuosa. No intentes hacer toda la letra de un solo trazo. Mejor ve construyéndola poco a poco según las diferentes partes. Por ejemplo, primero las verticales más gruesas, luego las horizontales y por último las curvas, vértices y detalles que unen ambas partes.

Lleno, por favor.
Para hacerte una idea de la forma real de tu letra, no basta solo con dibujar el contorno. Es necesario que la rellenes con pequeñas líneas de lápiz. De esta manera verás la forma con más claridad y podrás valorar el peso que tiene aislada en la página y junto a las demás letras.

De dentro a fuera.
Si vas a entintar tus letras, es necesario que los límites externos que has dibujado se mantengan lo más invariables posible. Para ello es necesario aplicar la tinta con cuidado y de forma metódica. Igual que el señor Miyagi le decía a Daniel San: «dar cera, pulir cera» en círculos; en tipografía hay que dar tinta y extender tinta de fuera a dentro de la letra, utilizando para las zonas que precisan más exactitud el rotulador de punta fina. El grueso resérvalo para rellenar las partes que no precisen tanto detalle.

Como una cebolla.
El trabajo del rotulista o calígrafo se construye a base de ir repitiendo el diseño que se desea en diferentes papeles, de manera que cada paso siguiente tenga más detalles que el anterior. De esta forma, el resultado final será fruto de la superposición de capas y capas. Para ello, lo mejor es utilizar papel vegetal que, no en vano, también se llama papel cebolla.

Escribe textos, no letras sueltas.
Las letras de una palabra mantienen entre sí una relación en la que tiene mucha importancia el ritmo y el espaciado. Para interiorizar esa relación es necesario repetir muchas veces la forma de las letras, especialmente aquellas que tienen rasgos similares. Por ejemplo, la n, la u, la m, la h… Para conseguirlo, en lugar de dibujarlas aisladas unas de otras, se aconseja escribirlas formando palabras. Da igual que «jmhmmniumnh» no signifique nada para la RAE. Para tu evolución como rotulista tiene mucho más sentido del que crees.

Esto no es el final.
Además de estos consejos, Lettering a tope contiene valiosa información sobre tipografía, diseño gráfico, técnicas de dibujo, incluso sobre música, rock and roll y tatuajes. Por eso, si quieres explorar el mundo de la caligrafía y el lettering, no te conformes con este artículo.

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