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27 de julio 2016    /   CREATIVIDAD
por
fotografia  Prokop Bartoníček / ExPost Art Gallery

La máquina que colecciona y cataloga piedras como un humano primitivo

27 de julio 2016    /   CREATIVIDAD     por        fotografia  Prokop Bartoníček / ExPost Art Gallery
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Jller es un proyecto artístico de Prokop Bartoníček y Benjamin Maus que, inspirado en actividades tan básicas para el desarrollo del ser humano como la recolección, enseña a una máquina a seleccionar y ordenar piedras con un impactante resultado estético.

Tradicionalmente, el mundo del arte ha incorporado las nuevas tecnologías a sus discursos y propuestas. Desde nuevos pinceles a fundiciones industriales, nuevos pigmentos o avances en el campo de los audiovisuales.

En unos casos, esas innovaciones se limitaban a facilitar la ejecución de los trabajos o mejorar su calidad. En otros estaban estrechamente ligadas al mensaje de los artistas, muchos de los cuales encontraban en ellas un reflejo de la evolución de la sociedad en la que surgen.

Este es el caso del artista checo Prokop Bartoníček que, desde sus comienzos, ha centrado su producción en explorar las relaciones entre las nuevas tecnologías, la naturaleza y facetas relacionadas con la historia y evolución del ser humano.

Uno de sus proyectos más recientes fue Jller. Desarrollado en colaboración con Benjamin Maus, responsable del estudio de diseño experimental Feld, en el que técnicas industriales, programas informáticos y geología se dan la mano.

Una cabeza mecánica, equipada con un sensor y unas ventosas, reconoce pequeñas piedras de río colocadas de forma aleatoria y las ordena según su edad geológica.

Los parámetros para llevar a cabo con éxito esta catalogación han sido establecidos previamente por los responsables del proyecto. Entre ellos se encuentra el color, la composición, las diferentes capas geológicas, la textura o su porosidad.

Las piedras proceden del río alemán Jller, en un tramo anterior a su unión con el Danubio, cerca de la ciudad de Ulm, un detalle que es clave para que la máquina pueda realizar la catalogación sin problemas.

Las piedras de esa región poseen unas características que se repiten constantemente, por lo que, si bien al ojo humano pueden parecer diferentes y aleatorias, en realidad siguen una serie de patrones fácilmente distinguibles por la máquina y el software con el que opera.

De hecho, aunque en este caso el parámetro de catalogación es la edad geológica de las piedras, ese criterio puede variar según la decisión de los autores. Como explica Prokop Bartoníček «se pueden ordenar por forma, tamaño, por color, por composición de color, lo que se desee».

En todo caso, para sus autores lo importante del proyecto no son tanto estos detalles, sino el concepto que sostiene todo el discurso. Según Bartoníček, «todos llevamos esto dentro. A todos nos encanta ordenar y mover cosas. Esta necesidad por coleccionar y catalogar cosas es una de las cualidades más elementales de los humanos cuando comenzamos a ser humanos».

A pesar de su estrecha relación con la ciencia, la tecnología o la paleontología, si se le pide a Prokop Bartoníček que defina qué es realmente Jller, es tajante: «Jller es arte. Fue expuesto en la galería ExPost de Praga hace unos meses y va a ser presentada en el Ars Electronica de Linz este próximo mes de septiembre».

Aunque sus autores lo consideren arte y de estar dentro de ese circuito, Jller no se vende. La máquina forma parte de un proyecto a largo plazo del que se derivan otras acciones que, en palabras de Bartoníček, «es difícil de afirmar si son o no similares desde el momento en que es complicado definir el término “similar”, pero sí que puedo decir que son proyectos basados técnicamente en él, de una u otra manera».

Jller es un proyecto artístico de Prokop Bartoníček y Benjamin Maus que, inspirado en actividades tan básicas para el desarrollo del ser humano como la recolección, enseña a una máquina a seleccionar y ordenar piedras con un impactante resultado estético.

Tradicionalmente, el mundo del arte ha incorporado las nuevas tecnologías a sus discursos y propuestas. Desde nuevos pinceles a fundiciones industriales, nuevos pigmentos o avances en el campo de los audiovisuales.

En unos casos, esas innovaciones se limitaban a facilitar la ejecución de los trabajos o mejorar su calidad. En otros estaban estrechamente ligadas al mensaje de los artistas, muchos de los cuales encontraban en ellas un reflejo de la evolución de la sociedad en la que surgen.

Este es el caso del artista checo Prokop Bartoníček que, desde sus comienzos, ha centrado su producción en explorar las relaciones entre las nuevas tecnologías, la naturaleza y facetas relacionadas con la historia y evolución del ser humano.

Uno de sus proyectos más recientes fue Jller. Desarrollado en colaboración con Benjamin Maus, responsable del estudio de diseño experimental Feld, en el que técnicas industriales, programas informáticos y geología se dan la mano.

Una cabeza mecánica, equipada con un sensor y unas ventosas, reconoce pequeñas piedras de río colocadas de forma aleatoria y las ordena según su edad geológica.

Los parámetros para llevar a cabo con éxito esta catalogación han sido establecidos previamente por los responsables del proyecto. Entre ellos se encuentra el color, la composición, las diferentes capas geológicas, la textura o su porosidad.

Las piedras proceden del río alemán Jller, en un tramo anterior a su unión con el Danubio, cerca de la ciudad de Ulm, un detalle que es clave para que la máquina pueda realizar la catalogación sin problemas.

Las piedras de esa región poseen unas características que se repiten constantemente, por lo que, si bien al ojo humano pueden parecer diferentes y aleatorias, en realidad siguen una serie de patrones fácilmente distinguibles por la máquina y el software con el que opera.

De hecho, aunque en este caso el parámetro de catalogación es la edad geológica de las piedras, ese criterio puede variar según la decisión de los autores. Como explica Prokop Bartoníček «se pueden ordenar por forma, tamaño, por color, por composición de color, lo que se desee».

En todo caso, para sus autores lo importante del proyecto no son tanto estos detalles, sino el concepto que sostiene todo el discurso. Según Bartoníček, «todos llevamos esto dentro. A todos nos encanta ordenar y mover cosas. Esta necesidad por coleccionar y catalogar cosas es una de las cualidades más elementales de los humanos cuando comenzamos a ser humanos».

A pesar de su estrecha relación con la ciencia, la tecnología o la paleontología, si se le pide a Prokop Bartoníček que defina qué es realmente Jller, es tajante: «Jller es arte. Fue expuesto en la galería ExPost de Praga hace unos meses y va a ser presentada en el Ars Electronica de Linz este próximo mes de septiembre».

Aunque sus autores lo consideren arte y de estar dentro de ese circuito, Jller no se vende. La máquina forma parte de un proyecto a largo plazo del que se derivan otras acciones que, en palabras de Bartoníček, «es difícil de afirmar si son o no similares desde el momento en que es complicado definir el término “similar”, pero sí que puedo decir que son proyectos basados técnicamente en él, de una u otra manera».

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