30 de noviembre 2015    /   CREATIVIDAD
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Jugar a la guerra para explicar la historia

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Ahora que está tan de actualidad lo de las guerras y vivimos una escalada de violencia que no es para tomársela a broma, tal vez sea el momento de acercarse a una actividad que aglutina disciplinas tan dispares como el estudio histórico, el trekking, el coleccionismo, la actuación o la sastrería y, por supuesto, el juego y la diversión.
La recreación de batallas o hechos históricos relacionados con revueltas, revoluciones o conflictos bélicos ha sido una constante a lo largo de la historia. Desde hace siglos, la lucha de celtíberos y romanos en Numancia, los desfiles de moros y cristianos, los desembarcos de vikingos en Catoira, de piratas en O Grove o motines como el de Esquilache están presentes en nuestra cultura y su recreación combina la exaltación del valor de los antiguos habitantes del pueblo en el que surgieron con la diversión más prosaica por parte de los habitantes actuales.

La aparición de nuevos conflictos armados a lo largo del tiempo no ha hecho más que ampliar el catálogo de batallas, guerras y hechos históricos que recrear. En ese sentido, el siglo XX ha sido un gran filón. La Gran Guerra, la II Guerra Mundial, Corea, Vietnam, las guerras de liberación anticolonialistas de África y Argelia, Afganistán, Irak y en unos días, Siria y lo que surja, son objeto de recreaciones por parte de agrupaciones, clubes, asociaciones culturales y grupos de amigos de todo el mundo que se reúnen en fechas señaladas o los fines de semana para jugar a la guerra, aprender historia y pasar un buen rato.
En estos casos, la cercanía del conflicto permite que los hechos recreados y el material empleado para ello sean más veraces, llegando a utilizarse uniformes, automóviles, carros de combate, armas y otros complementos originales o bien réplicas de gran calidad.

Dos de esos grupos son Screaming Eagles 101st Easy y Poland First to Fight. El primero está dedicado a la quinta compañía del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en el frente europeo. La segunda centra sus actividades en el ejército polaco del periodo comprendido entre su independencia en 1918 y el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Dos de sus responsables, el Screaming Eagle Javier Torres y Alberto Trujillo, de Poland Fist to Fight, nos explican en qué consiste realmente esto de las recreaciones históricas y qué actividades realizan en sus grupos.
«Decidimos recrear el ejército polaco durante el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial, primero porque sentimos un especial cariño por este país, y segundo, porque que es una parte de la Historia apasionante y totalmente desconocida en España», explica Trujillo.

Polonia fue el país con cuya invasión dio comienzo la Segunda Guerra Mundial, en la que acabaría interviniendo Estados Unidos tras el ataque de las fuerzas del Eje contra Pearl Harbour. Entran en juego entonces, los Screaming Eagles.
«La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto extremadamente violento. Murieron aproximadamente 60 millones de personas, lo que es suficiente motivo para no olvidarlo», explica Torres. «Desde el punto de vista de la recreación, la Segunda Guerra Mundial permite diferentes opciones, tantas como recreadores, entre los que se encuentran coleccionistas de militaria, historiadores, maquetistas, cinéfilos. Cada uno tiene su motivo y pasión tanto por el ejército americano, como por el alemán, el inglés, el polaco e incluso hay gente que recrea a los partisanos, que no es un ejército regular».

«Polonia, –continúa Trujillo– fue además uno de los pocos países que mantuvo tropas en combate en todos los teatros del conflicto durante toda la duración del mismo y fue el territorio donde se cometieron las mayores atrocidades. Posteriormente, en la inmediata postguerra, cayó en la esfera de influencia soviética y fue objeto de las mayores tensiones diplomáticas entre los tres grandes aliados y el preludio de la Guerra Fría. Se podría afirmar que se puede vertebrar todo el estudio de causas, desarrollo y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial alrededor de la historia de esta nación, así que entendimos que sería interesante divulgar esta parte de la Historia».
No hay más que escuchar a Trujillo y a Torres para comprobar que, más allá del aspecto puramente lúdico, las recreaciones exigen un buen conocimiento de los hechos históricos, algo que no se queda en los meros datos. Es necesario ampliarlo a otros campos como la sociología, el costumbrismo, la decoración, el diseño de armas, o la moda, porque hay que reproducir todos y cada uno de los detalles del conflicto, hasta el punto de que ciertos grupos exigen a sus miembros que se corten el pelo según las ordenanzas militares de la época.
«Dentro de lo razonable y lo posible somos muy estrictos en todo lo que concierne a la verosimilitud histórica. Es fundamental ser rigurosos e históricamente correctos, y desde luego en temas que son tan sencillos como son los cortes de pelo, tatuajes, pendientes, piercings, relojes, gafas, etc., somos bastante intransigentes. Entendemos que el que se mete a recrear este periodo debe ser consciente y aceptar la imagen que tiene que dar», explica Trujillo.

«Quien entiende esta afición, la vive con el mayor respeto y eso quiere decir que intenta ser lo mas fiel al original que recrea. Esto significa trasladarse 70 años atrás, con todo lo que implica. En cuanto a los uniformes, armas y complementos, tenemos una gran numero de posibilidades, tanto originales como réplicas, aunque, evidentemente, la calidad es muy diferente de una a otra. No hay nada como las piezas originales, pero dado que son piezas valiosas tanto económica como históricamente, la gente las cuida muuuuuy mucho [Torres hace especial hincapié en el adverbio] y suele remplazarlas por reproducciones».
«Somos muy cuidadosos con que todos los elementos que mostramos sean correctos y estén documentados bien en textos bien en fotografías. Es más, muchas veces descartamos elementos que pueden estar documentados en alguna foto de la época al comprobar que lo que aparece en la imagen es una “rareza”, es decir, una excepción, ya que, si se aceptan ese tipo de cosas sin demasiado análisis, se corre el riesgo de mostrar como normal algo que no lo era», explica Trujillo. «En nuestro caso los uniformes son réplicas fieles de los originales aunque algunos complementos o accesorios sí que lo son. Como recreamos las fuerzas armadas polacas, Ejército, Marina y Fuerza Aérea, en los distintos teatros en los que combatieron, y lo hicieron en todos prácticamente, tenemos muchos uniformes diferentes. Haciendo un cálculo rápido, entre septiembre de 1939 en Polonia, en Noruega y Francia en 1940, en el Norte de África en 1941, en la Batalla de Inglaterra, en Italia en el 43, el Frente del Este desde el 43 al 45, en Francia y Holanda en 1944, etc… Debemos tener unos quince uniformes masculinos distintos y diez o doce femeninos».
Hablando de uniformes femeninos. Cualquiera podría pensar que esta afición es una cosa solo masculina. Es obligado preguntar si participan mujeres en este tipo de recreaciones.
«Sí, sí que las hay, pero su papel es el mismo que ocuparon históricamente en el conflicto», explica Torres. «Por ejemplo, el de enfermeras. En el ejército americano nunca estuvieron en combate y sus labores fueron meramente burocráticas o sanitarias. Cada vez hay mas mujeres en el mundo de la recreación pero, claro, cada uno en su papel. Hay que tener en cuenta que la vida en el ejercito hace 70 años era muy diferente a la que conocemos actualmente».

«En nuestro grupo hay una muy alta proporción de mujeres, aproximadamente un tercio de nuestros miembros son chicas», continúa Trujillo. «Pero también realizan los mismos roles que tenían las mujeres en aquella época. Sin embargo, nuestro grupo permite mucho juego para eso porque, como el Ejército Polaco estuvo en todas los frentes, lo mismo ocurrió con las mujeres. Realizaron todo tipo de tareas y misiones. En muchos casos más que las mujeres de otros ejércitos, porque el Ejército Polaco de la Segunda Guerra Mundial no tenía un territorio donde reclutar soldados y de esa forma fueron desde enfermeras, radiotelegrafistas o mensajeras, a combatientes con las armas en la mano e incluso pilotos».

Como explica Javier Torres, una afición como esta no es para disfrutarla de puertas adentro. Hay que salir al campo, lucir los informes y, si es necesario, mancharse de barro.
«Esto es como vivir la Historia de un modo diferente. Por eso hay que moverse, hacer sesiones de fotos en entornos lo mas parecidos a la situación histórica, tertulias,exposiciones, recreaciones públicas o privadas en donde ponemos en práctica movimientos de tropas, instrucción, o manejo de armamento. Incluso hemos participado en el rodaje de un cortometraje de Manuel Olaya».
Por su parte, la organización representada por Alberto Trujillo, constituida como Asociación Cultural reconocida como tal por el Ministerio del Interior, añade a ese tipo de actividades una labor de divulgación histórica que cuenta con el apoyo de la Embajada de Polonia y otras instituciones de dicho país.
«Hacemos de todo: montamos campamentos en los que hacemos living history, desfilamos, hacemos instrucción y formaciones, escenificamos batallas históricas, hacemos homenajes a los caídos, cantamos canciones patrióticas. Además, en todos los eventos que organizamos nosotros, impartimos conferencias con materiales que explican la historia de Polonia en este periodo, desde la independencia hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y el establecimiento de la dictadura comunista».

La labor divulgativa de Poland First to Fight ha sido reconocida por la Oficina de Excombatientes y Personas Represaliadas del Gobierno de Polonia, que ha condecorado a varios de los miembros de la asociación con la Medalla Pro Memoria y la Medalla Pro Patria, lo que les ha abierto las puertas para participar en las ceremonias oficiales conmemorativas del Comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Westerplatte y del Levantamiento de Varsovia. Como explica Trujillo, su labor «va mucho más allá de la mera recreación de combates. El tema armamento, vehículos, tiroteos, etc…  es solo un medio o un reclamo para alcanzar un fin, que es divulgar la historia de Polonia en la Segunda Guerra Mundial».

Una historia que debería servir para ser conscientes del drama de la guerra y evitar que se reproduzcan los movimientos políticos o ideologías que las provocaron. Algo que, en ocasiones, no está demasiado claro en ciertos grupos, que transitan por esa finísima frontera que separa el interés histórico en ciertas doctrinas y la más burda exaltación de las mismas. Mientras que algunas asociaciones aclaran que, por ejemplo, la recreación de tropas del ejército alemán de la Segunda Guerra Mundial no supone una aceptación de la ideología nazi y muestran su rechazo explícitamente, otras parecen desarrollar una cierta nostalgia de que El Hombre del Castillo de Phillip K. Dick sea solo una novela de ciencia ficción.
«Esto es una afición historica y cultural. Nosotros nos hemos decantado por la Segunda Guerra Mundial, pero tienes romanos, napoleónicos, medievales, Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial, Vietnam, Guerra Civil española. Es una manera de acerca la historia de la humanidad a la gente, la historia más violenta, es verdad, pero la historia al fin y al cabo. En ese sentido nosotros somos meramente recreadores que por múltiples motivos intentamos que no se pierda todo eso. A la gente en general le gusta, siente curiosidad simplemente viendo el material o atendiendo a las explicaciones. Siempre hay personas que no lo ven así y creen que es una exaltación de la guerra o a un orden político determinado. Nada mas lejos de la realidad porque, además de que está prohibido por la ley, está mal considerado por los propios recreadores».

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Ahora que está tan de actualidad lo de las guerras y vivimos una escalada de violencia que no es para tomársela a broma, tal vez sea el momento de acercarse a una actividad que aglutina disciplinas tan dispares como el estudio histórico, el trekking, el coleccionismo, la actuación o la sastrería y, por supuesto, el juego y la diversión.
La recreación de batallas o hechos históricos relacionados con revueltas, revoluciones o conflictos bélicos ha sido una constante a lo largo de la historia. Desde hace siglos, la lucha de celtíberos y romanos en Numancia, los desfiles de moros y cristianos, los desembarcos de vikingos en Catoira, de piratas en O Grove o motines como el de Esquilache están presentes en nuestra cultura y su recreación combina la exaltación del valor de los antiguos habitantes del pueblo en el que surgieron con la diversión más prosaica por parte de los habitantes actuales.

La aparición de nuevos conflictos armados a lo largo del tiempo no ha hecho más que ampliar el catálogo de batallas, guerras y hechos históricos que recrear. En ese sentido, el siglo XX ha sido un gran filón. La Gran Guerra, la II Guerra Mundial, Corea, Vietnam, las guerras de liberación anticolonialistas de África y Argelia, Afganistán, Irak y en unos días, Siria y lo que surja, son objeto de recreaciones por parte de agrupaciones, clubes, asociaciones culturales y grupos de amigos de todo el mundo que se reúnen en fechas señaladas o los fines de semana para jugar a la guerra, aprender historia y pasar un buen rato.
En estos casos, la cercanía del conflicto permite que los hechos recreados y el material empleado para ello sean más veraces, llegando a utilizarse uniformes, automóviles, carros de combate, armas y otros complementos originales o bien réplicas de gran calidad.

Dos de esos grupos son Screaming Eagles 101st Easy y Poland First to Fight. El primero está dedicado a la quinta compañía del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en el frente europeo. La segunda centra sus actividades en el ejército polaco del periodo comprendido entre su independencia en 1918 y el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Dos de sus responsables, el Screaming Eagle Javier Torres y Alberto Trujillo, de Poland Fist to Fight, nos explican en qué consiste realmente esto de las recreaciones históricas y qué actividades realizan en sus grupos.
«Decidimos recrear el ejército polaco durante el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial, primero porque sentimos un especial cariño por este país, y segundo, porque que es una parte de la Historia apasionante y totalmente desconocida en España», explica Trujillo.

Polonia fue el país con cuya invasión dio comienzo la Segunda Guerra Mundial, en la que acabaría interviniendo Estados Unidos tras el ataque de las fuerzas del Eje contra Pearl Harbour. Entran en juego entonces, los Screaming Eagles.
«La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto extremadamente violento. Murieron aproximadamente 60 millones de personas, lo que es suficiente motivo para no olvidarlo», explica Torres. «Desde el punto de vista de la recreación, la Segunda Guerra Mundial permite diferentes opciones, tantas como recreadores, entre los que se encuentran coleccionistas de militaria, historiadores, maquetistas, cinéfilos. Cada uno tiene su motivo y pasión tanto por el ejército americano, como por el alemán, el inglés, el polaco e incluso hay gente que recrea a los partisanos, que no es un ejército regular».

«Polonia, –continúa Trujillo– fue además uno de los pocos países que mantuvo tropas en combate en todos los teatros del conflicto durante toda la duración del mismo y fue el territorio donde se cometieron las mayores atrocidades. Posteriormente, en la inmediata postguerra, cayó en la esfera de influencia soviética y fue objeto de las mayores tensiones diplomáticas entre los tres grandes aliados y el preludio de la Guerra Fría. Se podría afirmar que se puede vertebrar todo el estudio de causas, desarrollo y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial alrededor de la historia de esta nación, así que entendimos que sería interesante divulgar esta parte de la Historia».
No hay más que escuchar a Trujillo y a Torres para comprobar que, más allá del aspecto puramente lúdico, las recreaciones exigen un buen conocimiento de los hechos históricos, algo que no se queda en los meros datos. Es necesario ampliarlo a otros campos como la sociología, el costumbrismo, la decoración, el diseño de armas, o la moda, porque hay que reproducir todos y cada uno de los detalles del conflicto, hasta el punto de que ciertos grupos exigen a sus miembros que se corten el pelo según las ordenanzas militares de la época.
«Dentro de lo razonable y lo posible somos muy estrictos en todo lo que concierne a la verosimilitud histórica. Es fundamental ser rigurosos e históricamente correctos, y desde luego en temas que son tan sencillos como son los cortes de pelo, tatuajes, pendientes, piercings, relojes, gafas, etc., somos bastante intransigentes. Entendemos que el que se mete a recrear este periodo debe ser consciente y aceptar la imagen que tiene que dar», explica Trujillo.

«Quien entiende esta afición, la vive con el mayor respeto y eso quiere decir que intenta ser lo mas fiel al original que recrea. Esto significa trasladarse 70 años atrás, con todo lo que implica. En cuanto a los uniformes, armas y complementos, tenemos una gran numero de posibilidades, tanto originales como réplicas, aunque, evidentemente, la calidad es muy diferente de una a otra. No hay nada como las piezas originales, pero dado que son piezas valiosas tanto económica como históricamente, la gente las cuida muuuuuy mucho [Torres hace especial hincapié en el adverbio] y suele remplazarlas por reproducciones».
«Somos muy cuidadosos con que todos los elementos que mostramos sean correctos y estén documentados bien en textos bien en fotografías. Es más, muchas veces descartamos elementos que pueden estar documentados en alguna foto de la época al comprobar que lo que aparece en la imagen es una “rareza”, es decir, una excepción, ya que, si se aceptan ese tipo de cosas sin demasiado análisis, se corre el riesgo de mostrar como normal algo que no lo era», explica Trujillo. «En nuestro caso los uniformes son réplicas fieles de los originales aunque algunos complementos o accesorios sí que lo son. Como recreamos las fuerzas armadas polacas, Ejército, Marina y Fuerza Aérea, en los distintos teatros en los que combatieron, y lo hicieron en todos prácticamente, tenemos muchos uniformes diferentes. Haciendo un cálculo rápido, entre septiembre de 1939 en Polonia, en Noruega y Francia en 1940, en el Norte de África en 1941, en la Batalla de Inglaterra, en Italia en el 43, el Frente del Este desde el 43 al 45, en Francia y Holanda en 1944, etc… Debemos tener unos quince uniformes masculinos distintos y diez o doce femeninos».
Hablando de uniformes femeninos. Cualquiera podría pensar que esta afición es una cosa solo masculina. Es obligado preguntar si participan mujeres en este tipo de recreaciones.
«Sí, sí que las hay, pero su papel es el mismo que ocuparon históricamente en el conflicto», explica Torres. «Por ejemplo, el de enfermeras. En el ejército americano nunca estuvieron en combate y sus labores fueron meramente burocráticas o sanitarias. Cada vez hay mas mujeres en el mundo de la recreación pero, claro, cada uno en su papel. Hay que tener en cuenta que la vida en el ejercito hace 70 años era muy diferente a la que conocemos actualmente».

«En nuestro grupo hay una muy alta proporción de mujeres, aproximadamente un tercio de nuestros miembros son chicas», continúa Trujillo. «Pero también realizan los mismos roles que tenían las mujeres en aquella época. Sin embargo, nuestro grupo permite mucho juego para eso porque, como el Ejército Polaco estuvo en todas los frentes, lo mismo ocurrió con las mujeres. Realizaron todo tipo de tareas y misiones. En muchos casos más que las mujeres de otros ejércitos, porque el Ejército Polaco de la Segunda Guerra Mundial no tenía un territorio donde reclutar soldados y de esa forma fueron desde enfermeras, radiotelegrafistas o mensajeras, a combatientes con las armas en la mano e incluso pilotos».

Como explica Javier Torres, una afición como esta no es para disfrutarla de puertas adentro. Hay que salir al campo, lucir los informes y, si es necesario, mancharse de barro.
«Esto es como vivir la Historia de un modo diferente. Por eso hay que moverse, hacer sesiones de fotos en entornos lo mas parecidos a la situación histórica, tertulias,exposiciones, recreaciones públicas o privadas en donde ponemos en práctica movimientos de tropas, instrucción, o manejo de armamento. Incluso hemos participado en el rodaje de un cortometraje de Manuel Olaya».
Por su parte, la organización representada por Alberto Trujillo, constituida como Asociación Cultural reconocida como tal por el Ministerio del Interior, añade a ese tipo de actividades una labor de divulgación histórica que cuenta con el apoyo de la Embajada de Polonia y otras instituciones de dicho país.
«Hacemos de todo: montamos campamentos en los que hacemos living history, desfilamos, hacemos instrucción y formaciones, escenificamos batallas históricas, hacemos homenajes a los caídos, cantamos canciones patrióticas. Además, en todos los eventos que organizamos nosotros, impartimos conferencias con materiales que explican la historia de Polonia en este periodo, desde la independencia hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y el establecimiento de la dictadura comunista».

La labor divulgativa de Poland First to Fight ha sido reconocida por la Oficina de Excombatientes y Personas Represaliadas del Gobierno de Polonia, que ha condecorado a varios de los miembros de la asociación con la Medalla Pro Memoria y la Medalla Pro Patria, lo que les ha abierto las puertas para participar en las ceremonias oficiales conmemorativas del Comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Westerplatte y del Levantamiento de Varsovia. Como explica Trujillo, su labor «va mucho más allá de la mera recreación de combates. El tema armamento, vehículos, tiroteos, etc…  es solo un medio o un reclamo para alcanzar un fin, que es divulgar la historia de Polonia en la Segunda Guerra Mundial».

Una historia que debería servir para ser conscientes del drama de la guerra y evitar que se reproduzcan los movimientos políticos o ideologías que las provocaron. Algo que, en ocasiones, no está demasiado claro en ciertos grupos, que transitan por esa finísima frontera que separa el interés histórico en ciertas doctrinas y la más burda exaltación de las mismas. Mientras que algunas asociaciones aclaran que, por ejemplo, la recreación de tropas del ejército alemán de la Segunda Guerra Mundial no supone una aceptación de la ideología nazi y muestran su rechazo explícitamente, otras parecen desarrollar una cierta nostalgia de que El Hombre del Castillo de Phillip K. Dick sea solo una novela de ciencia ficción.
«Esto es una afición historica y cultural. Nosotros nos hemos decantado por la Segunda Guerra Mundial, pero tienes romanos, napoleónicos, medievales, Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial, Vietnam, Guerra Civil española. Es una manera de acerca la historia de la humanidad a la gente, la historia más violenta, es verdad, pero la historia al fin y al cabo. En ese sentido nosotros somos meramente recreadores que por múltiples motivos intentamos que no se pierda todo eso. A la gente en general le gusta, siente curiosidad simplemente viendo el material o atendiendo a las explicaciones. Siempre hay personas que no lo ven así y creen que es una exaltación de la guerra o a un orden político determinado. Nada mas lejos de la realidad porque, además de que está prohibido por la ley, está mal considerado por los propios recreadores».

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