4 de marzo 2011    /   CIENCIA
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¡Jugad, jugad, malditos!

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En una memorable escena de Miedo y asco en Las Vegas, Hunter S. Thompson se confrontaba con criaturas diabólicas que serpenteaban por sus piernas desde la alfombra de un hotel casino de Las Vegas. Qué duda cabe que la ingesta masiva, simultánea e indiscriminada de LSD, peyote, tequila y adrenalina tuvo algo que ver en la visión; pero, si pudiéramos entrar en la mente y en la lógica del periodista, veríamos que el verdadero culpable era el diseño de la maldita alfombra.
Las alfombras de los casinos de Las Vegas (también las de Montecarlo, Macao o Torrelodones) están trufadas de motivos geométricos, pirámides fractales, fantasiosas espirales o lisérgicos paramecios. Este derroche de estridencia no es azaroso –nada sucede por azar en los casinos-, sino que esconde una motivación: impedir que el cerebro del jugador descanse un solo minuto y este siga haciendo lo que ha venido a hacer: jugar, jugar y jugar.
El hallazgo se lo debemos a un colega de Thompson algo más reposado: el fotógrafo sueco Chris Maluszynski, que acudió a la capital del pecado con el objetivo de cubrir las Series Mundiales de Poker, pero volvió con algo mucho más jugoso: una colección de fotografías inenarrables de alfombras espantosas y una teoría que las explica: “Las alfombras juegan definitivamente un rol importante en la configuración del surrealismo de la ciudad. En Las Vegas estás encerrado en una cárcel de impresiones sensoriales. Cuando intentaba que mis ojos descansaran, miraba al suelo y me decía: `¡Maldición, aquí tampoco puedo!´”.

La teoría de Maluszynski no la van a confirmar jamás los sosias de Robert de Niro en los casinos de Nevada, que tienen una explicación más mundana para los delirantes diseños de las alfombras: cuanto más arrebatado es el dibujo más fácil es disimular la suciedad, las cervezas derramadas y los restos de vómito. Pero ¿por qué conformarnos con una explicación simple cuando podemos recurrir a una teoría conspiratoria?
Recabamos la opinión de una especialista en la materia, Christine Whittemore, creadora del blog Carpetology dedicado -lo han adivinado- al asombroso y arcano mundo de las alfombras: “El horror vacui que impregna las moquetas de los casinos sirve para mantener las mentes activas, en tanto un entorno relajante no incita al juego”.
Nada nuevo bajo el sol. La Universidad de Nevada edita cada año un manual: “Diseño de casinos para dominar la competición”, más conocido como “El Libro”. En él se analiza la arquitectura, decoración y señalización de los casinos para maximizar beneficios o, lo que es lo mismo, las técnicas para manipular la mente del jugador. ¿Y qué dice allí? Lo de las alfombras es el chocolate del loro: la puerta de entrada a los baños es virtualmente imposible de encontrar, pero la puerta de salida te sitúa en mitad de las mesas de juego; no hay ventanas ni relojes (ni los croupiers llevan), de modo que pierdes la noción del tiempo; el sonido de las tragaperras está amplificado cuando toca premio, pero silenciado cuando no es el caso…, y así hasta la extenuación…¡Jackpot!
Nota: Si cometiste el error de ver la versión cinematográfica “Miedo y asco en Las Vegas” te recomiendo hacer un CTRL+Z y acudir a su fuente original: el fantástico, delirante reportaje de Hunter S. Thomson.


Iñaki Berazaluce es autor del blog Strambotic
Ilustración de Juan Díaz Faes
Este artículo fue publicado en el número de Marzo de Ling Magazine

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En una memorable escena de Miedo y asco en Las Vegas, Hunter S. Thompson se confrontaba con criaturas diabólicas que serpenteaban por sus piernas desde la alfombra de un hotel casino de Las Vegas. Qué duda cabe que la ingesta masiva, simultánea e indiscriminada de LSD, peyote, tequila y adrenalina tuvo algo que ver en la visión; pero, si pudiéramos entrar en la mente y en la lógica del periodista, veríamos que el verdadero culpable era el diseño de la maldita alfombra.
Las alfombras de los casinos de Las Vegas (también las de Montecarlo, Macao o Torrelodones) están trufadas de motivos geométricos, pirámides fractales, fantasiosas espirales o lisérgicos paramecios. Este derroche de estridencia no es azaroso –nada sucede por azar en los casinos-, sino que esconde una motivación: impedir que el cerebro del jugador descanse un solo minuto y este siga haciendo lo que ha venido a hacer: jugar, jugar y jugar.
El hallazgo se lo debemos a un colega de Thompson algo más reposado: el fotógrafo sueco Chris Maluszynski, que acudió a la capital del pecado con el objetivo de cubrir las Series Mundiales de Poker, pero volvió con algo mucho más jugoso: una colección de fotografías inenarrables de alfombras espantosas y una teoría que las explica: “Las alfombras juegan definitivamente un rol importante en la configuración del surrealismo de la ciudad. En Las Vegas estás encerrado en una cárcel de impresiones sensoriales. Cuando intentaba que mis ojos descansaran, miraba al suelo y me decía: `¡Maldición, aquí tampoco puedo!´”.

La teoría de Maluszynski no la van a confirmar jamás los sosias de Robert de Niro en los casinos de Nevada, que tienen una explicación más mundana para los delirantes diseños de las alfombras: cuanto más arrebatado es el dibujo más fácil es disimular la suciedad, las cervezas derramadas y los restos de vómito. Pero ¿por qué conformarnos con una explicación simple cuando podemos recurrir a una teoría conspiratoria?
Recabamos la opinión de una especialista en la materia, Christine Whittemore, creadora del blog Carpetology dedicado -lo han adivinado- al asombroso y arcano mundo de las alfombras: “El horror vacui que impregna las moquetas de los casinos sirve para mantener las mentes activas, en tanto un entorno relajante no incita al juego”.
Nada nuevo bajo el sol. La Universidad de Nevada edita cada año un manual: “Diseño de casinos para dominar la competición”, más conocido como “El Libro”. En él se analiza la arquitectura, decoración y señalización de los casinos para maximizar beneficios o, lo que es lo mismo, las técnicas para manipular la mente del jugador. ¿Y qué dice allí? Lo de las alfombras es el chocolate del loro: la puerta de entrada a los baños es virtualmente imposible de encontrar, pero la puerta de salida te sitúa en mitad de las mesas de juego; no hay ventanas ni relojes (ni los croupiers llevan), de modo que pierdes la noción del tiempo; el sonido de las tragaperras está amplificado cuando toca premio, pero silenciado cuando no es el caso…, y así hasta la extenuación…¡Jackpot!
Nota: Si cometiste el error de ver la versión cinematográfica “Miedo y asco en Las Vegas” te recomiendo hacer un CTRL+Z y acudir a su fuente original: el fantástico, delirante reportaje de Hunter S. Thomson.


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