11 de enero 2016    /   CREATIVIDAD
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Joe Matt: católico, sentimental y pornófilo

11 de enero 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Hace unos años, la editorial riojana Fulgencio Pimentel se lanzó a la aventura de publicar tebeos. Uno de sus primeros títulos fue Consumido, de Joe Matt, un libro que acaba de ser reeditado y en el que el autor norteamericano contaba sus aventuras y desventuras como adicto al porno y, ejem, pajero.

Tras ese título, Fulgencio Pimentel se ha animado a publicar Peepshow, el primero de los álbumes de Matt que todavía estaba inédito en nuestro país. Con él este autor se adentró en un género que posteriormente se ha hecho muy popular y que no es otro que la autobiografía descarnada en viñetas en la que Joe Matt no tiene excesiva piedad ni consigo mismo ni con su entorno.

Nacido en una familia católica de Filadelfia, Matt comenzó en el mundo del cómic coloreando los cómics de superhéroes que dibujaban algunos de sus amigos que, con más habilidades sociales que él, habían conseguido abrirse camino en la industria del tebeo.

Con unos recursos económicos muy limitados y sin reconocimiento alguno como dibujante, Matt desarrolló otro tipo de habilidades. Ni mejores ni peores, pero sí diferentes a las de sus compañeros de generación, como una tacañería que roza el masoquismo, una afición desmesurada a la pornografía y un sentimiento de culpa como solo los católicos pueden sentir.

Con estos mimbres, Joe Matt comenzó a trenzar historias en las que narraba su vida cotidiana con poca o ninguna contemplación. Por sus páginas –algunas de ellas con una complejidad narrativa que las ha convertido en clásicos del género–, desfilan una madre que habla con Jesús, el propio Jesús, John Lennon, peculiares compañeros de piso, amigos que imitan al pato Donald, Robert Crumb, novias que lo aman y lo sufren, exnovias que, a pesar de la ruptura, también lo sufren, anécdotas de la infancia, recuerdos del instituto, trucos para sobrevivir en la ciudad y hasta consejos para cagar sin hacer ruido. En este sentido, Peepshow es como el Manual de los jóvenes castores underground del que aún nos quedan muchas cosas que aprender.

YOROKOBU: En una de las historietas de Peepshow afirmas que los cómics autobiográficos son más fáciles de dibujar. ¿De verdad es sencillo mostrar tu intimidad a los lectores y, en ocasiones, a tus amigos y familiares?

JOE MATT: En la actualidad encuentro complicado dibujar cualquier tipo de cómic. Mi último libro, Consumido, apareció durante el verano de 2007 y desde entonces he estado un poco holgazán. De todas maneras, todavía pienso en comenzar y acabar otro libro autobiográfico, aunque no pueda decir cuándo exactamente. Sin embargo, no pasa ni un día en que no escriba algunas notas para mi próximo libro. Respecto a tu pregunta, no puedo imaginar escribir otra cosa que no sea autobiográfica. No porque sea más sencillo, sino porque siento que es la forma más honesta y directa de escribir, al menos para mí.

Y: ¿Qué es lo que opina la gente que comparte tu vida cuando ve que sus vidas han sido compartidas en un cómic?

JM: Todos a los que he representado en mis cómics se han tomado bien el retrato que hago de ellos. He tenido muy pocos problemas en este sentido, tal vez porque la descripción que hago de mí mismo es siempre mucho más negativa que la de cualquier otro.

Y: ¿Tienes algún tipo de límite a la hora de mostrar tu vida? ¿Hay ciertas parcelas que nunca mostrarás en los tebeos?

JM: Orson Welles pensaba que las dos cosas más aburridas que puede filmar un cineasta son rezar y follar. Lógicamente, no le gustaba mostrar ninguna de las dos cosas en sus películas. Por la misma razón, yo tengo cierto reparo a la hora de mostrar ciertas cosas, por ejemplo: la generosidad o cualquier virtud, en general, cuando soy yo quien las posee, o cualquier intento de airear pensamientos profundos o sabiduría de ninguna clase, simplemente porque soy consciente de mis limitaciones y sería algo embarazoso. También soy reacio a expresar opiniones políticas o religiosas porque ni las entiendo ni me siento ligado a ninguna de ellas. Poseo una ignorancia tan abrumadora de todos esos asuntos que sé que solo pueden acarrearme la vergüenza más espantosa. Además, no hay nada tan aburrido como alguien pontificando desde la ignorancia. De ahí que solo me sienta cualificado para hablar de una cosa: yo mismo.

Y: ¿La vida es en sí misma útil a la hora de hacer cómics autobiográficos o es necesario tener una vida llena de aventuras para ello? En otras palabras, ¿una vida rutinaria podría servir para hacer cómics si fueras capaz de contarla de la manera correcta?

JM: Sí, lo más rutinario y tedioso puede ser interesante si se presenta de la forma adecuada. La clave de los cómics, y de las historias en general, está en cómo se cuentan. Ese es el reto, ser capaz de presentar los actos más anodinos bajo una luz interesante. Si alguna vez has visto una película de superhéroes supertaquillera y te has aburrido hasta la muerte durante una escena de lucha, sabes de lo que hablo. Alguien untando mantequilla en una tostada puede resultar apasionante si lo manejas bien. En fin, uno cree o no cree en esto que te cuento… Y yo lo creo.

Y: Resulta muy interesante cómo en ocasiones cuentas las mismas cosas de diferente forma en diferentes historietas. En el fondo es lo mismo que hacemos en la vida real. ¿Es un truco narrativo o es que te olvidaste de cómo lo contaste la primera vez?

JM: Cualquier cosa puesta en un cómic, incluida una repetición, debería estar, en último término, colocada ahí por una razón, una intención o un propósito.

Y: ¿Te reconoces en cómics como Peepshow treinta años después de su primera publicación en Estados Unidos?

JM: Sí y no. He cambiado y no lo he hecho. He madurado y también he ido hacia atrás. Me acuerdo de todo, eso sí… Y hasta ahí puedo contar.

Y: ¿Crees que la vida es mejor con un poco o con un mucho de culpa católica? ¿Es malo para la vida pero bueno para los cómics?

JM: Creo que «neurosis» es mejor término que «culpa católica». Pero no, no está relacionado ser un neurótico con ser mejor dibujante de tebeos. En el caso de un humorista tal vez, pero en el del dibujante no.

Cuando pienso en algunos de mis más absolutamente favoritos cómics de todos los tiempos, como Gasoline Alley, Barnaby, Krazy Kat, Popeye, Dick Tracy, Annie la huérfanita, etc., lo último en lo que pienso es que sus creadores puedan haber sacado partido de un desorden mental. Sin embargo, algunos como Charles Schulz han declarado que renunciaron a someterse a tratamiento psicológico por miedo a que eso pudiera destruir su creatividad o su humor. En todo caso, creo que ese planteamiento es la excepción y no la regla.

Y: En tus cómics te describes como un amante del porno. ¿Qué crees que hubiera sido de tu vida en la era de internet?

JM: Me gusta el porno y la masturbación tanto como siempre, pero me niego a echarme en brazos de internet. Nunca he tenido ordenador, teléfono móvil, ni he pagado un centavo por el acceso a internet. En honor de la verdad, estoy escribiendo en el ordenador de mi novia y te enviaré el texto por mail mañana desde la biblioteca pública. Personalmente creo que, al menos para mí, internet es malo y poco saludable.

Todavía poseo alrededor de 2.000 horas de porno cuidadosamente editado que he ido grabando a lo largo de los 25 últimos años. Primero en vídeo y ahora he puesto mucho empeño para que lo transfieran todo a DVD. Así que creo que tengo suficiente. Y sí, mi novia lo acepta. De hecho, lo que no lleva tan bien es lo de no tener internet en nuestro apartamento. Pero para ser sincero, creo que ella se beneficia de no tener internet tanto como yo.

En todo caso, me conozco muy bien a mí mismo para saber que, si hubiera tenido internet y un ordenador de mi propiedad, se hubiera convertido en un nuevo trabajo a jornada completa: descargar, editar y almacenar porno. A cambio, me he pasado la última semana llevando conmigo a todas partes donde iba un libro de verdad, concretamente ¡Harpo, habla!, la autobiografía de Harpo Marx, y he disfrutado de cada minuto que he pasado leyéndolo. Ha sido como estar en el cielo. Sin embargo, cada vez que me he sentado ante un ordenador esperando que algo se grabase, ha sido un verdadero infierno. Así que, ¿qué más puedo decir? Me siento muy afortunado de no haberme tenido que registrar en un portal de citas y haber encontrado a mi actual novia, y el amor de mi vida, en el mundo real.

Para acabar, me gustaría agradecer personalmente a todos y cada uno de las personas que en alguna ocasión han comprado alguno de mis tebeos y por su paciencia mientras esperan por mi próximo libro. ¡Gracias!

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Tras ese título, Fulgencio Pimentel se ha animado a publicar Peepshow, el primero de los álbumes de Matt que todavía estaba inédito en nuestro país. Con él este autor se adentró en un género que posteriormente se ha hecho muy popular y que no es otro que la autobiografía descarnada en viñetas en la que Joe Matt no tiene excesiva piedad ni consigo mismo ni con su entorno.

Nacido en una familia católica de Filadelfia, Matt comenzó en el mundo del cómic coloreando los cómics de superhéroes que dibujaban algunos de sus amigos que, con más habilidades sociales que él, habían conseguido abrirse camino en la industria del tebeo.

Con unos recursos económicos muy limitados y sin reconocimiento alguno como dibujante, Matt desarrolló otro tipo de habilidades. Ni mejores ni peores, pero sí diferentes a las de sus compañeros de generación, como una tacañería que roza el masoquismo, una afición desmesurada a la pornografía y un sentimiento de culpa como solo los católicos pueden sentir.

Con estos mimbres, Joe Matt comenzó a trenzar historias en las que narraba su vida cotidiana con poca o ninguna contemplación. Por sus páginas –algunas de ellas con una complejidad narrativa que las ha convertido en clásicos del género–, desfilan una madre que habla con Jesús, el propio Jesús, John Lennon, peculiares compañeros de piso, amigos que imitan al pato Donald, Robert Crumb, novias que lo aman y lo sufren, exnovias que, a pesar de la ruptura, también lo sufren, anécdotas de la infancia, recuerdos del instituto, trucos para sobrevivir en la ciudad y hasta consejos para cagar sin hacer ruido. En este sentido, Peepshow es como el Manual de los jóvenes castores underground del que aún nos quedan muchas cosas que aprender.

YOROKOBU: En una de las historietas de Peepshow afirmas que los cómics autobiográficos son más fáciles de dibujar. ¿De verdad es sencillo mostrar tu intimidad a los lectores y, en ocasiones, a tus amigos y familiares?

JOE MATT: En la actualidad encuentro complicado dibujar cualquier tipo de cómic. Mi último libro, Consumido, apareció durante el verano de 2007 y desde entonces he estado un poco holgazán. De todas maneras, todavía pienso en comenzar y acabar otro libro autobiográfico, aunque no pueda decir cuándo exactamente. Sin embargo, no pasa ni un día en que no escriba algunas notas para mi próximo libro. Respecto a tu pregunta, no puedo imaginar escribir otra cosa que no sea autobiográfica. No porque sea más sencillo, sino porque siento que es la forma más honesta y directa de escribir, al menos para mí.

Y: ¿Qué es lo que opina la gente que comparte tu vida cuando ve que sus vidas han sido compartidas en un cómic?

JM: Todos a los que he representado en mis cómics se han tomado bien el retrato que hago de ellos. He tenido muy pocos problemas en este sentido, tal vez porque la descripción que hago de mí mismo es siempre mucho más negativa que la de cualquier otro.

Y: ¿Tienes algún tipo de límite a la hora de mostrar tu vida? ¿Hay ciertas parcelas que nunca mostrarás en los tebeos?

JM: Orson Welles pensaba que las dos cosas más aburridas que puede filmar un cineasta son rezar y follar. Lógicamente, no le gustaba mostrar ninguna de las dos cosas en sus películas. Por la misma razón, yo tengo cierto reparo a la hora de mostrar ciertas cosas, por ejemplo: la generosidad o cualquier virtud, en general, cuando soy yo quien las posee, o cualquier intento de airear pensamientos profundos o sabiduría de ninguna clase, simplemente porque soy consciente de mis limitaciones y sería algo embarazoso. También soy reacio a expresar opiniones políticas o religiosas porque ni las entiendo ni me siento ligado a ninguna de ellas. Poseo una ignorancia tan abrumadora de todos esos asuntos que sé que solo pueden acarrearme la vergüenza más espantosa. Además, no hay nada tan aburrido como alguien pontificando desde la ignorancia. De ahí que solo me sienta cualificado para hablar de una cosa: yo mismo.

Y: ¿La vida es en sí misma útil a la hora de hacer cómics autobiográficos o es necesario tener una vida llena de aventuras para ello? En otras palabras, ¿una vida rutinaria podría servir para hacer cómics si fueras capaz de contarla de la manera correcta?

JM: Sí, lo más rutinario y tedioso puede ser interesante si se presenta de la forma adecuada. La clave de los cómics, y de las historias en general, está en cómo se cuentan. Ese es el reto, ser capaz de presentar los actos más anodinos bajo una luz interesante. Si alguna vez has visto una película de superhéroes supertaquillera y te has aburrido hasta la muerte durante una escena de lucha, sabes de lo que hablo. Alguien untando mantequilla en una tostada puede resultar apasionante si lo manejas bien. En fin, uno cree o no cree en esto que te cuento… Y yo lo creo.

Y: Resulta muy interesante cómo en ocasiones cuentas las mismas cosas de diferente forma en diferentes historietas. En el fondo es lo mismo que hacemos en la vida real. ¿Es un truco narrativo o es que te olvidaste de cómo lo contaste la primera vez?

JM: Cualquier cosa puesta en un cómic, incluida una repetición, debería estar, en último término, colocada ahí por una razón, una intención o un propósito.

Y: ¿Te reconoces en cómics como Peepshow treinta años después de su primera publicación en Estados Unidos?

JM: Sí y no. He cambiado y no lo he hecho. He madurado y también he ido hacia atrás. Me acuerdo de todo, eso sí… Y hasta ahí puedo contar.

Y: ¿Crees que la vida es mejor con un poco o con un mucho de culpa católica? ¿Es malo para la vida pero bueno para los cómics?

JM: Creo que «neurosis» es mejor término que «culpa católica». Pero no, no está relacionado ser un neurótico con ser mejor dibujante de tebeos. En el caso de un humorista tal vez, pero en el del dibujante no.

Cuando pienso en algunos de mis más absolutamente favoritos cómics de todos los tiempos, como Gasoline Alley, Barnaby, Krazy Kat, Popeye, Dick Tracy, Annie la huérfanita, etc., lo último en lo que pienso es que sus creadores puedan haber sacado partido de un desorden mental. Sin embargo, algunos como Charles Schulz han declarado que renunciaron a someterse a tratamiento psicológico por miedo a que eso pudiera destruir su creatividad o su humor. En todo caso, creo que ese planteamiento es la excepción y no la regla.

Y: En tus cómics te describes como un amante del porno. ¿Qué crees que hubiera sido de tu vida en la era de internet?

JM: Me gusta el porno y la masturbación tanto como siempre, pero me niego a echarme en brazos de internet. Nunca he tenido ordenador, teléfono móvil, ni he pagado un centavo por el acceso a internet. En honor de la verdad, estoy escribiendo en el ordenador de mi novia y te enviaré el texto por mail mañana desde la biblioteca pública. Personalmente creo que, al menos para mí, internet es malo y poco saludable.

Todavía poseo alrededor de 2.000 horas de porno cuidadosamente editado que he ido grabando a lo largo de los 25 últimos años. Primero en vídeo y ahora he puesto mucho empeño para que lo transfieran todo a DVD. Así que creo que tengo suficiente. Y sí, mi novia lo acepta. De hecho, lo que no lleva tan bien es lo de no tener internet en nuestro apartamento. Pero para ser sincero, creo que ella se beneficia de no tener internet tanto como yo.

En todo caso, me conozco muy bien a mí mismo para saber que, si hubiera tenido internet y un ordenador de mi propiedad, se hubiera convertido en un nuevo trabajo a jornada completa: descargar, editar y almacenar porno. A cambio, me he pasado la última semana llevando conmigo a todas partes donde iba un libro de verdad, concretamente ¡Harpo, habla!, la autobiografía de Harpo Marx, y he disfrutado de cada minuto que he pasado leyéndolo. Ha sido como estar en el cielo. Sin embargo, cada vez que me he sentado ante un ordenador esperando que algo se grabase, ha sido un verdadero infierno. Así que, ¿qué más puedo decir? Me siento muy afortunado de no haberme tenido que registrar en un portal de citas y haber encontrado a mi actual novia, y el amor de mi vida, en el mundo real.

Para acabar, me gustaría agradecer personalmente a todos y cada uno de las personas que en alguna ocasión han comprado alguno de mis tebeos y por su paciencia mientras esperan por mi próximo libro. ¡Gracias!

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