29 de diciembre 2017    /   CREATIVIDAD
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Pla-Narbona: el hombre que quiso ser el mejor dibujante del mundo

29 de diciembre 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Un pie con nariz y boca se encara a un zapato del que surge una cara. Sobre el cartel reza un slogan: «si el pie y el zapato hablaran, dirían…». Podríamos imaginarnos a Don Draper defendiendo este diseño en una reunión de Mad Men, pero nos estaríamos alejando 6.000 km de la verdad.

Este cartel no decoró Times Square, sino que adornó, en 1972, la plaza Catalunya de Barcelona o la Plaza Colón de Madrid, publicitando la marca de calcetines Jorigu.

Su autor, Josep Pla-Narbona, es considerado uno de los pioneros del diseño de nuestro país. Pero a sus 89 años, se revuelve ante el cliché. «Yo no soy un pionero de nada, solo soy pionero de mí mismo», asegura molesto por una etiqueta que como todas reduce y constriñe. «Dio la casualidad de que cuando la publicidad empezó a moverse, yo estaba allá», concluye.

«Estar allá» significó que durante decenios –concretamente desde 1947 a 2009– sus dibujos, sus juegos visuales y sus atrevidas propuestas despuntaron en el panorama publicitario. Esa era su intención.

«Yo quería triunfar. ¡Qué ampulosa me parece esta palabra ahora! Pero yo era así. Deseaba ser reconocido por los demás y sobre todo ser mejor que los demás. Ansiaba ser el mejor dibujante del mundo y con esa premisa empecé mi carrera con mucho entusiasmo y dedicación», explica desde el estudio de su casa en la Floresta, cerca de Barcelona.

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Ilustraciones del libro La noche se mueve de Henri Michaux, 1966

El tiempo ha pasado, el ansia ha cedido y por en el camino han quedado la pugna y el enfrentamiento que espolearon su carrera. Pero al echar la vista atrás, el autor rememora esos años en los que afilaba sus colmillos con su talento para comerse el mundo.

Josep Pla-Narbona no precisa de ningún sesudo crítico que analice su motivación ni de ningún psicólogo que lo tumbe en un diván. Sabe perfectamente de dónde proviene y recuerda a aquel niño huérfano de la guerra que se paseaba por las calles de Barcelona bloc en mano dibujando a otros infantes para ahuyentar el hambre.

«Mi madre tenía cinco hermanos y ninguno se hizo cargo de mí. Me adoptó una hermana de mi padre. Todo eso hizo que yo siempre fuera antisocial. Me creé una coraza y me dije a mí mismo: “yo soy importante”. Y quise ser importante en todo lo que hice: en la publicidad, en el dibujo, como pintor, haciendo grabados. Y ahora, que estoy a punto de cumplir 90 años, ya no quiero ser importante en nada. Ser importante es una gran incomodidad, porque significa ser competitivo», asegura.

Ser importante es una gran incomodidad, porque significa ser competitivo

La carrera de Pla-Narbona fue una competición de la que salió vencedor. Ganó innumerables concursos de carteles gracias a sus rompedoras propuestas visuales, que bebían de las fuentes del surrealismo. Aunque huye de las etiquetas, el dibujante se declara discípulo de René Magritte.

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Una tos de mil demonios, 1954

«Soy muy post-Magritte», puntualiza. Y en ese imaginario edificó sus carteles. «La publicidad busca sorprender, llamar la atención, por eso es tan cercana al surrealismo. Es casi más importante tener una buena idea que impacte que saber dibujar».

Las ideas se agolpaban en la cabeza de Pla-Narbona y después saltaban traviesas al folio en blanco, jugando con la realidad, rompiéndola y reconstruyéndola. La publicidad fue el primer escalón del artista, el lugar donde se fogueó y donde pudo hacer de su pasión una profesión.

«Mi familia adoptiva admitió que quisiera ser dibujante, siempre y cuando me pudiera ganar la vida. Para las clases pudientes, esto de ganarse la vida es optativo, pero en mi caso era una obligación. Por eso me inicié en la publicidad, por necesidad económica», recuerda.

Una vez alcanzó ese anhelado reconocimiento y ese descanso pecuniario, siguió explorando en la pintura y en el grabado. Pero nunca abandonó el cartelismo, en el que reinó durante décadas, no tan solo en España, sino también en todo el mundo. Desde 1972, su obra gráfica forma parte de la colección del MoMA. Además, ha ostentado diferentes cargos en asociaciones internacionales de diseño.

1958y1959

Diseños de 1958 y 1959

Una de sus aportaciones al mundo del diseño patrio fue la creación los premios LAUS, que concede Fomento de las Artes y del diseño a las mejores obras en este ámbito. «La lógica de los premios es incentivar. Si no hay premio, no hay incentivo. Con esa idea se hicieron. Pero, bueno, inventar estos premios no es como inventar la penicilina. Es bastante menos importante», reconoce con ironía.

De todos los laureles recibidos, destaca el Premio Nacional del Diseño, que recogió en 2004. «Creo que hizo rabiar a muchos de mis detractores. A mí nunca me perdonaron que tuviera éxito y ese premio fue la culminación, mis enemigos se quedaron como la mantequilla cuando se deshace», recuerda con sorna.

La obra de Pla-Narbona se puede admirar en el Museo del Diseño, que muestra 200 carteles plagados de paradojas visuales e ingeniosos interrogantes. En estos diseños destaca la figura humana, expectante, observando la realidad, ávida de respuestas.

«Una vez un crítico dijo que mis figuras no miraban sino que interrogaban. Supongo que se debe a que yo soy también un poco así: interrogo a la vida. Ahora ya soy mayor y he perdido el brillo que tenía en la mirada, pero de joven mis ojos eran muy penetrantes. ¿Qué le preguntaba a la vida? No lo sé, supongo que siempre sentí que tenía una vastedad increíble y que la mayoría de los humanos la desaprovechan».

1962

Diseños de 1962

Tal vez por ello, Dámaso Alonso lo definió como: «el genial plasmador de las vaguedades atormentadas del espíritu». Pero que nadie se imagine a Pla-Narbona como un artista atormentado a la espera de la inspiración.

«Siempre he sido un currante, la inspiración viene después de trabajar, como decía Baudelaire. Si trabajar es aprovechar la vida, yo la he aprovechado muchísimo, porque no he parado. He tenido la suerte de hacer lo que quería hacer en cada momento y eso me ha dado una gran libertad y crecimiento personal e, incluso, espiritual”.

Y lo sigue haciendo. No hay un día que Pla-Narbona no empuñe su lápiz o su pincel. «Si no dibujo, me encuentro mal. Para mí, dibujar o pintar es la gasolina que me permite seguir adelante».

En el Museo del diseño se exponen 200 obras de Josep Pla-Narbona creadas entre 1947 y 2009. Este museo también ha publicado el libro Crits a la paret i poemes visuals (Gritos a la pared y poemas visuales) de Ana Calvera en el que se hace un repaso exhaustivo a su obra como diseñador.

1966

Trabajos de 1966

1958y1959

Trabajos de 1958 y 1959

1995

Ilustración de 1995

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Un pie con nariz y boca se encara a un zapato del que surge una cara. Sobre el cartel reza un slogan: «si el pie y el zapato hablaran, dirían…». Podríamos imaginarnos a Don Draper defendiendo este diseño en una reunión de Mad Men, pero nos estaríamos alejando 6.000 km de la verdad.

Este cartel no decoró Times Square, sino que adornó, en 1972, la plaza Catalunya de Barcelona o la Plaza Colón de Madrid, publicitando la marca de calcetines Jorigu.

Su autor, Josep Pla-Narbona, es considerado uno de los pioneros del diseño de nuestro país. Pero a sus 89 años, se revuelve ante el cliché. «Yo no soy un pionero de nada, solo soy pionero de mí mismo», asegura molesto por una etiqueta que como todas reduce y constriñe. «Dio la casualidad de que cuando la publicidad empezó a moverse, yo estaba allá», concluye.

«Estar allá» significó que durante decenios –concretamente desde 1947 a 2009– sus dibujos, sus juegos visuales y sus atrevidas propuestas despuntaron en el panorama publicitario. Esa era su intención.

«Yo quería triunfar. ¡Qué ampulosa me parece esta palabra ahora! Pero yo era así. Deseaba ser reconocido por los demás y sobre todo ser mejor que los demás. Ansiaba ser el mejor dibujante del mundo y con esa premisa empecé mi carrera con mucho entusiasmo y dedicación», explica desde el estudio de su casa en la Floresta, cerca de Barcelona.

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Ilustraciones del libro La noche se mueve de Henri Michaux, 1966

El tiempo ha pasado, el ansia ha cedido y por en el camino han quedado la pugna y el enfrentamiento que espolearon su carrera. Pero al echar la vista atrás, el autor rememora esos años en los que afilaba sus colmillos con su talento para comerse el mundo.

Josep Pla-Narbona no precisa de ningún sesudo crítico que analice su motivación ni de ningún psicólogo que lo tumbe en un diván. Sabe perfectamente de dónde proviene y recuerda a aquel niño huérfano de la guerra que se paseaba por las calles de Barcelona bloc en mano dibujando a otros infantes para ahuyentar el hambre.

«Mi madre tenía cinco hermanos y ninguno se hizo cargo de mí. Me adoptó una hermana de mi padre. Todo eso hizo que yo siempre fuera antisocial. Me creé una coraza y me dije a mí mismo: “yo soy importante”. Y quise ser importante en todo lo que hice: en la publicidad, en el dibujo, como pintor, haciendo grabados. Y ahora, que estoy a punto de cumplir 90 años, ya no quiero ser importante en nada. Ser importante es una gran incomodidad, porque significa ser competitivo», asegura.

Ser importante es una gran incomodidad, porque significa ser competitivo

La carrera de Pla-Narbona fue una competición de la que salió vencedor. Ganó innumerables concursos de carteles gracias a sus rompedoras propuestas visuales, que bebían de las fuentes del surrealismo. Aunque huye de las etiquetas, el dibujante se declara discípulo de René Magritte.

unatosdemildemonios1954

Una tos de mil demonios, 1954

«Soy muy post-Magritte», puntualiza. Y en ese imaginario edificó sus carteles. «La publicidad busca sorprender, llamar la atención, por eso es tan cercana al surrealismo. Es casi más importante tener una buena idea que impacte que saber dibujar».

Las ideas se agolpaban en la cabeza de Pla-Narbona y después saltaban traviesas al folio en blanco, jugando con la realidad, rompiéndola y reconstruyéndola. La publicidad fue el primer escalón del artista, el lugar donde se fogueó y donde pudo hacer de su pasión una profesión.

«Mi familia adoptiva admitió que quisiera ser dibujante, siempre y cuando me pudiera ganar la vida. Para las clases pudientes, esto de ganarse la vida es optativo, pero en mi caso era una obligación. Por eso me inicié en la publicidad, por necesidad económica», recuerda.

Una vez alcanzó ese anhelado reconocimiento y ese descanso pecuniario, siguió explorando en la pintura y en el grabado. Pero nunca abandonó el cartelismo, en el que reinó durante décadas, no tan solo en España, sino también en todo el mundo. Desde 1972, su obra gráfica forma parte de la colección del MoMA. Además, ha ostentado diferentes cargos en asociaciones internacionales de diseño.

1958y1959

Diseños de 1958 y 1959

Una de sus aportaciones al mundo del diseño patrio fue la creación los premios LAUS, que concede Fomento de las Artes y del diseño a las mejores obras en este ámbito. «La lógica de los premios es incentivar. Si no hay premio, no hay incentivo. Con esa idea se hicieron. Pero, bueno, inventar estos premios no es como inventar la penicilina. Es bastante menos importante», reconoce con ironía.

De todos los laureles recibidos, destaca el Premio Nacional del Diseño, que recogió en 2004. «Creo que hizo rabiar a muchos de mis detractores. A mí nunca me perdonaron que tuviera éxito y ese premio fue la culminación, mis enemigos se quedaron como la mantequilla cuando se deshace», recuerda con sorna.

La obra de Pla-Narbona se puede admirar en el Museo del Diseño, que muestra 200 carteles plagados de paradojas visuales e ingeniosos interrogantes. En estos diseños destaca la figura humana, expectante, observando la realidad, ávida de respuestas.

«Una vez un crítico dijo que mis figuras no miraban sino que interrogaban. Supongo que se debe a que yo soy también un poco así: interrogo a la vida. Ahora ya soy mayor y he perdido el brillo que tenía en la mirada, pero de joven mis ojos eran muy penetrantes. ¿Qué le preguntaba a la vida? No lo sé, supongo que siempre sentí que tenía una vastedad increíble y que la mayoría de los humanos la desaprovechan».

1962

Diseños de 1962

Tal vez por ello, Dámaso Alonso lo definió como: «el genial plasmador de las vaguedades atormentadas del espíritu». Pero que nadie se imagine a Pla-Narbona como un artista atormentado a la espera de la inspiración.

«Siempre he sido un currante, la inspiración viene después de trabajar, como decía Baudelaire. Si trabajar es aprovechar la vida, yo la he aprovechado muchísimo, porque no he parado. He tenido la suerte de hacer lo que quería hacer en cada momento y eso me ha dado una gran libertad y crecimiento personal e, incluso, espiritual”.

Y lo sigue haciendo. No hay un día que Pla-Narbona no empuñe su lápiz o su pincel. «Si no dibujo, me encuentro mal. Para mí, dibujar o pintar es la gasolina que me permite seguir adelante».

En el Museo del diseño se exponen 200 obras de Josep Pla-Narbona creadas entre 1947 y 2009. Este museo también ha publicado el libro Crits a la paret i poemes visuals (Gritos a la pared y poemas visuales) de Ana Calvera en el que se hace un repaso exhaustivo a su obra como diseñador.

1966

Trabajos de 1966

1958y1959

Trabajos de 1958 y 1959

1995

Ilustración de 1995

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