1 de julio 2019    /   CREATIVIDAD
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Rosa y azul: los colores no tienen dueño

JeongMee Yoon constata con sus fotos que las niñas hoy prefieren el rosa y los niños el azul. Aunque no siempre fue así. Las modas sobre los colores fluyen, aunque pueden dejar un poso de profundo calado en el aprendizaje social de los niños

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Su hija tenía entonces cinco años. Hasta aquel día, JeongMee Yoon no se había percatado de que la mayor parte de la ropa, accesorios y juguetes de la pequeña tenían algo en común: eran rosas. Durante ese tiempo, y sin ser ella consciente, habían atesorado un pequeño ajuar monocromo. Pero ¿por qué ese color?

La situación pasó de la anécdota a rayar la obsesión cuando la coreana comprobó que su hija no era la única que elegía el rosa por delante de cualquier otra opción. A las niñas de su entorno cercano les ocurría lo mismo.

En Corea del Sur, pero también en Estados Unidos, donde su familia residió durante dos años: «Es un fenómeno muy extendido entre diversos grupos étnicos, independientemente de su origen cultural. Tal vez sea la influencia de la publicidad dirigida a niñas pequeñas y a sus padres (…). Las chicas usan de forma inconsciente el color rosa para lucir femeninas».

La fotógrafa optó por retratar esta realidad para tratar de entenderla. Así es como en 2005 nació su serie The Pink & Blue Project, en la que fotografía a niñas y niños en sus dormitorios rodeados de todas sus pertenencias. Estas aparecen dispuestas con la meticulosa manera con la que la policía expone el material incautado a las bandas criminales.

  

Con estas imágenes, JeongMee Yoon constata que el rosa impera entre las niñas. Y también que el azul predomina entre los niños. Lo chocante es que, según sus pesquisas, años atrás los binomios niña-rosa y niño-azul tenían intercambiados sus términos.  

«En 1914, el periódico estadounidense The Sunday Sentinel aconsejaba a las madres «usar rosa para el niño y azul para la niña». Fue a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando tal convencionalismo cambió en Estados Unidos y otros lugares».

Roles que calan en el aprendizaje

Durante los catorce años que lleva tirando estas fotos, JeongMee Yoon ha comprobado que la diferencia entre los objetos destinados a los niños y a las niñas, respectivamente, va más allá del color. «La mayoría de esos libros y juguetes rosas tratan sobre maquillaje, moda, cocina y limpieza del hogar, mientras que los dirigidos a niños están relacionados con la robótica, los dinosaurios, la ciencia, la industria…».

Roles que calan en el aprendizaje social de los niños y afectan a sus patrones de pensamiento y comportamiento. Y siguen latentes cuando crecen. La coreana así lo ha detectado al volver a fotografiar a algunas de esas niñas, años después de la primera sesión: «A cierta edad, muchas dejan su obsesión por el rosa por otros colores como el púrpura o el violeta. Más adelante, incluso, vuelven a cambiar de gusto. Sin embargo, la asociación con ese código de color original a menudo permanece».

Su hija tenía entonces cinco años. Hasta aquel día, JeongMee Yoon no se había percatado de que la mayor parte de la ropa, accesorios y juguetes de la pequeña tenían algo en común: eran rosas. Durante ese tiempo, y sin ser ella consciente, habían atesorado un pequeño ajuar monocromo. Pero ¿por qué ese color?

La situación pasó de la anécdota a rayar la obsesión cuando la coreana comprobó que su hija no era la única que elegía el rosa por delante de cualquier otra opción. A las niñas de su entorno cercano les ocurría lo mismo.

En Corea del Sur, pero también en Estados Unidos, donde su familia residió durante dos años: «Es un fenómeno muy extendido entre diversos grupos étnicos, independientemente de su origen cultural. Tal vez sea la influencia de la publicidad dirigida a niñas pequeñas y a sus padres (…). Las chicas usan de forma inconsciente el color rosa para lucir femeninas».

La fotógrafa optó por retratar esta realidad para tratar de entenderla. Así es como en 2005 nació su serie The Pink & Blue Project, en la que fotografía a niñas y niños en sus dormitorios rodeados de todas sus pertenencias. Estas aparecen dispuestas con la meticulosa manera con la que la policía expone el material incautado a las bandas criminales.

  

Con estas imágenes, JeongMee Yoon constata que el rosa impera entre las niñas. Y también que el azul predomina entre los niños. Lo chocante es que, según sus pesquisas, años atrás los binomios niña-rosa y niño-azul tenían intercambiados sus términos.  

«En 1914, el periódico estadounidense The Sunday Sentinel aconsejaba a las madres «usar rosa para el niño y azul para la niña». Fue a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando tal convencionalismo cambió en Estados Unidos y otros lugares».

Roles que calan en el aprendizaje

Durante los catorce años que lleva tirando estas fotos, JeongMee Yoon ha comprobado que la diferencia entre los objetos destinados a los niños y a las niñas, respectivamente, va más allá del color. «La mayoría de esos libros y juguetes rosas tratan sobre maquillaje, moda, cocina y limpieza del hogar, mientras que los dirigidos a niños están relacionados con la robótica, los dinosaurios, la ciencia, la industria…».

Roles que calan en el aprendizaje social de los niños y afectan a sus patrones de pensamiento y comportamiento. Y siguen latentes cuando crecen. La coreana así lo ha detectado al volver a fotografiar a algunas de esas niñas, años después de la primera sesión: «A cierta edad, muchas dejan su obsesión por el rosa por otros colores como el púrpura o el violeta. Más adelante, incluso, vuelven a cambiar de gusto. Sin embargo, la asociación con ese código de color original a menudo permanece».

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