11 de mayo 2020    /   IDEAS
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El arquitecto que se disfraza para sacar la basura y se postula para Padre del Año

11 de mayo 2020    /   IDEAS     por          
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Jaime Coronel ha conseguido generar expectación entre sus vecinos de Puertollano (Ciudad Real) y ahora también entre mucha otra gente que le sigue desde las redes sociales. ¿De qué se disfrazará hoy para bajar la basura? Lo lleva haciendo así casi desde el comienzo del estado de alarma. Y ahora le acompaña su hija Mara, de cuatro años.

Como otros muchos, Coronel aprovechó el confinamiento para hacer limpieza a fondo. Al hurgar entre las cosas del trastero, reencontró un disfraz de Olaf. Y no puedo evitar ponérselo. Al verlo, su hija Mara pidió su disfraz de Elsa.

«Estuvimos todo el día vestidos como los personajes de Frozen. Al llegar el momento de aplaudir, a las 8, pensé: ¿por qué no salir a tirar la basura disfrazado?». Lo hizo y, al comprobar la buena acogida de sus vecinos, decidió que, a partir de entonces, cada día bajaría la basura con un nuevo disfraz.

Y así, a medida que pasaban los días, se iban sucediendo los disfraces: un día era un dinosaurio, otro una momia, o Freddy Krueger, o un robot. o el banano espía de Fornite… «Mucha gente me pregunta en redes sociales si tengo una tienda de disfraces. Pero nada más lejos: soy arquitecto técnico y gestor de la empresa familiar de mudanzas».

La cantidad y variedad de disfraces se deben a las fiestas de carnaval y de Halloween que celebran él y su familia desde el nacimiento de Mara. «Alguno es anterior, de cuando, de joven, me disfrazaba y salía con los amigos». Durante la cuarentena, confiesa, también se ha comprado alguno que otro, y más de uno ha sido confeccionado en casa aprovechando el tiempo libre del confinamiento.

Los desfiles de disfraces de Coronel tuvieron un antes y un después: el primer día que se permitió dar un paseo a los niños. Ese día, padre e hija bajaron juntos la basura. Y disfrazados, claro.

«Ella estaba encantada de verme por la terraza (en casi todos los videos sale gritando: «¡Papi, papi!»)». Y en ese instante vi el momento ideal para que ella pudiera salir, aunque fueran solo dos minutos al día de casa».

Con los nuevos tramos horarios que regulan los paseos por edad, Jaime y Mara tuvieron que cambiar su rutina. Ahora ya no coincide con la hora de los aplausos. Pero no pasa nada. Muchos siguen esperando su salida desde el balcón. Y entre ellos, su público más incondicional: «Mi mujer y mi hijo Joel, aunque este no es consciente de nada porque nació 9 días antes de la declaración del estado de alarma».

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Como otros muchos, Coronel aprovechó el confinamiento para hacer limpieza a fondo. Al hurgar entre las cosas del trastero, reencontró un disfraz de Olaf. Y no puedo evitar ponérselo. Al verlo, su hija Mara pidió su disfraz de Elsa.

«Estuvimos todo el día vestidos como los personajes de Frozen. Al llegar el momento de aplaudir, a las 8, pensé: ¿por qué no salir a tirar la basura disfrazado?». Lo hizo y, al comprobar la buena acogida de sus vecinos, decidió que, a partir de entonces, cada día bajaría la basura con un nuevo disfraz.

Y así, a medida que pasaban los días, se iban sucediendo los disfraces: un día era un dinosaurio, otro una momia, o Freddy Krueger, o un robot. o el banano espía de Fornite… «Mucha gente me pregunta en redes sociales si tengo una tienda de disfraces. Pero nada más lejos: soy arquitecto técnico y gestor de la empresa familiar de mudanzas».

La cantidad y variedad de disfraces se deben a las fiestas de carnaval y de Halloween que celebran él y su familia desde el nacimiento de Mara. «Alguno es anterior, de cuando, de joven, me disfrazaba y salía con los amigos». Durante la cuarentena, confiesa, también se ha comprado alguno que otro, y más de uno ha sido confeccionado en casa aprovechando el tiempo libre del confinamiento.

Los desfiles de disfraces de Coronel tuvieron un antes y un después: el primer día que se permitió dar un paseo a los niños. Ese día, padre e hija bajaron juntos la basura. Y disfrazados, claro.

«Ella estaba encantada de verme por la terraza (en casi todos los videos sale gritando: «¡Papi, papi!»)». Y en ese instante vi el momento ideal para que ella pudiera salir, aunque fueran solo dos minutos al día de casa».

Con los nuevos tramos horarios que regulan los paseos por edad, Jaime y Mara tuvieron que cambiar su rutina. Ahora ya no coincide con la hora de los aplausos. Pero no pasa nada. Muchos siguen esperando su salida desde el balcón. Y entre ellos, su público más incondicional: «Mi mujer y mi hijo Joel, aunque este no es consciente de nada porque nació 9 días antes de la declaración del estado de alarma».

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