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23 de mayo 2016    /   CREATIVIDAD
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La guía práctica de Iván Castro para dibujar letras

23 de mayo 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Iván Castro parece salido de una de esas películas de Serie B de los años 50 que contaban las aventuras de un hombre lobo adolescente, un cavernícola adolescente o un Frankenstein adolescente. Su caso, a falta de viajes en el tiempo, mutaciones o ataques radiactivos, sería la historia de un tipógrafo adolescente o, por lo menos, bastante precoz.

El interés de Iván Castro por las letras comenzó en su más tierna infancia. Aprendió a leer fijándose en los rótulos de la calle cuando sólo contaba tres años. Con un Manual de los Jóvenes Castores dibujó sus primeras letras góticas. En su época de estudiante de diseño, recibió clases de caligrafía con Keith Adams, así que, cuando le preguntan por qué eligió una disciplina como la tipografía, responde convencido: «la tipografía me eligió a mí».

A pesar de tenerlo tan claro, aún tardaría cierto tiempo en decantarse totalmente por esa actividad. Primero hubo de pasar unos años trabajando en estudios de diseño pero, cuando decidió establecerse por su cuenta, dice, «en ese momento tuve claro que lo que quería hacer era dibujar letras».

Hoy, con todo lo aprendido a lo largo de más de una década «dibujando letras», Iván Castro ha decidido escribir The ABC of Custom Lettering, un libro que acaba de ver la luz en la editorial británica Korero Press.

«Hace un tiempo que estoy en contacto con ellos. En su libro Surf Graphics de 2012 aparece alguna cosilla mía en un rincón y luego les diseñé su nuevo logotipo», explica.

Satisfechos de estas colaboraciones, los responsables de Korero le propusieron escribir un manual de lettering.

«Contesté que sí a ciegas, sin saber muy bien lo que se me venía encima. Pero ahora soy feliz de haber escrito un libro como The ABC… Creo que era necesario porque hay varios libros por ahí sobre el tema, pero se basan más en las posibilidades decorativas de las letras que en la estructura y en la razón de ser de las formas de las mismas, que es lo que a mí me interesa. Mi libro no se centra tanto en el qué o en el cómo, sino más bien en el porqué. De hecho, está planteado como un curso en el que se explican cosas tan básicas como “esto es un lápiz, si lo frotas contra esta cosa blanca, que es un papel, te salen rayas”».

Iván Castro lleva más de una década dedicado a la caligrafía y el lettering, disciplinas relacionadas con la tipografía, pero que, aunque resulte asombroso, también tienen bastantes diferencias entre sí.

«Caligrafía es el hecho de construir signos alfabéticos manualmente con una herramienta de escritura, usando un trazo para cada parte de la letra. En cambio, cuando hacemos lettering, construimos esas letras de manera más meditada y usando todos los trazos que sean necesarios. Simplificando, asociamos caligrafía al gesto de escribir y lettering al de dibujar».

Según esta diferenciación, una tipografía sería un sistema de letras que deben funcionar correctamente entre sí. «De alguna manera, cuando diseñamos una tipografía estamos diseñando un juego de construcción con letras, con el que un tercero, que idealmente sería un diseñador gráfico, pero también podría ser mi madre, construye mensajes sin que nosotros tengamos control sobre lo que va a hacer con esas formas».

Para que las tipografías funcionen correctamente en manos de esos terceros es necesario tener en cuenta infinidad de detalles. Por ejemplo, el espacio entre las diferentes letras o entre determinados pares de letras, el interlineado, la altura, la anchura, la homogeneidad de los caracteres… En definitiva, un montón de detalles que hacen de la tipografía una disciplina un tanto rígida, al menos en comparación con la caligrafía o el lettering.

«Bueno, si lo pienso dos veces, se me vienen a la mente trabajos hechos con tipografía experimental que también se pasan por el forro las interlíneas y los espaciados. Así que si lo llevamos a un terreno más expresivo, la tipografía tampoco es una cosa tan rígida. En todo caso, sí es cierto que en lo que respecta a las formas de letras, el lettering es mucho más libre, ya que podemos hacer las formas que nos dé la gana siempre y cuando funcionen. Con tipografía, sin embargo, nos tenemos que quedar con el diseño que tengamos. Bueno, siempre podemos manipular esas formas de letras, pero eso nos puede meter en un jardín complicado».

Iván Castro es un magnífico guía a la hora de internarse en jardines o selvas siempre que aquellas estén llenas de trazos, letras o caracteres. Bajo su supervisión, se podrían emprender aventuras como, por ejemplo, hacer un logotipo para un banco o un partido político con lettering y salir airosos.

«Sí, claro que se puede hacer un logotipo para un banco con lettering. Sólo es necesario mantenerse en un terreno controlado y en un lenguaje que se adapte a las necesidades del proyecto, porque no hay que olvidar que es un banco y no puede parecer una tienda de tatuajes, pero claro que es posible».

¿Cómo puede ser que un banco pueda parecer una tienda de tatuajes simplemente con un logotipo? ¿Tienen acaso las letras una personalidad propia que sugiere y cuenta diferentes cosas? De ser así, ¿una tipografía mal elegida podría interferir la correcta transmisión del mensaje?

«Las letras tienen una carga cultural muy fuerte que nos llega, en la mayoría de los casos, de manera inconsciente. Por otra parte, hay cuestiones técnicas y funcionales que hacen que, independientemente del lenguaje gráfico, determinadas formas sean más adecuadas para unos proyectos que para otros», indica. «Por ejemplo, imagina la señalización de la autopista compuesta con la letra de un niño de cinco años. O una portada de una novela romántica de estas de Highlanders con una letra como de ciencia ficción setentera. Nadie entendería nada».

Entonces, si las tipografías poseen una carga cultural muy potente, ¿es necesario conocer todos los idiomas para diseñar una determinada tipografía, para escribir caligráficamente en ese idioma o para hacer un lettering que funcione?

«La respuesta a esta pregunta es muy borrosa», especifica. «No es un tema tanto de idioma como de entender bien las formas, cuáles son las proporciones de esos signos, cómo se generan. Por ejemplo, puedo escribir en holandés en alfabeto latino si hace falta, aunque no entienda qué estoy escribiendo. Pero si entendiera el idioma, lo haría de manera mucho más fluida y natural. Por eso, para diseñar una tipografía, es interesante conocer el idioma. Hay que saber cuáles son las letras más habituales y las que menos, si hay combinaciones de letras que se repiten, etcétera».

Aunque no sea necesario, parece evidente que conocer un idioma para diseñar una tipografía o hacer un lettering siempre será útil. En todo caso, lo que sí que parece imprescindible es conocer o estar familiarizado con el alfabeto en cuestión.

«Sí, si saltamos de sistema de escritura, la cosa se complica. Si tienes que diseñar una tipografía para el árabe, por ejemplo, y es un idioma que no conoces, no vas a dar ni una. Más te vale ponerte las pilas para entender cómo se configura, cómo se generan los signos, cuáles son las reglas internas. Por lo que a mí respecta, ¡bastante complejo es ya el alfabeto latino como para liarse con otros! Alguna vez me ha tocado hacer algo en cirílico para algún cliente en plan multinacional. También hice hace tiempo algún trabajo de caligrafía en griego a nivel personal, y en esos casos lo he podido solucionar porque, en esencia, no son muy diferentes del alfabeto latino. Sin embargo, varias veces he rechazado trabajos en japonés o en hebreo, porque la lógica de las formas se me escapa totalmente».

Iván Castro parece salido de una de esas películas de Serie B de los años 50 que contaban las aventuras de un hombre lobo adolescente, un cavernícola adolescente o un Frankenstein adolescente. Su caso, a falta de viajes en el tiempo, mutaciones o ataques radiactivos, sería la historia de un tipógrafo adolescente o, por lo menos, bastante precoz.

El interés de Iván Castro por las letras comenzó en su más tierna infancia. Aprendió a leer fijándose en los rótulos de la calle cuando sólo contaba tres años. Con un Manual de los Jóvenes Castores dibujó sus primeras letras góticas. En su época de estudiante de diseño, recibió clases de caligrafía con Keith Adams, así que, cuando le preguntan por qué eligió una disciplina como la tipografía, responde convencido: «la tipografía me eligió a mí».

A pesar de tenerlo tan claro, aún tardaría cierto tiempo en decantarse totalmente por esa actividad. Primero hubo de pasar unos años trabajando en estudios de diseño pero, cuando decidió establecerse por su cuenta, dice, «en ese momento tuve claro que lo que quería hacer era dibujar letras».

Hoy, con todo lo aprendido a lo largo de más de una década «dibujando letras», Iván Castro ha decidido escribir The ABC of Custom Lettering, un libro que acaba de ver la luz en la editorial británica Korero Press.

«Hace un tiempo que estoy en contacto con ellos. En su libro Surf Graphics de 2012 aparece alguna cosilla mía en un rincón y luego les diseñé su nuevo logotipo», explica.

Satisfechos de estas colaboraciones, los responsables de Korero le propusieron escribir un manual de lettering.

«Contesté que sí a ciegas, sin saber muy bien lo que se me venía encima. Pero ahora soy feliz de haber escrito un libro como The ABC… Creo que era necesario porque hay varios libros por ahí sobre el tema, pero se basan más en las posibilidades decorativas de las letras que en la estructura y en la razón de ser de las formas de las mismas, que es lo que a mí me interesa. Mi libro no se centra tanto en el qué o en el cómo, sino más bien en el porqué. De hecho, está planteado como un curso en el que se explican cosas tan básicas como “esto es un lápiz, si lo frotas contra esta cosa blanca, que es un papel, te salen rayas”».

Iván Castro lleva más de una década dedicado a la caligrafía y el lettering, disciplinas relacionadas con la tipografía, pero que, aunque resulte asombroso, también tienen bastantes diferencias entre sí.

«Caligrafía es el hecho de construir signos alfabéticos manualmente con una herramienta de escritura, usando un trazo para cada parte de la letra. En cambio, cuando hacemos lettering, construimos esas letras de manera más meditada y usando todos los trazos que sean necesarios. Simplificando, asociamos caligrafía al gesto de escribir y lettering al de dibujar».

Según esta diferenciación, una tipografía sería un sistema de letras que deben funcionar correctamente entre sí. «De alguna manera, cuando diseñamos una tipografía estamos diseñando un juego de construcción con letras, con el que un tercero, que idealmente sería un diseñador gráfico, pero también podría ser mi madre, construye mensajes sin que nosotros tengamos control sobre lo que va a hacer con esas formas».

Para que las tipografías funcionen correctamente en manos de esos terceros es necesario tener en cuenta infinidad de detalles. Por ejemplo, el espacio entre las diferentes letras o entre determinados pares de letras, el interlineado, la altura, la anchura, la homogeneidad de los caracteres… En definitiva, un montón de detalles que hacen de la tipografía una disciplina un tanto rígida, al menos en comparación con la caligrafía o el lettering.

«Bueno, si lo pienso dos veces, se me vienen a la mente trabajos hechos con tipografía experimental que también se pasan por el forro las interlíneas y los espaciados. Así que si lo llevamos a un terreno más expresivo, la tipografía tampoco es una cosa tan rígida. En todo caso, sí es cierto que en lo que respecta a las formas de letras, el lettering es mucho más libre, ya que podemos hacer las formas que nos dé la gana siempre y cuando funcionen. Con tipografía, sin embargo, nos tenemos que quedar con el diseño que tengamos. Bueno, siempre podemos manipular esas formas de letras, pero eso nos puede meter en un jardín complicado».

Iván Castro es un magnífico guía a la hora de internarse en jardines o selvas siempre que aquellas estén llenas de trazos, letras o caracteres. Bajo su supervisión, se podrían emprender aventuras como, por ejemplo, hacer un logotipo para un banco o un partido político con lettering y salir airosos.

«Sí, claro que se puede hacer un logotipo para un banco con lettering. Sólo es necesario mantenerse en un terreno controlado y en un lenguaje que se adapte a las necesidades del proyecto, porque no hay que olvidar que es un banco y no puede parecer una tienda de tatuajes, pero claro que es posible».

¿Cómo puede ser que un banco pueda parecer una tienda de tatuajes simplemente con un logotipo? ¿Tienen acaso las letras una personalidad propia que sugiere y cuenta diferentes cosas? De ser así, ¿una tipografía mal elegida podría interferir la correcta transmisión del mensaje?

«Las letras tienen una carga cultural muy fuerte que nos llega, en la mayoría de los casos, de manera inconsciente. Por otra parte, hay cuestiones técnicas y funcionales que hacen que, independientemente del lenguaje gráfico, determinadas formas sean más adecuadas para unos proyectos que para otros», indica. «Por ejemplo, imagina la señalización de la autopista compuesta con la letra de un niño de cinco años. O una portada de una novela romántica de estas de Highlanders con una letra como de ciencia ficción setentera. Nadie entendería nada».

Entonces, si las tipografías poseen una carga cultural muy potente, ¿es necesario conocer todos los idiomas para diseñar una determinada tipografía, para escribir caligráficamente en ese idioma o para hacer un lettering que funcione?

«La respuesta a esta pregunta es muy borrosa», especifica. «No es un tema tanto de idioma como de entender bien las formas, cuáles son las proporciones de esos signos, cómo se generan. Por ejemplo, puedo escribir en holandés en alfabeto latino si hace falta, aunque no entienda qué estoy escribiendo. Pero si entendiera el idioma, lo haría de manera mucho más fluida y natural. Por eso, para diseñar una tipografía, es interesante conocer el idioma. Hay que saber cuáles son las letras más habituales y las que menos, si hay combinaciones de letras que se repiten, etcétera».

Aunque no sea necesario, parece evidente que conocer un idioma para diseñar una tipografía o hacer un lettering siempre será útil. En todo caso, lo que sí que parece imprescindible es conocer o estar familiarizado con el alfabeto en cuestión.

«Sí, si saltamos de sistema de escritura, la cosa se complica. Si tienes que diseñar una tipografía para el árabe, por ejemplo, y es un idioma que no conoces, no vas a dar ni una. Más te vale ponerte las pilas para entender cómo se configura, cómo se generan los signos, cuáles son las reglas internas. Por lo que a mí respecta, ¡bastante complejo es ya el alfabeto latino como para liarse con otros! Alguna vez me ha tocado hacer algo en cirílico para algún cliente en plan multinacional. También hice hace tiempo algún trabajo de caligrafía en griego a nivel personal, y en esos casos lo he podido solucionar porque, en esencia, no son muy diferentes del alfabeto latino. Sin embargo, varias veces he rechazado trabajos en japonés o en hebreo, porque la lógica de las formas se me escapa totalmente».

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