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20 de diciembre 2019    /   BRANDED CONTENT
 

Japón te cambia: ¿Qué recomendarías a alguien que está a punto de ir?

20 de diciembre 2019    /   BRANDED CONTENT              
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Fotógrafo: Andre Benz/Unsplash

¿De qué sirve vivir una experiencia única en Japón si no puedes contarla después? Compartir con otros lo que has vivido realza el valor de un viaje. Si has viajado a Japón y te ha sorprendido lo que has visto y sentido, la Oficina Nacional de Turismo de Japón te propone un plan: comparte lo que sabes y cuenta en la web que acaban de lanzar tu experiencia nipona con el hashtag #InspiraJapón. A cambio de tu sabiduría, entrarás en el sorteo de un viaje a Japón para 2 personas, porque seguro que querrás repetir. Y como para muestra sirve un botón, aquí van algunas de nuestras recomendaciones.

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#InspiraJapón

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#InspiraJapón

 

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La librería que vende más de 30.000 revistasTokio

Tsutaya T-Site, en el barrio de Daikanyama (Tokio), es una librería experimental impresionante que busca demostrar que las tiendas físicas pueden barrer al comercio electrónico. Una tienda con más de 30.000 revistas y fanzines (más de 1.000 están a la vista. ¡Tienen hasta revistas españolas!).

En la sección de viajes puedes comprar libros o revistas de todo el mundo, e incluso organizar allí mismo un viaje a cualquier lugar del planeta. ¿Que prefieres leer las revistas sin pagar? No hay problema. Tienes siempre un ejemplar de muestra para echarles un vistazo. Además, ¿quieres un café? Hecho. ¿Vinilos? También. ¿Un sidecar? Justo al lado de las revistas de motor. ¿Plumas? Una vitrina entera. ¿Libros? Por supuesto, a montones. Incluso uno con infografías de Yorokobu en portada. ¿Buscas una obra de arte? Las tienen expuestas en varias partes. ¿Una camiseta indie? Ve a la zona de fanzines y sorpréndete. Puedes pasar varias tardes allí leyendo, mirando y tomando un riquísimo té matcha. 

Marcus Hurst

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El buda bajo tierraSapporo

¿Un buda enterrado? Como lo oyes. A nosotros también nos pareció extraño cuando nos lo contaron, así que decidimos viajar hasta las afueras de Sapporo para visitarlo. El lugar donde se encuentra es obra del arquitecto Tadao Ando. Dicen que cuando el gerente del cementerio le preguntó cómo conseguir que el gigantesco buda que habían colocado allí cautivara aún a más a la gente, Ando lo tuvo claro: «¡Enterrémoslo!». La estatua se labró en una piedra de 4.000 toneladas, pero a pesar de su enorme tamaño no llamaba la atención. Ando diseñó un montículo que recubrió el buda por completo, dejando solo un pequeño espacio libre a su alrededor. Allí plantó 150.000 plantas de lavanda que cambian el color del paisaje según la estación del año. Cuando llegamos nosotros había todo un ejército de jardineros cuidándolas.

Para llegar al buda tienes que recorrer un túnel de 40 metros que representa la transición del mundo terrenal a la otra vida. A pesar de haberse inaugurado en 2016, el lugar está impecable. No sabemos si hay un más allá, pero si tenemos que escoger, nos quedamos con este.

Marcus Hurst

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El tren que abraza la costaKyushu y Tohoku

No todo son prisas en Japón. Además del impresionante entramado de trenes rápidos y cercanías, existe otro tipo de trenes en los que la duración del trayecto es lo de menos. Aquellos en los que llegar a tu destino por la vía más lenta forma parte de la experiencia. Algo así como el tren de la fresa, pero multiplicado por 20 y en versión nipona. Cada región de Japón tiene uno o varios. El diseño de estos trenes es especial para cada trayecto: ventanas enormes para que puedas mimetizarte con el paisaje, una barra que sirve productos locales, e incluso la madera de sus suelos es de la zona. Los mejores están en la región de Kyushu (si haces una búsqueda en Google por el nombre de su diseñador, Eiji Mitooka, sabrás de qué te hablamos). 

Nosotros elegimos The Resort Shirakami, un viaje de cinco horas entre Aomori y Akita bordeando el mar. A medio camino ocurrió algo sorprendente: el tren se detuvo de pronto y los pasajeros empezaron a bajar corriendo hacia unas rocas de la costa. Por inercia, bajamos con ellos (ya sabéis: allá donde fueres, haz lo que vieres) y fue entonces cuando conseguimos enterarnos de que nos daban 15 minutos para poder hacer fotos. Después, seguimos nuestro camino, a 50 km por hora, descubriendo esta zona tan remota y poco conocida. Si quieres una razón más para emprender este viaje, aquí va: el trayecto está incluido en el Japan Rail Pass, el abono que permite el acceso a casi todos los trenes para turistas en Japón.

Marina Alonso-Carriazo

Sugamo, el Harajuku de los abuelosTokio

En las calles de Sugamo se produce una mezcla deliciosa: puedes caminar con una tranquilidad que jamás encontrarías en los distritos comerciales de Japón y, a la vez, está lleno de vida. La gente camina, pasea, va en bici. En la calle principal no hay tráfico. Es peatonal, todo está a pie de calle. En los comercios son muy agradables, muy atentos. Hay tiendas de objetos diminutos. Esos tan adictivos que se venden en las tiendas de libretitas, calcetines de colores, pegatinas rarísimas… Pero lo emocionante aquí es que son muy distintos a los que te encuentras en ese tipo de comercios en tu país. Por eso esas tiendas de baratijas parecen auténticos museos. Y en cada uno de ellos puedes aprender más de la cultura japonesa: de lo que usan, de lo prácticos que son, de la estética popera, luminosa y kawaii que les gusta tanto.

Pasear por la calle principal es muy divertido. Lo llaman el «Harajuku para las señoras mayores» y es cierto que se ven, sobre todo, abuelillos caminando por allí. Pero abuelillos modernos; muchos, en bici. Y eso es esperanzador. A veces tienes la sensación de que estás en una sociedad del futuro: envejecida, pero con una elegancia y un dinamismo que ya quisiera uno para sus últimos años de vida. Sugamo es otra sorpresa más de Japón. Es lo que asombra de este país. Siempre hay un barrio inesperado que te vuelve a dejar con la boca abierta.

Mar Abad

La isla del arteNaoshima

Naoshima es un lugar que quiere escapar del mundo. Está en Japón (geográficamente hablando), pero podría ubicarse en ninguna parte. Eso es lo que pretende. Huir de la vida cotidiana y envolver a quien cruza el mar Seto Inland en una colección de obras de arte y la arquitectura de Tadao Ando. El destino de lo que hace 58 años era una solitaria isla de pescadores viró el día que el empresario Tetsuhiko Fukutake decidió que ese sería el suelo donde tomaría forma su convicción del poder transformador del arte. En 1971 el editor fundó la colección Fukutake y ocho años más tarde empezaron las exhibiciones artísticas. El empresario murió, pero la semilla de Benesse Holdings estaba sembrada. Su hijo, Soichiro Fukutake, tomó el relevo y siguió construyendo lo que llaman «el distrito cultural y educacional de la isla de Naoshima».

Hoy es una fortaleza artística de 9.859 metros cuadrados. Dice el escritor Hatje Cantz, en el libro Naoshima. Naturaleza, arte, arquitectura, que este espacio se diseñó para invitar a cada individuo que lo visitara a reflexionar sobre qué podía hacer por su sociedad. Querían que fuese un lugar alejado de lo cotidiano, destinado a «proporcionar inspiración a quienes intentan conducir el desarrollo de un país con un profundo sentido de la originalidad». Algo así como una gasolinera para llenar con arte y ética el depósito mental de empresarios y personas responsables de construir el mundo. Por eso dicen a sus inquilinos que la conexión con el mundo exterior solo puede producirse en la librería y en la cafetería del Art House Project. Es decir, wifi a cuentagotas.

Una vez terminada la exploración de los distintos museos, Naoshima ofrece tres hoteles para pasar la noche que incluyen acceso privilegiado a las obras de arte en una visita nocturna, cuando los visitantes ya se han ido. Pero la exploración artística no termina allí. La isla vecina de Teshima también tiene su propio museo del arte para seguir descubriendo.

Marina Alonso-Carriazo

Un teatro llamado IzakayaTokio

Tokio es la ciudad más masificada y a la vez la más acogedora. Aunque siempre impresiona caminar por estaciones como Shinjuku, donde desfilan tres millones de personas al día, el Tokio que más nos gusta es el de los callejones. En una callejuela tranquila y silenciosa en el barrio de Shimokitazawa aparece esta cortina iluminada. No se escucha nada. Cruzas los dos trozos de tela y una puerta discreta de madera deja entrever lo que hay dentro. Pero el silencio sigue siendo total. Abres una puerta y ¡zas! El camarero y los cocineros te dan la bienvenida al unísono. Acabas de llegar a la izakaya Shirube (taberna japonesa). Te quitas los zapatos y rápidamente te llevan a una barra alargada. Fuera solo había silencio; dentro la gente come, bebe, fuma y se ríe. Acabas de entrar en un teatro cuyos cocineros son actores dispuestos a escenificar una función. Tokio está lleno de sitios así, algunos tan pequeños que apenas caben cuatro o cinco personas. Tokio es la ciudad más personal e impersonal del mundo.

Marcus Hurst


teamLab: Aunque sea turístico, merece la penaTokio

Hacer fotos de gente haciendo fotos de gente haciendo fotos. Este es un lugar creado para que todo el mundo sepa que has estado allí. Gente que, a su vez, se enteró de la existencia de esta instalación a través de los que ya estuvieron y compartieron la experiencia en Instagram. En la era de la imagen social, crea una estampa fotogénica y tendrás garantizada una fuente inagotable de publicidad gratuita. Miles de imágenes se subirán a diario a las redes. Otros muchos miles lo verán y también querrán ir para replicar lo que ya vieron o encontrar ángulos nuevos. De hecho, la exposición es tan magnética para la cámara que las fotos son mejores que verla con tus propios ojos. No hace falta ser un experto fotógrafo, incluso nosotros fuimos capaces de salir de allí con un par de fotos resultonas. Todo el espacio tiene wifi de alta velocidad, lo que permite subir las imágenes en tiempo real.

La experiencia es impresionante. Pasamos más de dos horas recorriendo las distintas salas. Cuando piensas que ya lo has visto todo aparece un espacio nuevo por explorar. ¿Cómo nos enteramos de la existencia de esta expo? Por Instagram, naturalmente.

Irene Naranjo

Konbini: las tiendas de conveniencia que te arropanEn cada esquina de Japón

La tienda de los apuros. No hay nada mejor que un ultramarinos para llenar el vacío. Japón no se entiende sin estos comercios que los británicos, con tanto tino, llaman convenience store. Aquí todo el mundo resuelve sus problemas: el turista perdido, el ejecutivo hambriento, el obrero que solo tiene 10 minutos de descanso… Estas tiendas pequeñas donde cabe todo llenan el estómago a cualquier hora con vasos de noodles, bollos, cafés y bebidas en bote; limpian impurezas: hay jabones y champús de todo tipo; invitan a la reflexión en el pequeño rincón apartado donde puedes tomar un café automatizado que te preparas tú mismo. Pero, además, y aquí viene lo serio, estas «tiendas 24 horas» te sacan del mayor apuro: tienen cajeros automáticos si necesitas dinero.

¿Es posible que ocurra algo emocionante entre tanto asunto terrenal? Sí, ocurre. Eso es lo que cuenta Sayaka Murata en su libro Convenience Store Woman. Entre los lineales de comida empaquetada palpita la pasión. Una empleada de uno de estos Family Mart o 7eleven o NewDays aguanta, como puede, el chaparrón de que busque un marido. Pero ella lo que quiere es organizar productos, planear la promoción del día y atender a los clientes.

Inflado el estómago, llenado el bolsillo y colmado el amor, queda solo el más allá. A falta de templos, y a falta de Dios, te ofrecen conexión a todo: a «interneto» (como ellos lo llaman), usando el wifi; y a vidas pasadas: tienen fax.

Mar Abad

 

Jugar a béisbol en ShinjukuTokio

Es probable que cuando deporte y Japón se unen en la misma frase, lo primero que se nos venga a la mente sea el sumo o las artes marciales. Sin embargo, es el béisbol el deporte preferido de los japoneses, uno de los más seguidos en el país. Basta con mirar por la ventanilla del tren cuando entras en la enorme Tokio para comprobarlo. Por todas partes se ven pequeños estadios envueltos en redecillas verdes. Su interés por este deporte, unido a la capacidad que tiene la sociedad nipona de explotar hasta el infinito un hobbie, tiene como resultado los centros de bateo, donde podrás practicar cómo se te da eso de golpear bolas con un bate.
Así es como terminamos en el Shinjuku Batting Center tras un paseo nocturno por Tokio y disfrutar de una cena en una de sus izakayas. Una vez dentro, localizas la puerta que más te guste (y que esté libre), la abres y ya puedes empezar tu entrenamiento de béisbol. Coges el bate, introduces el dinero en una maquinita y seleccionas la velocidad con la que quieres que un jugador electrónico te lance las bolas. A partir de ahí empieza la diversión.

Irene Naranjo

Comparte tu experiencia

Fotógrafo: Andre Benz/Unsplash

¿De qué sirve vivir una experiencia única en Japón si no puedes contarla después? Compartir con otros lo que has vivido realza el valor de un viaje. Si has viajado a Japón y te ha sorprendido lo que has visto y sentido, la Oficina Nacional de Turismo de Japón te propone un plan: comparte lo que sabes y cuenta en la web que acaban de lanzar tu experiencia nipona con el hashtag #InspiraJapón. A cambio de tu sabiduría, entrarás en el sorteo de un viaje a Japón para 2 personas, porque seguro que querrás repetir. Y como para muestra sirve un botón, aquí van algunas de nuestras recomendaciones.

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La librería que vende más de 30.000 revistasTokio

Tsutaya T-Site, en el barrio de Daikanyama (Tokio), es una librería experimental impresionante que busca demostrar que las tiendas físicas pueden barrer al comercio electrónico. Una tienda con más de 30.000 revistas y fanzines (más de 1.000 están a la vista. ¡Tienen hasta revistas españolas!).

En la sección de viajes puedes comprar libros o revistas de todo el mundo, e incluso organizar allí mismo un viaje a cualquier lugar del planeta. ¿Que prefieres leer las revistas sin pagar? No hay problema. Tienes siempre un ejemplar de muestra para echarles un vistazo. Además, ¿quieres un café? Hecho. ¿Vinilos? También. ¿Un sidecar? Justo al lado de las revistas de motor. ¿Plumas? Una vitrina entera. ¿Libros? Por supuesto, a montones. Incluso uno con infografías de Yorokobu en portada. ¿Buscas una obra de arte? Las tienen expuestas en varias partes. ¿Una camiseta indie? Ve a la zona de fanzines y sorpréndete. Puedes pasar varias tardes allí leyendo, mirando y tomando un riquísimo té matcha. 

Marcus Hurst

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El buda bajo tierraSapporo

¿Un buda enterrado? Como lo oyes. A nosotros también nos pareció extraño cuando nos lo contaron, así que decidimos viajar hasta las afueras de Sapporo para visitarlo. El lugar donde se encuentra es obra del arquitecto Tadao Ando. Dicen que cuando el gerente del cementerio le preguntó cómo conseguir que el gigantesco buda que habían colocado allí cautivara aún a más a la gente, Ando lo tuvo claro: «¡Enterrémoslo!». La estatua se labró en una piedra de 4.000 toneladas, pero a pesar de su enorme tamaño no llamaba la atención. Ando diseñó un montículo que recubrió el buda por completo, dejando solo un pequeño espacio libre a su alrededor. Allí plantó 150.000 plantas de lavanda que cambian el color del paisaje según la estación del año. Cuando llegamos nosotros había todo un ejército de jardineros cuidándolas.

Para llegar al buda tienes que recorrer un túnel de 40 metros que representa la transición del mundo terrenal a la otra vida. A pesar de haberse inaugurado en 2016, el lugar está impecable. No sabemos si hay un más allá, pero si tenemos que escoger, nos quedamos con este.

Marcus Hurst

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El tren que abraza la costaKyushu y Tohoku

No todo son prisas en Japón. Además del impresionante entramado de trenes rápidos y cercanías, existe otro tipo de trenes en los que la duración del trayecto es lo de menos. Aquellos en los que llegar a tu destino por la vía más lenta forma parte de la experiencia. Algo así como el tren de la fresa, pero multiplicado por 20 y en versión nipona. Cada región de Japón tiene uno o varios. El diseño de estos trenes es especial para cada trayecto: ventanas enormes para que puedas mimetizarte con el paisaje, una barra que sirve productos locales, e incluso la madera de sus suelos es de la zona. Los mejores están en la región de Kyushu (si haces una búsqueda en Google por el nombre de su diseñador, Eiji Mitooka, sabrás de qué te hablamos). 

Nosotros elegimos The Resort Shirakami, un viaje de cinco horas entre Aomori y Akita bordeando el mar. A medio camino ocurrió algo sorprendente: el tren se detuvo de pronto y los pasajeros empezaron a bajar corriendo hacia unas rocas de la costa. Por inercia, bajamos con ellos (ya sabéis: allá donde fueres, haz lo que vieres) y fue entonces cuando conseguimos enterarnos de que nos daban 15 minutos para poder hacer fotos. Después, seguimos nuestro camino, a 50 km por hora, descubriendo esta zona tan remota y poco conocida. Si quieres una razón más para emprender este viaje, aquí va: el trayecto está incluido en el Japan Rail Pass, el abono que permite el acceso a casi todos los trenes para turistas en Japón.

Marina Alonso-Carriazo

Sugamo, el Harajuku de los abuelosTokio

En las calles de Sugamo se produce una mezcla deliciosa: puedes caminar con una tranquilidad que jamás encontrarías en los distritos comerciales de Japón y, a la vez, está lleno de vida. La gente camina, pasea, va en bici. En la calle principal no hay tráfico. Es peatonal, todo está a pie de calle. En los comercios son muy agradables, muy atentos. Hay tiendas de objetos diminutos. Esos tan adictivos que se venden en las tiendas de libretitas, calcetines de colores, pegatinas rarísimas… Pero lo emocionante aquí es que son muy distintos a los que te encuentras en ese tipo de comercios en tu país. Por eso esas tiendas de baratijas parecen auténticos museos. Y en cada uno de ellos puedes aprender más de la cultura japonesa: de lo que usan, de lo prácticos que son, de la estética popera, luminosa y kawaii que les gusta tanto.

Pasear por la calle principal es muy divertido. Lo llaman el «Harajuku para las señoras mayores» y es cierto que se ven, sobre todo, abuelillos caminando por allí. Pero abuelillos modernos; muchos, en bici. Y eso es esperanzador. A veces tienes la sensación de que estás en una sociedad del futuro: envejecida, pero con una elegancia y un dinamismo que ya quisiera uno para sus últimos años de vida. Sugamo es otra sorpresa más de Japón. Es lo que asombra de este país. Siempre hay un barrio inesperado que te vuelve a dejar con la boca abierta.

Mar Abad

La isla del arteNaoshima

Naoshima es un lugar que quiere escapar del mundo. Está en Japón (geográficamente hablando), pero podría ubicarse en ninguna parte. Eso es lo que pretende. Huir de la vida cotidiana y envolver a quien cruza el mar Seto Inland en una colección de obras de arte y la arquitectura de Tadao Ando. El destino de lo que hace 58 años era una solitaria isla de pescadores viró el día que el empresario Tetsuhiko Fukutake decidió que ese sería el suelo donde tomaría forma su convicción del poder transformador del arte. En 1971 el editor fundó la colección Fukutake y ocho años más tarde empezaron las exhibiciones artísticas. El empresario murió, pero la semilla de Benesse Holdings estaba sembrada. Su hijo, Soichiro Fukutake, tomó el relevo y siguió construyendo lo que llaman «el distrito cultural y educacional de la isla de Naoshima».

Hoy es una fortaleza artística de 9.859 metros cuadrados. Dice el escritor Hatje Cantz, en el libro Naoshima. Naturaleza, arte, arquitectura, que este espacio se diseñó para invitar a cada individuo que lo visitara a reflexionar sobre qué podía hacer por su sociedad. Querían que fuese un lugar alejado de lo cotidiano, destinado a «proporcionar inspiración a quienes intentan conducir el desarrollo de un país con un profundo sentido de la originalidad». Algo así como una gasolinera para llenar con arte y ética el depósito mental de empresarios y personas responsables de construir el mundo. Por eso dicen a sus inquilinos que la conexión con el mundo exterior solo puede producirse en la librería y en la cafetería del Art House Project. Es decir, wifi a cuentagotas.

Una vez terminada la exploración de los distintos museos, Naoshima ofrece tres hoteles para pasar la noche que incluyen acceso privilegiado a las obras de arte en una visita nocturna, cuando los visitantes ya se han ido. Pero la exploración artística no termina allí. La isla vecina de Teshima también tiene su propio museo del arte para seguir descubriendo.

Marina Alonso-Carriazo

Un teatro llamado IzakayaTokio

Tokio es la ciudad más masificada y a la vez la más acogedora. Aunque siempre impresiona caminar por estaciones como Shinjuku, donde desfilan tres millones de personas al día, el Tokio que más nos gusta es el de los callejones. En una callejuela tranquila y silenciosa en el barrio de Shimokitazawa aparece esta cortina iluminada. No se escucha nada. Cruzas los dos trozos de tela y una puerta discreta de madera deja entrever lo que hay dentro. Pero el silencio sigue siendo total. Abres una puerta y ¡zas! El camarero y los cocineros te dan la bienvenida al unísono. Acabas de llegar a la izakaya Shirube (taberna japonesa). Te quitas los zapatos y rápidamente te llevan a una barra alargada. Fuera solo había silencio; dentro la gente come, bebe, fuma y se ríe. Acabas de entrar en un teatro cuyos cocineros son actores dispuestos a escenificar una función. Tokio está lleno de sitios así, algunos tan pequeños que apenas caben cuatro o cinco personas. Tokio es la ciudad más personal e impersonal del mundo.

Marcus Hurst


teamLab: Aunque sea turístico, merece la penaTokio

Hacer fotos de gente haciendo fotos de gente haciendo fotos. Este es un lugar creado para que todo el mundo sepa que has estado allí. Gente que, a su vez, se enteró de la existencia de esta instalación a través de los que ya estuvieron y compartieron la experiencia en Instagram. En la era de la imagen social, crea una estampa fotogénica y tendrás garantizada una fuente inagotable de publicidad gratuita. Miles de imágenes se subirán a diario a las redes. Otros muchos miles lo verán y también querrán ir para replicar lo que ya vieron o encontrar ángulos nuevos. De hecho, la exposición es tan magnética para la cámara que las fotos son mejores que verla con tus propios ojos. No hace falta ser un experto fotógrafo, incluso nosotros fuimos capaces de salir de allí con un par de fotos resultonas. Todo el espacio tiene wifi de alta velocidad, lo que permite subir las imágenes en tiempo real.

La experiencia es impresionante. Pasamos más de dos horas recorriendo las distintas salas. Cuando piensas que ya lo has visto todo aparece un espacio nuevo por explorar. ¿Cómo nos enteramos de la existencia de esta expo? Por Instagram, naturalmente.

Irene Naranjo

Konbini: las tiendas de conveniencia que te arropanEn cada esquina de Japón

La tienda de los apuros. No hay nada mejor que un ultramarinos para llenar el vacío. Japón no se entiende sin estos comercios que los británicos, con tanto tino, llaman convenience store. Aquí todo el mundo resuelve sus problemas: el turista perdido, el ejecutivo hambriento, el obrero que solo tiene 10 minutos de descanso… Estas tiendas pequeñas donde cabe todo llenan el estómago a cualquier hora con vasos de noodles, bollos, cafés y bebidas en bote; limpian impurezas: hay jabones y champús de todo tipo; invitan a la reflexión en el pequeño rincón apartado donde puedes tomar un café automatizado que te preparas tú mismo. Pero, además, y aquí viene lo serio, estas «tiendas 24 horas» te sacan del mayor apuro: tienen cajeros automáticos si necesitas dinero.

¿Es posible que ocurra algo emocionante entre tanto asunto terrenal? Sí, ocurre. Eso es lo que cuenta Sayaka Murata en su libro Convenience Store Woman. Entre los lineales de comida empaquetada palpita la pasión. Una empleada de uno de estos Family Mart o 7eleven o NewDays aguanta, como puede, el chaparrón de que busque un marido. Pero ella lo que quiere es organizar productos, planear la promoción del día y atender a los clientes.

Inflado el estómago, llenado el bolsillo y colmado el amor, queda solo el más allá. A falta de templos, y a falta de Dios, te ofrecen conexión a todo: a «interneto» (como ellos lo llaman), usando el wifi; y a vidas pasadas: tienen fax.

Mar Abad

 

Jugar a béisbol en ShinjukuTokio

Es probable que cuando deporte y Japón se unen en la misma frase, lo primero que se nos venga a la mente sea el sumo o las artes marciales. Sin embargo, es el béisbol el deporte preferido de los japoneses, uno de los más seguidos en el país. Basta con mirar por la ventanilla del tren cuando entras en la enorme Tokio para comprobarlo. Por todas partes se ven pequeños estadios envueltos en redecillas verdes. Su interés por este deporte, unido a la capacidad que tiene la sociedad nipona de explotar hasta el infinito un hobbie, tiene como resultado los centros de bateo, donde podrás practicar cómo se te da eso de golpear bolas con un bate.
Así es como terminamos en el Shinjuku Batting Center tras un paseo nocturno por Tokio y disfrutar de una cena en una de sus izakayas. Una vez dentro, localizas la puerta que más te guste (y que esté libre), la abres y ya puedes empezar tu entrenamiento de béisbol. Coges el bate, introduces el dinero en una maquinita y seleccionas la velocidad con la que quieres que un jugador electrónico te lance las bolas. A partir de ahí empieza la diversión.

Irene Naranjo

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Opiniones 4
  • ¿Pero dónde están las bases del concurso? en la web no hay ningún tipo de información sobre los gastos que incluye el premio, ni bajo qué condiciones, cuándo se va a resolver el sorteo, de qué manera se pongrán en contacto con el ganador… Vamos, es que en su web ni siquiera se menciona el concurso (o por lo menos yo no lo he sabido encontrar).

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