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10 de octubre 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Las mujeres reclaman su sitio en el mundo de la guitarra

10 de octubre 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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El folclore tradicional tiene muchas cosas buenas. Como que es un reflejo de la sociedad en la que se enmarca. Y eso es malo en la medida en que también refleja lo que no es tan bueno. Por eso, al flamenco o a la guitarra le ha pesado el lastre de, por ejemplo, la escasa incorporación femenina en muchas partes de los carteles.

Como la transgresión depende también del ecosistema al que desafía, la irrupción de muchas mujeres al flamenco es una de las maneras que tiene este arte centenario de crecer y de hacerse moderno. Las V Jornadas 1906 de la Guitarra Española, auspiciadas por la familia de cervezas 1906, mostraron cómo los límites rígidos del arte de siempre pueden volverse elásticos casi sin proponérselo.

El Molino del Manto acogió un cartel no exclusivamente flamenco en el que, al indudable brillo del legendario Tomatito, se añadió el talento de María Marín y el de Afra Rubino, dos paradigmáticos ejemplos de la joven pujanza femenina en el mundo de la guitarra.

La renovación no tiene mapas

El mundo del flamenco lleva unos meses con el mal de San Vito a cuestas. Entre temblores, el desafío de la chavalada ha puesto a los sectores más tradicionalistas con el rifle en ristre. Vamos, lo que ha ocurrido toda la vida de Dios y más desde que a Camarón se le ocurrió meter a los melenudos del rock andaluz a volar libres y a construir una leyenda del tiempo.

Rosalía, que firmó un apabullante debut junto a la guitarra de un indie de los de toda la vida, Raül Refree, se pasó por la peineta cualquier temor al rechazo y sacó un segundo LP que fue acogido muy Malamente por los que esperaban que fuera la nueva esperanza femenina de lo jondo.

Ella escogió un camino alejado de lo canónico para solaz del populacho y mucha gente se rasgó las vestiduras con rabia y poca miel. Como se ha hecho en el mundo del flamenco de toda la vida de Dios.

Por su parte, El Niño de Elche, ha dicho que es flamenco, que es exflamenco y que si con el último disco «consigo el respeto del circuito del flamenco, habré perdido».

Así se presentó hace un par de semanas en la Bienal de Sevilla y así le machacó la crítica. Fraude cultural. Tongo del cante. Un recital de Pantomina Full.

Con esos mimbres, hemos asistido a enconados debates acerca de ortodoxia y renovación o de apropiación cultural. Como si la cultura fuera propiedad de alguien.

Así que mientras que la tormenta azotaba por ahí afuera, en el idílico Molino del Manto, Íñigo Osset se muestra ajeno al bullicio de la calle montando un oasis de paz y guitarra.

 

María Marín y Miguel Hiroshi con su hang

 

Osset es el propietario del Molino del Manto, el organizador de las Jornadas 1906 de la Guitarra Española y un convencido de la renovación en el instrumento de las seis cuerdas porque «los clásicos están donde tienen que estar y necesitamos buscar en otros horizontes».

En su caso, pensó que ese sendero de la innovación pasaba por reclamar la presencia femenina en el cartel de las jornadas. «Empecé a buscar y llegué a contactar con Antonia Jiménez, pero por un problema de fechas –está de gira por Estados Unidos– no pudo venir. Le pedimos consejo y fuimos a buscar al festival de Jávea y a Flamenco on Fire», explica el promotor del evento.

Así, aterrizaron cerca de Chinchón tanto la utrerana María Marín como la sueca Afra Rubino. Ambas son dos de los mejores ejemplos de cómo la guitarra española perdió el apellido para convertirse en un instrumento lleno de aristas e ignorante de pasaportes.

José el del Tomate, Tomatito y El Piraña

Además, a Martín le acompañaba Miguel Hiroshi, que decidió que a la guitarra clásica le quedaba bien un instrumento como el hang. Acertó.

De Afra Rubino nadie diría que es sueca de Goteborg por el sonido que consigue. Junto a la efervescente percusión de la australiana Nasrine Rahman toca el flamenco, toca los sonidos barrocos, a Falla, un poquito de jazz y, en realidad, cualquier cosa que se le sugiera.

Dice Iñaki Osset que «no todo el mundo pensaba que lo de traer mujeres tocaoras fuera una buena idea. No estaban por la labor. En Flamenco on Fire me di cuenta del nivel que tenían mujeres como Rubino y Rahman. Estamos encantados». Por lo que se pudo notar en la noche del Molino del Manto, los 400 asistentes al concierto, también.

Además, de la toma femenina de poder, Tomatito reclamó el escenario junto a su hijo, José el del Tomate, para dejar claro que cuando uno es leyenda, lo es no solo por lo que hizo, sino por lo que hace.

Afra Rubino y Nasrine Rahman

La actuación alcanzó momentos realmente brillantes con la incorporación del estratosférico Javier Colina al contrabajo, Antonio Serrano a la armónica y el frenético y riguroso compás de El Piraña en la percusión. Todo el mundo se fue a casa con los deberes hechos.

La guitarra española o el flamenco, más allá de Rosalías o Niños de Elche, son también el hang, Goteborg, Australia, Japón, la barba hípster de El Piraña, la armónica de Serrano o la irrupción de las mujeres olvidadas en otro tiempo.

Como dice Santiago Miguélez, marketing manager de Hijos de Rivera, «es un arte muy de interpretación personal para ser saboreado muy bien, como la 1906. Y que más allá de tener un origen muy marcado y mucho orgullo por ese origen, trasciende de localizaciones geográficas».

A Íñigo Osset le dio por meterse en este lío cuando Paco de Lucía dejó de tocar en este mundo para sonar eternamente. Dice Osset que pensaba que la guitarra se iba a quedar un poco huérfana. «Así que decidí hacer algo para ampliar la influencia de la guitarra. Hablé con 1906 y la relación vino como anillo al dedo». No parece que los sonidos y los legados puedan caducar nunca.

El folclore tradicional tiene muchas cosas buenas. Como que es un reflejo de la sociedad en la que se enmarca. Y eso es malo en la medida en que también refleja lo que no es tan bueno. Por eso, al flamenco o a la guitarra le ha pesado el lastre de, por ejemplo, la escasa incorporación femenina en muchas partes de los carteles.

Como la transgresión depende también del ecosistema al que desafía, la irrupción de muchas mujeres al flamenco es una de las maneras que tiene este arte centenario de crecer y de hacerse moderno. Las V Jornadas 1906 de la Guitarra Española, auspiciadas por la familia de cervezas 1906, mostraron cómo los límites rígidos del arte de siempre pueden volverse elásticos casi sin proponérselo.

El Molino del Manto acogió un cartel no exclusivamente flamenco en el que, al indudable brillo del legendario Tomatito, se añadió el talento de María Marín y el de Afra Rubino, dos paradigmáticos ejemplos de la joven pujanza femenina en el mundo de la guitarra.

La renovación no tiene mapas

El mundo del flamenco lleva unos meses con el mal de San Vito a cuestas. Entre temblores, el desafío de la chavalada ha puesto a los sectores más tradicionalistas con el rifle en ristre. Vamos, lo que ha ocurrido toda la vida de Dios y más desde que a Camarón se le ocurrió meter a los melenudos del rock andaluz a volar libres y a construir una leyenda del tiempo.

Rosalía, que firmó un apabullante debut junto a la guitarra de un indie de los de toda la vida, Raül Refree, se pasó por la peineta cualquier temor al rechazo y sacó un segundo LP que fue acogido muy Malamente por los que esperaban que fuera la nueva esperanza femenina de lo jondo.

Ella escogió un camino alejado de lo canónico para solaz del populacho y mucha gente se rasgó las vestiduras con rabia y poca miel. Como se ha hecho en el mundo del flamenco de toda la vida de Dios.

Por su parte, El Niño de Elche, ha dicho que es flamenco, que es exflamenco y que si con el último disco «consigo el respeto del circuito del flamenco, habré perdido».

Así se presentó hace un par de semanas en la Bienal de Sevilla y así le machacó la crítica. Fraude cultural. Tongo del cante. Un recital de Pantomina Full.

Con esos mimbres, hemos asistido a enconados debates acerca de ortodoxia y renovación o de apropiación cultural. Como si la cultura fuera propiedad de alguien.

Así que mientras que la tormenta azotaba por ahí afuera, en el idílico Molino del Manto, Íñigo Osset se muestra ajeno al bullicio de la calle montando un oasis de paz y guitarra.

 

María Marín y Miguel Hiroshi con su hang

 

Osset es el propietario del Molino del Manto, el organizador de las Jornadas 1906 de la Guitarra Española y un convencido de la renovación en el instrumento de las seis cuerdas porque «los clásicos están donde tienen que estar y necesitamos buscar en otros horizontes».

En su caso, pensó que ese sendero de la innovación pasaba por reclamar la presencia femenina en el cartel de las jornadas. «Empecé a buscar y llegué a contactar con Antonia Jiménez, pero por un problema de fechas –está de gira por Estados Unidos– no pudo venir. Le pedimos consejo y fuimos a buscar al festival de Jávea y a Flamenco on Fire», explica el promotor del evento.

Así, aterrizaron cerca de Chinchón tanto la utrerana María Marín como la sueca Afra Rubino. Ambas son dos de los mejores ejemplos de cómo la guitarra española perdió el apellido para convertirse en un instrumento lleno de aristas e ignorante de pasaportes.

José el del Tomate, Tomatito y El Piraña

Además, a Martín le acompañaba Miguel Hiroshi, que decidió que a la guitarra clásica le quedaba bien un instrumento como el hang. Acertó.

De Afra Rubino nadie diría que es sueca de Goteborg por el sonido que consigue. Junto a la efervescente percusión de la australiana Nasrine Rahman toca el flamenco, toca los sonidos barrocos, a Falla, un poquito de jazz y, en realidad, cualquier cosa que se le sugiera.

Dice Iñaki Osset que «no todo el mundo pensaba que lo de traer mujeres tocaoras fuera una buena idea. No estaban por la labor. En Flamenco on Fire me di cuenta del nivel que tenían mujeres como Rubino y Rahman. Estamos encantados». Por lo que se pudo notar en la noche del Molino del Manto, los 400 asistentes al concierto, también.

Además, de la toma femenina de poder, Tomatito reclamó el escenario junto a su hijo, José el del Tomate, para dejar claro que cuando uno es leyenda, lo es no solo por lo que hizo, sino por lo que hace.

Afra Rubino y Nasrine Rahman

La actuación alcanzó momentos realmente brillantes con la incorporación del estratosférico Javier Colina al contrabajo, Antonio Serrano a la armónica y el frenético y riguroso compás de El Piraña en la percusión. Todo el mundo se fue a casa con los deberes hechos.

La guitarra española o el flamenco, más allá de Rosalías o Niños de Elche, son también el hang, Goteborg, Australia, Japón, la barba hípster de El Piraña, la armónica de Serrano o la irrupción de las mujeres olvidadas en otro tiempo.

Como dice Santiago Miguélez, marketing manager de Hijos de Rivera, «es un arte muy de interpretación personal para ser saboreado muy bien, como la 1906. Y que más allá de tener un origen muy marcado y mucho orgullo por ese origen, trasciende de localizaciones geográficas».

A Íñigo Osset le dio por meterse en este lío cuando Paco de Lucía dejó de tocar en este mundo para sonar eternamente. Dice Osset que pensaba que la guitarra se iba a quedar un poco huérfana. «Así que decidí hacer algo para ampliar la influencia de la guitarra. Hablé con 1906 y la relación vino como anillo al dedo». No parece que los sonidos y los legados puedan caducar nunca.

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