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8 de marzo 2018    /   BRANDED CONTENT
 

Un jardín digital que te acerca a la naturaleza

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La carretera que une Los Ángeles y San Diego discurre frente al Océano Pacífico. Podríamos decir que las vistas son bonitas, pero en sus márgenes rompe el paisaje una imponente central nuclear. A Jennifer Steinkamp le daba miedo. Esta artista atravesaba a menudo la carretera, tanto que al final su miedo se convirtió en inspiración, y decidió crear con ello algo bello. Empezó a buscar información sobre bombas nucleares. Eso la llevó a interesarse por la figura de Marie Curie, descubridora del radio y el polonio. Leyendo una biografía, Steinkamp se enteró de que Curie estaba obsesionada con las flores. Bingo.

Madame Curie es una instalación de videoarte que proyecta imágenes renderizadas de las flores favoritas de la científica polaca. La obra, más allá de su belleza en movimiento, nos hace reflexionar sobre los efectos de la energía atómica sobre la naturaleza. Es una de las cinco videoinstalaciones que componen la muestra Jennifer Steinkamp. Naturaleza Digital, que se presenta en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid hasta mediados de abril.

Esta instalación condensa, además, todos los elementos que han convertido a Steinkamp en una de las artistas de videoarte más interesantes del panorama actual. En ella, la autora se aproxima a la naturaleza a través de la tecnología. Reflexiona sobre el papel de la mujer en la historia sin representar a una sola mujer. Transforma la arquitectura sin tocar un ladrillo. Todas estas afirmaciones se consiguen gracias a un juego de proyecciones que crean movimientos hipnóticos. Podría decirse que las obras de esta exposición no son concebidas tanto para su simple admiración sino para sumergirse en ellas.

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El origen de la naturaleza digital

Para entender el estilo de Jennifer Steinkamp hay que retrotraerse a dos momentos de su vida. El primero sucedió en su infancia, cuando entregó el dibujo de un árbol y su profesora la felicitó por ser el mejor de la clase. El segundo aconteció en 1981, cuando vió por primera vez una animación digital y supo que quería dedicarse a ello. Ambos acontecimientos tuvieron que reposar en su interior hasta concebir su estilo actual. Steinkamp empezó trabajando en efectos especiales y no presentó su primera videoinstalación hasta finales de la década de los 80. Su obsesión por la naturaleza no llegaría hasta 20 años después.

Desde entonces ha ido iluminando la oscuridad con sus creaciones, haciendo florecer las paredes con su naturaleza artificial. No solo dentro de los museos. Valentino presentó un show en París con sus árboles animados. Narciso Rodríguez fue más allá y se basó en sus flores para su colección de primavera 2011. Grandes instalaciones públicas, como Times Square de Nueva York o el parque Benjamin Franklin de Philadelphia, han hecho florecer sus pantallas con estos diseños. Incluso el grupo U2 ha incluido sus proyecciones en dos de sus giras mundiales, Popmart (1997) y Elevation (2001).

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Todos estos acontecimientos no han hecho sino incrementar la fama de Steinkamp, pero cabe destacar que el valor de su obra va más allá de la estética. Sus juegos de luces y animaciones pretenden hacer reflexionar al público. Hacerlo reconectar con la naturaleza a través de una experiencia que no por tecnológica tiene menos de visceral. Esa es la gran ironía de estas proyecciones, que la tecnología sirve como herramienta para acercarnos, y no alejarnos, de la naturaleza.

Jennifer Steinkamp guarda troncos, hojas y flores. No lo hace en un trastero sino en una nube, una nube digital de la que tira cada vez que tiene que crear una instalación nueva. Sus obras no se basan en fotografías sino que nacen directamente en el mundo virtual, dando a sus representaciones, orgánicas, realistas, casi tangibles, una pátina de irrealidad. Es esta mezcla entre lo orgánico y lo digital lo que da a sus proyecciones ese toque tan especial. Es lo que le permite convertir sus miedos y obsesiones en algo bello.

La carretera que une Los Ángeles y San Diego discurre frente al Océano Pacífico. Podríamos decir que las vistas son bonitas, pero en sus márgenes rompe el paisaje una imponente central nuclear. A Jennifer Steinkamp le daba miedo. Esta artista atravesaba a menudo la carretera, tanto que al final su miedo se convirtió en inspiración, y decidió crear con ello algo bello. Empezó a buscar información sobre bombas nucleares. Eso la llevó a interesarse por la figura de Marie Curie, descubridora del radio y el polonio. Leyendo una biografía, Steinkamp se enteró de que Curie estaba obsesionada con las flores. Bingo.

Madame Curie es una instalación de videoarte que proyecta imágenes renderizadas de las flores favoritas de la científica polaca. La obra, más allá de su belleza en movimiento, nos hace reflexionar sobre los efectos de la energía atómica sobre la naturaleza. Es una de las cinco videoinstalaciones que componen la muestra Jennifer Steinkamp. Naturaleza Digital, que se presenta en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid hasta mediados de abril.

Esta instalación condensa, además, todos los elementos que han convertido a Steinkamp en una de las artistas de videoarte más interesantes del panorama actual. En ella, la autora se aproxima a la naturaleza a través de la tecnología. Reflexiona sobre el papel de la mujer en la historia sin representar a una sola mujer. Transforma la arquitectura sin tocar un ladrillo. Todas estas afirmaciones se consiguen gracias a un juego de proyecciones que crean movimientos hipnóticos. Podría decirse que las obras de esta exposición no son concebidas tanto para su simple admiración sino para sumergirse en ellas.

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El origen de la naturaleza digital

Para entender el estilo de Jennifer Steinkamp hay que retrotraerse a dos momentos de su vida. El primero sucedió en su infancia, cuando entregó el dibujo de un árbol y su profesora la felicitó por ser el mejor de la clase. El segundo aconteció en 1981, cuando vió por primera vez una animación digital y supo que quería dedicarse a ello. Ambos acontecimientos tuvieron que reposar en su interior hasta concebir su estilo actual. Steinkamp empezó trabajando en efectos especiales y no presentó su primera videoinstalación hasta finales de la década de los 80. Su obsesión por la naturaleza no llegaría hasta 20 años después.

Desde entonces ha ido iluminando la oscuridad con sus creaciones, haciendo florecer las paredes con su naturaleza artificial. No solo dentro de los museos. Valentino presentó un show en París con sus árboles animados. Narciso Rodríguez fue más allá y se basó en sus flores para su colección de primavera 2011. Grandes instalaciones públicas, como Times Square de Nueva York o el parque Benjamin Franklin de Philadelphia, han hecho florecer sus pantallas con estos diseños. Incluso el grupo U2 ha incluido sus proyecciones en dos de sus giras mundiales, Popmart (1997) y Elevation (2001).

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Todos estos acontecimientos no han hecho sino incrementar la fama de Steinkamp, pero cabe destacar que el valor de su obra va más allá de la estética. Sus juegos de luces y animaciones pretenden hacer reflexionar al público. Hacerlo reconectar con la naturaleza a través de una experiencia que no por tecnológica tiene menos de visceral. Esa es la gran ironía de estas proyecciones, que la tecnología sirve como herramienta para acercarnos, y no alejarnos, de la naturaleza.

Jennifer Steinkamp guarda troncos, hojas y flores. No lo hace en un trastero sino en una nube, una nube digital de la que tira cada vez que tiene que crear una instalación nueva. Sus obras no se basan en fotografías sino que nacen directamente en el mundo virtual, dando a sus representaciones, orgánicas, realistas, casi tangibles, una pátina de irrealidad. Es esta mezcla entre lo orgánico y lo digital lo que da a sus proyecciones ese toque tan especial. Es lo que le permite convertir sus miedos y obsesiones en algo bello.

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