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23 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD
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Pónganse sus escafandras, bajamos al museo

23 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Jason deCaires no difunde su obra a los cuatro vientos como la mayoría de los artistas. No facilita el acceso a ella, sino que lo dificulta. Para poder disfrutarla, tienes que hacerte con una bombona de aire comprimido o un ticket en un barco con suelo de cristal. Pero su difícil acceso le aporta un valor añadido a la propuesta. «Puede proyectar cierto misterio o interés por lo secreto y oculto», dice él. «Siempre se ha creído que los tesoros estaban enterrados o escondidos».

El fondo del mar es un escenario muy interesante para los temas, en ocasiones sociales y políticos, que trata deCaires. «Puede concebirse como un “no-lugar” porque es un espacio que para nosotros se sale de lo habitable y habitual. Por lo tanto, funciona en sí mismo como una dimensión onírica o fantástica». Por eso, por ejemplo, la sugerencia de un futuro apocalíptico para la humanidad adquiere bajo el agua «una presencia imponente».

anthropocene-009-jason-decaires-taylor-sculpture

El mundo submarino es un gran escenógrafo. Sabe jugar con las luces y las sombras, el silencio, los colores y los movimientos sutiles. «Las nociones del tiempo también se desvanecen bajo el mar. Por eso las instalaciones humanas pueden interpretarse como antesala de un futuro o como memorias de un pasado. El mar es un verdadero espacio artístico».

Tras de un minucioso trabajo de estudio, y después de esperar meses para conseguir permisos de costa (que «no es tarea sencilla ni inmediata»), deCaires sumerge sus esculturas en distintos puntos de la geografía. Solo por esta inmersión, las formas ya varían: «la percepción de la escultura cambia bajo el mar por los efectos del agua, de su movimiento y de la luz». Las personas reales en las que se basa para elaborar sus esculturas no han mostrado hasta el momento desagrado por la metáfora de hundir su rostro a diez metros de profundidad. «Creo que la idea de tener un doble les gusta. Parece que en el fondo lo que subyace es la idea de la inmortalidad», explica Jason deCaires.

Después, cada ocho o diez años, este escultor de padre inglés y madre guyanesa visita las esculturas para ver qué ha aportado su «compañera de trabajo», la naturaleza. «Cuando la escultura lleva tiempo sumergida, su superficie y textura cambian por influjo de la vida marina, a menudo dando lugar a coloridos arrecifes de coral». Cuando se reencuentra con ellas como quien visita a un viejo amigo, a menudo se lleva sorpresas. «Una vez, en Grenada*, me sumergí cuatro años después de finalizar el proyecto y comprobé que las esculturas se habían convertido en un nido de esponjas. Fue precioso y realmente satisfactorio ver que las figuras estaban interactuando con el ecosistema marino», recuerda.

the-lost-correspondent-01-jason-decaires-taylor-sculpture

El artista ha decidido situar su último museo submarino en Lanzarote. En parte por la conexión existente allí entre arte y naturaleza: «Lanzarote, con el legado de César Manrique, es ejemplo de una forma de hacer arte de una manera sostenible». Y en parte por las condiciones naturales, que espera que doten a su obra de una evolución diferente: «la geografía volcánica de la isla y las condiciones del agua y la luz son especiales».

Si tenemos en cuenta la inmensidad del océano, la aportación que puede hacer su trabajo oxigenando y generando vida marina es inapreciable. Pero el artista cree que sí puede poner su granito de arena para la protección de los ecosistemas submarinos «generando una conciencia de protección» hacia ese medio. «A través de estos parques submarinos trato de que la gente descubra que existe un universo bajo el mar y que es nuestra responsabilidad protegerlo».

*En la costa de Grenada, en el mar Caribe, deCaires situó su primer parque submarino, que fue elegido por National Geographic como una de las 25 Maravillas del Mundo.

Más información: www.underwatersculpture.com

un-still-life-03-jason-decaires-taylor-sculpture

vicissitudes-009-jason-decaires-taylor-sculpture

JdeCTaylor-0054_Jason deCaires Taylor_Sculpture. (1)

Ocean Atlas Jason deCaires Taylor Nassau Bahamas 003_Jason deCaires Taylor_Sculpture. (1)

Jason deCaires no difunde su obra a los cuatro vientos como la mayoría de los artistas. No facilita el acceso a ella, sino que lo dificulta. Para poder disfrutarla, tienes que hacerte con una bombona de aire comprimido o un ticket en un barco con suelo de cristal. Pero su difícil acceso le aporta un valor añadido a la propuesta. «Puede proyectar cierto misterio o interés por lo secreto y oculto», dice él. «Siempre se ha creído que los tesoros estaban enterrados o escondidos».

El fondo del mar es un escenario muy interesante para los temas, en ocasiones sociales y políticos, que trata deCaires. «Puede concebirse como un “no-lugar” porque es un espacio que para nosotros se sale de lo habitable y habitual. Por lo tanto, funciona en sí mismo como una dimensión onírica o fantástica». Por eso, por ejemplo, la sugerencia de un futuro apocalíptico para la humanidad adquiere bajo el agua «una presencia imponente».

anthropocene-009-jason-decaires-taylor-sculpture

El mundo submarino es un gran escenógrafo. Sabe jugar con las luces y las sombras, el silencio, los colores y los movimientos sutiles. «Las nociones del tiempo también se desvanecen bajo el mar. Por eso las instalaciones humanas pueden interpretarse como antesala de un futuro o como memorias de un pasado. El mar es un verdadero espacio artístico».

Tras de un minucioso trabajo de estudio, y después de esperar meses para conseguir permisos de costa (que «no es tarea sencilla ni inmediata»), deCaires sumerge sus esculturas en distintos puntos de la geografía. Solo por esta inmersión, las formas ya varían: «la percepción de la escultura cambia bajo el mar por los efectos del agua, de su movimiento y de la luz». Las personas reales en las que se basa para elaborar sus esculturas no han mostrado hasta el momento desagrado por la metáfora de hundir su rostro a diez metros de profundidad. «Creo que la idea de tener un doble les gusta. Parece que en el fondo lo que subyace es la idea de la inmortalidad», explica Jason deCaires.

Después, cada ocho o diez años, este escultor de padre inglés y madre guyanesa visita las esculturas para ver qué ha aportado su «compañera de trabajo», la naturaleza. «Cuando la escultura lleva tiempo sumergida, su superficie y textura cambian por influjo de la vida marina, a menudo dando lugar a coloridos arrecifes de coral». Cuando se reencuentra con ellas como quien visita a un viejo amigo, a menudo se lleva sorpresas. «Una vez, en Grenada*, me sumergí cuatro años después de finalizar el proyecto y comprobé que las esculturas se habían convertido en un nido de esponjas. Fue precioso y realmente satisfactorio ver que las figuras estaban interactuando con el ecosistema marino», recuerda.

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El artista ha decidido situar su último museo submarino en Lanzarote. En parte por la conexión existente allí entre arte y naturaleza: «Lanzarote, con el legado de César Manrique, es ejemplo de una forma de hacer arte de una manera sostenible». Y en parte por las condiciones naturales, que espera que doten a su obra de una evolución diferente: «la geografía volcánica de la isla y las condiciones del agua y la luz son especiales».

Si tenemos en cuenta la inmensidad del océano, la aportación que puede hacer su trabajo oxigenando y generando vida marina es inapreciable. Pero el artista cree que sí puede poner su granito de arena para la protección de los ecosistemas submarinos «generando una conciencia de protección» hacia ese medio. «A través de estos parques submarinos trato de que la gente descubra que existe un universo bajo el mar y que es nuestra responsabilidad protegerlo».

*En la costa de Grenada, en el mar Caribe, deCaires situó su primer parque submarino, que fue elegido por National Geographic como una de las 25 Maravillas del Mundo.

Más información: www.underwatersculpture.com

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Ocean Atlas Jason deCaires Taylor Nassau Bahamas 003_Jason deCaires Taylor_Sculpture. (1)

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Opiniones 3
  • Hola Isabel,
    El artículo me ha gustado mucho, ya conocía la obra de Jason deCaires y me pareció en su día una gran idea al tener como uno de los objetivos aumentar la biodiversidad en aquellas zonas donde hay poca vida marina.
    Gracias a tu artículo he podido saber que van a hacer algo parecido en Lanzarote. Estaré pendiente para conocer qué tipo de esculturas van a poner.
    Un saludo

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