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19 de junio 2017    /   CREATIVIDAD
por
fotografia  Jessamyn Stanley

Jessamyn Stanley hace yoga, te guste su cuerpo o no

19 de junio 2017    /   CREATIVIDAD     por        fotografia  Jessamyn Stanley
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En 2006, Estados Unidos era el segundo país del mundo con mayor población de obesos, solo superado por China. Sin embargo, es como si los obesos en Estados Unidos no existieran.

Aunque se les vea por las calles, no son visibles en el sentido de ser aceptados. Al hecho de que sus cuerpos se alejan del canon estético dominante, el estigma social que asocia esos kilos de más a la gula y la holgazanería, transmite el mensaje de que es mejor no mostrarse. Esto supone no ir a la piscina, no ir a la playa, no ir al gimnasio, no ir a clases de yoga.


«Mi primera experiencia con el yoga fue un infierno en la tierra. A los 16 años, mi tía me animó a acompañarla a una clase de Bikram yoga. Para los que nunca lo hayáis intentado, Bikram es una serie de 26 posturas realizadas en unos 90 minutos en una habitación muy caliente. ¿Cómo de caliente? Unos 40 grados. Ni que decir tiene que durante los años siguientes fui una furibunda antiyoga», explicaba Jessamyn Stanley.

Esta mujer negra y obesa, como ella se define, ha comenzado hace unos años su particular cruzada por la visibilización de los cuerpos obesos en el yoga. Después de esa primera experiencia traumática, en 2011, un amigo le animó a que comprase un abono mensual para un centro de Bikram. A pesar de la comprensible reticencia inicial, Jessamyn Stanley no solo asistió a todas las clases de ese mes, sino que comenzó a trabajar en el centro de yoga a cambio de clases gratis.


Cuando Stanley tuvo que mudarse a otra ciudad, abandonó el trabajo y la práctica académica del yoga. Sin embargo, continuó haciendo las posturas en su casa y compartiendo sus conocimientos con otros aficionados a través de internet. El siguiente paso fue abrir su propio canal de Youtube y una cuenta en Instagram.

En la actualidad Jessamyn Stanley tiene más de 300.000 seguidores en Instagram, más de 13.000 suscriptores en su canal de Youtube y más de 115.000 amigos en Facebook. Un público más que suficiente como para que marcas como Calvin Klein le envíen ropa gratis, como para que marcas de cosmética le envíen muestras gratis y como para que una editorial le propusiera publicar su propio libro de yoga.

Titulado Every Body Yoga (un juego de palabras que sugiere «yoga para todos» o «yoga para cualquier tipo de cuerpo»), la obra está resultando un éxito de ventas, hasta el punto de haber alcanzado el puesto número 15 de la lista de libros de esa categoría en Amazon.


La popularidad obtenida por el libro no es tanto por su contenido. La propia Jessamyn Stanley reconoce que no es una experta en la materia. Su valor fue bien resumido por la crítica que hizo del libro la revista Time: «Treinta y seis millones de personas practican yoga en los Estados Unidos y Jessamyn Stanley sabe que no todos tienen una talla 34».

Según declaraciones de la propia Stanley, «hay mucha gente, como gordos, ancianos, personas de corta estatura que practican yoga, pero no tienen ninguna visibilidad. Por eso, normalizar este tipo de yoga puede ser una herramienta para que se acepten y recuperen la autoestima».

El mejor ejemplo de ello es la cuenta de Instagram de la propia Jessamyn Stanley. «La práctica de mis asanas de yoga no es algo bonito. Hay sudor, llantos, caídas… Para muchos de nosotros, la práctica del yoga es complicada. Me refiero a que, cuando ves Instagram, todo parece muy bonito y divertido, pero en realidad la vida es una mierda bastante diferente».

A pesar de todo, Jessamyn Stanley continúa practicando yoga y animando a los demás a hacer lo mismo en seminarios, a través de las redes o con la gira de promoción de Every Body Yoga, libro cuyo subtítulo es tan directo como «Olvídate del miedo, súbete a la esterilla y ama tu cuerpo».

Sus ganas de hacer del yoga una cosa cercana y asequible le llevan a proponer a sus seguidores que no gasten demasiado dinero en equipamiento. Que agarren lo primero que encuentren por casa y comiencen a hacerlo ya.

«Mis dos primeros bloques de yoga fueron dos cajas de teléfono móvil unidas con una cinta de embalaje. Luego los cambié por un pack de VHS de Star Wars también unido con cinta adhesiva. Para las correas de yoga he utilizado desde una bufanda vieja, a una correa hecha por mi madre a mano o una correa de perro».

Para Jessamyn Stanley lo de menos es el cuerpo o la equipación. Lo verdaderamente importante es normalizar los cuerpos fuera de los criterios estéticos actuales. Según ella, ese es el primer paso para que esas personas mejoren su salud.

«No debes decepcionarte de ti mismo y mucho menos por cuestiones referentes a tu cuerpo. De hecho, si usas tu cuerpo como excusa para no hacer yoga, te estás provocando un grave perjuicio a la salud. El asunto no es preguntarse no “¿Cómo me veo?” sino “¿Cómo me siento?”», concluye Jessamyn Stanley.


En 2006, Estados Unidos era el segundo país del mundo con mayor población de obesos, solo superado por China. Sin embargo, es como si los obesos en Estados Unidos no existieran.

Aunque se les vea por las calles, no son visibles en el sentido de ser aceptados. Al hecho de que sus cuerpos se alejan del canon estético dominante, el estigma social que asocia esos kilos de más a la gula y la holgazanería, transmite el mensaje de que es mejor no mostrarse. Esto supone no ir a la piscina, no ir a la playa, no ir al gimnasio, no ir a clases de yoga.


«Mi primera experiencia con el yoga fue un infierno en la tierra. A los 16 años, mi tía me animó a acompañarla a una clase de Bikram yoga. Para los que nunca lo hayáis intentado, Bikram es una serie de 26 posturas realizadas en unos 90 minutos en una habitación muy caliente. ¿Cómo de caliente? Unos 40 grados. Ni que decir tiene que durante los años siguientes fui una furibunda antiyoga», explicaba Jessamyn Stanley.

Esta mujer negra y obesa, como ella se define, ha comenzado hace unos años su particular cruzada por la visibilización de los cuerpos obesos en el yoga. Después de esa primera experiencia traumática, en 2011, un amigo le animó a que comprase un abono mensual para un centro de Bikram. A pesar de la comprensible reticencia inicial, Jessamyn Stanley no solo asistió a todas las clases de ese mes, sino que comenzó a trabajar en el centro de yoga a cambio de clases gratis.


Cuando Stanley tuvo que mudarse a otra ciudad, abandonó el trabajo y la práctica académica del yoga. Sin embargo, continuó haciendo las posturas en su casa y compartiendo sus conocimientos con otros aficionados a través de internet. El siguiente paso fue abrir su propio canal de Youtube y una cuenta en Instagram.

En la actualidad Jessamyn Stanley tiene más de 300.000 seguidores en Instagram, más de 13.000 suscriptores en su canal de Youtube y más de 115.000 amigos en Facebook. Un público más que suficiente como para que marcas como Calvin Klein le envíen ropa gratis, como para que marcas de cosmética le envíen muestras gratis y como para que una editorial le propusiera publicar su propio libro de yoga.

Titulado Every Body Yoga (un juego de palabras que sugiere «yoga para todos» o «yoga para cualquier tipo de cuerpo»), la obra está resultando un éxito de ventas, hasta el punto de haber alcanzado el puesto número 15 de la lista de libros de esa categoría en Amazon.


La popularidad obtenida por el libro no es tanto por su contenido. La propia Jessamyn Stanley reconoce que no es una experta en la materia. Su valor fue bien resumido por la crítica que hizo del libro la revista Time: «Treinta y seis millones de personas practican yoga en los Estados Unidos y Jessamyn Stanley sabe que no todos tienen una talla 34».

Según declaraciones de la propia Stanley, «hay mucha gente, como gordos, ancianos, personas de corta estatura que practican yoga, pero no tienen ninguna visibilidad. Por eso, normalizar este tipo de yoga puede ser una herramienta para que se acepten y recuperen la autoestima».

El mejor ejemplo de ello es la cuenta de Instagram de la propia Jessamyn Stanley. «La práctica de mis asanas de yoga no es algo bonito. Hay sudor, llantos, caídas… Para muchos de nosotros, la práctica del yoga es complicada. Me refiero a que, cuando ves Instagram, todo parece muy bonito y divertido, pero en realidad la vida es una mierda bastante diferente».

A pesar de todo, Jessamyn Stanley continúa practicando yoga y animando a los demás a hacer lo mismo en seminarios, a través de las redes o con la gira de promoción de Every Body Yoga, libro cuyo subtítulo es tan directo como «Olvídate del miedo, súbete a la esterilla y ama tu cuerpo».

Sus ganas de hacer del yoga una cosa cercana y asequible le llevan a proponer a sus seguidores que no gasten demasiado dinero en equipamiento. Que agarren lo primero que encuentren por casa y comiencen a hacerlo ya.

«Mis dos primeros bloques de yoga fueron dos cajas de teléfono móvil unidas con una cinta de embalaje. Luego los cambié por un pack de VHS de Star Wars también unido con cinta adhesiva. Para las correas de yoga he utilizado desde una bufanda vieja, a una correa hecha por mi madre a mano o una correa de perro».

Para Jessamyn Stanley lo de menos es el cuerpo o la equipación. Lo verdaderamente importante es normalizar los cuerpos fuera de los criterios estéticos actuales. Según ella, ese es el primer paso para que esas personas mejoren su salud.

«No debes decepcionarte de ti mismo y mucho menos por cuestiones referentes a tu cuerpo. De hecho, si usas tu cuerpo como excusa para no hacer yoga, te estás provocando un grave perjuicio a la salud. El asunto no es preguntarse no “¿Cómo me veo?” sino “¿Cómo me siento?”», concluye Jessamyn Stanley.


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Opiniones 6
  • ¿En que momento de su vida Eduardo Bravo se dió cuenta de que había fracasado en el periodismo? Porque releer este articulo siendo su autor, es un buen aviso que te da la vida.
    Me produce entre gracia y pena este intento por convertir en hazaña épica desafiante o darle un barniz de rebeldía, a un acto normal cotidiano e irrelevante que no interesa a nadie ni para bien, ni para mal. Mención especial para ese chulesco «te guste o no», somo si hubiera algun tipo de movimiento de oposición a que una chavala haga yoga.
    ¿Que debe pensar por la cabeza de un periodista para decidir convertir en noticia a alguien irrelevante que hace cosas anodinas que causan indiferencia, y narrarlos como si estuviera describiendo a la Rosa Parks del siglo XXI? Rezuma patetismo.
    Y es que uno va a su canal de videos de yoga, y de 120 videos de los cuales 100 tienen mil visitas o menos, predominando sobre todo los que tienen 100 o 200 visualizaciones.
    Hay videos de gente comiendo arena con mas repercusión. En serio, por favor Eduardo. explicanos si decididiste tu escribir esto o te obligaron a hacerlo, jaja.

    • Das mucha pena hombre , si prefieres ver alguien comiendo arena y te parece más atractivo que una historia de superación quizás no tengas ninguna patología ( aparte de tu ausencia total de empatia y simpatía ) y quieras hacer deportes .Conozco personas con fibromialgia , lupus u obesos intentado hacer pilates ,yoga , natación .Acaso ellos no tienen derecho a su artículos , acaso hay que esconderlos y no pueden ser valientes y decididos ( tu los llamas chulos porque les importa un rábano gente como tu ) claro es mas bonito barbies y futbolistas o no! quizás eres de toreros y folklóricas ? Sed feliz y deja a lo demás serlo !!!

  • Resulta triste ser una persona como el que ha escrito el comentario anterior. No solamente pone en duda de forma muy arrogante la elección del tema, atribuyéndose una sabiduría editorial fácilmente desmontable con Google (de Jessamyn Stanley han hablado The Boston Globe, Libération, la CNN o el Washington Post). Es que además ataca de forma personal al periodista de forma muy desagradable. Supongo que su intención con esa oleada de bilis será intentar negar la existencia de la gordofobia en nuestra sociedad. José Pulitzer: espero que pronto encuentre la causa de tanto odio y virulencia y consiga la ayuda que necesita.

    • Los gordos no somos los causantes únicos del masivo consumismo y explotación de animales para producción, pues muchos, muchísimos, somos veganos, y no solo el «comer desmesuradamente y de forma inadecuada» causa obesidad, y si así lo fuese, repito, lo que a ti te molesta, no es el sistema económico alrededor de ello, sino tu intolerancia a los cuerpos diferentes, así que no seas hipócrita poniendo excusas y empieza por mejorar tú en lugar de señalar a los demás.

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