16 de enero 2023    /   CREATIVIDAD
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Johh Rankin: fotografía con responsabilidad social

John Rankin ha fotografiado a cualquier famoso que te puedas imaginar, desde la reina Isabel II de Inglaterra a Arnold Schwarzenegger. Ahora ha prestado su talento para una buena causa.

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Aunque quizá no sea tan conocido para el gran público español como lo es en su país de origen, pocas celebrities de los últimos 25 años se han escapado de posar frente al objetivo de John Rankin: de Eminem a Bjork y de Lindsay Lohan a Grace Jones, pasando por Kate Moss, Chloe Sevigny, las Spice Girls y Mijaíl Gorbachov. Sin lugar a dudas, Rankin es uno de los retratistas más importantes de finales del siglo XX y principios del XXI, además de ser un distinguido director de vídeos musicales (Miley Cyrus, Azealia Banks, Sky Ferreira) y colaborador frecuente con decenas de organizaciones benéficas.

Pero empecemos por el principio. Rankin comenzó en esto de la foto un poco por casualidad. Él mismo lo cuenta desde su oficina en el norte de Londres.

«Comencé a tomar fotos con unos 20 años. No tenía ningún tipo de formación en aquel momento. Estaba estudiando contabilidad en Londres y de repente todos mis amigos eran artistas. “¿Por qué estás estudiando eso?”, me preguntaban, extrañados. Así que yo mismo me lo acabé preguntando. Cuando volví a casa por vacaciones», recuerda.

«Le pedí su cámara a un amigo para probar. En el momento en el que disparé la primera foto sentí una magia especial. Fue un momento decisivo. Quería que todos vieran el mundo como lo veía yo. Dejé la contabilidad y me puse a estudiar cine y fotografía».

«En el corazón de mi fotografía, de mis retratos, ya sean de una celebrity o de cualquiera de las personas de este proyecto, subyace el propósito de mostrar la humanidad de esa persona de la forma más emotiva posible»

Un tiempo después, y buscando una posible salida para su nueva vocación, Rankin se matriculó en el London College of Printing, donde aprendió cómo crear una revista, cómo diseñarla, cómo imprimirla, cómo distribuirla. «Estaba en el lugar adecuado, en el momento adecuado», explica; sobre todo, porque aquellos conocimientos derivaron en la creación de Dazed & Confused junto a su compañero Jefferson Hack en 1991, una de las revistas más interesantes de cultura juvenil que sigue en plena forma más de 30 años después.

Pero a pesar de —o gracias a— sus aventuras editoriales, la carrera de Rankin como fotógrafo fue en pleno ascenso y se zambulló de cabeza en la vida social y en el mundo de la moda y las revistas londinenses de principios de los 90. Ya desde entonces, sin embargo, y especialmente a raíz del nacimiento de su hijo en 1995, el fotógrafo sintió la necesidad de darle un aire diferente a su carrera.

«Enseguida comencé a trabajar gratis para diferentes ONG y organizaciones benéficas», explica. «Siempre he tenido una conciencia social muy acusada y decidí prestar mis habilidades como retratista a diferentes causas. No quería que, en el futuro, mis hijos me vieran como el clásico fotógrafo de moda nihilista al que no le importa nada más que él mismo».

Rankin lleva más de una década colaborando con multitud de organizaciones. «Creo que es muy importante que las personas conozcan las cosas que influyen y afectan a los seres humanos que les rodean —afirma el fotógrafo—, por eso lo hago. Creo que tengo cierta responsabilidad social y que es importante hacer cosas que contribuyan a mejorar nuestra sociedad; usar el don que tengo de una manera positiva. Eso es precisamente lo que he hecho con Portraits of Progress».

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

El artista se refiere a la campaña de sensibilización sobre la hemofilia, en la que se ha asociado con CSL Behring, con el objetivo de mostrar el impacto humano de esta enfermedad y celebrar los adelantos en su tratamiento conseguidos durante las últimas décadas: desde la identificación de la enfermedad en los años 40 del siglo XX, hasta los últimos avances en medicinas y cuidados de estos pacientes. 

Para la campaña, Rankin ha fotografiado a pacientes y profesionales médicos que trabajan con esta enfermedad rara caracterizada por la no coagulación de la sangre, lo que hace muy complicada la vida de estas personas. «Para mí, lo más interesante de esta campaña ha sido hablar con personas que conocen muy bien esta patología y darme cuenta de lo poco que sabía de ella», explica el fotógrafo.

«También conocer lo efectivos que son los nuevos tratamientos desarrollados en los últimos años, que han cambiado la vida de muchos pacientes. A lo largo de la campaña me di cuenta de que era muy importante contar las historias de todas estas personas y colaborar para transmitir su energía a todo el que les dedique un momento, que resulta contagiosa».

Cuando le propusieron participar, el fotógrafo reconoció inmediatamente en esta campaña algo en lo que le apetecía profundizar y que se tenía que contar. «En el corazón de mi fotografía, de mis retratos, ya sean de una celebrity o de cualquiera de las personas de este proyecto, subyace el propósito de mostrar la humanidad de esa persona de la forma más emotiva posible», apunta Rankin.

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

«Cuando hablamos de una enfermedad es importante ponerle rostro humano», remarca. «Es una forma de mostrar cómo un diagnóstico así cambia la vida de una persona. Es realmente terrorífico. Así que me parece importante, igualmente, dar a conocer casos de personas que han conseguido convivir con una enfermedad muy grave. También tenemos que celebrar lo maravilloso que es eso, lo positivo que resulta».

La positividad y el sentido del humor que destila este proyecto están omnipresentes en todo el trabajo de Rankin. «¡Supongo que soy una de esas personas que siempre ve el vaso medio lleno! Soy alguien que realmente quiere vivir la vida al máximo y ayudar a otras personas a hacer lo mismo», explica.

«Sinceramente, creo que no hay otra forma de tomarse mi oficio: tienes que tener mucho respeto por la persona a la que estás fotografiando, pero también mostrar un poco de irreverencia. Además, yo soy de un país en el que el humor es muy importante. En Gran Bretaña tuvimos un período increíble, con humoristas maravillosos como, por ejemplo, los Monty Python, en el que la comedia era una parte muy importante de nuestras vidas. Yo crecí durante esos años».

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

Con una carrera tan plagada de éxitos, resulta razonable preguntarle a Rankin por sus nuevos retos. ¿Qué es lo que motiva a una estrella en su campo como él a seguir? «Creo que tengo pendiente hacer un buen documental o una película», afirma.

«También estoy muy obsesionado últimamente con la captura volumétrica en 3D. Tomar una imagen de algo o alguien en tres dimensiones y luego reproducirla en forma de escultura. Estoy muy muy metido en ello, pero es un proceso muy costoso y lleva mucho tiempo hacerlo. Es curioso que, mientras todo el mundo parece caminar hacia lo virtual, yo estoy pensando en duplicar la realidad».

Una realidad, la de la imagen, que últimamente acaba de dar la bienvenida a un nuevo tipo de creador, las inteligencias artificiales, que amenazan con reemplazar a los artistas de carne y hueso. Rankin considera que esta amenaza, en realidad, no existe. «No me da miedo la tecnología en sí, ni que vaya a reemplazar a nadie. Me da más miedo pensar en cómo algunas personas pueden llegar a usar esa tecnología», confiesa. «Yo adoro la tecnología y tengo mucha fe en la capacidad de los seres humanos para adaptarse a los cambios».

«Nos hemos podido adaptar a la hemofilia y encontrar la forma de lidiar con ella. Así que creo que las nuevas generaciones se acabarán adaptando a cualquier tecnología que llegue ahora o en el futuro. No creo que las inteligencias artificiales acaben reemplazando nada, sino que crearán una nueva rama del arte o la cultura. Creo que el buen trabajo seguirá destacando». 

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Aunque quizá no sea tan conocido para el gran público español como lo es en su país de origen, pocas celebrities de los últimos 25 años se han escapado de posar frente al objetivo de John Rankin: de Eminem a Bjork y de Lindsay Lohan a Grace Jones, pasando por Kate Moss, Chloe Sevigny, las Spice Girls y Mijaíl Gorbachov. Sin lugar a dudas, Rankin es uno de los retratistas más importantes de finales del siglo XX y principios del XXI, además de ser un distinguido director de vídeos musicales (Miley Cyrus, Azealia Banks, Sky Ferreira) y colaborador frecuente con decenas de organizaciones benéficas.

Pero empecemos por el principio. Rankin comenzó en esto de la foto un poco por casualidad. Él mismo lo cuenta desde su oficina en el norte de Londres.

«Comencé a tomar fotos con unos 20 años. No tenía ningún tipo de formación en aquel momento. Estaba estudiando contabilidad en Londres y de repente todos mis amigos eran artistas. “¿Por qué estás estudiando eso?”, me preguntaban, extrañados. Así que yo mismo me lo acabé preguntando. Cuando volví a casa por vacaciones», recuerda.

«Le pedí su cámara a un amigo para probar. En el momento en el que disparé la primera foto sentí una magia especial. Fue un momento decisivo. Quería que todos vieran el mundo como lo veía yo. Dejé la contabilidad y me puse a estudiar cine y fotografía».

«En el corazón de mi fotografía, de mis retratos, ya sean de una celebrity o de cualquiera de las personas de este proyecto, subyace el propósito de mostrar la humanidad de esa persona de la forma más emotiva posible»

Un tiempo después, y buscando una posible salida para su nueva vocación, Rankin se matriculó en el London College of Printing, donde aprendió cómo crear una revista, cómo diseñarla, cómo imprimirla, cómo distribuirla. «Estaba en el lugar adecuado, en el momento adecuado», explica; sobre todo, porque aquellos conocimientos derivaron en la creación de Dazed & Confused junto a su compañero Jefferson Hack en 1991, una de las revistas más interesantes de cultura juvenil que sigue en plena forma más de 30 años después.

Pero a pesar de —o gracias a— sus aventuras editoriales, la carrera de Rankin como fotógrafo fue en pleno ascenso y se zambulló de cabeza en la vida social y en el mundo de la moda y las revistas londinenses de principios de los 90. Ya desde entonces, sin embargo, y especialmente a raíz del nacimiento de su hijo en 1995, el fotógrafo sintió la necesidad de darle un aire diferente a su carrera.

«Enseguida comencé a trabajar gratis para diferentes ONG y organizaciones benéficas», explica. «Siempre he tenido una conciencia social muy acusada y decidí prestar mis habilidades como retratista a diferentes causas. No quería que, en el futuro, mis hijos me vieran como el clásico fotógrafo de moda nihilista al que no le importa nada más que él mismo».

Rankin lleva más de una década colaborando con multitud de organizaciones. «Creo que es muy importante que las personas conozcan las cosas que influyen y afectan a los seres humanos que les rodean —afirma el fotógrafo—, por eso lo hago. Creo que tengo cierta responsabilidad social y que es importante hacer cosas que contribuyan a mejorar nuestra sociedad; usar el don que tengo de una manera positiva. Eso es precisamente lo que he hecho con Portraits of Progress».

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

El artista se refiere a la campaña de sensibilización sobre la hemofilia, en la que se ha asociado con CSL Behring, con el objetivo de mostrar el impacto humano de esta enfermedad y celebrar los adelantos en su tratamiento conseguidos durante las últimas décadas: desde la identificación de la enfermedad en los años 40 del siglo XX, hasta los últimos avances en medicinas y cuidados de estos pacientes. 

Para la campaña, Rankin ha fotografiado a pacientes y profesionales médicos que trabajan con esta enfermedad rara caracterizada por la no coagulación de la sangre, lo que hace muy complicada la vida de estas personas. «Para mí, lo más interesante de esta campaña ha sido hablar con personas que conocen muy bien esta patología y darme cuenta de lo poco que sabía de ella», explica el fotógrafo.

«También conocer lo efectivos que son los nuevos tratamientos desarrollados en los últimos años, que han cambiado la vida de muchos pacientes. A lo largo de la campaña me di cuenta de que era muy importante contar las historias de todas estas personas y colaborar para transmitir su energía a todo el que les dedique un momento, que resulta contagiosa».

Cuando le propusieron participar, el fotógrafo reconoció inmediatamente en esta campaña algo en lo que le apetecía profundizar y que se tenía que contar. «En el corazón de mi fotografía, de mis retratos, ya sean de una celebrity o de cualquiera de las personas de este proyecto, subyace el propósito de mostrar la humanidad de esa persona de la forma más emotiva posible», apunta Rankin.

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

«Cuando hablamos de una enfermedad es importante ponerle rostro humano», remarca. «Es una forma de mostrar cómo un diagnóstico así cambia la vida de una persona. Es realmente terrorífico. Así que me parece importante, igualmente, dar a conocer casos de personas que han conseguido convivir con una enfermedad muy grave. También tenemos que celebrar lo maravilloso que es eso, lo positivo que resulta».

La positividad y el sentido del humor que destila este proyecto están omnipresentes en todo el trabajo de Rankin. «¡Supongo que soy una de esas personas que siempre ve el vaso medio lleno! Soy alguien que realmente quiere vivir la vida al máximo y ayudar a otras personas a hacer lo mismo», explica.

«Sinceramente, creo que no hay otra forma de tomarse mi oficio: tienes que tener mucho respeto por la persona a la que estás fotografiando, pero también mostrar un poco de irreverencia. Además, yo soy de un país en el que el humor es muy importante. En Gran Bretaña tuvimos un período increíble, con humoristas maravillosos como, por ejemplo, los Monty Python, en el que la comedia era una parte muy importante de nuestras vidas. Yo crecí durante esos años».

Johh Rankin; La fotografía con responsabilidad social

Con una carrera tan plagada de éxitos, resulta razonable preguntarle a Rankin por sus nuevos retos. ¿Qué es lo que motiva a una estrella en su campo como él a seguir? «Creo que tengo pendiente hacer un buen documental o una película», afirma.

«También estoy muy obsesionado últimamente con la captura volumétrica en 3D. Tomar una imagen de algo o alguien en tres dimensiones y luego reproducirla en forma de escultura. Estoy muy muy metido en ello, pero es un proceso muy costoso y lleva mucho tiempo hacerlo. Es curioso que, mientras todo el mundo parece caminar hacia lo virtual, yo estoy pensando en duplicar la realidad».

Una realidad, la de la imagen, que últimamente acaba de dar la bienvenida a un nuevo tipo de creador, las inteligencias artificiales, que amenazan con reemplazar a los artistas de carne y hueso. Rankin considera que esta amenaza, en realidad, no existe. «No me da miedo la tecnología en sí, ni que vaya a reemplazar a nadie. Me da más miedo pensar en cómo algunas personas pueden llegar a usar esa tecnología», confiesa. «Yo adoro la tecnología y tengo mucha fe en la capacidad de los seres humanos para adaptarse a los cambios».

«Nos hemos podido adaptar a la hemofilia y encontrar la forma de lidiar con ella. Así que creo que las nuevas generaciones se acabarán adaptando a cualquier tecnología que llegue ahora o en el futuro. No creo que las inteligencias artificiales acaben reemplazando nada, sino que crearán una nueva rama del arte o la cultura. Creo que el buen trabajo seguirá destacando». 

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