9 de septiembre 2011    /   CINE/TV
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John Waters: "Enseñé mi película a unos asesinos en la cárcel y su reacción fue: 'Estás mal de la cabeza'"

9 de septiembre 2011    /   CINE/TV     por          
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Intentar escribir una crónica sería una forma irresponsable e imposible de transmitir el monólogo de John Waters ayer por la noche en el Festival Rizoma. Mejor dejar que sus frases hablen por sí mismas, por difícil que sea reflejarlo fielmente. Durante una hora y media, el cineasta introdujo a la audiencia a su mundo que lejos de difuminarse con la edad y el paso del tiempo, pervive con fuerza. Ese mundo de freaks, raros, guarros, culturas minoritarias y historias bizarras se entremezcló con anécdotas sobre sus películas.
Waters es capaz de hablar sin complejos sobre la cultura más popular y mainstream: «Amo a Justin Bieber», y pasar rápidamente a describir las prácticas más depravadas y raras de las subculturas homosexuales de San Francisco.
Lo raro y oculto es lo que más le gusta. Se nota en su cara cuando habla sobre ello.
Pero que tampoco engañe la pose. Detrás de sus bromas hay un discurso de tolerancia. «Vive y deja vivir», exclama con pasión. Habla de todo ello porque defiende su derecho a existir.
Son los personajes que han inspirado sus películas durante todos estos años y que han dado voz e identidad a millones de personas inconformistas.
Su afán provocador esconde a un hombre comprometido con el arte y la vida. Cuenta con casas en Los Angeles y Nueva York. Pero nunca ha abandonado Baltimore, la ciudad donde creció y donde pasa la mayor parte de su tiempo.
Es donde mantiene su conexión con el mundo real, donde se inspira y donde ha rodado todas sus películas. Es un outsider pero un outsider aceptado y querido por el establishment. Con el tiempo sus trabajos que tanto escandalizaron en su momento han sido aceptados y hasta celebrados. «Hoy en día la gente espera rarezas de mis trabajos. Si no lo encuentra, sale decepcionada».
Le han llegado a llamar el padre de la cultura trash, el barón de lo sucio, el rey del mal gusto. Todo esto lo acepta con gusto pero insiste en que más que escandalizar, lo que realmente ha querido es hacer reír. Y lo consigue todavía hoy con 65 años.
Aquí algunas perlas de Waters ayer por la noche:
«Me gustan las películas locas y de mal gusto. No quiero ir al cine para ver una película de buen rollo. Ya tengo buen rollo a mi alrededor».
«Durante un tiempo, estuve trabajando en una cárcel. Enseñé mi película Pink Flamingos a un grupo de asesinos convictos. Su conclusión fue: ‘Dios mío, estás mal de la cabeza'».
«Me encanta Justin Bieber, imagínate lo que hubiera pasado si lo conociera Michael Jackson».
Sobre la reacción de sus padres a la inauguración de una de sus películas:
«Mejor de lo que pensaba pero espero no tener que verla nunca más en la vida».
Sobre el sexo:
«Si no tienen libros en su casa, no folles con ellos y no, no cuentan los DVD’s».
Sobre las drogas:
«Siempre me dicen: Seguro que estuvisteis puestos cuando hicisteis esas películas. Lo estábamos».
«Nunca he entendido el atractivo del éxtasis. ¿Una droga que te hace amar a todo el mundo a tu alrededor? Me suena al infierno».
«Ahora las drogas me parecen muy retro. ¿Cómo se puede ser malo con 70 años?».
Sobre los actores que trabajaron en sus primeras películas:
«Fueron realmente valientes. Dejaron su vida a un lado para estar en esas películas. Tenían que llevar unas pintas que los condenaba a quedarse en casa».
Sobre los hackers:
«Hoy en día los niños malos son hackers. No hay glamour en todo ello, solo malas posturas».
Sobre la homosexualidad:
«Hay demasiados gays. Antes éramos especiales. Abunda la corrección política alrededor del tema. ¿Por qué no puede haber villanos gays?».
Sobre la pornografía de antaño:

«En los años 50 la única forma de ver desnudez en una pantalla era en películas médicas que mostraban partos. Había hombres que iban al cine  a verlo y se masturbaban viendo un nacimiento. Supongo que obviaban lo que estaba pasando y se concentraban en la mujer».
Sobre la inspiración para hacer películas:
«Lo tenéis mucho más facil hoy en día para hacer películas a toda velocidad. Tenéis todas las herramientas. Lo único que hace falta es abrir el periódico y buscar sucesos truculentos».
Sobre su director favorito:
«Sin duda, Pedro Almodovar. Además, ha logrado que su hermano sea su distribuidor. Es un tío listo».
Sobre sus manías:
«Gente que tiene una colección de revistas en el baño. ¡Qué asco!».
«Personas con problemas de comida que vienen a tu casa. ‘Es que me sienta mal esto’. Que te jodan, no vuelvas».
Sobre una carrera alternativa:
«Si no hiciera esto, sería un abogado de defensa para criminales que perpetraron un crimen y no se arrepienten. Alguien tiene que hablar por ellos».
Sobre viajar:
«Todo el mundo es feo en primera clase, así que consuélate la próxima vez que viajes en clase turista».
La moralidad en sus películas:
«La moralina en mis películas es: ocúpate de tus asuntos. Tú no sabes lo que causó que alguien actuara como lo hizo. Hasta que lo sepas y hayas oído toda la información, no te metas».
Sobre el catolicismo:
«Los católicos tienen una vida sexual más extrema porque se les enseña que el placer es malo. ¿Quién piensa que es normal ponerse de rodillas frente a un hombre desnudo crucificado? Es como estar en un bar de estética leather».
Sobre su página web favorita:
«Me encanta Lurid Digs. Es un catálogo de mobiliario horrendo que aparece en el porno».
Sobre los realities:
«Nunca trabajaré en un reality porque no me gusta mofarme de la gente. Yo admiro a la gente que retrato en mis películas. Te estoy invitando a que te adentres en su mundo. Nunca te pido que los desprecies».


Intentar escribir una crónica sería una forma irresponsable e imposible de transmitir el monólogo de John Waters ayer por la noche en el Festival Rizoma. Mejor dejar que sus frases hablen por sí mismas, por difícil que sea reflejarlo fielmente. Durante una hora y media, el cineasta introdujo a la audiencia a su mundo que lejos de difuminarse con la edad y el paso del tiempo, pervive con fuerza. Ese mundo de freaks, raros, guarros, culturas minoritarias y historias bizarras se entremezcló con anécdotas sobre sus películas.
Waters es capaz de hablar sin complejos sobre la cultura más popular y mainstream: «Amo a Justin Bieber», y pasar rápidamente a describir las prácticas más depravadas y raras de las subculturas homosexuales de San Francisco.
Lo raro y oculto es lo que más le gusta. Se nota en su cara cuando habla sobre ello.
Pero que tampoco engañe la pose. Detrás de sus bromas hay un discurso de tolerancia. «Vive y deja vivir», exclama con pasión. Habla de todo ello porque defiende su derecho a existir.
Son los personajes que han inspirado sus películas durante todos estos años y que han dado voz e identidad a millones de personas inconformistas.
Su afán provocador esconde a un hombre comprometido con el arte y la vida. Cuenta con casas en Los Angeles y Nueva York. Pero nunca ha abandonado Baltimore, la ciudad donde creció y donde pasa la mayor parte de su tiempo.
Es donde mantiene su conexión con el mundo real, donde se inspira y donde ha rodado todas sus películas. Es un outsider pero un outsider aceptado y querido por el establishment. Con el tiempo sus trabajos que tanto escandalizaron en su momento han sido aceptados y hasta celebrados. «Hoy en día la gente espera rarezas de mis trabajos. Si no lo encuentra, sale decepcionada».
Le han llegado a llamar el padre de la cultura trash, el barón de lo sucio, el rey del mal gusto. Todo esto lo acepta con gusto pero insiste en que más que escandalizar, lo que realmente ha querido es hacer reír. Y lo consigue todavía hoy con 65 años.
Aquí algunas perlas de Waters ayer por la noche:
«Me gustan las películas locas y de mal gusto. No quiero ir al cine para ver una película de buen rollo. Ya tengo buen rollo a mi alrededor».
«Durante un tiempo, estuve trabajando en una cárcel. Enseñé mi película Pink Flamingos a un grupo de asesinos convictos. Su conclusión fue: ‘Dios mío, estás mal de la cabeza'».
«Me encanta Justin Bieber, imagínate lo que hubiera pasado si lo conociera Michael Jackson».
Sobre la reacción de sus padres a la inauguración de una de sus películas:
«Mejor de lo que pensaba pero espero no tener que verla nunca más en la vida».
Sobre el sexo:
«Si no tienen libros en su casa, no folles con ellos y no, no cuentan los DVD’s».
Sobre las drogas:
«Siempre me dicen: Seguro que estuvisteis puestos cuando hicisteis esas películas. Lo estábamos».
«Nunca he entendido el atractivo del éxtasis. ¿Una droga que te hace amar a todo el mundo a tu alrededor? Me suena al infierno».
«Ahora las drogas me parecen muy retro. ¿Cómo se puede ser malo con 70 años?».
Sobre los actores que trabajaron en sus primeras películas:
«Fueron realmente valientes. Dejaron su vida a un lado para estar en esas películas. Tenían que llevar unas pintas que los condenaba a quedarse en casa».
Sobre los hackers:
«Hoy en día los niños malos son hackers. No hay glamour en todo ello, solo malas posturas».
Sobre la homosexualidad:
«Hay demasiados gays. Antes éramos especiales. Abunda la corrección política alrededor del tema. ¿Por qué no puede haber villanos gays?».
Sobre la pornografía de antaño:

«En los años 50 la única forma de ver desnudez en una pantalla era en películas médicas que mostraban partos. Había hombres que iban al cine  a verlo y se masturbaban viendo un nacimiento. Supongo que obviaban lo que estaba pasando y se concentraban en la mujer».
Sobre la inspiración para hacer películas:
«Lo tenéis mucho más facil hoy en día para hacer películas a toda velocidad. Tenéis todas las herramientas. Lo único que hace falta es abrir el periódico y buscar sucesos truculentos».
Sobre su director favorito:
«Sin duda, Pedro Almodovar. Además, ha logrado que su hermano sea su distribuidor. Es un tío listo».
Sobre sus manías:
«Gente que tiene una colección de revistas en el baño. ¡Qué asco!».
«Personas con problemas de comida que vienen a tu casa. ‘Es que me sienta mal esto’. Que te jodan, no vuelvas».
Sobre una carrera alternativa:
«Si no hiciera esto, sería un abogado de defensa para criminales que perpetraron un crimen y no se arrepienten. Alguien tiene que hablar por ellos».
Sobre viajar:
«Todo el mundo es feo en primera clase, así que consuélate la próxima vez que viajes en clase turista».
La moralidad en sus películas:
«La moralina en mis películas es: ocúpate de tus asuntos. Tú no sabes lo que causó que alguien actuara como lo hizo. Hasta que lo sepas y hayas oído toda la información, no te metas».
Sobre el catolicismo:
«Los católicos tienen una vida sexual más extrema porque se les enseña que el placer es malo. ¿Quién piensa que es normal ponerse de rodillas frente a un hombre desnudo crucificado? Es como estar en un bar de estética leather».
Sobre su página web favorita:
«Me encanta Lurid Digs. Es un catálogo de mobiliario horrendo que aparece en el porno».
Sobre los realities:
«Nunca trabajaré en un reality porque no me gusta mofarme de la gente. Yo admiro a la gente que retrato en mis películas. Te estoy invitando a que te adentres en su mundo. Nunca te pido que los desprecies».

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Opiniones 9
  • Un apunte; hay como una moda últimamente de usar la palabra bizarro y se está extendiendo un mal uso de la misma. Bizarro, en castellano quiere decir valiente. Cada vez más gente, por imitación, lo utiliza queriendo decir «raro». El error viene de asociarlo a la palabra «bizarre» que en francés e inglés sí que significa raro, estrafalario.

  • Hola Ana. Como siempre, nos encanta recibir opiniones aunque en este caso discrepemos. Pensamos que la utilización de esta palabra con el significado de ‘algo raro y con toques sórdidos’ está lo suficientemente extendida a pesar de que la RAE le atribuya otro signifacado. ¿Qué tiene más validez? La forma en la que la utiliza la mayor parte de la gente o un consejo de sabios? Hace 40 años la palabra gay significaba estar feliz o contento. Hoy ya no significa eso y los diccionarios lo reflejan. El lenguaje evoluciona. Podemos seguir la ortodoxia u optar por seguir la utilización más comúnl. Nosotros preferimos hacer lo segundo. Saludos!

  • Bien. Queréis utilizar un galicismo porque el público al que va destinado lo va a entender dado que «está suficientemente extendido». Esto es subjetivo, pero aún admitiéndolo, en buen uso del lenguaje, si se sabe que no está admitido y es relativamente residual su uso o podría serlo, debería entrecomillarse. Esto mismo recomendó la RAE con la palabra «chapapote» durante la tragedia del Prestige, hasta que fue comunmente entendible por todos, era una palabra común en el norte, no así en el resto de España. La RAE espera a que el uso esté lo suficientemente generalizado para aceptar una acepción, en este caso no parece que ese uso lo esté, puesto que aún no forma parte del vocabulario habitual de una mayoría. Es relativamente novedos encontrarla y entre una tipología de gente. Es posible que no sea aceptada nunca pues no solo es una cuestión de uso generalizado que puede no suceder nunca, sino de que en el idioma local existan alternativas a ese uso. En español existen alternativas varias, así que tardaría en aceptarse, como ocurrió con «influenciar» como sinónimo de «influir», o simplemente, no se aceptará nunca, eso no lo podemos saber. Todo esto sucede no por nada arbitrario, sino porque el objetivo de la RAE es cuidar del idioma, cuya función principal es lograr la comunicación entre todos, es decir, velar por la claridad de la lengua para el bien común: que no se pierda la comprensión de todos. Una noble labor, en esto estaremos de acuerdo. Bien es cierto que la generación fruto de la LOGSE ni entenderá el significado real de bizarro ni el que ahora se le está empezando a dar, pero esa es otra cuestión. Y en cuanto a la «ortodoxia de un consejo de sabios nosotros tiramos por la calle de en medio», solo decir que suena a un poco despectivo y un poco demagógica la explicación. Quizá es bueno que por respeto tengamos en cuenta la labor absolutamente maravillosa se este consejo de sabios. Desde Lázaro Carreter que luchó para impulsar el consenso del español obviando nacionalidades, respetando todos los «españoles» del mundo y no fue fácil ni pequeña la labor, hasta hoy en día en que se ha logrado la unificación de diccionarios con un consejo panhispánico que ha introducido españolismos, mejicanismos, argentinismos etc, respetando a todos por igual, enriqueciendo el idioma y evolucionándolo como nunca antes. Es un caso único el del español. Hay consenso en 22 academias de español en el mundo, más de 400 millones de hispanohablantes que se pueden entender sin problema. Un respeto pues a los presuntos «paquidermos» que han conseguido esto en los últimos 20 años tan solo y cediendo mucho por ambas partes. De arriba a abajo del globo, los hispanohablantes nos podemos entender perfectamente y se ha logrado mediante consenso de todos, porque al fin y al cabo, los españoles solo somos un 10%. Solo hace falta comparar con la situación del francés entre belgas, franceses, canadienses etc para darnos cuenta del tesoro que tenemos y agradecer a quien debemos, algo que es tan sencillo como cuidar la lengua para que los humanos podamos comunicarnos y entendernos con la mayor facilidad posible. Cuidar estas cosas es bizarro por generoso o más bien agradecido, pero no «bizarro» por estrafalario o al menos, no debería serlo. Me encanta la «discusión» que ha surgido, ya charlaremos más del asunto, ¡anarkas! 🙂

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