12 de enero 2017    /   CREATIVIDAD
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El jardín vertical que acabó como portada de Yorokobu

12 de enero 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Entre esas plantas hay dos historias. La de los creadores del jardín vertical que dio origen a la cubierta y la del ilustrador que finalmente lo plasmó en papel.

Historia 1. Tocho y Cándido son diseñadores de jardines verticales. Lo suyo no consiste tanto en llenar de plantas grandes fachadas como en convertir paredes de terrazas y áticos de ciudad en pequeños oasis urbanos y, sobre todo, en espacios más habitables.

Para ellos, un suelo de madera, un mobiliario de exterior, una iluminación indirecta y hasta unas jardineras consiguen un bonito efecto decorativo. Sin embargo, no son suficientes para conseguir una corrección ambiental del espacio que permita la ampliación de la temporada de uso. «Por eso decidimos hacer este jardín en la pared, que además embellecer el entorno, aporta todos los beneficios de la vegetación en su conjunto y de cada planta en particular», explica Cándido.

Lo hicieron «para conseguir una agradable corrección de varios grados en la temperatura, un aumento de la humedad ambiental y una reducción de la reflexión de la luz con el predominio de los diferentes verdes de las hiedras, los balsámicos olores de las aromáticas y el optimismo de las flores». Pero después de fotografiarlo desde todas las perspectivas posibles constataron que ninguna instantánea reflejaba el espíritu de una publicación como esta. «Simplemente, la portada resultante no era Yorokobu. Así que decidimos echar mano de uno de los recursos que más les gusta a los editores de esta revista: la ilustración», indica Tocho.

portada-enero

Historia 2. La naturaleza ha estado siempre presente en la vida de José Manuel Hortelano. Hijo de agricultores, el diseñador e ilustrador creció en la huerta murciana y siempre ha estado rodeado de plantas… hasta que se trasladó a Valencia para estudiar Bellas Artes. «Al principio no me di cuenta, pero poco a poco la llamada de la naturaleza se hizo más potente», dice Hortelano.

Hace siete años se trasladó a Madrid y allí ha tenido la suerte de poder tener espacio para cultivar su propio jardín. «A medida que la naturaleza me iba llamando para que volviera a la huerta, mis dibujos se llenaron de plantas, de bosques y de jardines», cuenta. De hecho, su mayor dibujo hasta la fecha fue un encargo de gran formato de una acuarela con las plantas del Jardín Botánico y recientemente ha realizado para la firma de papeles pintados Coordonne unos murales que saldrán a la luz en los próximos meses, llenos de plantas y con la naturaleza como protagonista. «Para la portada de Yorokobu vi perfecta la ocasión de crear un jardín vertical a partir de las fotos que me enviaron mis amigos Tocho y Cándido, añadiendo algunas de mis plantas favoritas como la monstera».

Crear y diseñar este jardín ha sido un paso más en esa vuelta a la naturaleza que está experimentando Hortelano estos años y que seguramente desembocará con el regreso total a ella.

 

Entre esas plantas hay dos historias. La de los creadores del jardín vertical que dio origen a la cubierta y la del ilustrador que finalmente lo plasmó en papel.

Historia 1. Tocho y Cándido son diseñadores de jardines verticales. Lo suyo no consiste tanto en llenar de plantas grandes fachadas como en convertir paredes de terrazas y áticos de ciudad en pequeños oasis urbanos y, sobre todo, en espacios más habitables.

Para ellos, un suelo de madera, un mobiliario de exterior, una iluminación indirecta y hasta unas jardineras consiguen un bonito efecto decorativo. Sin embargo, no son suficientes para conseguir una corrección ambiental del espacio que permita la ampliación de la temporada de uso. «Por eso decidimos hacer este jardín en la pared, que además embellecer el entorno, aporta todos los beneficios de la vegetación en su conjunto y de cada planta en particular», explica Cándido.

Lo hicieron «para conseguir una agradable corrección de varios grados en la temperatura, un aumento de la humedad ambiental y una reducción de la reflexión de la luz con el predominio de los diferentes verdes de las hiedras, los balsámicos olores de las aromáticas y el optimismo de las flores». Pero después de fotografiarlo desde todas las perspectivas posibles constataron que ninguna instantánea reflejaba el espíritu de una publicación como esta. «Simplemente, la portada resultante no era Yorokobu. Así que decidimos echar mano de uno de los recursos que más les gusta a los editores de esta revista: la ilustración», indica Tocho.

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Historia 2. La naturaleza ha estado siempre presente en la vida de José Manuel Hortelano. Hijo de agricultores, el diseñador e ilustrador creció en la huerta murciana y siempre ha estado rodeado de plantas… hasta que se trasladó a Valencia para estudiar Bellas Artes. «Al principio no me di cuenta, pero poco a poco la llamada de la naturaleza se hizo más potente», dice Hortelano.

Hace siete años se trasladó a Madrid y allí ha tenido la suerte de poder tener espacio para cultivar su propio jardín. «A medida que la naturaleza me iba llamando para que volviera a la huerta, mis dibujos se llenaron de plantas, de bosques y de jardines», cuenta. De hecho, su mayor dibujo hasta la fecha fue un encargo de gran formato de una acuarela con las plantas del Jardín Botánico y recientemente ha realizado para la firma de papeles pintados Coordonne unos murales que saldrán a la luz en los próximos meses, llenos de plantas y con la naturaleza como protagonista. «Para la portada de Yorokobu vi perfecta la ocasión de crear un jardín vertical a partir de las fotos que me enviaron mis amigos Tocho y Cándido, añadiendo algunas de mis plantas favoritas como la monstera».

Crear y diseñar este jardín ha sido un paso más en esa vuelta a la naturaleza que está experimentando Hortelano estos años y que seguramente desembocará con el regreso total a ella.

 

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