19 de enero 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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‘Johnny B. Goode’ de Chuck Berry: la historia del gran triunfador americano

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El mito de Horatio Alger es el mejor ejemplo novelesco del sueño americano. Fue una obra que se hizo popular entre la clase trabajadora tras la Guerra Civil estadounidense. Un texto que narraba la vida de un tipo de familia humilde, y cómo consiguió, con trabajo duro y perseverancia, alcanzar la riqueza y la fama. Chuck Berry escribió el Horatio Alger del rock’n’roll y lo llamó Johnny B. Goode.

Charles Edward Anderson Berry, Chuck para los amigos, compuso esta canción en 1955, poco antes de empezar a saborear el éxito con su primer single. Cuando la canción se editó en el 58, el profético mensaje de la letra ya se había cumplido. Muchos lo consideran tema autobiográfico, pero hay detalles en esa letra que no coinciden con la vida del autor. Berry era de St Louis, no de Luisiana, y además sabía leer y escribir perfectamente; el guitarrista se había graduado en una escuela de belleza, y se tituló en peluquería y cosmetología.

También había trabajado en fábricas, cadenas de montajes de automóviles o de conserje. De joven había sido detenido por atraco a mano armada y robo de coches, había pasado por el reformatorio y fue aspirante a boxeador. Se había casado con 22 años y tuvo una hija poco después. A lo largo de todos estos sucesos vitales lo único que le había acompañado había sido la música y sus sueños de gloria. Así que cuando escribió esta canción, poco antes de cumplir los 30, cumplía todos los requisitos solicitados para cumplir con el papel del ‘gran triunfador americano’.

Aunque esta histórica pieza parezca reflejar la vida de Berry, la canción estaba dedicada a otro personaje. En aquellos días previos a sus inicios en Chess Records, Berry estaba tocando con el trío del pianista Johnny Johnson, el Sir John Trio. Hacían algo de jazz, blues y bastante country, que es lo que le pedían las audiencias blancas, y poco a poco Berry se hizo con el control de la banda. Johnny Johnson era un tipo que también había pasado lo suyo, además de un auténtico ‘pieza’ cuando le daba por beber, que era casi siempre. Cuenta la leyenda que prohibieron al pianista pimplar dentro de la furgoneta mientras iban hacia los conciertos, así que Johnson sacaba la cabeza por la ventanilla para darle a la botella. Johnson era uno de esos personajes reales que superan a los de la ficción y Chuck Berry le dedicó esta canción.

Prácticamente todos los nombres históricos del rock’n’roll le deben algo a Chuck Berry. De Keith Richards a AC/DC pasando por Beatles, Beach Boys o Jimi Hendrix. Pero el guitarrista de St. Louis también debería pagarse alguna cena; para empezar a Carl Hogan, el guitarrista de la banda de Louis Jordan, al que Berry le calcó el riff de la canción Aint that just like a woman. Y debería invitar también a T-Bone Walker a unos lingotazos; si escuchas su canción Strollin’ with bones olisquearás de dónde sacó Berry unos cuantos trucos a la guitarra. Hasta el padre de la guitarra de rock’n’roll debe honrar a sus ancestros. Y Chuck Berry siempre reconoció esos influjos, citando a Jordan y Walker como grandes influencias suyas en los años 40 y primeros 50. Un gesto que honra a un tipo que amontona fama de zafio, agarrado y egocéntrico.

Las cosas con el Johnny que inspiró la canción no acabaron bien. Johnny Johnson acabó arruinado y en el 87 se dedicaba a conducir un autobús. En otro arrebato de humanidad Berry le echó un cable y le volvió a poner en circulación. Johnson grabó su primer álbum y grandes músicos de los 60 Clapton, Richards… le acompañaron. Pero poco después Johnson proclamó que él había escrito junto a Berry muchos de sus clásicos de los 50, y exigía que se le pagasen los derechos de autor robados. Habían pasado más de 40 años. El juez desestimó el caso.

Johnny falleció en 2005. «Quizás algún día tu nombre brille con letras luminosas», le decía su madre al final de esta canción. En su caso, esto no se llegó a cumplir.

 

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El mito de Horatio Alger es el mejor ejemplo novelesco del sueño americano. Fue una obra que se hizo popular entre la clase trabajadora tras la Guerra Civil estadounidense. Un texto que narraba la vida de un tipo de familia humilde, y cómo consiguió, con trabajo duro y perseverancia, alcanzar la riqueza y la fama. Chuck Berry escribió el Horatio Alger del rock’n’roll y lo llamó Johnny B. Goode.

Charles Edward Anderson Berry, Chuck para los amigos, compuso esta canción en 1955, poco antes de empezar a saborear el éxito con su primer single. Cuando la canción se editó en el 58, el profético mensaje de la letra ya se había cumplido. Muchos lo consideran tema autobiográfico, pero hay detalles en esa letra que no coinciden con la vida del autor. Berry era de St Louis, no de Luisiana, y además sabía leer y escribir perfectamente; el guitarrista se había graduado en una escuela de belleza, y se tituló en peluquería y cosmetología.

También había trabajado en fábricas, cadenas de montajes de automóviles o de conserje. De joven había sido detenido por atraco a mano armada y robo de coches, había pasado por el reformatorio y fue aspirante a boxeador. Se había casado con 22 años y tuvo una hija poco después. A lo largo de todos estos sucesos vitales lo único que le había acompañado había sido la música y sus sueños de gloria. Así que cuando escribió esta canción, poco antes de cumplir los 30, cumplía todos los requisitos solicitados para cumplir con el papel del ‘gran triunfador americano’.

Aunque esta histórica pieza parezca reflejar la vida de Berry, la canción estaba dedicada a otro personaje. En aquellos días previos a sus inicios en Chess Records, Berry estaba tocando con el trío del pianista Johnny Johnson, el Sir John Trio. Hacían algo de jazz, blues y bastante country, que es lo que le pedían las audiencias blancas, y poco a poco Berry se hizo con el control de la banda. Johnny Johnson era un tipo que también había pasado lo suyo, además de un auténtico ‘pieza’ cuando le daba por beber, que era casi siempre. Cuenta la leyenda que prohibieron al pianista pimplar dentro de la furgoneta mientras iban hacia los conciertos, así que Johnson sacaba la cabeza por la ventanilla para darle a la botella. Johnson era uno de esos personajes reales que superan a los de la ficción y Chuck Berry le dedicó esta canción.

Prácticamente todos los nombres históricos del rock’n’roll le deben algo a Chuck Berry. De Keith Richards a AC/DC pasando por Beatles, Beach Boys o Jimi Hendrix. Pero el guitarrista de St. Louis también debería pagarse alguna cena; para empezar a Carl Hogan, el guitarrista de la banda de Louis Jordan, al que Berry le calcó el riff de la canción Aint that just like a woman. Y debería invitar también a T-Bone Walker a unos lingotazos; si escuchas su canción Strollin’ with bones olisquearás de dónde sacó Berry unos cuantos trucos a la guitarra. Hasta el padre de la guitarra de rock’n’roll debe honrar a sus ancestros. Y Chuck Berry siempre reconoció esos influjos, citando a Jordan y Walker como grandes influencias suyas en los años 40 y primeros 50. Un gesto que honra a un tipo que amontona fama de zafio, agarrado y egocéntrico.

Las cosas con el Johnny que inspiró la canción no acabaron bien. Johnny Johnson acabó arruinado y en el 87 se dedicaba a conducir un autobús. En otro arrebato de humanidad Berry le echó un cable y le volvió a poner en circulación. Johnson grabó su primer álbum y grandes músicos de los 60 Clapton, Richards… le acompañaron. Pero poco después Johnson proclamó que él había escrito junto a Berry muchos de sus clásicos de los 50, y exigía que se le pagasen los derechos de autor robados. Habían pasado más de 40 años. El juez desestimó el caso.

Johnny falleció en 2005. «Quizás algún día tu nombre brille con letras luminosas», le decía su madre al final de esta canción. En su caso, esto no se llegó a cumplir.

 

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