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18 de diciembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO
por
ilustracion  Rocío Cañero

‘Josear’: así es «buscarse la vida» en el lenguaje del trap

18 de diciembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por        ilustracion  Rocío Cañero
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No tiene nada que ver con ningún Jose: menos aún con un Jose Mari pijazo o un Jose Alfredo de culebrón. Ni siquiera cuelga de sus letras rastro alguno del idioma español. Josear significa buscarse la vida, trapichear; y el que josea es un joseador o josiador.

«El tipo que se las busca es un joseador», dice el Urban Dictionary, desde este verano. Pero la palabra lleva más de una década por el habla caribeña y, sobre todo, por la música trap (trampa, y hace referencia a los lugares donde venden droga).

No hay mejor diccionario que el hip-hop, el reguetón, el rap y el trap latino para saber qué es el joseo. Y es imposible entenderlo lejos de los tatuajes, las sudaderas deportivas, las cadenas de oro, las uñas de gel, las gorras hacia atrás, el queso (cocaína) y el wido (la marihuana white widow).

En 2016 el puertorriqueño Casper Magico lo explicó en su rap Por dinero:

Pa llegar donde estoy trabajé, no mamé.
Estaba en el barrio joseando.

Anuel se compró un 47 (Free Anuel)
Y yo me compré un R15 (Prr).
En el case joseando, traficando.

El dinero es religión pa un joseador.
Pero el AK es la biblia de un jodedor.

Ese mismo año el cantante de trap Anonimus lanzó Joseador:

Yo soy un joseador,
Fiel al dinero.
No me enamoro ni por error.
Hasta la fama es un cuero.
Aprendí que nadie te quiere cuando el bolsillo está en cero.
Por eso joseando muero.

El dominicano JC La Nevula, más espiritual, se justificaba en El Joseador:

Esta es la vida que llevo
Y si no salgo a josear
Puede faltar la comida.
Entonces dime que debo.

Yo soy un joseador,
Y tú tienes que entenderme.

Mami, yo sé que te fallé.
No fui el estudiante que tú querías
Y en la esquina terminó la vida mía.
Vieja, perdóname,
Por tanto problema, por tanta avería.
Pero como ya estoy en la vía,
Tengo que mover producto.

Josear se desliza por las conversaciones del trap, la droga, la vida callejera. Forma parte de la jerga actual más dura, pero empieza a colarse por el lenguaje juvenil a través de la música. Estas voces duras, como bitch (novia) cipollo (tonto), buyate (culo), brick (paquete de droga), flush (dinero), recuerdan al salto que dio el cheli hacia el habla de los jóvenes en los años 70. De los barrios marginales y la cárcel escaparon entonces el tigre (inodoro), el camello (traficante), el caballo (heroína) y la mierda (droga) hacia la jerga de los modernos.

Y el que antes era tronco ahora es loco; al que llamaban colega hoy dicen hermano (de bro, brother). Mutó el apelativo para dirigirse a otro, pero les gusta la misma ropa. Lo que antes les molaba, lo gucci ahora, es el chándal Adidas de las rayas a los lados.

En aquellos comienzos de la movida y del auge de la rumba, Francisco Umbral dijo que el cheli era una rebelión léxica. Hoy es el trap el que pone el léxico y la gramática patas arriba. Sus palabras suenan tan ásperas como el keo (casa) y el teki (taxi) del callejeo de los 70 y 80. Los traperos se comen sílabas (to loco), usan la equis en vez de distinguir entre femenino y masculino (todxs), inventan el espanglish como les da la gana (gangsta, de gangster) y crean palabras que son solo suyas, sin ningún interés por que las entienda alguien fuera del guero (de la voz inglesa ghetto: barrio). Los del trap son rebeldes hasta con sus hermanos del rap: no son tan disciplinados con las rimas como los primeros raperos. Y de las normas piensan lo mismo que los punks de los 70: ¡Se la suda!

Pero el origen de estas dos jergas es muy distinto. El cheli que cantaban las rumbas y que pronunciaban los que se metían farlopa (cocaína) en las discotecas tomaba muchas palabras del caló porque, en un país blindado al mundo, tenían que tirar de lo que había a mano. El lenguaje del trap, en cambio, no tiene fronteras. Esta música nació a finales de los años 90 en Atlanta (Estados Unidos) y media hora después ya la estaban latinizando en el Caribe.

El dominicano Xantos decía que escribía «desahogos que rimaban», pero, en realidad, empezaba a hacer rap. Y años después, sacó un tema, Josea, en el que rapea en el esplanglish que se habla a mitad de camino de América Latina y Estados Unidos.

Josea, josea, josea (hey),
Búscate tu dinero como sea.
Josea, josea, josea (aquí),
Aquí nos la buscamos como sea (como sea).
Josea, josea, josea (yeah),
Dale josea, dale josea, yeh.

Una noche de jangeo, yo endrogao taba en baqueo.
Una shorty me gustó, de lejito yo la veo.
Le dije que me haga coro y nos fuimos de paseo.
Yo con mi perfil de gangsta y ella de dama en maquineo.
She a hustler for real, solo piensa en dinero.

Josear nació como una adaptación fonética de una palabra de los vecinos del norte: hustle (buscarse la vida). Este concepto está tatuado en la cultura estadounidense desde sus orígenes. «EEUU, en su esencia, va de buscarse la vida y esto es así desde hace más de 400 años. Es prácticamente genético. Está programado de forma tan profunda, y los estadounidenses son tan poco conscientes de ello, que muy pocos pueden dejar de hacerlo», dijo el historiador Morris Berman a The Atlantic. «Están viviendo con una narrativa que no han construido ellos y, en cambio, piensan que van en el asiento del conductor del coche».

Esta palabra que ha definido la cultura de EEUU durante toda su historia llegó en barco hace más de cuatro siglos. Venía de Holanda. En el holandés medieval, hutselen significaba agitar, y usaban ese vocablo cuando hacían apuestas callejeras en el juego de remover cubiletes con dinero. Al pasar al inglés, cambió de grafía a hustle y, a lo largo del tiempo, fue pasando por distintos significados y ambientes: se utilizó para hablar de «vender», «robar», «estafar», según cuentan Patel, Vlaskovits y Koffler en su libro Hustle.

Pero también de «tirar hacia delante a pesar de los obstáculos», «hacer que algo ocurra», «apresurarse», «moverse deprisa», «exhortar». Con esta idea lo dijo Thomas Edison, a los 21 años, cuando aún era un operador de telegrafía: «Adams, tengo tanto que hacer, y la vida es tan corta, que voy a tirar adelante contra viento y marea (I’m going to hustle)».

Los tres expertos en marketing que la Wikipedia eleva a «bestselling authors» proponen una nueva definición para esta palabra. Dicen que hoy significa: «Movimiento decisivo hacia un objetivo, aunque sea indirecto, que crea suerte, muestra oportunidades escondidas y carga nuestras vidas con más dinero, significado e impulso».

Pero al trap no le interesa esa ambición de corbata y Power Point ni esos carteles que cuelgan de las paredes de muchos gimnasios: «Never Stop Hustling». Hace tiempo que ellos se pillaron el término para llevarlo a sus aceras y sus negociados. El famoso rapero Rick Ross dejó bien claro qué es para ellos el joseo, en un tema que lo petó en América: Hustlin’.

Everyday I’m hustlin’
Who you haters thinks you talkin’ to
I’m the fuckin’ boss
(…)
I’m the fuckin’ future nigga
(…)
I’m in the distribution

Por aquí Yung Beef habla de josear sin remilgos ni vaselina políticamente correcta. En sus letras, en las entrevistas. Y hasta habla de su habla. El rapero granadino que canta que se acuesta intoxicao y está ca día más delgao cuenta en A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. (un mixtape que lleva más de diez millones y medio de visitas en Youtube):

Me dicen: «Pa ser una rata, tienes buen vocabulario».
Pregúntale a quien quieras, que venimos de cero.

No tiene nada que ver con ningún Jose: menos aún con un Jose Mari pijazo o un Jose Alfredo de culebrón. Ni siquiera cuelga de sus letras rastro alguno del idioma español. Josear significa buscarse la vida, trapichear; y el que josea es un joseador o josiador.

«El tipo que se las busca es un joseador», dice el Urban Dictionary, desde este verano. Pero la palabra lleva más de una década por el habla caribeña y, sobre todo, por la música trap (trampa, y hace referencia a los lugares donde venden droga).

No hay mejor diccionario que el hip-hop, el reguetón, el rap y el trap latino para saber qué es el joseo. Y es imposible entenderlo lejos de los tatuajes, las sudaderas deportivas, las cadenas de oro, las uñas de gel, las gorras hacia atrás, el queso (cocaína) y el wido (la marihuana white widow).

En 2016 el puertorriqueño Casper Magico lo explicó en su rap Por dinero:

Pa llegar donde estoy trabajé, no mamé.
Estaba en el barrio joseando.

Anuel se compró un 47 (Free Anuel)
Y yo me compré un R15 (Prr).
En el case joseando, traficando.

El dinero es religión pa un joseador.
Pero el AK es la biblia de un jodedor.

Ese mismo año el cantante de trap Anonimus lanzó Joseador:

Yo soy un joseador,
Fiel al dinero.
No me enamoro ni por error.
Hasta la fama es un cuero.
Aprendí que nadie te quiere cuando el bolsillo está en cero.
Por eso joseando muero.

El dominicano JC La Nevula, más espiritual, se justificaba en El Joseador:

Esta es la vida que llevo
Y si no salgo a josear
Puede faltar la comida.
Entonces dime que debo.

Yo soy un joseador,
Y tú tienes que entenderme.

Mami, yo sé que te fallé.
No fui el estudiante que tú querías
Y en la esquina terminó la vida mía.
Vieja, perdóname,
Por tanto problema, por tanta avería.
Pero como ya estoy en la vía,
Tengo que mover producto.

Josear se desliza por las conversaciones del trap, la droga, la vida callejera. Forma parte de la jerga actual más dura, pero empieza a colarse por el lenguaje juvenil a través de la música. Estas voces duras, como bitch (novia) cipollo (tonto), buyate (culo), brick (paquete de droga), flush (dinero), recuerdan al salto que dio el cheli hacia el habla de los jóvenes en los años 70. De los barrios marginales y la cárcel escaparon entonces el tigre (inodoro), el camello (traficante), el caballo (heroína) y la mierda (droga) hacia la jerga de los modernos.

Y el que antes era tronco ahora es loco; al que llamaban colega hoy dicen hermano (de bro, brother). Mutó el apelativo para dirigirse a otro, pero les gusta la misma ropa. Lo que antes les molaba, lo gucci ahora, es el chándal Adidas de las rayas a los lados.

En aquellos comienzos de la movida y del auge de la rumba, Francisco Umbral dijo que el cheli era una rebelión léxica. Hoy es el trap el que pone el léxico y la gramática patas arriba. Sus palabras suenan tan ásperas como el keo (casa) y el teki (taxi) del callejeo de los 70 y 80. Los traperos se comen sílabas (to loco), usan la equis en vez de distinguir entre femenino y masculino (todxs), inventan el espanglish como les da la gana (gangsta, de gangster) y crean palabras que son solo suyas, sin ningún interés por que las entienda alguien fuera del guero (de la voz inglesa ghetto: barrio). Los del trap son rebeldes hasta con sus hermanos del rap: no son tan disciplinados con las rimas como los primeros raperos. Y de las normas piensan lo mismo que los punks de los 70: ¡Se la suda!

Pero el origen de estas dos jergas es muy distinto. El cheli que cantaban las rumbas y que pronunciaban los que se metían farlopa (cocaína) en las discotecas tomaba muchas palabras del caló porque, en un país blindado al mundo, tenían que tirar de lo que había a mano. El lenguaje del trap, en cambio, no tiene fronteras. Esta música nació a finales de los años 90 en Atlanta (Estados Unidos) y media hora después ya la estaban latinizando en el Caribe.

El dominicano Xantos decía que escribía «desahogos que rimaban», pero, en realidad, empezaba a hacer rap. Y años después, sacó un tema, Josea, en el que rapea en el esplanglish que se habla a mitad de camino de América Latina y Estados Unidos.

Josea, josea, josea (hey),
Búscate tu dinero como sea.
Josea, josea, josea (aquí),
Aquí nos la buscamos como sea (como sea).
Josea, josea, josea (yeah),
Dale josea, dale josea, yeh.

Una noche de jangeo, yo endrogao taba en baqueo.
Una shorty me gustó, de lejito yo la veo.
Le dije que me haga coro y nos fuimos de paseo.
Yo con mi perfil de gangsta y ella de dama en maquineo.
She a hustler for real, solo piensa en dinero.

Josear nació como una adaptación fonética de una palabra de los vecinos del norte: hustle (buscarse la vida). Este concepto está tatuado en la cultura estadounidense desde sus orígenes. «EEUU, en su esencia, va de buscarse la vida y esto es así desde hace más de 400 años. Es prácticamente genético. Está programado de forma tan profunda, y los estadounidenses son tan poco conscientes de ello, que muy pocos pueden dejar de hacerlo», dijo el historiador Morris Berman a The Atlantic. «Están viviendo con una narrativa que no han construido ellos y, en cambio, piensan que van en el asiento del conductor del coche».

Esta palabra que ha definido la cultura de EEUU durante toda su historia llegó en barco hace más de cuatro siglos. Venía de Holanda. En el holandés medieval, hutselen significaba agitar, y usaban ese vocablo cuando hacían apuestas callejeras en el juego de remover cubiletes con dinero. Al pasar al inglés, cambió de grafía a hustle y, a lo largo del tiempo, fue pasando por distintos significados y ambientes: se utilizó para hablar de «vender», «robar», «estafar», según cuentan Patel, Vlaskovits y Koffler en su libro Hustle.

Pero también de «tirar hacia delante a pesar de los obstáculos», «hacer que algo ocurra», «apresurarse», «moverse deprisa», «exhortar». Con esta idea lo dijo Thomas Edison, a los 21 años, cuando aún era un operador de telegrafía: «Adams, tengo tanto que hacer, y la vida es tan corta, que voy a tirar adelante contra viento y marea (I’m going to hustle)».

Los tres expertos en marketing que la Wikipedia eleva a «bestselling authors» proponen una nueva definición para esta palabra. Dicen que hoy significa: «Movimiento decisivo hacia un objetivo, aunque sea indirecto, que crea suerte, muestra oportunidades escondidas y carga nuestras vidas con más dinero, significado e impulso».

Pero al trap no le interesa esa ambición de corbata y Power Point ni esos carteles que cuelgan de las paredes de muchos gimnasios: «Never Stop Hustling». Hace tiempo que ellos se pillaron el término para llevarlo a sus aceras y sus negociados. El famoso rapero Rick Ross dejó bien claro qué es para ellos el joseo, en un tema que lo petó en América: Hustlin’.

Everyday I’m hustlin’
Who you haters thinks you talkin’ to
I’m the fuckin’ boss
(…)
I’m the fuckin’ future nigga
(…)
I’m in the distribution

Por aquí Yung Beef habla de josear sin remilgos ni vaselina políticamente correcta. En sus letras, en las entrevistas. Y hasta habla de su habla. El rapero granadino que canta que se acuesta intoxicao y está ca día más delgao cuenta en A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. (un mixtape que lleva más de diez millones y medio de visitas en Youtube):

Me dicen: «Pa ser una rata, tienes buen vocabulario».
Pregúntale a quien quieras, que venimos de cero.

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