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2 de julio 2012    /   CINE/TV
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Juego de Tronos: El Muro que nos separa de nosotros mismos

2 de julio 2012    /   CINE/TV     por          
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“No hace falta ser una casa encantada para sentirse hechizado; el cerebro tiene pasillos que superan el límite del espacio físico”
Emily Dickinson

El Muro (Juego de Tronos) que hay entre Los siete reinos y los salvajes es una construcción con grietas, como la línea que nos separa de nuestros miedos.

Jon Nieve es el cicerone —medio adulto, medio adolescente— del viaje al otro lado de El Muro, el viaje al interior de nosotros mismos.

LA HISTORIA DE JON NIEVE COMO CUENTO DE HADAS

Érase una vez el bastardo de un gran señor. Jon Nieve era el nombre del bastardo. Era querido por su padre y por los hermanastros, pero la esposa del gran señor odiaba a Jon. La presencia del muchacho recordaba la infidelidad del gran señor. Cuando el gran señor partió para servir al rey, Jon no quiso importunar con su presencia a la madrasta y se dirigió al norte. Allí estaba el Muro: una construcción que, decían, separaba a las personas de los monstruos. Estaba protegido por la antigua orden militar de La Guardia de la Noche.

Jon escuchó de niño que detrás del muro había salvajes, gigantes, espectros y hechicería.

JON NIEVE: EL BASTARDO INTERIOR

Jon Nieve es una metáfora del hombre y la mujer contemporáneos. Somos nuestra madrastra adulta y somos los niños bastardos de nuestra imaginación, miedos e incertidumbres. La tecnología no puede protegernos de nuestras pesadillas y de nuestra parte sombría. Creemos que tenemos nuestros miedos tras un muro de olvido, entre los recovecos de la mente.

EL MURO: LA DELGADA LÍNEA ENTRE NOSOTROS Y EL HORROR

El Muro se levantó 8.000 años antes de que Jon Nieve naciera. 8.000 años pudiera ser el tiempo que hay entre un niño y un adulto. Caben tantas cosas en ese tiempo que muchas se olvidan y no les damos importancia (cuentos de viejas), otras se clasificación (monstruos), y otras se intentan domesticar (los salvajes).

Al otro lado del muro todo cabe: cuando algo nos perturba lo etiquetamos como terrible y lo enviamos allí. Y esperamos al olvido.

EL SALVAJE: EL NIÑO QUE QUEREMOS DOMESTICAR

Jon Nieve conoce a los salvajes. Son así llamados porque los adultos del mundo civilizado ponen nombre a todas las cosas. Los salvajes se consideran «el Pueblo Libre». Si Jon Nieve es el adulto, el salvaje es nuestro niño sin cortapisas: tiene espontaneidad, ocurrencias, ideas extravagantes y nuestra manera natural de relacionarnos con los demás lejos de rituales y protocolos impuestos.

En la lucha contra el salvaje-niño perdemos fuerzas. Energías necesarias para adentrarnos más allá del muro, a aquellos lugares que Emily Dickinson describe como encantados. La existencia de los salvajes demuestra que nosotros alimentamos muchos de nuestros monstruos (la mayoría, no tan terribles como los imaginábamos). El Jon Nieve que parte no será el Jon Nieve que regresará. Un viaje al interior que no nos cambia, es un viaje baldío.

El viaje al otro lado de El Muro es equiparable a la pesadilla de Alicia en el País de las Maravillas o la aventura del marinero Marlow en El corazón de las tinieblas.

“No hace falta ser una casa encantada para sentirse hechizado; el cerebro tiene pasillos que superan el límite del espacio físico”
Emily Dickinson

El Muro (Juego de Tronos) que hay entre Los siete reinos y los salvajes es una construcción con grietas, como la línea que nos separa de nuestros miedos.

Jon Nieve es el cicerone —medio adulto, medio adolescente— del viaje al otro lado de El Muro, el viaje al interior de nosotros mismos.

LA HISTORIA DE JON NIEVE COMO CUENTO DE HADAS

Érase una vez el bastardo de un gran señor. Jon Nieve era el nombre del bastardo. Era querido por su padre y por los hermanastros, pero la esposa del gran señor odiaba a Jon. La presencia del muchacho recordaba la infidelidad del gran señor. Cuando el gran señor partió para servir al rey, Jon no quiso importunar con su presencia a la madrasta y se dirigió al norte. Allí estaba el Muro: una construcción que, decían, separaba a las personas de los monstruos. Estaba protegido por la antigua orden militar de La Guardia de la Noche.

Jon escuchó de niño que detrás del muro había salvajes, gigantes, espectros y hechicería.

JON NIEVE: EL BASTARDO INTERIOR

Jon Nieve es una metáfora del hombre y la mujer contemporáneos. Somos nuestra madrastra adulta y somos los niños bastardos de nuestra imaginación, miedos e incertidumbres. La tecnología no puede protegernos de nuestras pesadillas y de nuestra parte sombría. Creemos que tenemos nuestros miedos tras un muro de olvido, entre los recovecos de la mente.

EL MURO: LA DELGADA LÍNEA ENTRE NOSOTROS Y EL HORROR

El Muro se levantó 8.000 años antes de que Jon Nieve naciera. 8.000 años pudiera ser el tiempo que hay entre un niño y un adulto. Caben tantas cosas en ese tiempo que muchas se olvidan y no les damos importancia (cuentos de viejas), otras se clasificación (monstruos), y otras se intentan domesticar (los salvajes).

Al otro lado del muro todo cabe: cuando algo nos perturba lo etiquetamos como terrible y lo enviamos allí. Y esperamos al olvido.

EL SALVAJE: EL NIÑO QUE QUEREMOS DOMESTICAR

Jon Nieve conoce a los salvajes. Son así llamados porque los adultos del mundo civilizado ponen nombre a todas las cosas. Los salvajes se consideran «el Pueblo Libre». Si Jon Nieve es el adulto, el salvaje es nuestro niño sin cortapisas: tiene espontaneidad, ocurrencias, ideas extravagantes y nuestra manera natural de relacionarnos con los demás lejos de rituales y protocolos impuestos.

En la lucha contra el salvaje-niño perdemos fuerzas. Energías necesarias para adentrarnos más allá del muro, a aquellos lugares que Emily Dickinson describe como encantados. La existencia de los salvajes demuestra que nosotros alimentamos muchos de nuestros monstruos (la mayoría, no tan terribles como los imaginábamos). El Jon Nieve que parte no será el Jon Nieve que regresará. Un viaje al interior que no nos cambia, es un viaje baldío.

El viaje al otro lado de El Muro es equiparable a la pesadilla de Alicia en el País de las Maravillas o la aventura del marinero Marlow en El corazón de las tinieblas.

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Opiniones 13
  • Hola, soy un gran seguidor de juego de tronos. Tanto de los libros como de la serie. JDT nada tiene que ver con todas estas tonterías que acabas de decir. Niño-adulto Jon Nieve. Todo son paparruchas fruto de una mente con aspiraciones pseudo-intelectuales. Con el pretexto de buscar siempre una profundidad a todo acabáis por decir tonterías. Este post es lamentable. Vaya jilipolleces, para esto sirve la psicología?

  • @Manuel tu crítica es poco provechosa al caer en lo destructivo sin aportar nada. Si tanto te gusta Juego de Tronos, aprovecha cómo lo analizan otros para disfrutar de tu serie.
    No sé de qué sirve la psicología, pero es evidente que sin ella, yo también estoy deseando que me justifiques el comportamiento de John Nieve con su prisionera… por ejemplo.
    @Javier enhorabuena por tu enfoque, con el cual estoy de acuerdo, y aunque es evidente, no me he parado a verlo así hasta que tú lo has escrito.

  • Me parece muy revelador el punto de vista que nos explicas en tu articulo, yo no habia caido en estos detalles que tanto transfondo dan a la serie. Respecto a la respuesta a Manuel, habla de ti mas de lo que dices. Felicidades por haber pasado por esos lugares tenebrosos.

    un saludo,

    • ¡Buen detalle!

      Recuerdo la frase de Tyrion: «Si me dejaran rezar con la polla sería mucho más religioso». Esto se suma a mear al otro lado del muro… Ya que durante su estancia en El Muro es una especie de mentor de Jon –consideremos que es así– podríamos pensar que representa la razón (que no significa que sea infalible). Al menos, es lo que pienso.

  • dada la complejidad y evolución de los personajes así como de simbolismos introducidos por martin en su obra no descartaría esa relación,al listo de manuel le diría que abriera mas los ojos y menos la boca

    • No es extraño que la HBO escogiera la obra de R. R. Martín para adaptarla. A la HBO le gusta jugar con los mitos y los cuentos. A veces, de manera muy evidente, como sucede en ‘Boardwalk Empire’, que tiene un capítulo llamado ‘Ciudad Esmeralda’. Escribí sobre B.E. aquí:

      http://goo.gl/vZ5QC

      Gracias por tu comentario, Rubén.

  • Estoy de acuerdo contigo en que Juego de Tronos es una historia compleja que encierra multitud de metáforas y simbolismos. Pero el análisis que has hecho de Snow me parece exagerado y enrevesado (sin embargo tu post sobre los personajes femeninos me pareció muy interesante). Simplemente es una historia, como cualquier otra de fantasía (tan de la HBO) que gusta porque supone para el lector un viaje de la realidad cotidiana. No es casualidad que tenga tanto éxito ahora, igual que no es casualidad que en el XIX, surgiera una corriente literaria como el romanticismo en mitad de la revolución industrial. Creo que las obras geniales pertenecen a sus genios y a sus propios pensamientos o mentes extraordinarias, y que el resto de los mortales busquen una explicación a algo extraordinario en vez de simplemente admirarlo, es perder el tiempo.

    • Hola, Fernando.

      Estoy de acuerdo contigo: (Juego de Tronos) «gusta porque supone para el lector un viaje de la realidad cotidiana».

      Me alegro que te gustara el de «Las chicas son guerreras». Espero que te guste el próximo que tengo en mente sobre ‘Juego de Tronos’.

      Saludos

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