24 de junio 2013    /   CREATIVIDAD
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El amo invisible del mundo

24 de junio 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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La literatura en dibujos viajaba en segunda clase. La consideraban un género menor y nadie le contaba teorías filosóficas ni grandes capítulos de la Historia para que las ilustrara. Lo habitual era que el pensamiento reflexivo se empaquetara en forma de ensayo y se metiera en un libro o una revista ‘seria’. Las cosas importantes solo se podían narrar de forma sobria. Muy sobria. Y los dibujos no lo eran. Nadie creería lo que sucedió en la Comuna de París o las horas de locura de Friedrich Nietzsche si estos episodios estaban escritos en viñetas.
Pero llegó el siglo XXI. Y, en su despedida, el XX asomó la mecha. La dinamita saltaría muy poco después y, tras la explosión, la literatura en dibujos entró en el vagón de primera. Agarró pensamientos de altura y los contó en lo que hoy llaman, más lustrosamente, novela gráfica o historietas para adultos.
Ocurrió en todo el mundo. En España también.
El cómic dejó su condición de “cine de pobres” para convertirse en “literatura contemporánea”, según Santiago García. El coordinador del libro Panorama lo resume así en la presentación de esa antología de relatos gráficos creados por muchos de los autores que forman la nueva generación de dibujantes de cómic en nuestro país.
En ese saco anda metido José Domingo. El zaragozano, hoy residente en A Coruña, descubrió de pequeño el poder del lápiz y eso marcó en su vida “un aciago destino como dibujante”. Lo alejó de “actividades más edificantes y lucrativas como futbolista o inspector de Hacienda”, según su tarjeta de presentación digital. Pero, a cambio, le ha sumido en el deleitoso oficio de crear personajes e historias gráficas.
“Desde bien enano quería dedicarme a esto. Ha sido un poco una cuestión de testarudez”, cuenta el ilustrador. “En un principio me fascinaba leer tebeos. Pasé por distintas etapas en las que van cambiando tus motivaciones. Primero Mortaledo, Superlópez, Bruguera, TBO… Después llegaron los superhéroes. Luego el cómic europeo… Hay algo en la narración secuencial y en el dibujo que me fascina. Es una especie de aspecto oculto que no sabría definir muy bien”.
Su última historia es un leyenda urbana. O, al menos, debería serlo porque se ha publicado en la colección de Astiberri que lleva ese título. La obra se titula Conspiraciones y trata de complots, paranoias y sociedades secretas que se mueven en la sombra para dirigir a los humanos.
El protagonista, un profesor iluminado y vitalista llamado Domenikus, relata su visión sobre muchas de las teorías conspirativas que van pasando de generación en generación y de frontera a frontera. Entre ellos están los masones, los Illuminati o los Skull & Bones, y también esas historias que se pudieron haber originado en una acampada, alrededor de una hoguera, y que se acaban haciendo un bulo capaz de recorrer miles de kilómetros de conversación en conversación.
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Hace dos años llegó otro personaje a la vida de José Domingo. Era un empleado nipón de una gran compañía que se acabó convirtiendo en la figura principal de Aventuras de un oficinista japonés. La historia comenzó y acabó sin guión. “Es un proyecto experimental”, explica el dibujante. “Empecé a dibujar sin una historia previa. Solo tenía algunas premisas sobre la narrativa y metodología de trabajo. Mi idea era dibujar cuatro viñetas en cada página, desde un enfoque cenital, porque otorga bastante importancia al entorno. Esta perspectiva da la sensación de explorar el escenario y, así, lo convierte en un personaje más”.
Domingo introdujo a este personaje en una estética “inspirada en los videojuegos clásicos” y el desarrollo del relato se fue construyendo conforme iba pasando por las viñetas. “Era un hombrecillo que caminaba al lado del bosque y, de pronto, empiezan a pasarles cosas extrañas. Según iba dibujando, le iban sucediendo cosas. Una viñeta llevaba a la otra y así se fue construyendo la historia”.
El oficinista japonés es “el punto de partida”. El origen está en Japón pero después la geografía se esfuma y lo único que importa es el surrealismo de todo lo que ocurre a su alrededor.
La obra recibió el premio al mejor cómic español de 2011 en el Salón del Cómic de Barcelona y, también, ha sido editada en Reino Unido y EE UU. Nobrow (“una editorial británica indie y experimental, especializada en cómics de vanguardia”, según Domingo) echó el ojo al libro y se hizo cargo del asunto.
Nosotros abandonamos en este párrafo a José Domingo. Pero el japonés seguirá encerrado en su novela gráfica. En situaciones que nunca buscó y, como dice el zaragozano, “aguantando el chaparrón”. “Es una metáfora del día a día”, explica. “Lo que te rodea te acaba superando y, al final, de lo que te das cuenta, como el oficinista, es que lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar”.
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La literatura en dibujos viajaba en segunda clase. La consideraban un género menor y nadie le contaba teorías filosóficas ni grandes capítulos de la Historia para que las ilustrara. Lo habitual era que el pensamiento reflexivo se empaquetara en forma de ensayo y se metiera en un libro o una revista ‘seria’. Las cosas importantes solo se podían narrar de forma sobria. Muy sobria. Y los dibujos no lo eran. Nadie creería lo que sucedió en la Comuna de París o las horas de locura de Friedrich Nietzsche si estos episodios estaban escritos en viñetas.
Pero llegó el siglo XXI. Y, en su despedida, el XX asomó la mecha. La dinamita saltaría muy poco después y, tras la explosión, la literatura en dibujos entró en el vagón de primera. Agarró pensamientos de altura y los contó en lo que hoy llaman, más lustrosamente, novela gráfica o historietas para adultos.
Ocurrió en todo el mundo. En España también.
El cómic dejó su condición de “cine de pobres” para convertirse en “literatura contemporánea”, según Santiago García. El coordinador del libro Panorama lo resume así en la presentación de esa antología de relatos gráficos creados por muchos de los autores que forman la nueva generación de dibujantes de cómic en nuestro país.
En ese saco anda metido José Domingo. El zaragozano, hoy residente en A Coruña, descubrió de pequeño el poder del lápiz y eso marcó en su vida “un aciago destino como dibujante”. Lo alejó de “actividades más edificantes y lucrativas como futbolista o inspector de Hacienda”, según su tarjeta de presentación digital. Pero, a cambio, le ha sumido en el deleitoso oficio de crear personajes e historias gráficas.
“Desde bien enano quería dedicarme a esto. Ha sido un poco una cuestión de testarudez”, cuenta el ilustrador. “En un principio me fascinaba leer tebeos. Pasé por distintas etapas en las que van cambiando tus motivaciones. Primero Mortaledo, Superlópez, Bruguera, TBO… Después llegaron los superhéroes. Luego el cómic europeo… Hay algo en la narración secuencial y en el dibujo que me fascina. Es una especie de aspecto oculto que no sabría definir muy bien”.
Su última historia es un leyenda urbana. O, al menos, debería serlo porque se ha publicado en la colección de Astiberri que lleva ese título. La obra se titula Conspiraciones y trata de complots, paranoias y sociedades secretas que se mueven en la sombra para dirigir a los humanos.
El protagonista, un profesor iluminado y vitalista llamado Domenikus, relata su visión sobre muchas de las teorías conspirativas que van pasando de generación en generación y de frontera a frontera. Entre ellos están los masones, los Illuminati o los Skull & Bones, y también esas historias que se pudieron haber originado en una acampada, alrededor de una hoguera, y que se acaban haciendo un bulo capaz de recorrer miles de kilómetros de conversación en conversación.
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Hace dos años llegó otro personaje a la vida de José Domingo. Era un empleado nipón de una gran compañía que se acabó convirtiendo en la figura principal de Aventuras de un oficinista japonés. La historia comenzó y acabó sin guión. “Es un proyecto experimental”, explica el dibujante. “Empecé a dibujar sin una historia previa. Solo tenía algunas premisas sobre la narrativa y metodología de trabajo. Mi idea era dibujar cuatro viñetas en cada página, desde un enfoque cenital, porque otorga bastante importancia al entorno. Esta perspectiva da la sensación de explorar el escenario y, así, lo convierte en un personaje más”.
Domingo introdujo a este personaje en una estética “inspirada en los videojuegos clásicos” y el desarrollo del relato se fue construyendo conforme iba pasando por las viñetas. “Era un hombrecillo que caminaba al lado del bosque y, de pronto, empiezan a pasarles cosas extrañas. Según iba dibujando, le iban sucediendo cosas. Una viñeta llevaba a la otra y así se fue construyendo la historia”.
El oficinista japonés es “el punto de partida”. El origen está en Japón pero después la geografía se esfuma y lo único que importa es el surrealismo de todo lo que ocurre a su alrededor.
La obra recibió el premio al mejor cómic español de 2011 en el Salón del Cómic de Barcelona y, también, ha sido editada en Reino Unido y EE UU. Nobrow (“una editorial británica indie y experimental, especializada en cómics de vanguardia”, según Domingo) echó el ojo al libro y se hizo cargo del asunto.
Nosotros abandonamos en este párrafo a José Domingo. Pero el japonés seguirá encerrado en su novela gráfica. En situaciones que nunca buscó y, como dice el zaragozano, “aguantando el chaparrón”. “Es una metáfora del día a día”, explica. “Lo que te rodea te acaba superando y, al final, de lo que te das cuenta, como el oficinista, es que lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar”.
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