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23 de junio 2014    /   CREATIVIDAD
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El músico de las tipos

23 de junio 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Resulta difícil definir tu estilo cuando el resultado final de tu trabajo es producto del consenso alcanzado con el cliente. «Suele estar más cerca de lo que pide el propio trabajo que de lo que a mí me apetece». Así que Iván Castro prefiere no pensar que tiene un estilo definido, «aunque en el fondo sí hay algo en común que es cuidar mucho que las formas sean lógicas y naturales, así como el ritmo de las palabras. La caligrafía o el lettering son como la música; no solo hay que tocar las notas bien, también hay que cuidar el ritmo y los silencios».

A él esa musicalidad que desprenden las letras y sus formas le llamó la atención desde muy pequeño. «Aprendí a leer con tres años. Notaba que algunas letras eran más serias (más tipográficas) y otras eran más divertidas, las tenía que haber dibujado alguien».
De los garabatos pasó a copiar los logos que veía en los anuncios. Y a los ocho años ya dibujaba letras góticas. «Era un niño un poco raro. Ya de mayorcito,  hace 15 años, empecé a estudiar caligrafía con Keith Adams y desde entonces estoy en ello».
También a partir de ahí comenzó a darse cuenta de lo mucho que le atraía la caligrafía de gente como Friedrich Poppl, Hermann Zapf, Karlgeorg Hoefer, Gottfried Pott o Werner Schneider, y, como no, la de Rudolf Koch.
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«Pero además de la caligrafía expresiva alemana de la segunda mitad del siglo pasado, admiro mucho también a los rotulistas anónimos que configuran la gráfica popular de mediados del XX, lo que todos tenemos en mente como el lettering de los 50 y los 60».
Después de trabajar en varios estudios de diseño, Iván Castro ahora lo hace como freelance y asegura que eso le permite mayor libertad a la hora de seleccionar los encargos. «Trabajando en un estudio tienes que hacer lo que te toca. En cambio, yo me puedo permitir el lujo de aceptar o declinar proyectos que me interese hacer o no».
Aunque, una vez aceptado, la dinámica es la misma. «No siempre los proyectos acaban como uno quiere porque muchas veces el cliente toma decisiones que no concuerdan con lo que yo haría, pero ¿qué puedo hacer en contra? Si aviso al cliente de que se está equivocando, pero aun así decide tirar por un lado en el que uno no se siente muy cómodo, solo queda acabar el trabajo de la forma más digna posible».
Asegura que entre sus trabajos, de los cuales hablará en la octava edición de MADinSpain, nunca se encontrará una tipografía que simule una escritura o letra dibujada, «a no ser que sea de coña. A veces, en privado, uso la Mistral o la Zapfino para echarme unas risas. Jajaja, ¡humor de calígrafos!».
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Resulta difícil definir tu estilo cuando el resultado final de tu trabajo es producto del consenso alcanzado con el cliente. «Suele estar más cerca de lo que pide el propio trabajo que de lo que a mí me apetece». Así que Iván Castro prefiere no pensar que tiene un estilo definido, «aunque en el fondo sí hay algo en común que es cuidar mucho que las formas sean lógicas y naturales, así como el ritmo de las palabras. La caligrafía o el lettering son como la música; no solo hay que tocar las notas bien, también hay que cuidar el ritmo y los silencios».

A él esa musicalidad que desprenden las letras y sus formas le llamó la atención desde muy pequeño. «Aprendí a leer con tres años. Notaba que algunas letras eran más serias (más tipográficas) y otras eran más divertidas, las tenía que haber dibujado alguien».
De los garabatos pasó a copiar los logos que veía en los anuncios. Y a los ocho años ya dibujaba letras góticas. «Era un niño un poco raro. Ya de mayorcito,  hace 15 años, empecé a estudiar caligrafía con Keith Adams y desde entonces estoy en ello».
También a partir de ahí comenzó a darse cuenta de lo mucho que le atraía la caligrafía de gente como Friedrich Poppl, Hermann Zapf, Karlgeorg Hoefer, Gottfried Pott o Werner Schneider, y, como no, la de Rudolf Koch.
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«Pero además de la caligrafía expresiva alemana de la segunda mitad del siglo pasado, admiro mucho también a los rotulistas anónimos que configuran la gráfica popular de mediados del XX, lo que todos tenemos en mente como el lettering de los 50 y los 60».
Después de trabajar en varios estudios de diseño, Iván Castro ahora lo hace como freelance y asegura que eso le permite mayor libertad a la hora de seleccionar los encargos. «Trabajando en un estudio tienes que hacer lo que te toca. En cambio, yo me puedo permitir el lujo de aceptar o declinar proyectos que me interese hacer o no».
Aunque, una vez aceptado, la dinámica es la misma. «No siempre los proyectos acaban como uno quiere porque muchas veces el cliente toma decisiones que no concuerdan con lo que yo haría, pero ¿qué puedo hacer en contra? Si aviso al cliente de que se está equivocando, pero aun así decide tirar por un lado en el que uno no se siente muy cómodo, solo queda acabar el trabajo de la forma más digna posible».
Asegura que entre sus trabajos, de los cuales hablará en la octava edición de MADinSpain, nunca se encontrará una tipografía que simule una escritura o letra dibujada, «a no ser que sea de coña. A veces, en privado, uso la Mistral o la Zapfino para echarme unas risas. Jajaja, ¡humor de calígrafos!».
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