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28 de febrero 2019    /   CREATIVIDAD
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Los círculos infinitos de Jan Kaláb

28 de febrero 2019    /   CREATIVIDAD     por          
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Son hipnóticos. Atrapan la mirada del espectador en una espiral infinita de color y la dejan allí retenida, entre curvas interminables, sin que quiera escapar. La obra del checoslovaco Jan Kaláb está llena de círculos y esferas que se convierten en brillantes y coloridas naves espaciales para transportarnos a otros mundos.

«El círculo es la forma más compleja del universo», explica Kaláb que expone estos días en Madrid en la feria Urvanity. «Representa la línea entre el mundo interior y el exterior. La línea alrededor de un punto. Si piensas espacialmente, es una esfera. Lo mismo que en 3D. Puede representar el vacío o el volumen, dependiendo del punto de vista. Es la forma esencial de la vida».

Kaláb comenzó en el mundo del grafiti en una Checoslovaquia que descubrió el arte urbano al abrirse al mundo occidental a partir de los años 90. Creó el colectivo CSK y empezó a darse a conocer como Cakes. Fueron tiempos de nocturnidad y pintura en trenes y paredes. Empezó a viajar y llegó hasta Nueva York, donde quiso marcarse un nuevo reto artístico y empezó a desarrollar otro de arte urbano: lo que llamó grafitis en 3D.

Bajo el nombre de Point, comenzó a esculpir enormes carteles abstractos que iba colocando en calles y paredes. «Se trataba de otra especie de grafiti, a la luz del sol, sin espráis, pero fiel al espíritu competitivo e innovador del arte urbano», comenta en su bio.

Hoy ha cambiado las calles y los muros por las paredes de galerías de arte donde expone su obra. Atrás han quedado sus tiempos de arte clandestino. «Ha sido una evolución natural», comenta el artista checoslovaco cuando le preguntamos por esta transición artística y vital.

«He viajado y enseñado mi arte desde el principio. Antes incluso de que lo llamáramos grafiti y pintáramos en muros y trenes. Solo he madurado y mi arte es ahora más sofisticado. Pero el fondo sigue siendo el mismo, en mi opinión».

¿Ha influido en su trabajo y en su modo de ver el mundo madurar y tener familia? «Absolutamente. No pensé en el dinero hasta cumplir los 30. Solo quería divertirme en las calles. Podría pasar tres meses creando esculturas y después de instalarlas ilegalmente, tomar una foto y esperar a que desaparecieran. Algo muy romántico… Ahora valoro mi tiempo. Una vez que hago A, ya tengo una idea sobre B».

Haber entrado de lleno en el mercado del arte no es algo que parezca incomodarle, más bien al contrario. «Estoy feliz de ser un artista profesional», afirma con rotundidad. «No sé de ningún otro trabajo que quiera hacer y tengo suficiente talento para hacerlo». Pero también es capaz de ver la cara B del asunto y encontrar, a pesar de ello, el lado positivo.

«Por supuesto que es frustrante ver que algún trabajo no tiene tanto éxito como otros. Por supuesto que [estar dentro del mercado del arte] significa que te pidan producir cosas comerciales. Para mí es un reto encontrar algo mejor y agradezco a Dios que a la gente le guste al menos algo de lo hecho hasta entonces».

Jan Kaláb participará en la nueva edición de Urvanity, la feria de arte urbano que se celebra en Madrid del 28 de febrero al 3 de marzo. «Tengo el honor de tener un stand individual en la galería Magma. Mostraremos mis lienzos con forma orgánica, lo que parece ser la línea más popular de mi trabajo», explica qué es lo que el público encontrará de su obra en la feria. «Estoy tratando de desarrollar este cuerpo de trabajo y simplificarlo para encontrar formas nuevas».

La trayectoria artística de este escultor y escritor nacido en Praga ha estado marcada por continuos retos técnicos, por una experimentación constante con nuevos medios y materiales. Algo que no ha variado a día de hoy. «El año pasado tuve la experiencia de trabajar con vidrio», comenta. «Este material es asombroso, noble y lo que más me fascina es la luz que brilla a través del color. Espero tener la oportunidad de crear algunas piezas, aunque tengo un poco de miedo. El vidrio parece tan frágil».

Son hipnóticos. Atrapan la mirada del espectador en una espiral infinita de color y la dejan allí retenida, entre curvas interminables, sin que quiera escapar. La obra del checoslovaco Jan Kaláb está llena de círculos y esferas que se convierten en brillantes y coloridas naves espaciales para transportarnos a otros mundos.

«El círculo es la forma más compleja del universo», explica Kaláb que expone estos días en Madrid en la feria Urvanity. «Representa la línea entre el mundo interior y el exterior. La línea alrededor de un punto. Si piensas espacialmente, es una esfera. Lo mismo que en 3D. Puede representar el vacío o el volumen, dependiendo del punto de vista. Es la forma esencial de la vida».

Kaláb comenzó en el mundo del grafiti en una Checoslovaquia que descubrió el arte urbano al abrirse al mundo occidental a partir de los años 90. Creó el colectivo CSK y empezó a darse a conocer como Cakes. Fueron tiempos de nocturnidad y pintura en trenes y paredes. Empezó a viajar y llegó hasta Nueva York, donde quiso marcarse un nuevo reto artístico y empezó a desarrollar otro de arte urbano: lo que llamó grafitis en 3D.

Bajo el nombre de Point, comenzó a esculpir enormes carteles abstractos que iba colocando en calles y paredes. «Se trataba de otra especie de grafiti, a la luz del sol, sin espráis, pero fiel al espíritu competitivo e innovador del arte urbano», comenta en su bio.

Hoy ha cambiado las calles y los muros por las paredes de galerías de arte donde expone su obra. Atrás han quedado sus tiempos de arte clandestino. «Ha sido una evolución natural», comenta el artista checoslovaco cuando le preguntamos por esta transición artística y vital.

«He viajado y enseñado mi arte desde el principio. Antes incluso de que lo llamáramos grafiti y pintáramos en muros y trenes. Solo he madurado y mi arte es ahora más sofisticado. Pero el fondo sigue siendo el mismo, en mi opinión».

¿Ha influido en su trabajo y en su modo de ver el mundo madurar y tener familia? «Absolutamente. No pensé en el dinero hasta cumplir los 30. Solo quería divertirme en las calles. Podría pasar tres meses creando esculturas y después de instalarlas ilegalmente, tomar una foto y esperar a que desaparecieran. Algo muy romántico… Ahora valoro mi tiempo. Una vez que hago A, ya tengo una idea sobre B».

Haber entrado de lleno en el mercado del arte no es algo que parezca incomodarle, más bien al contrario. «Estoy feliz de ser un artista profesional», afirma con rotundidad. «No sé de ningún otro trabajo que quiera hacer y tengo suficiente talento para hacerlo». Pero también es capaz de ver la cara B del asunto y encontrar, a pesar de ello, el lado positivo.

«Por supuesto que es frustrante ver que algún trabajo no tiene tanto éxito como otros. Por supuesto que [estar dentro del mercado del arte] significa que te pidan producir cosas comerciales. Para mí es un reto encontrar algo mejor y agradezco a Dios que a la gente le guste al menos algo de lo hecho hasta entonces».

Jan Kaláb participará en la nueva edición de Urvanity, la feria de arte urbano que se celebra en Madrid del 28 de febrero al 3 de marzo. «Tengo el honor de tener un stand individual en la galería Magma. Mostraremos mis lienzos con forma orgánica, lo que parece ser la línea más popular de mi trabajo», explica qué es lo que el público encontrará de su obra en la feria. «Estoy tratando de desarrollar este cuerpo de trabajo y simplificarlo para encontrar formas nuevas».

La trayectoria artística de este escultor y escritor nacido en Praga ha estado marcada por continuos retos técnicos, por una experimentación constante con nuevos medios y materiales. Algo que no ha variado a día de hoy. «El año pasado tuve la experiencia de trabajar con vidrio», comenta. «Este material es asombroso, noble y lo que más me fascina es la luz que brilla a través del color. Espero tener la oportunidad de crear algunas piezas, aunque tengo un poco de miedo. El vidrio parece tan frágil».

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