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Josep Renau, el cartelista que salvó el arte de las bombas

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Que hoy puedas visitar el Museo del Prado y disfrutar de sus cuadros se lo debes, en parte, a él. También que a pocos metros de allí, otro museo, el Reina Sofía, albergue hoy una de las obras cumbres de la historia del arte: el Guernica. El legado de Josep Renau (1907-1982) no se resume solo en su obra, sino en todo lo que hizo por la de muchos otros artistas.

El cartelista valenciano pagó su implicación política de diversas formas. Primero con su paso por un campo de concentración francés y después, una vez acabada la guerra, con el exilio en México y más tarde en la Alemania oriental. Y entre medias, y durante casi cuarenta años más, con el olvido de su obra en su país de origen. 

 

 

Antes de eso, Renau había compaginado su labor como cartelista en la industria publicitaria, editorial y cinematográfica con su labor como profesor de Bellas Artes en la Universidad de Valencia en tiempos de la II República. Fue en 1936, ya estallada la Guerra Civil, cuando, como director general de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, tomó una decisión crucial para el patrimonio cultural: evacuar las obras del Museo del Prado para salvarlas de los bombardeos sobre la capital. Traslado polémico, pero que a la postre resultaría efectivo.

Durante todo el conflicto, Renau no dejó de dibujar ni de trabajar como cartelista. A aquellos años corresponden algunas de sus obras con más carga política, pero también las más abiertas a las vanguardias que llegaban desde los confines del continente, especialmente desde el grafismo y el constructivismo soviético.

Influencias que Renau supo conjugar con el característico estilo de sus fotomontajes, en los que fue capaz de dotar a las imágenes costumbristas de un halo de modernidad y cosmopolitismo que escandalizaban a los estratos más apolillados de aquella sociedad. Un lenguaje propio que lo alzó a la cima del cartelismo en nuestro país.

Pese a casi una década silenciada por el régimen, la obra de Renau ha sido rescatada del olvido en las últimas décadas. Y a día de hoy sus fondos son custodiados por el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), que, aprovechando la capitalidad mundial del diseño en la ciudad levantina, organizó recientemente una exposición en honor a Josep Renau que se pudo ver en el Palau dels Scala. 

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Que hoy puedas visitar el Museo del Prado y disfrutar de sus cuadros se lo debes, en parte, a él. También que a pocos metros de allí, otro museo, el Reina Sofía, albergue hoy una de las obras cumbres de la historia del arte: el Guernica. El legado de Josep Renau (1907-1982) no se resume solo en su obra, sino en todo lo que hizo por la de muchos otros artistas.

El cartelista valenciano pagó su implicación política de diversas formas. Primero con su paso por un campo de concentración francés y después, una vez acabada la guerra, con el exilio en México y más tarde en la Alemania oriental. Y entre medias, y durante casi cuarenta años más, con el olvido de su obra en su país de origen. 

 

 

Antes de eso, Renau había compaginado su labor como cartelista en la industria publicitaria, editorial y cinematográfica con su labor como profesor de Bellas Artes en la Universidad de Valencia en tiempos de la II República. Fue en 1936, ya estallada la Guerra Civil, cuando, como director general de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, tomó una decisión crucial para el patrimonio cultural: evacuar las obras del Museo del Prado para salvarlas de los bombardeos sobre la capital. Traslado polémico, pero que a la postre resultaría efectivo.

Durante todo el conflicto, Renau no dejó de dibujar ni de trabajar como cartelista. A aquellos años corresponden algunas de sus obras con más carga política, pero también las más abiertas a las vanguardias que llegaban desde los confines del continente, especialmente desde el grafismo y el constructivismo soviético.

Influencias que Renau supo conjugar con el característico estilo de sus fotomontajes, en los que fue capaz de dotar a las imágenes costumbristas de un halo de modernidad y cosmopolitismo que escandalizaban a los estratos más apolillados de aquella sociedad. Un lenguaje propio que lo alzó a la cima del cartelismo en nuestro país.

Pese a casi una década silenciada por el régimen, la obra de Renau ha sido rescatada del olvido en las últimas décadas. Y a día de hoy sus fondos son custodiados por el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), que, aprovechando la capitalidad mundial del diseño en la ciudad levantina, organizó recientemente una exposición en honor a Josep Renau que se pudo ver en el Palau dels Scala. 

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